Noticias de Arquitectura


El diálogo de la arquitectura: entre el contexto y lo formal
julio 7, 2009, 1:56 pm
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  • La arquitectura intenta reducir el error recurriendo a la ciencia y racionalidad
  • Las aportaciones de otras disciplinas y movimientos enriquecen los recursos
Por DIEGO FULLAONDO (SOITU.ES)
Actualizado 06-07-2009 18:27 CET

La selección de los contextos pertinentes no es, ni más ni menos, que el paso analítico, previo y necesario, que sirve para ajustar el salto al vacío que siempre va violentamente asociado a cualquier acto creativo. Es cierto que el deslizamiento que ha sufrido y sigue sufriendo la arquitectura hacia las disciplinas y los métodos de trabajo científicos ha pretendido minimizar el riesgo de error asociado a este, por otra parte, inevitable salto. La más estricta racionalidad sigue acotando implacablemente la cada día más intolerable posibilidad de error. Pero, como en la paradoja de Zenón, esa posibilidad siempre existirá. Y, lo que es más importante, para avanzar en el conocimiento habrá que asumirla y siempre será necesario dar un salto, grande o pequeño, al vacío, que solo con posterioridad podrá ser analizado hasta sus últimas consecuencias.

Viviendas de Dosmasuno, ponentes en Ultzama.

Por este motivo resulta igual de insatisfactorio para el arquitecto negar la racionalidad y apelar a una íntima intuición personal para la explicación de su forma de hacer, como abrazar el materialismo cientista, pretendiendo que todos los extremos de su propuesta no responden más que a una concatenación de razonamientos deductivos realizados a partir de unas premisas irrefutables.

Este binomio que forman la selección de los contextos pertinentes y la relación que se establece con la discontinuidad irresoluble que acompaña al acto creativo es el que caracteriza al trabajo de cada estudio de arquitectura. Y el que nos proporciona las claves para acometer su análisis, para valorar su idoneidad y para cuantificar su relevancia.

Intentaré explicarme con algunas actitudes concretas:

Dejaré a un lado, como he dicho antes, a los arquitectos —afortunadamente bastante infrecuentes en la actualidad— que aluden para explicar su trabajo al peculiar ojo del arquitecto, a la sensibilidad especial del artista, o a la conjunción mágica de los astros, por su perfecta y buscada impermeabilidad al análisis. El salto al vacío que explícitamente demandan es simplemente inaceptable.

Obra del estudio Mmasa, participantes en las jornadas.

La inclusión como contexto pertinente dominante en un proyecto, de un diccionario arquitectónico ya consolidado —como por ejemplo el ideario racionalista—, o de modelos previos de la historia de la arquitectura —como por ejemplo, el concepto de tipología— tiene por objeto fundamental reducir el riesgo, minimizar la posibilidad de error. Esto no implica necesariamente que el resultado sea mejor o peor. Pero sí supone que la posibilidad de avance de la disciplina derivada de ese proyecto también se minimiza.

El actual énfasis en los aspectos técnicos de nuestra profesión (construcción, estructuras, instalaciones, etc…) tiene por objeto también la reducción del riesgo. Su intrínseca condición científica, parametrizable, cuantificable, proporciona una agradable sensación de certidumbre, de estar haciendo lo correcto. Pero, de nuevo, también es necesario señalar que, si se afrontan estos aspectos de la disciplina desde la seguridad de lo ya conocido y experimentado, el resultado, a pesar de su aparente contemporaneidad, no habrá supuesto un desarrollo significativo de la arquitectura.

De los dos puntos anteriores se puede entender que existe una relación inversamente proporcional entre el grado de sujeción de un razonamiento al territorio tradicional de la disciplina y la posibilidad de avance efectivo de la misma.

Por otra parte, no son infrecuentes ya vigorosos análisis o construcciones contextuales que parten desde otras disciplinas o desde aspectos de la sociedad aparentemente muy alejados de lo arquitectónico (lo ético, lo sociológico, lo político, lo tecnológico, lo biológico, etc…). La necesidad de su planteamiento parte del histórico retraso de la arquitectura. Somos lentos. Lentos y pesados. Estos nuevos contextos son, por lo general, enormemente sugerentes, y parecen apuntar nuevos caminos, evidentemente asociados a una dosis de riesgo mucho más alta que la señalada para las actitudes anteriores.

Centro de salud del estudio Entresitio

Ocurre con frecuencia, sin embargo, que estos poderosos planteamientos no producen unos resultados que reflejen la potencia que los desencadenó. Puede ser cuestión de tiempo y oportunidad. Pero también puede ser que una vez realizado el esfuerzo de construcción de unos nuevos contextos pertinentes se eluda, consciente o inconscientemente, el problema de la materialización de la arquitectura. De esta forma, magníficos mapas de complejidad, sugerentes acciones arquitectónicas o agitaciones sociales más que deseables, pretenden llenar el hueco dejado por la falta de definición del objeto arquitectónico. O bien, lo que es peor, cuando los proyectos pasan a esta fase de materialización, irreflexivamente asumen todos aquellos principios y modos de hacer que pretendían combatir o superar.

El arquitecto debe estar atento a su alrededor, a la sociedad en la que trabaja, para detectar los accidentes, los contextos pertinentes y relevantes sobre los que deberá construir la hipótesis formal que intente resolver el problema. Entiendo que la complejidad creciente de nuestra sociedad hace que las señales de los accidentes se encuentren en terrenos cada vez más alejados de la disciplina propiamente dicha, y hacia allí hay que dirigir la mirada. Para después, ahora sí desde la disciplina, desde la manipulación del espacio (real o virtual), desde la creación del artificio, presentar a la sociedad, con evidencia y autoridad, una solución posible al problema detectado.

Estas son las impresiones que saqué de las propuestas y explicaciones presentadas en el estupendo Campus de Ultzama. Todas ellas realizadas sobre la base de la autoría y responsabilidad individual del arquitecto y su obra. El fenómeno de la producción colectiva, que está apareciendo en la actualidad gracias a la poderosa herramienta de la red, escapa completamente a estos apuntes. Para mí es definitivamente la mayor incógnita y, quién sabe si al mismo tiempo, la mayor oportunidad. Pero eso es otra historia.

PD. Para todo aquel que tenga interés, la documentación completa del I Campus de Ultzama, participantes, proyectos, intervenciones y editoriales varios, la puede encontrar en la http://scalae.net, dirigida por Félix Arranz, al igual que el Campus, y en la Fundación Arquitectura y Sociedad, principal impulsora del evento.



El arquitecto no es un creador solitario
abril 25, 2009, 3:04 am
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ANDRÉS JAQUE 25/04/2009

Agrupaciones y colectivos de jóvenes arquitectos se hacen un lugar en la escena profesional. Los principiantes se unen entre sí para adquirir experiencia y compartir su banco de ideas en concursos de obras

Cuando hace cinco años se difundió el resultado del concurso para estudiantes que la revista Quaderns convocó para el diseño de 400.000 viviendas en tres localizaciones de Cataluña, muchos se hicieron la misma pregunta: ¿quiénes son esos Zuloark que han ganado dos de los tres solares? “Zuloark es el que se siente Zuloark”. Ésta es la explicación que un grupo de jóvenes arquitectos daba entonces de sí mismos. Todos los que han llegado a verse y han sido vistos como zuloarkables tienen acceso a las zulo-cuentas de correo electrónico. En estos momentos son más de cuarenta los arquitectos o estudiantes de arquitectura que llegan a enterarse de los nuevos encargos y tienen la opción de participar, como socios de pleno derecho, en su desarrollo. Algunos colaboran en la distancia, en zulos conectados desde París o Berlín. Los honorarios se reparten de manera proporcional al tiempo que cada uno dedicó, pero un 10% se reserva para pagar los gastos de la antigua academia, en el madrileño Barrio de las Letras, que cumple las funciones de sede social. Sólo hay dos condiciones para mantenerse en el grupo. La primera: comprometerse a ser generoso con los conocimientos y las habilidades que cada uno atesora. La segunda: asegurarse de acreditar la producción del grupo únicamente a la marca corporativa Zuloark (www.zuloark.com). Metidos en faena, cada uno hace lo que sabe hacer bien, al tiempo que enseña y aprende de los otros. El principal motor del grupo es la hambruna de habilidades propia de profesionales de la era 2.0. Muchos de ellos reconocen Zuloark “como el máster que nunca habrían podido pagar”. Con cada proyecto, pactan estrategias de diseño generales, pero, en cuanto llega el momento de la resolución en detalle, la decisión la toma el que en ese momento está haciendo el trabajo. “Si algo no te convence, ¡añádele algo más!”. No se trata de consensuar, y aquí está la diferencia con otros colectivos, sino de encontrar fórmulas para que producciones singulares, y casi siempre individuales, puedan enlazarse con otras y proporcionar un producto que compita con proyectos de voz única. Cuando tienen tiempo libre, acumulan en sus discos duros para después tener material que remezclar. Sus proyectos contienen remakes, sampleados, versiones y suecadas de los últimos veinte años de la arquitectura contemporánea. Rara vez hay un paso atrás, cada entrega es el registro actualizado de lo que ocurrió desde que alguien comenzó a trabajar. Si hay una constante en su trabajo es la de utilizar los soportes disponibles como oportunidad para redefinir espacios sociales. Catálogos de arquitectura que aprovechan las técnicas de interacción desarrolladas para los álbumes de cromos, un jardín en un patio de manzanas que reconfigura las relaciones de una comunidad de vecinos, webs para generar relaciones interpersonales o el espacio expositivo-chill-out-reciclable COAM en la Escuela de Arquitectura de Madrid.

A pesar de su visibilidad, por el momento sus ingresos no superan a los de un estudiante empleado en una oficina asentada. A base de echar horas sin echar cuentas y explotar su posición privilegiada ante la brecha digital, pueden producir para un concurso de propuestas arquitectónicas una densidad de píxeles por centímetro cuadrado de panel, que la oficina asentada jamás podría encajar en una contabilidad normalizada.

En estos momentos son noticia, además, por haber sido invitados por los arquitectos Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón a convertirse en directores adjuntos de la X Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo.

En la era de las retóricas copyleft y de los relatos idealizados del desarrollo cooperativo de Linux, su experiencia se ha convertido en referencia para una parte de los jóvenes arquitectos españoles. Sus dibujos, los colores que utilizan, las composiciones de sus paneles de concurso o los iconos con que hacen comprensibles sus propuestas son imitados por muchos que ni siquiera conocen su nombre. La fórmula encaja con los planes de muchos arquitectos debutantes que prefieren aprender por su cuenta lo que otros esperan conocer trabajando en un estudio de prestigio. Hay muchos más grupos de arquitectos que trabajan como colectivos en Madrid de los que pueden incluirse aquí. Por ejemplo, PKMN (www.pkmn.es), que se consolidó como grupo estable cuando su propuesta ganó el primer premio del Concurso para la Reactivación de Azca de la Fundación Asprima. Desde entonces, entre otros muchos proyectos, desarrollan un programa de acciones urbanas, en colaboración con diferentes ayuntamientos, para promover eventos que celebren la singularidad de sus ciudadanías: “Ciudad crea ciudad”. O los colectivos Zira 02 (www.zira02.com) y Leon 11 (www.leon11.com) que, además de contar con un expediente extenso de propuestas de concurso premiadas, han generado ya un brillante catálogo de herramientas gráficas que muchos estudios de referencia se disputan en la actualidad. Todos ellos forman parte de la plataforma Zoohaus (www.zoohaus.es), que pretende convertirse en un marco para el intercambio instrumental y la cooperación en la producción de propuestas arquitectónicas. Unos grupos y una plataforma que ganaron visibilidad gracias a la apuesta de Ariadna Cantis por incluirles en la segunda y tercera edición de la plataforma Fresh de arquitectura emergente madrileña.

Estos colectivos cuentan con importantes precedentes, como la Casa Leganitos, de la que no sólo han surgido spin offs como el grupo Motocross -incluido también en la segunda convocatoria Fresh-, también ha sido el centro social que poco a poco, fiesta a fiesta y propuesta a propuesta ha instalado, en pequeños nichos de la arquitectura madrileña, sensibilidades hasta hace poco marginales. Como las geometrías y sintaxis compositivas de los trabajos textiles, el interés por las “tecnologías obsoletas” o la reivindicación arquitectónica de los espacios comerciales y hosteleros de las comunidades asiáticas del centro de la ciudad. O el grupo MMMM, una asociación de dos arquitectos, una periodista y un ingeniero naval y cyberempresario, que en 2002 se hicieron populares con la red social Telemadre. Los dos arquitectos, que compaginan su participación en el grupo con prácticas de arquitectura más convencionales, se animaron a trabajar como arquitectos emboscados en el desarrollo de proyectos artísticos, buscando las reflexiones y las herramientas de trabajo que podían surgir de la observación del resultado de las situaciones sociales novedosas que sus intervenciones provocaban.

Y todavía hay muchos más. Como el colectivo Basurama (www.basurama.org), que desde 2001 trabaja con la basura como material creativo. Y que ha hecho de la explotación de las controversias que la gestión de los residuos genera el tema de un continuo programa de experimentos, talleres y documentos públicos que han encontrado un encaje feliz con los programas ecosensibles de las redes internacionales de instituciones culturales. O el proyecto para dotar de representación a los niños en la construcción de la ciudad del grupo Ludotek (www.ludotek.net), que ha llegado a ser incluido en la Documenta 2007.

Pocos han prestado atención a cómo las historiografías de la arquitectura han construido la imagen del arquitecto anhelado como la de un creador solitario. No hay que olvidar que el beneficioso impulso que historiadores de la modernidad como Kenneth Frampton dieron a los maestros de la Escuela de Madrid restó protagonismo al papel que espacios de interacción como las publicaciones -por ejemplo Nueva Forma-, los laboratorios -por ejemplo el Centro de Cálculo- o simplemente los grupos de trabajo -como el que formó Sáenz de Oiza para el diseño del entonces Banco de Bilbao- han tenido en la institucionalización social de la arquitectura de la ciudad. Las apropiaciones transdisciplinares de MMMM, la incorporación de lógicas y organizaciones hasta hace poco marginales operada por la Casa Leganitos, la explotación de las herramientas gráficas y de los protocolos para la interacción productiva de los grupos que cooperan en Zoohaus o la emergencia en el contexto profesional como agentes comprometidos con una preocupación pública de Basurama y Ludotek han dejado abiertos nuevos campos que dotan de diversidad a la práctica de la arquitectura. No está claro que todos ellos vayan a encontrar nichos de oportunidad en un mercado que pide a los proyectos lo mismo que a un galán de telenovela: una encarnación unipersonal, heroica y sin rastro de duda o contradicción. Ni siquiera es fácil que lleguen a encontrar un traje fiscal conveniente o una fórmula adecuada para asegurar su responsabilidad civil. Pero lo que no cabe duda es que sus webs, en la actualidad, tienen más visitas que las de la mayoría de los grandes estudios. Y eso, en estos tiempos que corren, algo debe significar.



Is there a poetry in architecture?
octubre 31, 2008, 11:42 pm
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Structure, rhythm, balance … the two art forms are very similar

  • Westminster bridge

    Westminster bridge, which provided inspiration for Wordsworth. Photograph: Martin Argles

    Is there a connection between poetry and architecture? I remember talking on this subject some while back at an Arts Council-sponsored evening at Somerset House. In preparation, I’d spent the best part of a fortnight walking through parts of London I’m particularly fond of and photographing buildings and places that seemed, to me at least, somehow poetic. I learned, by heart, a number of poems that seemed relevant to what I wanted to say. To me there was, and is, something in the structure, rhythm, balance, and the very language of architecture corresponding in certain ways with those of sonnets, odes and epics.

    I didn’t have an academically approved theory to back up my sentiments, yet I felt that what I had to say was in the spirit of architects, of all eras, with poetry in their souls and with the spirits, too, of poets like Hardy, Betjeman and Larkin, among many others, who have truly seen poetry in architecture.

    Yet, when I had said my piece, I was torn apart by the poet Denise Riley and the author Iain Sinclair. This unyielding twosome demolished not just the decorative superstructure, but the very foundations of my argument. Piffle! Nonsense! Poppycock! This was the most stupid, most utterly inane talk they had ever heard in their lives. There has never, ever been a connection between the two, they thundered. I crept out of Somerset House like a church mouse that had been spat out by cats. My pet theory was far more ruinous than Tintern Abbey.

    In foolhardy fashion, but without making a speech, I raised the point afresh last night at an event held by the literary charity, Poet in the City, in the concert hall of King’s Place, the Guardian’s soon-to-be home in King’s Cross close to where the young Thomas Hardy once worked as an architect, for Arthur Blomfield, before turning full-time to poetry and novels. Close, too, of course to St Pancras station and the Midland Grand hotel, an intrinsically linked pair of haunting Victorian buildings saved thanks to John Betjeman, a much loved popular poet and architectural writer greatly influenced by Hardy.

    The poets who spoke last night weren’t necessarily ready to agree that there is a connection between their art and architecture. Simon Barraclough, who had written poems inspired by King’s Place for the occasion (the one below is a particular celebration of the concert hall we spoke in), made it clear there isn’t a connection, yet did say that there is an affinity between the two.

    Jacob Sam-La Rose agreed, making the point with a poem he read about a building in Lewisham he and his childhood friends took to be haunted; the building was nothing to write home about from a strictly architectural point of view, but it became the stuff of poetry when infused with the fantasies of young Londoners.

    Paul Farley who was brought up in a brutalist council estate in Liverpool, yet steadfastly refuses to blame Le Corbusier (who wrote A Poem to the Right Angle, as only a truly Modern architect could) for any influence he might unwittingly have had on such terrifying forms of post-war English housing, has been inspired by architecture, but again made the point that the two arts might inform one another while being different beasts.

    I’m left, slightly unsatisfied, sensing that there has been and can be a more than associative connection between the two arts, but I’d need to make a proper study of this. I’d welcome your views. There is, though, no doubt that architecture, and a keen sense of place, has been good to poetry. Think of Coleridge’s Kubla Khan, Wordsworth’s Lines Composed upon Westminster Bridge, whole poems by Larkin, snatches of TS Eliot, lots from Hardy, masses by Betjeman. Equally, there have been several architects or architectural enthusiasts who have been fine poets, from Michelangelo to Hardy. And, there have been, too, architects whose work surely deserves the name poetry – in stone – whether Hawksmoor, Borromini, Palladio and, yes, Le Corbusier.

    The subject is potentially as long as something by Tennyson, as complex as the Four Quartets (which feature quite a bit of architecture; Eliot was good on the subject), and as rich as The Divine Comedy. Neither Sinclair or Riley will forgive me for raising the subject again, yet I can’t help wondering if there’s something new we could be learning here; a way, at the very least least, of imbuing contemporary architecture with a poetic vision.

    Bounded in a Nutshell by Simon Barraclough

    Five centuries ago, a German acorn sweetened on the branch
    until it reached its crucial mass
    and blew the bolts to give itself to gravity.
    Then all it had to do was dodge the jay’s keen beak,
    the hedgehog’s truffling snout, shrug off the weevil’s drill.
    This lucky nut was squirreled away,
    a hedge fund for a hungrier day
    that never came and, planted in the soil, the work began:
    the cylinder of shell unscrewed, a taproot dropped,
    a pale shoot periscoped towards the light,
    extended leaves and rippled out its rings,
    trunk thickening as history hurtled by.
    Six thousand moons the shadow of the branches flew
    around its base through midnight, noon, until the day
    that brought the saw that bit into the bark
    and turned the tree into an acre of veneer
    to line this room, this snug nutshell, replanted in the earth
    in which we sit and feel the taproot of the bass notes shift,
    hear sonic tendrils lift.

    © Simon Barraclough 2008



World Architecture Day 2008
octubre 8, 2008, 3:15 pm
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Today, October 6, 2008, architects around the world celebrate World Architecture Day, and International Union of Architects (UIA) President Louise Cox issued an official message, as follows:

“The UIA General Assembly in Turin, Italy made the decision that the theme for World Architecture Day 2008 is: “Child be the Architect of a Better Future,” dedicated to the memory of Giancarlo Ius, former Vice President of Region I, in honour of the song for which he composed the lyrics.

I hope you and your children are enjoying today’s celebrations in support of World Architecture Day. I’m sorry I cannot be with you all for your individual celebrations around the world. I will be in Pordenone, Italy, with the family and friends of Giancarlo, Rod Hackney, members of the UIA Bureau and Council, directors of the UIA Architecture and Children Work Programme, members of the Italian UIA Section, representatives from the city, the province, the local children and the Pordenone Architects.

In my view, we are all born with an innate sense of colour, form and design – as we can see from the work our children produce. We can be trained to understand how to live a sustainable life in a sustainable environment. So why is it that when we grow into adults, we allow our towns and cities to be disfigured by some truly awful buildings and insensitive urban planning? It is no use blaming the politicians and assessors who approve these blots on our collective landscape. We as a community must also take responsibility for the urban crimes committed in our name.

The World Day of Architecture is a wonderful opportunity for the whole community to celebrate the good things our architects are doing, take cognizance of what our children think – and they do think and have great ideas – and to develop all these ideas that will help us all achieve our vision of a green, global and connected city. I hope that the children in your town or city have shown their visions for the future and that these can be explained by them and displayed for this celebration.

My best wishes to you all. I hope you enjoy World Architecture Day.”



Todo es arquitectura Toca, toca…
octubre 4, 2008, 4:04 pm
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Un apartado específico analiza la cada vez más desdibujada frontera entre hombre y entornoLas obras adquieren matices y completo sentido si el visitante no se limita a mirar

José Ýñiguez / SEVILLA / Susana Serrano / SEVILLA | Actualizado 04.10.2008 – 05:00

La frontera entre hombre y entorno están cada día más difusas. La arquitectura tiene parte de culpa de esa indefinición porque en esa relación, que no es sólo una relación espacial, está su principal debate. El desarrollo tecnológico en los sistemas de construcción y la influencia de los programas informáticos en el planeamiento están haciendo que esa frontera se cuestione constantemente, haciendo que la arquitectura adquiera una dimensión virtual y hasta psíquica más allá de la física del lugar. Así, la arquitectura es la encargada de rediseñar las cambiantes relaciones del individuo con el entorno, de la intimidad con el cuerpo social y el territorio. La casa ya no es refugio sino discurso y la ciudad hace tiempo que dejó de ser un lugar para estar construida por las relaciones de todo tipo que se producen en su seno.

La importancia de la arquitectura para definir estas cuestiones acuciantes han llevado a los comisarios de esta Bienal a dedicarle un apartado específico a la misma para mostrar la diversidad de formas y soluciones propuestas en las nuevas relaciones del hombre y su entorno. Agrupadas en el Claustrón Sur del Monasterio, asistimos a un recorrido transversal por experiencias pioneras como la Instant City de Peter Cook y el Grupo Achigram, donde la ciudad es sustituida por la imagen, el acontecimiento, el artilugio y demás simuladores del entorno; o la Villa Rosa de los austriacos Coop Himmelb(l)au proponiendo una arquitectura de formas hinchables y adaptables a cada individuo. A partir de esos proyectos utópicos de los años 60, se muestran ejemplos recientes donde las experiencias y las ideas de esa vanguardia se van aceptando y algunas de las propuestas hasta se llegan a construir. Los modelos para adecuar las obras al entorno y crearlo proceden de muy diferentes campos y disciplinas, desde los inspirados en las formas orgánicas de los seres vivos a los generados directamente por programas informáticos muy sofisticados pero siempre sin perder de vista el poder transformador de la arquitectura para mejorar las condiciones de vida. En las obras más recientes es notoria, por ejemplo, la preocupación por la eficiencia energética de los edificios y el respeto a las condiciones ambientales que llegan hasta ocultar la construcción en el terreno como la propuesta del museo sobre Naum June Paik del estudio sevillano CHS, donde se abandona de la idea arquetípica del museo como cubo blanco para diseñar un recinto oculto y virtual, muy acorde con la obra del artista coreano; o incluso propuestas regeneradoras de esas mismas condiciones ambientales como en el experimento Guadalquivir del EcologigStudio de Londres; básicamente una maquina de crear oxígeno a partir de la actividad humana.

Es un acierto de la Bienal enseñar estas arquitecturas y la confianza que se desprende de ellas en mejorar las condiciones de vida, porque contradice en buena parte la experiencia cotidiana que tenemos de la arquitectura, tan sometida a la especulación y el beneficio económico por encima de otras cuestiones. Pero todo es arquitectura, como declarara Hans Hollein, y algunas sombras sobre la misma se arrojan desde otras obras de esta Biacs 3, curiosamente la mayoría de artistas españoles, como la Elegía de Dionisio González, la idea de construcción enredada en una maraña de intereses inconfesables en M.U.A. Manipulaciones Urbanísticas Abusivas de Almengló o en la foto de José María Mellado donde unas pocas casas se encuentran junto a las inmensas torres de una central de energía.

Dentro de la sección dedicada a las propuestas más recientes del arte relacionado con la ciencia y las nuevas tecnologías, el visitante-usuario tendrá la oportunidad de conocer una amplia selección de proyectos que ponen en contacto con las múltiples vías de investigación en este ámbito. La transversalidad de cada uno de los trabajos que se presentan, en los que vemos desaparecer las fronteras entre procesos científicos y metodologías humanísticas, entre lo natural y lo artificial, lo maquínico y lo humano, nos permiten encontrarnos con la creatividad quizá más característica de nuestro tiempo.

Dentro de la cultura digital, que entre todos construimos, esta perspectiva libre y experimental que nos llega desde los centros de producción artística y media-labs repartidos por el mundo es una plataforma idónea para visualizar las contradicciones que hoy se nos plantean. Ya sea desde la crítica social, el desarrollo de nuevo código, la ecología, los estudios de la imagen, la evocación poética o el análisis de los procesos de información, la muestra se convierte en un caleidoscopio multidisciplinar lleno de líneas de fuga.

Bajo el omnipresente principio de interactividad, las obras se activan de manera explícita y necesaria una vez que entramos en ellas. No sólo accionando los distintos dispositivos con que nos encontramos sino además conociendo el marco teórico y la reflexión que cada una de ellas nos plantea. Establecer un diálogo generalmente supone que nuestra reacción y respuesta configure a la propia obra que de este modo está en constante transformación.

En este futuro-presente en el que vivimos, se hace irresistible y enriquecedor entrar a jugar con un arte diluido que produce conocimiento, que puede desdibujarnos ciertos esquemas establecidos y nos sorprende con nuevas formas de belleza.

La visita requiere tiempo y curiosidad para disfrutar y no dejar ningún espacio sin recorrer. Un proyecto imprescindibles es Reactable: ganador este año de uno de los Golden Nica del Ars Electrónica, es en rigor un instrumento musical cuyos elementos modulares pueden interactuar con temas y ritmos diversos. No debe pasarse por alto la desconcertante máquina de escribir de Christa Sommerer y Laurent Mignonneau ni la propuesta de una segunda vida para el pabellón de Europa de la Expo 92 que formula Hackitectura. Este colectivo ha diseñado una invasión virtual de tal recinto que se convertirá en una intervención en el espacio real a mediados de octubre, con lo que apuntan a su ocupación definitiva como media-lab, abierto a todos los que experimenten con estas tecnologías. Otro grupo de autores diversas procedencias han realizado el complejo proyecto Alana, que recoge elementos de la cultura andaluza desde Maimónides a García Lorca.

Otro interesante trabajo, también relacionado con Andalucía, es el de Lillian Ball, Go Doñana: presenta los diversos grupos de interés que rodean el parque (campesinos, ecologistas, ganaderos, inmobiliarios…) e invita al espectador a ocupar el territorio tomando partido entre ellos. Este aspecto crítico está presente en diversos trabajos: en los del mexicano Lozano Hemmer, que reflejan el perfil del espectador entre palabras y bustos parlantes televisivos, sugiriendo que unas y otros canalizan nuestra experiencia, y el que firma el suizo Marc Lee, que asimila los noticiarios de actualidad a la labor del discjockey: el prurito de ser el primero en dar la noticia puede alimentar la desinformación.

Todos estos particulares los advertirá el espectador si no se limita a mirar. La muestra pide intervenir. A diferencia del museo tradicional, aquí no está prohibido tocar, al contrario: hay que hacerlo.



¿Reprogramando la ciudad?
septiembre 21, 2008, 4:33 am
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JOAN SUBIRATS 18/09/2008

El título de este artículo puede parecer excesivo, pero he de advertir de que mis pretensiones se limitan a la ciudad, y he añadido prudentes interrogantes. En la Bienal de Venecia de este año, el arquitecto Vicente Guallart, con mucha más valentía que yo y sin interrogante alguno de cautela, ha titulado su instalación Hyperhabitat. Reprogramando el mundo. Mi intención es aprovechar el manifiesto del comisario de la Mostra Internazionale di Architettura que se encuadra en la Bienal, Aaron Betsky, en el que plantea el dilema “edificios o arquitectura”, para aportar mi granito de arena a tan ambiciosa tarea.

Por lo que se desprende de los resúmenes de prensa que se han publicado acerca de los objetivos de la Mostra de este año, su planteamiento trata de evitar la tendencia a disociar la labor del arquitecto del entorno en el que se inscribe. Betsky denuncia que la tarea específica del proyecto de edificio, con las limitaciones cada vez mayores que incorporan los códigos técnicos y las condiciones de seguridad e higiene, ha ido reduciendo al mínimo la capacidad de experimentación de la arquitectura con relación a la estructura, a la forma o al espacio. “Una arquitectura que pretenda dar soluciones construyendo es falsa, está muerta. Los edificios son la tumba de la arquitectura”. Como provocación no está nada mal, y de alguna manera se alude y se critica la moda de contratar arquitectos que dejan caer sus edificios en una ciudad o espacio con una lógica autista, indiferente a su entorno.

El problema es descubrir cuáles serían las salidas a esa hipotética parálisis autocontemplativa. Y por lo que aparece en los medios acerca de las propuestas recogidas en la Mostra veneciana, no podemos ser demasiado optimistas. Por una parte, se exploran diseños de interiores, de objetos, de muebles. Por otra, se apuesta por la interconectividad entre los espacios construidos y el mundo exterior. En la propuesta de Guallart, todos los objetos de las seis viviendas para jóvenes, con un macroespacio compartido, disponen de equipamiento electrónico, que les permite comunicarse entre ellos y con el exterior. El crucifijo con el Vaticano, la bombilla con la central nuclear. Y como afirmó Guallart al respecto, la paella con los potenciales interesados en su ingesta inmediata o la postergada de los restos que acaben sobrando. El objetivo aparente sería avanzar en la optimización de servicios y la autosuficiencia de cada pieza y de la vivienda en su conjunto, “en pos de una mayor eficacia, del ahorro energético, de una mayor interacción social, de un mundo más humano”. El objetivo es ambicioso, ya que nada más y nada menos se quieren sentar las bases de una nueva organización mundial.

Simpatizo con la incomodidad que producen esos edificios icónicos convertidos en la expresión más evidente e hiriente de una arquitectura al servicio del marketing de ciudades, de la ciudad espectáculo o de la “ciudad de pensamiento único”, en afortunada expresión de la urbanista brasileña Erminia Maricato. Y concuerdo con la necesaria búsqueda de espacios que permitan encontrarnos. Pero lo menos que se puede afirmar es que la propuesta de Betsky está llena de contradicciones, al plantear este tipo de dilemas invitando a “repensar el mundo” a arquitectos como Frank Gehry o Zaha Hadid, que más bien parecen representar la tendencia que se discute. Frente a las dinámicas económicamente hegemónicas, en las que se prima la hipermovilidad de unos cuantos (los frequent flyer class) y al mismo tiempo el repliegue defensivo del lugar en el que tratan de refugiarse, deberíamos poder postular políticas e intervenciones urbanas que traten, al mismo tiempo, de constituir un lugar común (de todos y para todos), la mayor facilidad para la movilidad colectiva (evitando el sentido de clausura, de exilio de la periferia) y la capacidad de gobierno conjunta de esos espacios compartidos. Y para ello hemos de superar esa visión estrecha que prima los lugares físicos y la ornamentación sobre las personas, y que acostumbra a dar por supuestas las prácticas o relaciones sociales a partir de lo construido.

Esa “ideología espacialista” (como dice Olivier Mongin) ha tratado de defender la idea que la clave de la convivencia estaba en el diseño de los lugares, en la combinación de edificios y flujos. Y sin restarle importancia al tema, deberíamos reivindicar la aceptación de una mayor complejidad conceptual y operativa. Para que los ciudadanos puedan hacerse suyos esos lugares, deben poder practicar en ellos su autonomía, ejercitar su diferencia, hacer reales las posibilidades de solidaridad e igualdad. Y sin empleo, sin formación, sin condiciones dignas de habitabilidad, sin transportes adecuados, sin salud o sin seguridad, ello se hace muy difícil. ¿Se puede reprogramar el mundo sólo desde la arquitectura? Necesitamos espacios, pero espacios practicados, espacios conquistados y vividos. Y espacios conectados. La condición de movilidad para todos es hoy esencial. Sin movilidad ya no podrá haber lugares. Una de las formas más evidentes de desigualdad social en la actualidad es precisamente las grandes diferencias que se generan en la capacidad de moverse, de desplazarse, de salir y entrar. Buscamos sitios en los que permanecer y vivir, pero también sitios de los que salir.

No acabo de ver (quizá por mi propia incredulidad ante esos ejercicios elitistas de aparente renovación conceptual que acaban cayendo en los propios vicios autistas y esteticistas que aparentemente denuncian) que las propuestas de la Mostra de Venecia apunten en esa dirección. Lo que necesitamos es conceptualizar y materializar nuevas aproximaciones a los problemas urbanos (sostenibilidad, inclusión social…) y hacerlo no con una estricta mirada disciplinaria, sino con diálogo y la puesta en cuestión de los parámetros que hasta hoy han impulsado la construcción de la ciudad. Y en un plano más operativo, no podemos desvincular esas reflexiones de la existencia de conflictos, de la necesidad de plantearnos nuevas formas de gobernar las ciudades. Una agenda urgente y exigente de nuevas políticas urbanas y sociales en la que la arquitectura, con sus espacios, edificios y capacidad reflexiva, debe estar presente, en diálogo con muchos otros actores y colectivos.

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Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB



Architecture icône cherche acheteur fiable
septiembre 21, 2008, 4:11 am
Filed under: Ensayo, Le Monde

LE MONDE | 17.09.08 | 16h55 • Mis à jour le 17.09.08 | 16h55

Si vous regrettez de ne pas avoir pu acheter la paradisiaque maison Kaufmann, en Californie, lors de sa vente événement par la maison Christie’s à New York le 13 mai, consolez-vous : contre toute attente, elle est toujours sur le marché. Fait rarissime, l’acheteur de la villa s’est en effet désisté.
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Icône de l’architecture mondiale, la Kaufmann House a été bâtie en 1947 dans le désert de Palm Springs par un des maîtres du modernisme américain, Richard Neutra. Le 13 mai, elle a une nouvelle fois marqué l’histoire en devenant le premier bâtiment vendu dans des enchères d’art, au milieu de toiles de Mark Rothko, Francis Bacon ou Andy Warhol (Le Monde du 2 mai).

Les vendeurs, Brent et Beth Harris, ont restauré la maison avec soin, au prix de 5 millions de dollars, après l’avoir achetée 1,5 million de dollars en 1993. Ils souhaitaient par cette vente “que les gens voient les maisons modernistes comme davantage que de l’immobilier” : des oeuvres d’art. Le 13 mai, un acheteur anonyme emportait le marché par téléphone, pour 15 millions de dollars, plus 1,8 million de frais. Soit l’estimation la plus basse de la maison, que Christie’s avait évaluée entre 15 et 25 millions de dollars.

Quelques mois plus tard, patatras, Christie’s annonce que “la transaction a été annulée par le vendeur en raison du non-respect du contrat par l’acheteur”. Difficulté à réunir les fonds sur un marché bancaire sinistré par la crise des subprimes ou désamour soudain pour le décor rocailleux de Palm Springs ou les lignes géométriques dessinées par Neutra, le mystérieux acquéreur a en tout cas changé d’avis.

Christie’s refuse de donner la moindre indication sur la suite des événements et un éventuel procès, renvoyant vers l’avocat californien des Harris, Mark A. Nitikman. Lequel observe un rigoureux silence radio. La Kaufmann House pourrait être proposée dans une nouvelle vente d’art. Beth et Brent Harris pourraient aussi décider d’afficher simplement leur maison chez un agent immobilier. Au risque de voir s’évanouir les prix mirobolants du marché de l’art : selon le couple, l’estimation de leur bien sur le marché immobilier était inférieure à 6 millions de dollars.
Grégoire Allix



De los sicarios a las orquídeas
agosto 3, 2008, 6:15 pm
Filed under: Arquine, Ensayo, Pais

MIQUEL ADRÍA 21/06/2008

Un modélico plan urbanístico ha salvado Medellín (Colombia), sumida en la pobreza y la violencia hace cinco años. La Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, de Lisboa, premió las dos bibliotecas de Giancarlo Mazzanti

Medellín se ha transformado. Cuatro años de gobierno municipal enfocado hacia el urbanismo social convirtieron un territorio de sicarios y sede del famoso cartel de la droga en una ciudad ejemplar. Cuatro años bastaron para hacer realidad un cambio radical que transformó una conurbación de guetos en una ciudad de todos, sacando a la calle a una sociedad que ha vivido oculta en sus casas durante años a causa del miedo.

El alcalde saliente -el independiente Sergio Fajardo- entendió que la mejor inversión que pueden hacer los gobiernos es la que tiene como protagonista a la comunidad. Su aprendizaje se inició escuchando a la gente en asambleas de barrio, tomando nota de sus necesidades, sus sueños y sus ideales de ciudad. Fue la semilla de un proceso de participación donde todos los proyectos debían tener un componente social, que indujera a transformar el territorio bajo un esquema participativo. De poco sirven las infraestructuras si no se apoyan en una política de gestión social, basada en la comunicación, la participación y la sostenibilidad. Así, arquitectos, ingenieros, comunicadores, sociólogos y un alcalde matemático -hijo de arquitecto- llevaron a cabo la recuperación de la ciudad a partir del rediseño del espacio público.

Medellín es como una hoja de árbol doblada. Dos laderas inclinadas sobre el río homónimo albergan una población de dos millones y medio de habitantes, y otro millón más en los municipios de la periferia. El proyecto urbano lo dirigió Alejandro Echeverri -arquitecto paisa (de la ciudad) formado en Barcelona- a partir de cinco puntos: planear para no improvisar; equipamientos educativos modélicos para dignificar los barrios; proyectos urbanos integrales, contra la exclusión y la desigualdad; vivienda social para paliar deudas históricas, y plan de paseos y calles emblemáticas, con la creación de parques lineales que reconecten la ciudad, recuperando la calle como valor fundamental.

El programa de equipamientos quizá fuera la labor más espectacular. Cuatro nuevos parques-biblioteca, diez escuelas públicas modélicas y centros de desarrollo empresarial local para orientar a los nuevos empresarios que proceden de la marginalidad se insertan en el denso magma de chabolas autoconstruidas sobre una empinada topografía. Los parques-biblioteca, resultado de concursos públicos, son obras de autor, destacando dos de Giancarlo Mazzanti y uno de Javier Vera. Se trata de espacios públicos y abiertos, con plaza para eventos como clases de baile y conciertos, salones para la comunidad y bibliotecas rebosantes de niños, donde pocos años atrás las tropas de Pablo Escobar pagaban a cualquier adolescente un millón de pesos colombianos (unos cuarenta euros) por cada policía muerto. El parque-biblioteca de Vera se resuelve bajo una cubierta que toma la pendiente del terreno y escalona en su interior los distintos elementos que la componen. Las dos construcciones de Mazzanti fragmentan el programa en tres elementos unidos en su parte posterior por las áreas comunes. Los tres cuerpos se abren a las vistas sobre la ciudad y se convierten en hitos urbanos: en La Ladera, con auditorios abiertos en sus azoteas, y en la Biblioteca España del barrio de Santo Domingo Savio, en tres espectaculares rocas negras incrustadas en la montaña. Para acceder a este barrio marginal, al que ni la policía se atrevía a entrar, se ha construido el espectacular teleférico Metrocable, conectado a la red del metro. En la Sexta Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, celebrada en Lisboa a fines de abril, esta biblioteca singular recibió el premio a la mejor obra de arquitectura.

A partir de estas intervenciones la regeneración de las chabolas ha sido casi inmediata. Con el apoyo municipal se construyeron escaleras y plataformas de acceso a las edificaciones existentes y se dotaron de conexiones de gas y electricidad. Algunas viviendas han crecido, otras han incorporado locales comerciales, peluquerías y gimnasios, entrando así a la legalidad catastral y fiscal.

La vivienda social no sólo ha servido para paliar deudas históricas sino para regenerar áreas muy precarias. Buena parte de las 4.500 viviendas de reordenación urbana han solidificado el barrio de Moravia, sobre una montaña artificial que fuera basurero. Y entre las quebradas se legalizan y reparan casas, a la vez que se construyen edificios de diez unidades para sustituir las chabolas más precarias. Junto a ellas el nuevo centro cultural proyectado por el recién fallecido Rogelio Salmona, monumentaliza la periferia.

El plan de paseos y parques lineales que reconectan la ciudad ha llevado a peatonalizar algunos ejes que vertebran la ciudad a todo su largo, como la calle de Carabobo, restaurando edificios, dotando de servicios y mobiliario urbano. Esta calle emblemática hilvana las nuevas plazas y bibliotecas con el Orquideorama en el parque botánico y el nuevo centro Explora, que alberga el museo de la ciencia y la tecnología. El Orquideorama, proyectado por Planb y JPRCR, es un entramado de paraguas hexagonales entretejidos con los árboles centenarios del parque, que organizan el espacio de exposición de la feria anual de las orquídeas. El Centro Explora, diseñado por Alejandro Echeverri, es un contenedor rojo y fragmentado, capaz de acoger programas independientes de divulgación científica. Junto con el nuevo Centro de Convenciones (Giancarlo Mazzanti, Daniel Bonilla y Rafael Esguerra) y la plaza de Cisneros (José Manuel y Luís Fernando Peláez) estas nuevas construcciones conforman el nuevo centro monumental donde la cultura y la convivencia en torno al espacio público dejan clara la nueva vocación de la ciudad.

Menos de cuatro años han dado vida y esperanza a la regeneración de Medellín al aunar urbanismo y social en el ideario municipal. Arquitectura de autor y trabajo con las comunidades, que habitualmente corren por sendas distintas, han ido de la mano. Y en buena medida ha sido posible por el talante de un alcalde con ideas claras que supo comunicar, aunado a una sociedad dispuesta a darlo todo por recuperar con orgullo su autoestima colectiva. –



Intervenciones neoliberales en la Barceloneta
agosto 3, 2008, 6:05 pm
Filed under: Barcelona, Ensayo, Montaner, Pais, UPC

JOSEP MARIA MONTANER 14/06/2008

Es de temer que la Barceloneta va a seguir al Poblenou como barrio cuya memoria más se ha arrasado. A los riesgos que comporta la modificación del Plan General Metropolitano en la regulación de la edificación tradicional de la Barceloneta (2007), llamado para abreviar y como protesta plan de los ascensores, se suma la amenazante aparición de la estructura del hotel Vela, proyectado por Ricardo Bofill en 1999, situado en la misma línea del mar, en los terrenos de la Autoridad Portuaria de Barcelona, hito con el arranca la transformación especulativa de la nueva bocana del puerto

Hay pocas dudas de que la política del Ayuntamiento de Barcelona ha cambiado. A ciertas miradas malévolas les interesa desfigurar esta evolución y quieren enfatizar que siempre ha sido así. Pero no es cierto. Cuando Barcelona renació como ciudad democrática, a principios de los años ochenta, se aplicó una política progresista y prometedora, si la comparamos con la regresión que implicaron los modelos neoliberales que entonces implantaban Margaret Tatcher y Ronald Reagan. Poco a poco, este modelo Barcelona, de búsqueda del consenso entre lo público y lo privado, se ha ido diluyendo en una política marcadamente neoliberal. La paradoja dura de digerir es que esta política urbana -conservadora y capitalista- la esté aplicando un gobierno municipal formado por dos partidos políticos que se autodenominan de izquierda.

El plan de la Barceloneta es expresión de un neoliberalismo implacable aplicado a los planes urbanos: será la lógica del propio mercado la que transforme el barrio en función de derribos selectivos para instalar núcleos de ascensores, agrupando varias fincas, y serán los propietarios potentes, los inversores y los turistas los que se irán acomodando a medida que se vaya expulsando a los antiguos inquilinos de pocos recursos económicos y legales. Es la culminación del proceso de ir dejando a la frágil Barceloneta a su suerte. Mientras se intervenía en otras áreas de Ciutat Vella, su patrimonio de casas proyectadas por ingenieros militares a mediados del siglo XVIII se dejaba desmoronar. El mismo plan de los ascensores, al establecer la altura reguladora en planta baja y seis pisos, favorece la desaparición de los escasos testimonios de casas bajas originales.

Y el hotel Vela se levanta como emblema de la gentrificación de un barrio popular, como otro episodio más de la avaricia del puerto con sus terrenos, que ya generó una fuerte polémica a finales de los años ochenta y principios de los noventa por la abusiva transformación del Port Vell. Cuando funcione, el hotel va a contribuir más al colapso circulatorio y a la mutación de la Barceloneta. Seguro que el preceptivo estudio de evaluación de la movilidad habrá demostrado la sobrecarga que ya existe sobre el paseo de Joan de Borbó. Tal mamotreto, fuera de escala y de contexto, chupando de las infraestructuras, aprovechándose de los desagües y colapsando los accesos del barrio, es un nefasto símbolo de la Barcelona neoliberal, vendida a la industria turística y a los intereses inmobiliarios. De momento, ya se ha expulsado a vecinos y las cases de quart se convierten en apartamentos por semanas. A los trabajadores del Poblenou les han ido borrando su memoria día a día, fábrica a fábrica, a cambio de nuevos edificios arroba; el antiguo barrio de pescadores y artesanos lo están convirtiendo en escenario del mundo basura del turismo. Quizá estén pagando tardíamente la factura de que en las primeras décadas del siglo XX fueran los focos de los movimientos sindicales y anarquistas.

¿Será cierto que se va a detener el plan de los ascensores y la moratoria permitirá hacer uno nuevo, con una mejor supervisión pública y una mayor participación ciudadana? ¿O son tantos los pactos previos y componendas, los intereses para elevar astronómicamente los alquileres, que el plan ya no tiene vuelta atrás y se irá destruyendo el tejido social de la Barceloneta?

El proyecto del hotel Vela fue aprobado en 2001, con la connivencia de la Autoridad Portuaria, la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona y el Gobierno de la Generalitat de Jordi Pujol, y con una rebaja de los 154.000 metros cuadrados a un máximo de 129.000. El hotel tiene 450 habitaciones y, en la base, un gran edificio recreativo y de oficinas, de planta baja y seis pisos de altura. Se pactaron entonces unas contrapartidas de conexiones y transporte (monorraíles y recorridos marítimos) que aún no se han cumplido. ¿Es aceptable que los futuros usuarios del hotel colapsen aún más un paseo por el que pasan los vecinos, la ciudadanía y los bañistas? ¿Puede ser que contemplemos callados cómo se levanta, saltándose la Ley de Costas, la última puntilla para ahogar el carácter social y urbano de la Barceloneta?

Josep Maria Montaner es arquitecto y catedrático de la Escuela de Arquitectura de Barcelona (UPC).



Las buenas calles
agosto 3, 2008, 6:03 pm
Filed under: Ensayo, Pais, urbanismo

ÁNGELA MOLINA 14/06/2008

Las figuras del “arte” y la “utopía” llevan mucho tiempo entremezcladas. De su dinámica han nacido múltiples contradicciones. Mientras el arte siempre ha de inquietar, escapar de las normas y obligarnos a reconocer la importancia de tener espacios, la utopía aporta consuelo, armonía sin conflictos. Celebra el imposible impalpable. Es el transporte a un lugar apartado del mundo real exterior. Una de sus más atractivas paradojas tiene que ver con el intento del artista de desestabilizar el ideal platónico de ciudad (una urbe cerrada, ordenada) a base de lanzar sobre ella dudas tan potentes como bombas. ¿Puede el arte hacer que un espacio hegemónico esté menos seguro de sí mismo? ¿Se puede contaminar el espacio público inyectándole estéticas y usos nuevos? El joven licenciado en arquitectura Gordon Matta-Clark (1943-1978) no iba muy desencaminado cuando vislumbró la posibilidad de nivelar la altura de los edificios, incluyendo las Torres Gemelas, con el sky-line de Manhattan, pocos años después de que la pareja de artistas Christo y Jeanne-Claude proyectara convertir en crisálidas eréctiles algunos rascacielos de Wall Street (Lower Manhattan Wrapped Buildings, 1964) sugiriendo un proceso de transición física y metamorfosis de las arquitecturas del poder. Al igual que la idea de obstrucción (blockading), la técnica del embalaje había surgido de la necesidad de crear juegos espaciales, transformar algo familiar en misterioso. Pero, sobre todo, de escapar del “no lugar” alumbrado por la utopía (un tema que animó a buena parte del movimiento del 68 en Francia) para poner los pies en espacios particulares de prácticas reales. El arte necesitaba un nuevo campo de batalla. Y la ciudad se había puesto a tiro.

El arte público crea un espacio político, un ámbito donde las identidades y las ideas de conflicto y diferencia provocan una reacción en la audiencia. Nuestro combate simbólico con las operaciones económicas que se dan en la esfera pública ha conformado el tema de la creatividad en la calle, desde la “alteración” situacionista (détournement), el land-art, las tendencias site-specific, los amonumentos y contramonumentos, las street performances, el grafiti o las nuevas formas de exposición, distribución y lugares de socialización creados por la generación actual de artistas, que han transformado los recursos familiares del readymade, la colaboración y la instalación.

Pero el ascenso del neoliberalismo durante las dos últimas décadas barrió casi por completo cualquier objeción artística en el espacio público. Desde el ámbito de la crítica artística, Lucy Lippard y Graig Owens denunciaron el papel cómplice que el arte estaba desempeñando dentro de los procesos contemporáneos de la ciudad, ya sea como colaborador/decorador de las reestructuraciones urbanísticas o como índice de la revalorización de barrios para futuras inversiones de grupos inmobiliarios. La psicogeografía situacionista, de raigambre surrealista, la sociología y el urbanismo marxista (Peter Marcuse, David Harvey) también se encargaron de reseguir la trayectoria exacta del proceso por el cual el capital construye un paisaje geográfico a su propia imagen en un cierto punto del tiempo sólo para tener que destruirlo después, en una suerte de causalidad circular y acumulativa que no ha hecho más que acentuar las diferencias sociales y los desarrollos desiguales.

Durante los setenta, artistas como Vito Acconci, Adrian Piper, Hans Haacke, Martha Rosler, Richard Serra, Krzystof Wodiczko o Francesc Torres criticaron el desarrollo urbano de la ciudad de Nueva York que afectó profundamente tanto a su morfología arquitectónica como a su distribución social. Crearon contradiscursos con trabajos de resistencia. Hoy, a excepción de algún judas, estos artistas siguen siendo considerados los apóstoles del antagonismo.

En la actualidad, la fuerza crítica y de oposición de aquellos destructores ha degenerado fácilmente en conformidad con el orden establecido. Donde Matta Clark había creado el restaurante Food (galería 112 de Greene Street) para ofrecer a los comensales la cocina económica de su famoso “pollo aterciopelado en salsa de satén”, “guiso de dumpling de hígado de alka seltzer” o su suculenta “bone dinner” (sopa de huesos), hoy tenemos a Ferran Adrià instalado en la alta cocina de la Documenta regalando sus costosísimas degustaciones a curadores y críticos de arte. Donde Hans Haacke había denunciado el negocio inmobiliario (“Shapolsky et al.”, 1971) tenemos hoy a Santiago Sierra (y antes a Andrés Serrano) especulando con la imagen de los sin papeles y las prostitutas (a 24.000 euros la copia fotográfica de sus retratos). Y donde Richard Serra instalara su Tilted Arc (1981, desmantelado en 1989), tenemos hoy las inexpugnables cabezas gigantes de Manolo Valdés, enésima treta mercantil auspiciada por la Fundación La Caixa en la cada vez más falible capital catalana.

En su ensayo Sombras de la ciudad (Alianza, 2007), Iria Candela describe el proceso de desplazamientos, desahucios y disolución urbana que precedió al boom constructivo de la Gran Manzana. Los trabajos de Warhol (Thirteen Most Wanted Men, 1964) o las fotografías de Weegee mostraban las sombras más oscuras de la gran ciudad, que escondían acontecimientos igualmente cotidianos pero que las autoridades se esforzaban en mantener ocultos. “La metáfora de las malas calles tenía un sentido más amplio, pues también les servían para mostrar la fragilidad inherente al espacio público, falazmente entendido como un espacio social plural consensuado y, por tanto, la posibilidad real de resistencia a su poder de dominación”, sostiene la autora. Aquel mural colocado en la fachada del New York State Pavillion con la imagen de 13 fugitivos de la justicia funcionaba como “una pancarta reivindicativa de un espacio público heterogéneo abierto a la diferencia, a la aceptación de aquellos sujetos que, por razones de género, sexo o ideología, eran criminalizados dentro de él” (la propia condición de fugitivo de la sociedad de Warhol enlaza con la ambigüedad que sugiere el título de los hombres más buscados o “más queridos”, wanted).

Francesca Gavin, en su libro Creatividad en la calle. Nuevo arte underground (Blume, 2008), defiende la existencia de una nueva tendencia creativa de “interrupciones callejeras” heredera de los situacionistas. “La razón por la cual hoy la obra de estos jóvenes artistas es importante es porque fuerza al público a ser consciente y a interactuar con el mundo que le rodea. En una cultura dominada por un exceso de medios sensacionalistas, insustanciales y de usar y tirar, y por una cultura virtual, el mundo físico, real, tiene que reafirmar su presencia (…). La calle es el único lugar donde sabemos que algo es real”. Gavin elabora una lista de los 30 principales que trabajan en las grandes urbes con técnicas a menudo de “bloqueo”. Algunas propuestas son sencillamente esteticistas, otras más poéticas. Pero prácticamente todo ya había sido inventado hace tres décadas.

Los maragatos (LED throwies) de uno de los más importantes grupos frikis del grafiti, Graffiti Research Lab, son dibujos “brillantes que compiten con la publicidad y sólo se hacen visibles por la noche”. “Sólo hay que juntar un LED, una pila y un imán con cinta adhesiva. Duran una media de tres semanas y son piezas abiertamente políticas, contra el Gobierno de Bush y sobre la idea de qué es lo público y qué lo privado”, explican. El trabajo de los GRLab se expuso hace unos meses en el MOMA y remite a las proyecciones de Krzysztof Wodiczko para Union Square (The Homeless Projection: A proposal for the City of New York, 1986) y que nunca obtuvieron el permiso del Consistorio para ser proyectadas. En ellas, el artista polaco (1943) criticaba abiertamente la llamada gentrificación urbana; los monumentos escultóricos de George Washington, Abraham Lincoln y el marqués de Lafayette debían aparecer, de la noche a la mañana, convertidos en contramonumentos o esculturas nómadas que representaban a los homeless condenados al espacio abierto a vivir ante el público. Los sin techo compartían con los prohombres de América la condición pasiva de los “sin hogar de la historia”.

El nuevo grafitero, Robin Rhode, combina el dibujo a carboncillo sobre la pared con la performance. Su serie Playground fue concebida en las esquinas de las calles de Johannesburgo para reemplazar virtualmente los parques infantiles sumidos en el abandono. El trabajo de Rhode es defendido por una potente galería neoyorquina. Otros artistas callejeros juegan con las señalizaciones de tráfico (Cayetano Ferrer, Knitta, Leopold Kessler), con pintadas hechas con plantillas (Influenza), grafías (Eine) o intervienen en las vallas publicitarias (Cut Up). Dan Witz, el abuelito de la escena artística callejera, empezó a pintar colibríes sobre viejas paredes. En la fachada de una casa juega con las tres ventanas (como si fueran dos ojos y una boca) y sitúa un gran balón rojo a la altura de la nariz. Una payasada. Matta-Clark se jugaba el pellejo en el Bronx saboteando o cortando trozos de edificios abandonados. Le persiguieron los polis y las bandas callejeras. Las propias autoridades locales demandarían al artista y le pedirían hasta un millón de dólares de compensación por los daños ocasionados en un inmueble de un muelle abandonado de Manhattan. Nunca hubo artista que igualara a Matta-Clark en violencia y compromiso. Su ejemplo es el más radical de site-specific y el que difuminó los límites de lo que era legítimo o no en el arte.