Noticias de Arquitectura


Utzon o la paradoja Sidney
febrero 15, 2009, 4:18 pm
Filed under: Uncategorized | Etiquetas:

10.12.2008 –
SALVADOR MORENO PERALTA| ARQUITECTO

CUALQUIER persona de un nivel cultural medio, y a pesar de los estragos de nuestro sistema educativo, tiene unas nociones elementales de pintura y literatura, algunas de música, muy pocas de escultura y prácticamente ninguna de arquitectura, aún cuando sea ésta el arte de modular y moldear el espacio en que vivimos. Si de la enseñanza hemos suprimido prácticamente la Historia general, no podíamos aspirar a que en algún escalón del sistema se incluyera una historia del espacio. Esta incongruente desvinculación de aquello que conforma nuestra vida cotidiana y nuestra memoria explica que haya pasado casi inadvertida la muerte, el pasado 29 de noviembre, del último de los grandes titanes de la arquitectura del siglo XX, el danés Jorn Utzon, a los 90 años de edad. Le había sido concedido el premio Pritzker (considerado como el Nobel de la Arquitectura) en el año 2003 y su figura, casi como el resto de su obra, está eclipsada por el edificio de la ópera de Sidney, considerado como uno de los más emblemáticos del siglo XX.
Muchos teóricos piensan que esta obra, iniciada en 1956 y terminada en 1973 (viéndose obligado el arquitecto a abandonar la dirección por la polémica surgida ante el descomunal aumento de presupuesto debido a dificultades técnicas prácticamente irresolubles), da por terminado el ciclo arquitectónico del siglo XX, iniciando una nueva era, cuyo germen puede encontrarse precisamente en la misma obra. Así ocurre siempre con las grandes obras maestras crepusculares, como la Novena Sinfonía de Beethoven: en ellas admiramos tanto lo que clausuran como lo que inician. En las fracturas de una esfera, cuyos casquetes conforman la archifamosa cubierta fragmentada del edificio, Juan Daniel Fullaondo ve “una brillante tumba de la antigua conciencia centralista, el autocrático perfeccionismo de la obra acabada, redonda, anticontigente.”. Es el final glorioso de la arquitectura orgánica del siglo XX, con Frank Lloyd Wright y Alvar Aalto como cúspides del movimiento, y el inicio de una nueva era arquitectónica: la deconstrucción, la irrupción de la alta tecnología en los procesos constructivos, con la necesidad de resolver problemas de prototipos, la incorporación de las grandes consultorías para abordar esa complejidad tecnológica (por ejemplo, Ove Aarup & Partners, que resolvieron las dificultades de la Ópera y desde entonces se han dedicado a sacarle las castañas del fuego a una buena parte del estrellato arquitectónico actual), la atención casi preferente a la dimensión simbólica del edificio- y no sólo funcional- con la suficiente fuerza icónica como para “poner una ciudad en el mapa”, esa monserga fundacional que tanto seduce a las periferias. El llamado “efecto Guggenheim” de Bilbao es, en definitiva, hijo del “efecto Sidney”.
Pero las grandes ciudades han precedido siempre a la construcción de sus grandes símbolos. Un símbolo no hace ciudad, sino que la resume en lo mejor de su presente y, sobre todo, en las aspiraciones del futuro. El museo Guggenheim no era tanto una metáfora de la Bilbao industrial, sino el estandarte de la transformación de su ría, algo en lo que la ciudad quería reconocerse. En Sidney, como en Bilbao y no sin gran polémica, triunfó la perspicacia de los que veían las señas de identidad en el futuro, y no en el pasado.pero al precio que fuera; y de aquí nace la dramática paradoja de esta obra genial.
Porque a partir de ese momento, el poder, que siempre ha encontrado en la arquitectura su más querido órgano de expresión, agarró el rábano de Sidney por las hojas, propiciando la aparición de un exclusivo club de arquitectos a los que no se les pedía obras, sino iconos. Pero con frecuencia, estos iconos no eran la expresión de anhelos ciudadanos sino de frustraciones históricas, no de la audacia estratégica sino de la megalomanía acomplejada. De ahí que lo que en Sidney fuera una arriesgada apuesta estética y tecnológica cargada de sugerentes mensajes de clausura e innovación- hito cultural con los que la ciudad atrajo la atención del mundo- en otros pagos esa atención se encomendaba a la magnitud del grito, de la extravagancia y del coste desorbitado, verdadero timbre de gloria para sus autores y los responsables del encargo. La arquitectura de lo suntuario sigue hoy disponiendo de presupuestos ilimitados, mientras que la arquitectura de lo necesario, destinada a la clase de tropa, quedó sometida al rigor de las hipócritas leyes estatales de contratación en las que, so pretexto de defender los intereses públicos, se subasta a la baja el talento, la solvencia técnica y la imaginación. Máximas exigencias al mínimo coste. Hemos visto no hace mucho a dos grandes estrellas de la arquitectura mundial rajarse ante sus encargos por tener que afrontarlos con los presupuestos de los demás mortales. Uno de ellos iba a enseñarnos en Málaga cómo se hacían viviendas de Protección Oficial. Lástima.
Con la Ópera de Sidney Utzon cerraba un tiempo, pero con un talento inmenso y la audacia de un joven de 38 años se arriesgó a inaugurar otro. Se precipitó, voló alto y quemó sus alas como Ícaro. Desencantado, volvió a su racionalismo crítico que propició obras espléndidas pero silenciadas. Si hubiera esperado tres décadas le hubieran consentido todo y no le hubieran echado de Sidney. En el 2003 le rescataron con la concesión del Pritzker, pero ya sus epígonos se habían encargado de adulterar su mensaje, extendiendo por la geografía de la opulencia un estruendoso rosario de fallas valencianas indultadas en nombre de la firma.



La ópera de Sydney se queda huérfana
febrero 15, 2009, 3:27 am
Filed under: Uncategorized | Etiquetas:

FREDY MASSAD | BARCELONA
La imagen de su edificio más emblemático, la Ópera de Sidney, uno de los verdaderos iconos de la arquitectura del siglo XX, ha sido indudablemente más célebre que el nombre de su autor, Jorn Utzon, que falleció en la madrugada de ayer de un fallo cardíaco a los noventa años de edad a causa del progresivo debilitamiento de salud sufrido tras varias intervenciones quirúrgicas recientes.
Nacido el 9 de abril de 1918 en Copenhague, estimulado tempranamente por los conocimientos para diseñar adquiridos a través de su progenitor, un ingeniero naval, y el trabajo como escultor de uno de sus familiares cercanos, Utzon se educó en la Real Academia de las Artes de la capital danesa, graduándose en 1942. Su formación se completaría trabajando en los estudios de dos de los arquitectos exponenciales en la formación del lenguaje moderno escandinavo, Gunnar Asplund y Alvar Aalto, hasta establecer su propio despacho en 1950. Ambos maestros, junto a Frank Lloyd Wright, fueron las influencias que Utzon consideró más decisivas sobre su arquitectura, así como los viajes que realizaría por Europa, el norte de África y América.
Con una experiencia profesional previa en la que destacaban ya proyectos realizados en su país como la Urbanización Kingohusene en Helsingor, en 1957 ganó el concurso para el diseño de la ópera de Sidney. El edificio comenzó a construirse en 1959, pero Utzon abandonó el proyecto en 1966, a causa de serios enfrentamientos con las autoridades locales debidos a problemas presupuestarios y graves discrepancias sobre el diseño del edificio.
El interior del edificio se concluyó sin seguir los planes originales de Utzon, quien en 2002 finalmente accedería a hacerse cargo de una pequeña remodelación del interior y mejoras en la calidad acústica. La estructura exterior de la Ópera de Sidney, que Utzon pudo completar antes de apartarse del proyecto y sus controversias, destaca por las vertiginosas curvas de las blancas conchas, con forma de velas que se ensamblan y cortan unas y otras, recubriendo el complejo de teatros y salas que integran el edificio.
Como Frank Gehry señalase en 2003, año en que Utzon recibió el premio Pritzker, con la Ópera de Sidney este arquitecto danés concibió un edificio audaz, que tensó al máximo el potencial tecnológico y logró con ello avanzarse a su tiempo, corroborando algo dicho una vez por el propio Utzon: «Me gusta estar en el límite de lo posible».
Proyectos en Irán y Kuwait
Destacan, sin la emocionante monumentalidad de ese edificio, pero igualmente reflejo de la capacidad magistral de este arquitecto obras como el complejo de viviendas en Fredensborg (1962-63), la sede del Banco Nacional de Irán (1958) y el edificio del Parlamento de Kuwait (1971-83). Obras en las que se constata el interés con que Utzon estudió y profundizó sensiblemente en los principios de la arquitectura islámica, maya y del Lejano Oriente.
En la década de los 70, Utzon se instaló junto a su familia en Mallorca. Residió en la isla hasta hace poco tiempo, levantando su primera casa en ella, Can Lis, en 1971,y la segunda, Can Feliz, veinte años más tarde. Sus tres hijos, Jan, Lin y Kim se han dedicado también a la arquitectura. Junto a Jan y Kim diseñó varios proyectos, entre los que se cuentan otro de los edificios esenciales de Utzon, la iglesia de Bagsvaerd (Copenhague), así como el centro de investigación dedicado a su obra, inaugurado en Aalborg el pasado año.
El fallecimiento de Jorn Utzon nos sitúa ante la evidencia de la gradual desaparición de una generación de arquitectos maestros aferrados a un proyecto humanista, de exaltación y reivindicación de una arquitectura emparentada con el arte, construida aunando rigor constructivo con poética, la erudición y el respeto por el conocimiento de los valores profundos de la arquitectura para crear espacios y formas que como la obra de Utzon han logrado llegar estar en una dimensión que no es la historia, sino que se han situado en un presente permanente.



Décès de Jorn Utzon, l’architecte de l’opéra de Sydney
febrero 15, 2009, 3:26 am
Filed under: Uncategorized | Etiquetas:

L’architecte danois Jorn Utzon, connu pour avoir réalisé l’opéra de Sydney, est mort samedi d’une crise cardiaque à l’âge de 90 ans. Né en 1918 à Copenhague, diplômé d’architecture de l’Académie des Beaux-arts de la capitale danoise en 1942, c’est en 1957 qu’il accède à la célébrité en remportant le concours pour la réalisation de l’opéra de Sydney. Neuf ans après, en 1966, il claque la porte du chantier pour des questions de gros sous et de désaccord sur les plans. Des architectes désignés par le gouvernement reprennent alors le projet ; l’intérieur du bâtiment n’est pas terminé selon les dessins originaux. Jorn Utzon attendra 2003 pour prendre sa revanche, quand le jury du Prix Pritzer – qui est à l’architecture ce que les oscars sont au cinéma – distingue l’opéra de Sydney comme l’un des bâtiments les plus représentatifs du XXe siècle. Le monument a depuis été classé par l’Unesco parmi les sites faisant partie du patrimoine mondial de l’humanité. [CR]



Murió el arquitecto danés Joern Utzon, autor de la Opera de Sídney
febrero 15, 2009, 3:24 am
Filed under: Uncategorized | Etiquetas:

29/11/2008

COPENHAGUE (AFP) — El célebre arquitecto danés Joern Utzon, cuya obra más conocida es la ópera de Sídney, murió la noche del viernes al sábado a la edad de 90 años, informó el director del centro Utzon en Dinamarca.

“Murió en un centro médico al norte de Copenhague, tras un ataque cardíaco”, declaró Adrian Carter, director del centro Utzon de arquitectura y arte de la ciudad de Aalborg (norte), donde creció.

Nacido el 9 de abril de 1918 en Copenhague y graduado en arquitectura en 1942 por la Academia de Bellas Artes de la capital danesa, Utzon se refugió en Suecia durante la Segunda Guerra Mundial y luego se instaló en Finlandia, donde trabajó al lado del reputado arquitecto Alvar Aalto.

En 1957, cuando era un desconocido, fue escogido en un concurso internacional para diseñar la ópera de Sídney, con un techo en forma de velas en la parte oriental del puerto que se convirtió en un ícono de la ciudad.

Utzon abandonó el proyecto en 1966 por discrepancias con las autoridades australianas. Fue concluido en 1973 por los arquitectos Peter Halln, David Littlemore y Lionel Todd.

Autor de una obra innovadora, Utzon obtuvo numerosos reconocimientos internacionales, entre ellos la medalla Alvar Alto, la legión de honor, el premio Pritzker, considerado como el premio Nobel de la arquitectura, y la gran medalla de oro de la Academia Francesa.

El arquitecto danés había regresado a su país hacía un año tras vivir durante las últimas décadas en Mallorca (España).