Noticias de Arquitectura


«Los proyectos estrella logran algo similar a lo que hacían las catedrales»
febrero 5, 2007, 4:06 pm
Filed under: Entrevista, Paya

«Un famoso con una casa moderna hace más por la arquitectura que un millón de charlas y publicaciones»

ALFREDO PAYÁ ARQUITECTO. INTERVINO EN EL CICLO «ARQUITECTURA: LA NO CENTRALIDAD» EN LA SEDE GIJONESA DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS.

J. C. GEA
-¿De dónde ese título tan enigmático para su charla, «De lo que no se ve a lo que se ve»?

-Cuando cuentas un proyecto siempre tiendes a construir la historia de lo que ha sido: las ideas, los pensamientos, las obsesiones que luego no se ven, todo ese proceso mental que nunca aflora. Lo que quería contar son aquellas cosas que están detrás, ocultas, y que a veces son las más importantes, las que hacen posible un determinado planteamiento. Trabajo mucho desde la intuición. No es algo mágico; tiene que ver con la acumulación de datos, de situaciones, de vivencias que se almacenan en nuestra memoria y que acaban apareciendo porque las has vivido. Yo creo mucho en esa condición vital de la arquitectura en la que uno refleja su biografía de alguna manera, desde lo cotidiano hasta lo más profundo.
-¿Y eso hasta qué punto es compatible con las condiciones de trabajo de un arquitecto?

-Es una elección. Yo trabajo siempre así desde que empecé; marqué esa dirección y más o menos, dentro de los límites que uno tiene siempre en esta profesión, trabajo, entre comillas, para mí, aunque siempre trabajes para alguien. Yo vengo de una zona donde se construye una barbaridad, donde la construcción es la primera fuente de riqueza del área, y hay una presión muy fuerte sobre el trabajo de los arquitectos. Pero me he abierto una brecha por otro camino. Casi todo lo que hago es obra pública o encargo privado de pequeña escala. No lo digo como mérito, es una opción como es respetable cualquier otra: la profesión tiene que dar servicio. En este camino estoy a gusto, lo paso bien, me gusta lo que hago y lo considero casi un privilegio. Por eso no lo veo meritorio.
-¿Favorece o perjudica a la arquitectura esa hiperactividad de la construcción?
-Que en una región se mueva el dinero y la economía esté boyante es algo que beneficia a todos. Aunque a mí, personalmente, no.
-Pero cuando se construye tanto no se puede construir bien…

-Es vedad. Se construye mal. En mi zona construir bien es muy difícil. Estás acostumbrado a un tipo de arquitectura rápida que la gente no valora. Es como la comida: en Alicante te la tiran porque saben que no vas a volver. Es una zona de aluvión, donde hay mucha gente flotante. No hay arraigo, ni se valoran las cosas. La gente va en agosto a un apartamento en la playa y le da igual que entre un poco de aire por las carpinterías. Hay menos exigencia. Pero no porque los alicantinos sean menos exigentes que en Vitoria, sino por las condiciones, el clima, la sociedad…
-En el extremo opuesto hay un culto creciente a la firma, a la arquitectura propagandística, por parte de lo público.
-Es un concepto mediático de la arquitectura. Cuando Carlos III llama a Sabatini, es lo mismo que cuando Ardanza llama a Gehry. Los objetivos son diferentes, pero Bilbao quería cambiar su cara y lo ha conseguido. El valor mediático de la arquitectura es muy alto; es capaz de transformar un lugar, de crear atracciones, porque, al final, de eso se trata en la arquitectura espectáculo: de atraer turistas, dinero, movimiento en las ciudades… El caso de Valencia es muy claro. Se ha gastado cantidad de dinero en la Ciudad de las Ciencias. Es una barbaridad, pero que se haga allí la Copa América y que el «Queen Elizabeth» pare allí probablemente tenga que ver con esto, o lo de vuestro compatriota Fernando Alonso.
-¿Y todo esto redunda en un fomento del aprecio por la arquitectura?
-Es verdad que el Guggenheim gusta a todo el mundo. Pero no lo sé. En cierto modo son más eficaces los anuncios de coche, que están haciendo un gran favor a la arquitectura moderna al sacarla como fondo. La gente está cambiando. Las revistas de decoración tampoco son tan de «Pitita» como antes. Si un famoso se hace una casa moderna hace más por la arquitectura que un millón de charlas en colegios de arquitectos o de publicaciones. El valor mediático, que la arquitectura se lleve a lo cotidiano, que llegue a mucha gente, es bueno. Antes yo defendía que no era buena la proliferación de escuelas de arquitectura y publicaciones; ahora pienso lo contrario porque ayuda a aproximar la arquitectura a la gente. Y noto que la gente se asusta menos. Yo llevo trabajando como veinte años y recuerdo que al principio era muy difícil. Hay una mayor tolerancia, una mayor aceptación de lo moderno.
-Aunque haya ocasiones en que el proyecto estrella aterriza en una ciudad como si fuera un ovni, sin conexión con el resto.

-Pasa, pero eso puede funcionar. Hay ciudades que tienen una manera de vivir muy tejida, eso que llamo yo «ciudades de café con leche», con sus costumbres muy marcadas, como muchas castellanas, una intervención así puede estar bien en la medida en que introduzca otra manera de vivir, de relacionarse. Es un poco lo que produce El Corte Inglés al irrumpir en una ciudad: la transforma. Crea un nuevo centro. Es algo comparable a lo que hacían las catedrales en otra época. Generaban la vida. Un proyecto de ese tipo funcionará bien si se va cosiendo con la ciudad, si va creando relaciones.

Anuncios