Noticias de Arquitectura


“Me preocupan los edificios feos más que las extravagancias”
mayo 28, 2009, 12:51 pm
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F. S. – Valencia – 28/05/2009

Aaron Bestsky, (Montana, Estados Unidos, 1958), comisario de la Bienal de Arquitectura de Venecia, organiza la muestra ‘Los confines del tiempo’ intentando dejar de lado el concepto arquitectónico. “Tiene que ver más con las fronteras, de traspasarlas, de ir más allá de los confines”.

Pregunta. ¿De qué parte?

Respuesta. Estaba muy interesado en exponer algo que rechazase las fronteras, que las evitase, que no estuviese de acuerdo con ellas. Por eso también tiene un tinte político, pero sin ser retórico.

P. ¿Los arquitectos olvidan hacer obras habitables, usables?

R. No sé lo que hacen los arquitectos en general. Pero estoy muy interesado en esos artistas y arquitectos que se plantean cómo poder plasmar su obra dentro del mundo real en el que vivimos, con todas las implicaciones políticas o sociales que puedan tener. Esta idea es la que presenté en la Bienal.

P. Pero cada vez reciben más críticas. ¿Le preocupa?

R. Estoy más preocupado por esos edificios feos, poco pensados, mal concebidos que además son un gasto y un desperdicio, que por las grandes extravagancias artísticas que está haciendo alguien como Santiago Calatrava.

P. ¿En el pasado era mejor?

R. No debemos confundir la arquitectura con la construcción. Si pensamos cómo un arquitecto establece las relaciones sociales, las jerarquías políticas al crear algo nuevo, vemos que es algo distinto de construir un edificio. Los buenos arquitectos siempre se han preocupado de pensar en todas las implicaciones, en la forma estética y en el futuro de sus obras.

P. ¿Qué artistas están abriendo campos inexplorados?

R. Muchos. Que haya tantas personas a las que admiro es la razón por la que me involucro en estos proyectos. En esta exposición no hay muchos arquitectos, otros artistas puedan explorar la arquitectura a través de la pintura, la escultura e incluso de la fabricación de muebles.



"Mi trabajo se limita a la estética"
septiembre 13, 2008, 9:24 pm
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MILENA FERNÁNDEZ – Venecia – 03/09/2008

La polémica persigue al creador valenciano. Tras las críticas recibidas por su trabajo en Bilbao, Valencia y Jerusalén, su puente sobre el Gran Canal veneciano no será inaugurado oficialmente por carecer de acceso para discapacitados

Santiago Calatrava (Benimamet, Valencia, 1951) no ha podido inaugurar como habría deseado su “puente más bello”, el cuarto sobre el Gran Canal veneciano, el primer guiño de arquitectura contemporánea en la frágil ciudad. Y, de momento, otra fuente de problemas para el arquitecto e ingeniero, a quien la polémica parece perseguir. El puente no se estrenará el 18 de septiembre, según el guión previsto, ni en presencia del presidente de la República, Giorgio Napolitano. Organizaciones de discapacitados denuncian que la pasarela carece de una estructura para ellos. El municipio programó la construcción de un ascensor horizontal para el transporte de un máximo de dos personas, pero aún no está terminado.

Pese a los contratiempos, ahí está la enorme estructura en acero, cubierta de vidrio y piedra de Istria, simbiosis de arquitectura y escultura, de 94 metros de largo. Calatrava paseó el lunes satisfecho por el puente de la Constitución, pero las autoridades no han establecido una fecha para su apertura. El arquitecto recibió ayer a EL PAÍS en Venecia.

Pregunta. ¿Cómo recibió la cancelación de la inauguración?

Respuesta. Soy arquitecto e ingeniero. Tengo 27 años de experiencia. Para mí lo importante es la obra, no las circunstancias que la rodean. Y éste es mi puente más bello. Lamento que los operarios, que trabajaron tanto, no tengan una inauguración adecuada. Se ha trabajado para entregar a Venecia una obra que esté a la altura de la ciudad. Es un acto de amor a Venecia y de amor a la civilización italiana en general. Como español, y valenciano, siento una enorme gratitud por Italia, porque ha sido un punto de referencia extraodinario para todos.

P. Nunca le ha agradado la idea del ascensor horizontal…

R. El 90% de mi trabajo se concentra en obras públicas. He respetado siempre las normas. Mis obras han sido construidas con un espíritu de servicio, particularmente para las personas discapacitadas. Es la primera vez que me encuentro en una situación como ésta. Con quejas de los discapacitados y de ciertos grupos que ven las cosas de otra manera. La polémica, profesionalmente, la encuentro inútil. Antes de ser aprobado el proyecto se expuso durante un año en la plaza de San Marcos y entonces no recibió críticas.

P. ¿Qué hay detrás de la polémica sobre este ascensor, bautizado uvovía por su forma oval?

R. [Ríe] Creo que corresponde a los periodistas encontrar el porqué. He mantenido siempre una actitud profesional. Las obras tienen una misión de servicio público. Hay que pensar en la trascendencia del trabajo del arquitecto y del ingeniero, que se encuentra en la funcionalidad del objeto. No encuentro justo que hayan querido culparme. Al principio, el municipio no creyó necesario la instalación de un ascensor horizontal. Ya existe el vaporetto.

P. ¿Es su obra más polémica?

R. He estado involucrado en todas las fases del diseño del proyecto, pero la ejecución ha estado completamente fuera de mis manos, he sido sólo un consultor artístico, porque así lo dispone la ley. Cuando diseñé el proyecto, lo hice de acuerdo con las bases económicas que me había indicado el municipio. Luego el proyecto fue aprobado. No tuve ninguna influencia en la asignación de la obra a la empresa ejecutora. Han sucedido muchas cosas que se escapan de mis manos; sin embargo, deseo subrayar que mi trabajo de proyectista lo encuentro al nivel de cualquier otra obra que he realizado en el mundo. Son más de 40 puentes en 17 países. El tipo de concurso convocado no era el adecuado para la obra de que se trataba. Se requería una empresa con un mínimo de experiencia en construcción de puentes.

P. ¿Por qué la suma inicial que usted calculó, 4,5 millones de euros, se ha disparado a 20?

R. Hice un cálculo que aprobó el municipio. Y éste asignó la obra. A partir de ahí las cosas ya no estuvieron más en mis manos. Mi trabajo se limita a la estética, según lo que prevé la ley.

P. ¿Qué es lo que más ha lamentado de todo esto?

R. No me ha decepcionado nada ni nadie. Me siento muy agradecido de haber podido dar un puente a Venecia, y particularmente al alcalde de la ciudad, Cacciari, por su interés. Puedo haberme entristecido por las polémicas fuera de tiempo. Sacarlas a flote me parece una instrumentalización.

P. ¿En qué estado se encuentra su proyecto para el centro de transportes en la zona cero? Tras la negativa de la Autoridad Portuaria de Nueva York de permitirle colocar una cubierta móvil… ¿Están paralizadas las obras?

R. Se revisó el proyecto para reducir los costos. Algo muy habitual en Estados Unidos. Esto ha llevado a unos cambios en el proyecto. Las obras de la estación se iniciaron hace dos años y no han sido paralizadas. En este tipo de trabajos consumen un tiempo enorme porque los trenes continúan pasando.

P. ¿Por qué se inundó el Palau de les Arts, en Valencia?

R. Hay que tomar en cuenta dos aspectos: ocurrió una catástrofe natural, porque llovió muchísimo en Valencia. Por otra parte, para el Congreso Mundial de las Familias movieron la tierra. Tapó el flujo natural del río.

P. Sin embargo, su nombre ha sido cuestionado.

R. Estas cosas requieren un poquito de paciencia. Han hablado de mí, pero mi cliente, en este caso la Generalitat o la ciudad, no me han hecho responsable, porque no soy culpable de lo sucedido. El hecho de ser arquitecto, en mis circunstancias, hace que me exponga a críticas colaterales. Es como ver un hijo que sufre, porque amo mucho mis obras.

P. ¿Por qué ha protestado en los tribunales por los cambios de la pasarela sobre la ría en Bilbao?

R. Ha sido muy interesante. La ley que protege las obras de arte se encuentra en un estado primitivo, sobre todo para las obras públicas. Era el momento de dar una señal clara. El esfuerzo que se hizo con el patrocinio de la Asociación Española de Artistas para testimoniar que las obras públicas son también obras de arte. Hemos ido muy lejos, porque el juez aceptó que hubo un daño, pero luego prevaleció el interés público al interés individual, pero es un primer paso para demostrar a la Administración pública que aunque ellos pagaron la obra no les pertenece. La pueden administrar, pero no hacer lo que quieran.
LOS LÍOS QUE NUNCA CESAN

– El cuarto puente sobre el Gran Canal (Venecia). El 26 de agosto de 2008, el Ayuntamiento de Venecia canceló la inauguración del puente, prevista para el 18 de septiembre, ante las presiones de la oposición y de las asociaciones de minusválidos.

– Estación de transportes del World Trade Center (Nueva York). Por motivos presupuestarios, la Autoridad Portuaria de Nueva York anunció el pasado 2 de julio una modificación de la cubierta de la estación de transportes diseñada por el arquitecto en el lugar que ocuparon las Torres Gemelas. La estructura ya no será móvil, tal y como contemplaba la idea inicial.

– El tranvía de la discordia (Jerusalén). El 25 de junio de este año se inauguró un puente por el que pasará un tranvía que unirá los asentamientos judíos de Jerusalén Este, la parte ocupada, con el centro, y del que no se beneficiarán los palestinos.

– Inundación en el Palau de les Arts (Valencia). Las lluvias torrenciales caídas sobre Valencia la noche del 11 al 12 de octubre de 2007 provocaron la inundación del Palau de les Arts.

Los bomberos achicaron agua durante 72 horas.

– La pasarela de Isozaki (Bilbao). El 28 de febrero de 2007, el arquitecto denunció al Ayuntamiento de Bilbao por vulneración de la propiedad intelectual por haber permitido la ampliación del puente Zubi Zuri, de Calatrava, con una pasarela diseñada por el japonés Arata Isozaki. La reclamación fue rechazada pero Calatrava recurrió la decisión del tribunal.



"Los fuegos artificiales han llegado a su fin"
septiembre 1, 2008, 3:35 pm
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ENTREVISTA: ARQUITECTURA – Entrevista Vicente Guallart
ÁNGELES GARCÍA 02/08/2008

El arquitecto valenciano participa por tercera vez en la Bienal de Venecia

La bienal de Arquitectura de Venecia es el gran escaparate mundial en el que sólo participan los profesionales más innovadores. Vicente Guallart (Valencia, 1963) asiste este año por tercera vez a esta cita mundial. Es el único español que presenta proyecto y manifiesto en el pabellón del Arsenale junto a nombres tan prestigiosos como Coop Himmelb, Diller Scofidio Renfro, Zaha Hadid, Massimiliano Fuksas, MVRDV o Ben van Berkel. El equipo de Guallart viaja con una revolucionaria propuesta de vivienda universitaria, Hyperhabitat: reprogramming the world, en la que hace que el mundo físico funcione a través del mundo digital. El arquitecto, siempre polémico, acompaña su instalación con un jugoso manifiesto titulado ¿Puede el planeta soportar otro siglo XX? La presencia española se completa con tres jóvenes estudios españoles (Ecosistema Urbano, Cloud 9 y Recetas Urbanas) y uno hispanocolombiano (Husos) en la sección Experimental Architecture. El Pabellón de España está comisariado por Soledad del Pino Iglesias y Ángel Fernández Alba.

PREGUNTA. Es la tercera vez que participa en la Bienal de Venecia, algo que consiguen muy pocos. ¿A qué cree que se debe el interés de este certamen por su obra?

RESPUESTA. No lo sé. Me llamó el comisario, Aaron Betsky, y me explicó que el tema de esta edición era La arquitectura, más allá de la construcción. Me pidió que creara una instalación para el Arsenale. La idea de arranque fue mostrar cómo la arquitectura se relaciona con el mundo y cómo éste se puede reprogramar. En el estudio, trabajamos con cinco o seis iniciativas que hemos desarrollado en los últimos años. Partimos de que la arquitectura es la interface a través de la que nos relacionamos con el mundo. Creo que ahora atravesamos una situación en la cual hay que repensar, a través de la arquitectura, cómo nos asentamos con el medio, con la globalización, con las personas, etcétera. Todo esto, en Venecia lo vamos a manifestar construyendo una planta de un edificio de viviendas compartidas. Las viviendas serán construidas con metacrilato. Cada vivienda tendrá un objeto al que llamamos Ordenador cero que nos permitirá visualizar cómo cada vez que interactuamos con un objeto lo hacemos con una organización jerárquica superior. Por ejemplo, si encendemos una bombilla, nos conectamos con una central nuclear; si cogemos un libro, con la Biblioteca de París. La arquitectura y la ciudad están organizadas de una manera jerárquica a base de redes de cosas y hay que ver cómo la información se hibrida con el mundo. Y con la idea clara de que hay que generar estructuras autosuficientes.

P. Suena muy utópico.

R. Nada utópico. La distancia entre utopía y realidad es muy pequeña. Recordemos que hace diez años era inimaginable que buscaras una palabra en el ordenador y que inmediatamente tuvieras a tu disposición toda la información.

P. ¿Cómo va a repercutir en este tipo de proyectos y en las grandes estrellas de la arquitectura la crisis económica general y de la construcción en particular?

R. Los fuegos artificiales que hemos visto todos estos años han llegado a su fin. Soy de los que defienden las propuestas sintéticas y detestan las icónicas. A lo largo de la historia, todo periodo se ha caracterizado por sus palacios y catedrales. En cambio, la nuestra se recordará por sus alardes de formalismo totalmente vacíos.

P. La propuesta que lleva a Venecia es una residencia universitaria.

R. Es una residencia de uso unipersonal de un barrio prototipo. Cada una de las seis viviendas tiene 36 metros cuadrados, más otros 72 metros cuadrados de zonas de servicios (lavandería, zonas de música o vídeo…), un 30% de la construcción.

P. Recuerdan a los famosos minipisos.

R. Los minipisos de 2004 no se entendieron porque no se explicaron bien y por eso fracasaron. Se dio a entender que eran para familias y por eso se rechazaron.

P. ¿Cree que es una propuesta recuperable?

R. Totalmente. Se necesita un plan estatal de viviendas universitarias donde encajaría ese concepto. En el ámbito regional, se está haciendo en Gandía. Cada apartamento tiene 42 metros cuadrados. El plan Sociópolis que hicimos para Valencia es un proyecto para 10.000 habitantes.

P. Es un plan en el que plasma sus planteamientos más ecologistas.

R. Recuperamos la convivencia de la ciudad y la huerta. Las acequias y los huertos están en el centro de la urbanización. Sus habitantes están rodeados del sonido del agua. Se podrá volver a disfrutar de los cultivos tradicionales. En Motril están construyendo un ecobarrio tropical totalmente pionero.

P. No parece que el Ministerio de Vivienda tenga gran interés en este tipo de proyectos.

R. No veo ningún interés. El I+D es inexistente. Cero en turismo y construcción. La próxima generación tiene que contar con barrios autosuficientes que generen el 100% de la energía que consuman. Ahora mismo no se puede hacer porque los suministros están bloqueados por estructuras económicas del pasado.

P. ¿Cuál sería el papel de los arquitectos?

R. No el que tienen ahora, porque la mayor parte se han dejado arrastrar por la moda y no por el conocimiento. Son los que yo llamo La internacional de la forma, pero que no son más que unos listos disfrazados de innovadores. A partir de 2000, los arquitectos se convirtieron exclusivamente en iconos mediáticos y las instituciones empezaron a competir en gasto y relumbrón con los nombres más conocidos.

P. ¿Comparte la idea de que muchos edificios están construidos para epatar, al margen de cuál sea su uso público?

R. Totalmente. Están hechos de espaldas a su uso y al entorno. No hay más que ver esas construcciones geométricas insertadas en las montañas. ¿Qué formas de la naturaleza tienen forma de cubos?

P. ¿Ponemos ejemplos de algunos edificios que le resulte difícil soportar?

R. Los hay por todas partes.

P. En Barcelona, donde trabaja, parece que ya no hay posibilidad de intervención.

R. Eso lo dicen quienes decidieron cerrar el área metropolitana de Barcelona. Se dice que si se toca algo, se pierde. Lo mismo había que replantearse muchas cosas y resultaba beneficiada la ciudad.

P. No ha construido nada en Madrid.

R. Lo mismo es porque soy valenciano con estudio en Barcelona

… Es broma. Pero la verdad es que nadie me ha llamado.

La Bienal de Arquitectura de Venecia se celebra entre los días 14 de septiembre y 23 de noviembre.



"La arquitectura volverá a ocuparse de los hombres"
agosto 3, 2008, 6:19 pm
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ENTREVISTA: Manuel Gallego Jorreto Arquitecto

JOSÉ LUIS ESTÉVEZ – Santiago – 23/06/2008

El veterano arquitecto afincado en A Coruña se muestra honrado con la concesión del Premio Nacional de Cultura de Galicia y espera que el diseño espectacular deje paso a otro centrada en las necesidades humanas

El arquitecto Manuel Gallego Jorreto (O Carballiño, 1936) asegura sentirse sorprendido por la reciente concesión del Premio Nacional de Cultura de Galicia en el apartado de arquitectura. El galardón reconoce la trayectoria del autor de edificios como el Museo de Belas Artes de A Coruña, por el que ya recibió el mismo premio en el ámbito estatal en 1997.

Pregunta. ¿Cómo se ha tomado la concesión del Premio Nacional de Arquitectura?

Respuesta. Me satisface que sea un premio a toda una obra. Siempre te sorprende un poco y es muy agradable que sea un premio que te dan tus paisanos. Los premios o los buscas o son un regalo. Siempre es desconcertante que te lo den y en este caso aún más porque ni siquiera sabía que existían estos premios. Estás pensando en otras cosas y cuando te enteras dices: mira qué bien.

P. Hoy en día los arquitectos se han convertido en estrellas y las ciudades les piden proyectos porque todas quieren un edificio emblemático. ¿Hacia dónde conduce esta fiebre?

R. Las ciudades luchan y compiten entre sí por distinguirse y se nos utiliza como un valor de marca que entra dentro del mundo de consumo cultural donde estamos metidos. El arquitecto ha pasado a ser la estrella de un mundo creado artificialmente y que tiene poco que ver con la arquitectura. Hay personas que viven en este mundo y que aprovechan la situación porque les interesa y a otros, como a mí, nos aburre, porque estas cosas hay que entenderlas más críticamente. De todas formas, todo puede cambiar. Las modas pasan.

P. Entonces, ¿cree que en algún momento dejará de concebirse a la arquitectura como un espectáculo?

R. Sí porque la arquitectura debe dedicarse fundamentalmente a resolver necesidades de los hombres. Eso está por encima de todo aunque ahora la realidad es que la arquitectura sirve para resolver necesidades de los políticos y de los propios arquitectos. Pero tendremos que volver a plantearnos como se resuelven las necesidades humanas y dejar esas cosas de lado.

P. ¿No hay demasiados edificios que cumplen una función decorativa pero que presentan dificultades para ser usados por las personas?

R. Muchas veces no está clara ni la funcionalidad ni la forma de resolver los edificios. Te encuentras con que no hay economía de medios ni de resultados y falta un equilibrio entre las cosas. Pero tampoco quiero hacer demagogia, porque el arte siempre añade algo a un edificio. Además, hoy en día también hay quien hace una arquitectura espléndida. Lo que pasa es que la arquitectura más popular es la espectacular y muchas veces no hay un equilibrio entre lo que se propone y el problema que hay que resolver.

P. Galicia tiene en el paisaje uno de sus tesoros. ¿Qué parte de responsabilidad tienen los arquitectos para cuidarlo?

R. La responsabilidad es de todos, aunque tal vez los más implicados sean los políticos y los arquitectos.

P. ¿Es posible encontrar un equilibrio entre el interés económico y la ecología en casos como la implantación de parques eólicos o de piscifactorías?

R. No creo que sea tan difícil encontrar un equilibrio. Creo que es un problema de racionalidad y de tener claro lo que se quiere. Todas estas cosas producen cambios y habrá que respetar ciertos puntos de la estructura del paisaje en Galicia. Los parques eólicos son una preciosidad y además producen energía limpia, pero incluso las cosas buenas se pueden utilizar mal y destrozar un paisaje que es la referencia de siglos. La sociedad es la que tiene que reclamar esto, pero tampoco se puede caer en la demagogia de estar a favor o en contra de algo sin hacer un análisis crítico.

P. ¿Qué opina de medidas como la normativa de protección del litoral que ha promovido la Xunta?

R. Me parece elemental y llama la atención como no se ha planteado antes. La destrucción masiva del litoral es algo que no tiene sentido económico, ni social, ni cultural. Ya era hora de ponerle freno.

P. Ha coincidido con el parón que afecta al sector de la construcción.

R. Sí. Es algo que puede ser traumático para muchas empresas y ciudadanos y ocurre cuando la economía se sustenta en un solo sector. A lo mejor lo que pasa es que era un sector montado en el aire y se esperaba que hubiese una crisis en algún momento, porque en España se ha construido mucho más que en países como Francia, Inglaterra o Alemania. En todo caso, la crisis del sector no tiene nada que ver con construir en la costa.

P. Y las normas del hábitat de la Consellería de Vivenda, ¿qué le parecen?

R. No las conozco en profundidad, pero creo que son normas que están muy bien en su planteamiento. Hay defectos que se irán puliendo cuando vayan entrando en funcionamiento. Nadie puede estar en contra de mejorar las condiciones de las viviendas, salvo tal vez algunos constructores. Pero esas son opiniones interesadas. Tengo buena opinión de muchas cosas que se han hecho.

P. La Cidade da Cultura es el mayor proyecto arquitectónico que está en marcha en Galicia. ¿Cómo puede resolverse la integración del complejo en la ciudad de Santiago?

R. Efectivamente está distante de la ciudad. Yo no concibo plantear un proyecto con esos problemas de base. El proyecto se ha hecho sin pensar en la conexión con Santiago y yo no veo que esté en camino de hacerse. En lo que respecta a Galicia sorprende que no haya un enlace con la autopista. En estos momentos la Cidade esta desconectada y es un problema que hay que resolver. Supongo que estarán en ello.

P. ¿Se siente especialmente satisfecho de alguno de los edificios que ha diseñado? ¿Sueña con realizar algún proyecto?

R. Me siento satisfecho de todos en alguna medida, pero siempre te queda la sensación de que se pudo hacer mejor. Tampoco me interesa mucho pararme a analizar un proyecto porque siempre estoy haciendo otro. De todas formas, en todos hay algo que me interesa. No sueño con hacer un edificio en concreto. Lo importante es resolver una necesidad y, además, siempre hay una emoción que uno quiere llevar adelante. Los problemas son los que hacen que se realicen los proyectos.

P. Usted ha dado clases durante varios años. ¿Cree que las nuevas generaciones de arquitectos están más preparadas?

R. Diría más bien que están más informados. Entre la información y la preparación está la asimilación y cada uno asimila las cosas de forma distinta. Hay muchos tipos de escuelas de arquitectura pero de todas siempre salen siempre arquitectos muy buenos. Les recomendaría a aquellos que aspiran a ser arquitectos que les guste la construcción y que se emocionen con el espacio.



"Es un error fijarse sólo en los gastos iniciales de construcción"
febrero 9, 2008, 3:40 pm
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Y. MONTERO – San Sebastián – 04/02/2008

ENTREVISTA: HELMUT KRAPMEIER Arquitecto especialista en viviendas pasivas

El arquitecto Helmut Krapmeier (Viena, 1951), profesor en la Universidad de Krems y colaborador del Instituto de Energía de Vorarlberg, cerró la pasada semana en San Sebastián el ciclo de conferencias sobre la arquitectura sostenible organizado por el Colegio de Arquitectos Vasco Navarro. El especialista austriaco habló de los conceptos energéticos en las viviendas pasivas.

Pregunta. ¿Qué es una vivienda pasiva?

Respuesta. Como todas las casas, tiene paredes, tejado, techos, puertas, ventanas… La diferencia es que tiene una eficacia energética altísima. Está aislada tanto contra el calor como contra el frío. El segundo punto importante es la aireación.

P. ¿Cómo se logra?

R. Normalmente se abre y se cierra la ventana, pero, ya hace 150 años, un médico se quejó de que la calidad del aire en la mayoría de los sitios no es adecuada. En 1905, otro médico dijo lo mismo. La casa pasiva tiene un sistema automático de aireación, que consigue que el 80 o el 90% del calor no se pierda.

P. Vorarlberg es una pequeña región ejemplo de arquitectura ecológica. ¿Es posible trasladar este tipo de construcción a cualquier ciudad?

R. El principio básico de la arquitectura ecológica siempre ha sido que hay que adaptarse al entorno. No hacemos como la arquitectura internacional, que puede hacer una montaña de cristal para cualquier sitio, sino que miramos cuáles son las condiciones locales y construimos para esas condiciones.

P. Construir bajo parámetros ecológicos es aún más caro. ¿A la larga merece la pena?

R. Siempre se comete el error de fijarse sólo en los gastos iniciales de construcción. Pero si tenemos en cuenta que los gastos del funcionamiento de la calefacción y la refrigeración y del cambio de la zona técnica de vez en cuando van a ser menores, construir una casa pasiva cuesta igual.

P. ¿A quién es preciso convencer para construir de forma masiva este tipo de casas?

P. A todos. Hay que motivar a los ciudadanos y hay que convencer a los especialistas y a los gobiernos. Los promotores son los más difíciles. Pero si los clientes van pidiendo, los gobiernos tienen que apoyarlo y los promotores, al final, tienen que seguir la corriente.

P. ¿Qué papel deben jugar en concreto los gobiernos?

R. Primero deben crear las condiciones marco necesarias. Segundo, deben apoyar las campañas de información a la población. Y tercero, aprobar las leyes correspondientes.

P. ¿Cree que la sostenibilidad, en este caso en la construcción, debe forzarse por ley?

R. Sí. Si los gobiernos hubieran sido inteligentes desde hace tiempo y hubieran dirigido el precio de la energía de una forma coherente, no sería necesario intervenir. Pero actualmente, en Europa, el queroseno de los aviones, por ejemplo, no tiene impuestos. Como existen estos fallos, hay que intervenir.

P. ¿Vería bien rebajar los impuestos a quien viva en una casa ecológica?

R. Eso depende de la configuración política de cada país. En Austria se trabaja por la línea de las subvenciones a las casas ecológicas. Y en Vorarlberg, desde el 1 de enero de 2007, toda la vivienda pública tiene que hacerse como casa pasiva.

P. En esto de la arquitectura ecológica, ¿cuánto hay de moda o incluso de fraude y cuánto de compromiso real?

R. En la casa pasiva es bastante fácil conseguir que lo que pone en la etiqueta esté realmente dentro. Existe un sistema de gestión y control de calidad desarrollado por un instituto de casa pasiva en Alemania. Este control es necesario, porque aquí, como en cualquier campo, hay algunos aprovechados que quieren montar en el tren en marcha. De todas formas, usando la casa se descubrirá si está bien hecha o no.



"Los plazos de la arquitectura no son los de la política"
febrero 2, 2008, 4:34 pm
Filed under: Eisenman, Entrevista, Pais, ZABALBEASCOA

ENTREVISTA: PETER EISENMAN Arquitecto de la Cidade da Cultura

ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid – 01/02/2008

El autor se muestra entusiasmado, “incluida la lucha política”, con su proyecto del monte Gaiás. Asegura que ya es un éxito internacional y que los dirigentes, pendientes de su “plazo” de cuatro años, “lo comprenderán cuando se calmen”

El arquitecto Peter Eisenman (Newark, 1932), autor de la polémica Cidade da Cultura, visita España por segunda vez en un par de meses. Primero estuvo en Santiago, donde compareció ante la comisión parlamentaria que investigó la gestión del proyecto, y esta vez en Madrid, donde dio una provocadora conferencia durante el 4º Congreso Europeo de Investigación Arquitectónica y Urbana. En los dos lugares defendió lo mismo: que la Cidade pondrá a Galicia en el siglo XXI.

¿Después de años de escritos ha resultado que la arquitectura tenía más que ver con la política que con el pensamiento?

Respuesta. La Cidade da Cultura se ha convertido en un proyecto claramente político porque los plazos de la arquitectura no son los de la política. Los edificios necesitan diez años y los políticos se mueven de cuatro en cuatro.

P. ¿Los problemas de la Cidade da Cultura han sido políticos, no de aumento de presupuesto?

R. Cuando empecé dejé claro que el proyecto era para Galicia. Ni para el PP ni para el PSOE ni para el Bloque. Igual que el memorial en Berlín es para todos, judíos y no judíos. Pero es inevitable que la arquitectura se convierta en política.

P. ¿El proyecto era para Galicia o para Manuel Fraga?

R. Manuel Fraga tiene una personalidad extraordinaria. Durante sus 18 años en el poder ha actuado con una gran visión para modernizar Galicia: carreteras, aeropuertos, ha hecho de todo. Y también quiso actualizar la cultura. No se puede vivir sólo de peregrinaciones religiosas. La idea de un centro cultural no tiene nada que ver con el Valle de los Caídos. Fraga quiso llevar la cultura a una región sin una gran ópera, sin una gran biblioteca, sin un gran museo.

P. ¿Necesitaba Galicia un proyecto tan colosal?

R. Las culturas se alimentan de cultura. Y Galicia se beneficiará. La gente de fuera de España no había oído hablar de Bilbao hasta que se construyó el Guggenheim. Lo mismo sucederá con Galicia. La Cidade da Cultura atraerá a muchos visitantes. Uno viene a Madrid a ver el Prado. En Galicia puede animar un nuevo tipo de peregrinaje. Creo que será un éxito.

P. ¿Después de todo lo que ha pasado?

R. Sin duda. Es ya un éxito internacional. Todo el mundo la conoce y está expectante. Ha sido expuesta en el MOMA y en dos Bienales de arquitectura. En el mundo arquitectónico es importante. Tiene la importancia del Getty Center. Cuando los políticos se calmen lo entenderán.

P. ¿En qué fase se encuentra?

R. Vamos a terminar dos de los edificios más importantes que se sumarán a los dos ya concluidos. Hemos terminado ahora el amueblamiento del museo de los niños. Lo hemos diseñado todo nosotros, minuciosamente.

P. ¿Por qué se retrasó la obra y se le apartó de ella?

R. Nunca se han parado las obras. Cambiamos el programa para que reflejara mejor la historia de Galicia, de su gente y su religión. Añadimos también un museo de Arte Internacional para exposiciones temporales.

P. ¿Fraga lo verá?

R. Creo que sí. En dos años estará listo.

P. Iba a ser su trabajo más importante. ¿Se ha convertido en un problema?

R. En absoluto. Adoro el proyecto incluida la lucha política que hemos tenido que padecer. Ser arquitecto y pionero tiene esos riesgos. Pero tengo que decir que cada nuevo político encargado ha tenido claro que debía salvar mi arquitectura. Eso es maravilloso. Y habla muy bien de todos los políticos.

P. Pero el presupuesto ¿no se multiplicó por cuatro?

R. El tamaño del proyecto era, al principio, 50.000 metros cuadrados con una ópera de 5.000. Ahora ocupa el triple de superficie y la ópera seis veces más. Por eso el presupuesto se ha multiplicado por tres. El coste es inferior a la ópera de Calatrava en Valencia. Inferior a la ampliación del Prado de Moneo. Nuestro proyecto es muy complejo. Tiene siete veces la superficie del de Moneo pero sólo tres veces su presupuesto.

P. Es paradójico que alguien subversivo como usted firme su gran proyecto para el establishment conservador.

R. Todavía creo que tengo una energía radical, pero la mayoría de mis clientes han sido ultra conservadores.

P. El arquitecto fascista Giuseppe Terragni, a quien usted ha estudiado muy a fondo, terminó haciendo arquitectura radical para Mussolini.

R. Creo que los dirigentes conservadores corren riesgos arquitectónicos mucho mayores que los progresistas. A la izquierda le preocupa el consenso. Y el consenso arruina la arquitectura. He trabajado para Helmut Kohl en Alemania. Él decía lo quiero así y daba un puñetazo en la mesa. Los conservadores tienen menos miedo a adoptar arquitecturas radicales. Yo no podría trabajar en Suecia. No me interesa plantar florecitas, sino construir una arquitectura radical. Y eso puedo hacerlo en Alemania, en España y hasta en EE UU. Aquí es posible ser radical. Ustedes sufrieron una Guerra Civil.

P. ¿La radicalidad debe ser impuesta?

R. No. La radicalidad de la derecha o de la izquierda está en la forma de ser de un país. El consenso no es radical. El conflicto genera energía y lleva a actuar. Hace dos días, en Nápoles, el rector de la universidad invitó a Ratzinger a hablar. Los estudiantes protestaron. Cerraron la universidad. Y el Papa no pudo ir. ¿Era democrático? Ese debate sólo podía darse en Italia. Ese pulso me interesa. La confrontación produce arquitectura. Estamos en un momento como el de antes de la Revolución Francesa.

P. ¿Vivimos un rococó moderno?

R. Sí. Y habrá una revolución.

P. ¿Augura una revolución formal o religiosa?

R. No puedo predecir, pero estamos incubando una revolución. Los estudiantes lo sienten y lo necesitan. La gente está harta.

P. ¿De qué están hartos? ¿de los bucles, de los pliegues?

R. Los bucles tienen los días contados. Todos estamos hartos de ellos. Creo que como forma y como discurso están muertos.

P. ¿Cree que para conseguir expresión se deben torturar los edificios?

R. En absoluto.

P. ¿Pero sí cree que “la mejor arquitectura debe incomodar en lugar de acomodar”?

R. Me interesa la provocación por una cuestión muy sencilla: estoy en contra de la actitud pasiva. La pasividad nos va a devorar a todo. Cualquier cosa que pueda hacer para que mis estudiantes sean menos pasivos la haré. Por eso digo cosas provocadoras. Y seguiré haciéndolo.



"Los arquitectos son los políticos más listos"
agosto 4, 2007, 1:50 pm
Filed under: Entrevista, Pais, ZABALBEASCOA

ENTREVISTA: EL PODER DE LA ARQUITECTURA Deyan Sudjic

ANATXU ZABALBEASCOA 04/08/2007

Es uno de los críticos más prestigiosos del mundo. Ahora publica un libro rompedor en el que analiza quién decide que nuestras ciudades sean como son.

Cuando Deyan Sudjic (Londres, 1952) se dio cuenta de que jamás sería un gran arquitecto cambió los plazos largos de la construcción por la inmediatez del periodismo. Crítico de arquitectura en The Observer, fundó la mítica revista Blue Print y dirigió la italiana Domus. Hoy es, además, director del Design Museum de Londres, junto a Tower Bridge, en la renovada orilla sur del Támesis. Allí habla de su polémico ensayo La arquitectura del poder (Ariel), en el que sostiene que la arquitectura nunca cambia, que siempre tiene que ver con lo mismo: el poder, la gloria, el espectáculo, la memoria, la identidad y las preguntas primordiales.

PREGUNTA. ¿La arquitectura tiene que ver hoy con lo mismo que hace 2000 años?

RESPUESTA. Es cierto que hoy las cosas suceden antes. Hay más gente y nos movemos más. Pero no es algo novedoso. Tampoco lo es la globalización. La gente siempre se ha movido. Las ciudades son más antiguas que los países. Londres existió mucho antes que Inglaterra. Alejandría era hace 2000 años una ciudad con judíos, latinos y árabes. Y eso, para mí, es la condición contemporánea.

P. Usted dice que casi todos los políticos terminan por usar a los arquitectos. ¿No se da también el caso contrario?

R. Los arquitectos son los políticos más listos. Aunque los hay tontos. Todos los políticos buscan el efecto Guggenheim. Es un hecho. Pero bueno, uno escribe un libro y exagera para transmitir una idea.

P. ¿Ha exagerado mucho?

R. No. Alguien lo describió como una mezcla de cotilleo e investigación. La mayoría de los historiadores de la arquitectura no dan relevancia a ciertos factores contextuales. Mi objetivo no era tanto describir edificios sino explicar qué los hace posibles.

P. En su libro menciona a Hitler como inventor del efecto Guggenheim. ¿Lo hace con cinismo?

R. No. Me sorprendió leer en el diario de Speer [el arquitecto del Tercer Reich] cómo el ministro de finanzas pedía en 1934 moderación en el gasto y Hitler decía que no se le hiciera caso: que llegarían los americanos y verían el proyecto para el nuevo Berlín. Pero el origen de ese fenómeno está en las aldeas de la Toscana, que organizaban el turismo religioso en torno a las reliquias de los santos. La idea de crear un sitio aparentemente mágico se basaba ya en la certeza de que llegarían los visitantes.

P. Nunca ha habido tanta arquitectura, y tan visible, hecha por tan pocas personas. ¿Cuál es el peligro?

R. Muchos: quien compra una firma y no un proyecto puede acabar adquiriendo una caricatura. El trabajo que se hace con prisas no puede ser bueno.

P. ¿Cree que lo que ocurrió en el mundo del arte, que los críticos debían decir lo que estaba bien y lo que no, está comenzando a pasar en la arquitectura?

R. Las cosas se ven diferentes cuando sabes quién firmó el cuadro. Norman Foster tiene un estudio de 900 personas. Zaha Hadid está en 250 y eso cambia las cosas. Y supongo que Moneo todavía trabaja con 25. Es una elección. Pero parece que no puedas decir que no. La caravana de arquitectos se ha trasladado de Pekín a Dubai. Lo siguiente será Kazajistán. Te preguntas por qué la gente dice sí.

P. ¿Serían más felices siendo 25?

R. Sería una buena pregunta. Algo cambió cuando desapareció la división entre los arquitectos del círculo cultural y los comerciales. Hace 25 años, los arquitectos de los que hemos hablado no hubieran construido torres de oficinas en Londres sino bibliotecas, museos y vivienda social para zonas en desarrollo.

P. ¿Y cuál es el precio por construir tanto?

R . Foster, cuando era algo más joven, firmó obras maestras que lo convirtieron en un genio. El Banco de Hong Kong & Shanghai, por ejemplo. Ahora, te asomas a la ventana y ves diez proyectos de Foster. Ninguno es malo. Todos son bastante buenos. Pero él, en determinado momento, tuvo que tomar una decisión: ¿Quiero ser bastante bueno o sobresaliente?

P. ¿Qué será lo siguiente en arquitectura? ¿Qué viene tras el star system?

R. Nos acercamos a una época de arquitectura austera. Los estudiantes vuelven a valorar el trabajo pegado a la tierra que hicieron los Smithson.

P. Su libro sale ahora en chino, pero censurado, sin el capítulo sobre la plaza de Tiananmen.

R. Sí, y no sabía si publicarlo o no.

P. ¿Por qué accedió?

R. No quiero que me prohíban la entrada en China. Es demasiado interesante lo que está sucediendo.

P. ¿China es hoy la tierra de las oportunidades o territorio de gánsteres, el Chicago del siglo XXI?

R. Eso es Moscú, donde no tienen interés en ningún sistema legal. La mujer del alcalde es una de las mayores constructoras de la ciudad, pero la tragedia es todo lo que están destruyendo. Pekín es otra cosa. Si hoy lanzara una revista de arquitectura lo haría en Pekín. Está ocurriendo tanto y tan rápido que estar allí cuatro años significa ver cambiar el mundo. La primera vez que fui, hace quince años, sólo había camiones con verduras y el aeropuerto era como un refugio. He ido seis veces y cada vez es un sitio diferente. El boom de la construcción es también el agujero negro por el que el mundo está desapareciendo. Supongo que el partido comunista sabrá reconocer una situación prerrevolucionaria, porque eso es lo que tienen allí.

P. ¿Y qué es Dubai?

R. Un intento interesante de cambiar la perspectiva del mundo. En Dubai hablan de estar a medio camino entre Bombay y París. Se está creando un mundo que tiene también otros centros. Allí ves todo tipo de extravagancias -un salto de esquí en medio del desierto y cosas así- y no ves muchos árabes, sino indios, iraníes, chinos. Es una cultura híbrida que aprende de Singapur, la primera ciudad-Estado contemporánea junto a Hong Kong. Hacen lo mismo que ellos. Primero, fundar una línea aérea. Luego, invertir en guggenheims.

P. “El problema de los rascacielos”, escribe usted, “es que no sabemos qué pensar de ellos. Y que las torres más altas del mundo se construyen ahora en ciudades que no sabríamos ubicar en el mapa”. ¿Cómo va a cambiar esto el mundo?

R. El cambio puede verse ya en las ciudades europeas. Hace veinte años hubiera sido imposible hacer rascacielos en Londres o en Barcelona. La gente se acostumbra a que las ciudades tengan un aspecto y cuesta cambiarlo. Creo que el alcalde de Londres fue a Pekín y vio que primero habían construido el perfil de la ciudad y luego comenzaron a crear puestos de trabajo. E importó el modelo.

P. De modo que nos copian y les copiamos la copia.

R. Sí. La arquitectura se propaga como la gripe aviar. Un rascacielos es una idea muy básica. También el Guggenheim. Se levantan esos edificios para mejorar las ciudades, pero el objetivo es que los fabricantes no se vayan a otro sitio.

P. ¿Hay algún peligro en mezclar lo local con lo universal?

R. Una vez le pregunté a Enric Miralles por qué algunas culturas producen buena arquitectura y otras no. Me respondió que era como las setas en el sótano: pones una y el resto crece solo. Algunas culturas producen una cultura arquitectónica propia. China va camino de hacerlo. Japón lo hizo hace años. Finlandia la tiene. Y Cataluña. Austria también pero Alemania no. Los grandes arquitectos ejercen una sombra sobre los demás, pero sirven de estímulo. Piense en lo que Barragán hizo por México. Los buenos arquitectos hacen que una cultura lejana pase de la periferia al centro.

P. ¿Y qué hace a un buen arquitecto y a un buen edificio?

R. La capacidad para entender las cosas de otra manera, trabajo duro, autenticidad. Lo realmente malo en arquitectura es lo que no puede cambiar: viviendas sociales que no admiten variaciones, oficinas que no pueden alterarse. Los almacenes del siglo XIX son hoy magníficos museos o viviendas. Las ciudades que sólo pueden crecer de una manera son malas. Las que pueden cambiar y adaptarse son las buenas.