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Defiende Artís Sala Nezahualcoyotl, “es vigente”
enero 20, 2007, 5:57 pm
Filed under: México, Milenio, Nezahualcoyotl

14 de Diciembre Milenio

El autor del proyecto señaló que su diseño, propuesto por Eduardo Mata, parte de una limpieza geométrica y de la comprensión total del fenómeno musical trasladado a sus formas.

México, DF.- La Sala Nezahualcóyotl, que abrió sus puertas hace 30 años, “es vigente, porque su diseño parte de una limpieza geométrica y de la comprensión total del fenómeno musical trasladado a sus formas”, afirmó el autor del proyecto, el arquitecto Arcadio Artís.

Dicho recinto abrió sus puertas el 30 de diciembre de 1976 y esa noche, la OFUNAM estrenó su recinto sede, bajo la batuta de Héctor Quintanar, con la interpretación de la Sinfonía India, de Carlos Chávez; música virreinal mexicana con la soprano Irma González y el concierto Emperador, de Beethoven, con la actuación del pianista Hans Richter Haaser.

El edificio de cinco plantas sobrepuestas en forma de herradura, construido en una superficie de 9 mil 500 metros cuadrados, se distingue aún por su belleza, confort e ingeniería acústica, diseñada por el estadounidense Christopher Jaffe.

A la hora de diseñarla, Artís partió del escenario, un espacio que debería alojar a 110 músicos, rodeados de público.

Las butacas del aforo, con capacidad para dos mil 269 personas, se dispusieron en forma de abanico alrededor del escenario y se escalonaron a partir del coro hasta el punto simétricamente opuesto.

En la sala, dice Artís, todo tiene un sentido. Los páneles quebrados de madera que recubren el interior del recinto distribuyen mejor el sonido y evitan los ecos.

El plafón enorme que está suspendido sobre el escenario, elaborado con esferas y prismas acrílicos, ilumina la orquesta y afina la sala, es decir, su altura es ajustable para proyectar el sonido en diferentes direcciones.

Su diseño, semejante al de la sala de conciertos de Berlín, rompe con el tradicional rectángulo y propone el escenario adelantado para propiciar un contacto más directo de los músicos con el público.

El diseño fue sugerido por el maestro Eduardo Mata, el célebre director de la Orquesta Filarónica de la Universidad Nacional Autónoma de México que alentó no sólo el desarrollo artístico de ese conjunto, sino también la creación de un recinto definitivo para la agrupación.

Autor también de los otros edificios que integran el Centro Cultural Universitario, Artís explicó que a principios de la década de los setenta, los terrenos sobre los que hoy se encuentra el conjunto cultural eran un gran círculo de lava con vegetación agreste que corrían el riesgo de ser expropiados por el gobierno federal.

Por ello, sabiamente, la rectoría de la UNAM se apresuró a construir ahí un polo de atracción cultural para conservarlos. La naturaleza del lugar era tan especial que se intentó conservarla, de ahí que se haya optado por un sistema de escalinatas, caminos angostos y andadores.

No hubo necesidad de romper o aplanar las rocas; los andadores mismos se desplantan sobre ellas, son plataformas suspendidas arriba de la piedra para respetar las grietas naturales y la vegetación.

“En ese contexto enorme de lava pensé en hacer una plaza a una escala europea, a una escala nuestra de provincia, no una macro plaza, como en esta época se entienden las plazas, que para mi gusto es un error, porque lo que se debe de hacer es propiciar la comunicación entre los edificios, el diálogo que se establece con la proximidad”, adujo.

La Sala Nezahualcóyotl, como todos los edificios del CCU que se construyeron posteriormente, se distinguen por la singular textura de sus enormes paredes.

La idea del concreto rayado, explicó Artís, nació de su fascinación por los acabados de un conjunto de edificios que se construían frente a su casa de Badalona, a once kilómetros de Barcelona, cuando vivía y trabajaba en España.

En su experiencia del CCU aplicó esa idea, pero de una manera más tosca y brutal para exhibir el concreto.

Hace tres décadas Artís ya tenía claro el concepto de que la arquitectura de por sí es una agresión al medio, por eso intentó resolver lo mejor posible la integración de la obra al contexto del pedregal.

El reto consistía en crear un edificio que no tuviera espalda, que mirara hacia todos lados, custodiado por las rocas y los arbustos.

Artís concibió el edificio como parte de un conjunto cultural y pensó en crearle una plaza de dimensiones humanas -y no una gran explanada como podría corresponder a una sala de esas características- para propiciar el desplazamiento y la convivencia entre las personas que van a los diferentes recintos.

Consideró que a los edificios no hay que hacerlos lucir por fuera con grandes plazas, sino fomentar la vida dentro de ello y la Nezahualcóyotl lo ha conseguido durante 30 años en los que ha cultivado y acogido un público fiel.

La magna sala de conciertos iniciará su tercera década de vida con un nuevo vecino: el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, obra monumental del arquitecto Teodoro González de León que se construye a sólo 25 metros del recinto.

Notimex

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