Noticias de Arquitectura


La colección Arco tendrá nueva sede en la zona arquitectónica industrial Matadero Madrid
febrero 18, 2008, 3:28 am
Filed under: Arquitectura Española, Jornada

Merry MacMasters (Enviada)

Será una sala de exposiciones para confrontarla con otros acervos y tendencias

8 artistas que se encuentran, desde 1996, en régimen de cesión temporal, en el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, de Santiago de Compostela.

Matadero Madrid se ubica al sur de la ciudad, junto al río Manzanares, en una zona de grandes cambios urbanísticos. La propiedad es de 150 mil metros cuadrados, con 85 mil metros cuadrados de construcción.

El proyecto está concebido como un laboratorio interdisciplinario, con la presencia de las diferentes formas de creación, entre ellas las artes visuales, la arquitectura, el diseño, la urbanística, la literatura, las artes escénicas y la música.

Matadero Madrid nació en 2004 y desde el año pasado se empezaron a abrir los diferentes espacios. Uno de los primeros fue el teatro las Naves del Español.

Como Brasil es el país invitado de honor, Matadero Madrid trabajó tres proyectos con esa nación: dos intervenciones, una de Carmela Gross y la otra de Fernanda Gomes, y una colaboración con el Grupo de Interferencia Ambiental.



Cumple cien años Oscar Niemeyer, arquitecto creador de Brasilia
diciembre 17, 2007, 4:59 pm
Filed under: Jornada, Niemeyer

“Mi vida es normal. ¡No sé por qué duré tanto!”, señala al comenzar festejos

Llega al siglo de vida con siete proyectos de trabajo en países como España, Italia, Alemania y Cuba

Fidel Castro lo felicita y apoya su cruzada por la lectura

Afp, Dpa y Reuters

Río de Janeiro/ La Habana, 15 de diciembre. “Mi vida es normal. ¡No sé por qué duré tanto!” Con esta sencilla frase, el brasileño Oscar Niemeyer, leyenda viva de la arquitectura mundial, trató de resumir su cotidianidad y su trayectoria, durante los festejos realizados ayer sábado con motivo de su cumpleaños número 100.

En su “casa das Canoas” del barrio de Sao Conrado (al sur de Río de Janeiro), Niemeyer, uno de los símbolos de la arquitectura latinoamericana moderna, recibió durante cerca de dos horas a sus amigos y colegas más cercanos, acompañado de su esposa y ex asistente Vera Cabrera, y uno de sus nietos.

Aunque no es adepto a los homenajes, el creador de la ciudad de Brasilia apareció de buen humor en la fiesta que en un principio había tratado de evitar. “Las conmemoraciones me quiebran los pies”, alegaba.

“La vida no es siempre fácil ni generosa. ¿Que qué siento hoy? Placer en recibir a mis amigos presentes. Pienso en el pasado, en los amigos que se fueron y en aquellos que los remplazaron, en esa lucha que representa la vida”, dijo en una breve conferencia de prensa, antes de cortar su pastel, que tenía la forma del Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi, una de sus obras más conocidas.

Pese al enorme interés que generó su centenario en todo Brasil, incluido el nombramiento de 2008 como el “año de Oscar Niemeyer”, decretado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el creador siempre trató de restarle importancia a su propio trabajo y a su persona. “Cumplir cien años es una tontería”, dijo ayer.

Fiel a sus ideas comunistas, el arquitecto carioca aseguró que para él lo más importante es llevar “una vida decente, basada en la solidaridad. Me preocupan las desigualdades sociales. La lucha de clases es más importante que la arquitectura. La vida es más importante que la arquitectura”, sostuvo Niemeyer.

Autor de más de 600 obras en todo el mundo, Niemeyer sigue en plena actividad a pesar de su edad avanzada. En la actualidad se encuentra trabajando en siete proyectos, entre ellos un centro cultural en Avilés (norte de España), un auditorio en Ravello (Italia), un parque acuático en Postdam (Alemania) y la embajada de Brasil en Cuba.

Carta de Fidel Castro

El convaleciente líder cubano Fidel Castro se congratuló por los cien años de vida de Niemeyer, y le envió una carta de felicitación que reseñaron en primera plana los diarios locales Granma y Juventud rebelde.

“Muchas felicidades por tu cumpleaños. Que muchas personas vivan y disfruten como tú más de cien años”, dijo Castro, de 81 años de edad, quien se encuentra alejado de la presidencia cubana desde hace 16 meses por problemas de salud.

“Te apoyo plenamente en tu ardua batalla por estimular el hábito de leer. Dices que sin la lectura el joven sale de la escuela sin conocer de la vida. Leer es una coraza contra todo tipo de manipulación y el principal instrumento de lucha frente al poder devastador de las armas modernas que posee el imperio”, añadió el dirigente en su misiva, en la que también elogia el libro de Niemeyer El ser y la vida, cuyo prólogo escribió.



La fascinante arquitectura mexicana
octubre 16, 2007, 2:26 am
Filed under: Arquitectura Mexicana, Jornada

Ángeles González Gamio

La fascinante arquitectura mexicana

Imposible separar la historia de la ciudad de México de su arquitectura que, ya lo hemos comentado, es el reflejo de la mentalidad y valores de las distintas épocas. Nuestra capital conserva construcciones de todos los tiempos; tenemos vestigios arqueológicos prehispánicos tan antiguos como Cuicuilco, y tan recientes como el Templo Mayor de México Tenochtitlán. Del período virreinal caracterizado por el barroco, existen numerosas muestras que van de sencillas casas a suntuosos palacios, baste recordar el de los condes de Santiago de Calimaya, hoy sede del Museo de la Ciudad de México, el llamado de Iturbide o el exquisito de los condes de Heras Soto.

Del estilo neoclásico, que fue una expresión de la mentalidad racionalista que caracterizó el gobierno borbón, tenemos ejemplos impresionantes como los palacios de Minería y del marqués del Apartado, ambos obras de Manuel Tolsá. El siglo XIX, en que nacimos como país independiente, pleno de cambios y conflictos, se reflejó en distintos estilos: republicano, afrancesado, art noveau y ecléctico; de este último, que es en realidad mezcla de estilos, se yergue emblemático el Palacio de Correos, que muestra entre otros: morisco, renacentista, gótico, barroco y neoclásico.

El movimiento revolucionario iniciado en 1910 va a generar un fuerte sentimiento nacionalista, al que contribuyó significativamente el libro Forjando patria- pro nacionalismo, que publicó Manuel Gamio en 1915, que nos explica cómo va a reflejarse en distintos ámbitos: el arte, la literatura, la música y la arquitectura, la cual en un principio intenta retomar la que se realizó durante el virreinato; resurgen el tezontle y la cantera labrada y frecuentemente se le agregan azulejos y tejas al por mayor; este estilo se va a conocer como neocolonial y nos va a dejar, entre otros, una nueva fisonomía del Zócalo, al remodelar prácticamente todos los edificios que lo rodean, dándoles la misma altura y recubriéndolos de tezontle, viniera o no al caso, como en el antiguo edificio afrancesado que fue la sede del Centro Mercantil, ubicado en la esquina de la gran plaza y la calle 16 de Septiembre, al que se le “neocolonializó” la fachada que da al Zócalo y se dejó la otra en el estilo original; la vista desde la esquina de enfrente, recuerda esos rostros de un dios mexica en que la mitad está descarnada.

Otro estilo en que se reflejó el nacionalismo fue el art deco, que era muy propicio para utilizar elementos del arte prehispánico, que se adaptan armónicamente con las formas geométricas de ese género arquitectónico. Un buen ejemplo de ello es el interior del Palacio de Bellas Artes. Como resultado de la segunda guerra mundial nació en Europa el estilo llamado funcionalista, que aquí fue copiado en general con poco felices resultados. Una excepción es la casa estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo, que construyó Juan O’Gorman en San Ángel.

Venturosamente, hubo arquitectos mexicanos que comenzaron a buscar un nuevo lenguaje con expresiones propias y comenzó a gestarse la arquitectura mexicana contemporánea, en la que fueron pioneros José Villagrán y Carlos Obregón Santacilia, quienes aunque en sus comienzos construyen obras en este estilo neocolonial, paralelamente se sumergen en las vanguardias europeas, descubren el Movimiento Moderno y comienzan a desarrollar un estilo que conjuga materiales tradicionales, recupera formas e integra nuevos estilos y conceptos.

El gran modelo de esta nueva propuesta es el magno edificio de la Secretaría de Salubridad, que construyó en 1926 Obregón Santacilia, en un predio ubicado en la entrada del Bosque de Chapultepec, sobre el que recientemente escribimos una crónica. Ahí se inicia este movimiento libertario que ha generado arquitectos notables, cuyas obras han marcado la fisonomía urbana capitalina con una arquitectura contemporánea propia de gran calidad.

El tema es fascinante y da lugar al surgimiento constante de libros que lo abordan. Precisamente el próximo miércoles 17, a las 19:30 horas, se presenta en la Casa Lamm Crónica de una época- De la Academia de San Carlos a Ciudad Universitaria, en la que Eduardo Langagne O., reúne los recuerdos de 34 arquitectos que estudiaron los últimos años de su carrera en la vieja escuela de la calle de Academia y los primeros en el moderno campus universitario. También se va a hablar de Crónicas del 2o Imperio, novela histórica del mismo autor. Los presentan Louise Noelle Gras, Ernesto Velasco de León, la autora de esta crónica y como moderador Alejandro Rebolledo.

Tras la presentación es buena idea pasar a disfrutar un piscolabis en el agradable restaurante de la bella casona que aloja la Casa Lamm, exitoso proyecto cultural del que ya hablaremos con detalle, que dirigen con acierto las guapas y talentosas hermanas Claudia y Germaine Gomez Haro.



El arquitecto Óscar Hagerman
octubre 16, 2007, 2:25 am
Filed under: Hagerman, Jornada

Elena Poniatowska/ I

Lo primero fue la silla. No la de Van Gogh, pero parecida, porque las sillas honestas, las puras se parecen entre sí.

–Al salir de la Universidad fui a trabajar a una cooperativa en Ciudad Nezahualcóyotl, que se llamaba Emiliano Zapata y les hice varios diseños de mobiliario. Ellos fabricaban cofres para difuntos (así les dice Óscar a los ataúdes) y ganaban muy poco, eran pequeñísimos sus márgenes de utilidad. Se animaron mucho con la idea de hacer muebles y durante casi seis años, además de diseñar, los ayudé a conseguir proveedores, cuidar sus máquinas y seguir todo el proceso.

–¿Y ahí inventarse la silla?

–Sí, les hice diseños de casi todas las piezas de una casa, comedor, sala, y una de ellas fue una silla para comedor que recibió un premio del Instituto Mexicano de Comercio Exterior. A la premiación vinieron unos artesanos de Opopeo, Michoacán, les gustó mucho y la compraron, la copiaron y la produjeron en su pueblo que es de carpinteros. Llevaron la estructura de madera a Tenango del Valle y, en la cárcel, los presos tejieron el asiento de palma y así consiguieron hacerla a muy bajo costo.

“Cuando les hice el diseño de la silla pensé en la silla tradicional, la de palo que hay en los pueblos, esa silla muy barata de pino que venden a 35 o 40 pesos, la que usan en su casa los campesinos de México.”

–Es como la silla de Van Gogh.

–Es como la silla del cuadro de Van Gogh. Mi diseño tiene mucho que ver con ella, pero cuidé la parte de su comodidad y su fabricación, que fue muy sencilla. Los artesanos la copiaron y la empezaron a vender en las banquetas, en los mercados, en las carreteras. Vendían cientos de miles de sillas.

–Ha de ser bonito, Óscar, pensar que en la casa de muchas familias se encuentra una silla que tú hiciste, en escuelas, en fondas, en mercados, en restaurantes, en salas de espera, en…

Cientos de miles de sillas Hagerman

“Siempre he pensado que tuvo una aceptación muy grande porque partí de la silla popular, que ya usaba la gente. Cuando la gente la vio, la reconoció como suya y la adoptó. Durante cinco años los talleres de Opopeo, Michoacán, produjeron muchísimas sillas. Era la pieza que más producían y vendían.”

He aquí la historia de la silla que es posiblemente uno de los muebles más reproducidos de la historia de México, casi como el metate.

El mobiliario, la más pequeña de las arquitecturas

–¿Por qué te atrajo el diseño?

–Desde que egresé de la Facultad de Arquitectura me interesó mucho el mobiliario, porque sentía que era la más pequeña de las arquitecturas. En aquel entonces empezaba la carrera de diseño en México.

–Clara Porset…

–Clarita trabajó también en el Instituto Mexicano de Comercio Exterior como asesora del departamento de diseño, con el arquitecto Raúl Henríquez, y fue en esa época que arrancaron las escuelas de diseño. Clarita dio clase muchos años en la Facultad de Diseño Industrial de la UNAM, es muy querida ahí. Fue una de las primera personas que trabajó el diseño de una manera profesional y académica en México.

Una silla que cambia la vida

Óscar Hagerman es a la arquitectura lo que John Berger a la literatura: esencial. Desde que se recibió como arquitecto de la Facultad de Arquitectura de su queridísima UNAM, se unió a los que están cerca de la tierra y viven de ella, es decir, a los más pobres. Nacido en La Coruña, España, en 1936, Óscar Hagerman vino a México cuando tenía 15 años, después de Cuba. Olvidó su parte escandinava, pero eso no quita que haya viajado varias veces a Suecia, la patria de su apellido: Hagerman. En México, la silla cambió su vida porque lo acercó a los que nada tienen. Descubrió entonces que lo que quería era compartir su vida. Su esposa, maestra y siquiatra, Doris Ruiz Galindo, y sus cinco hijos, Carlos, Gonzalo, Jerónimo, Lorenzo y Doris, le dieron a su vida otra finalidad, la del servicio, la entrega a los demás. Quisieron hermanarse con todos los hombres, sobre todo con los indígenas. Al Taller de Diseño para el Hombre pertenecieron todos, no porque trabajaran en él, sino porque compartieron su espíritu. Los cinco tienen conciencia social y saben lo que es dar.

A sus hijos, a sus ocho nietos, Óscar les da abrazos de oso, pero a nadie quiere tanto como a “los huicholitos” como él los llama. Son su familia, la tierra de su tierra, la madera de su árbol de la vida, el agua salada de sus lágrimas, la blancura de su risa. Lo acompañé un lunes en la mañana a la escuela de diseño de la UNAM y los alumnos lo buscaban también para abrazarlo. En esa facultad reina la armonía y se difunde el trabajo de Clara Porset, expuesto como un tesoro en uno de los salones. Los arquitectos consideran su legado como una gran fortuna, pero también admiran y quieren el legado de Óscar quien se ha alejado de la arquitectura monumental, de las torres que perforan el cielo, de proyectos aterradores, de malls y conjuntos marcianos. Óscar quiere que las casas canten.

–Edward James escribió: “Mi casa tiene alas y a veces en medio de la noche canta”, es muy bonita esta frase… Me gustaría que mi arquitectura tuviera alas para volar en el cielo de la realidad.

Un canto a la vida

“Yo creo que él era más poeta que arquitecto. Creo que es bueno estar en la realidad y al mismo tiempo en una fantasía, crear un mundo de imaginación y de poesía. De ahí que la casa cante. Por eso decía, siguiendo la frase de Edward James, que la arquitectura debe ser un canto a la vida, el canto de los que la habitan, porque lo más hermoso es que el proyecto salga de la gente. Conozco un ejemplo, en el archipiélago de Suecia, de una casa para dos señores mayores, quienes le pidieron al arquitecto que les hiciera una casa para retirarse y él con cariño y cuidado consideró todo lo que podía hacerles falta y le buscó un lugar a cada cosa. Ver cómo están integrados a su casa todos sus objetos es impresionante porque también en el jardín creó un lugar para tomar el café a mediodía, otro para ver el atardecer. Yo creo que eso es lo más hermoso de la arquitectura.

“En diseño industrial nos enseñan a buscar formas originales, pero la riqueza más grande es hacer un mundo que le pertenezca a la gente y lo sientan suyo porque eso es lo que da felicidad. Si tu casa no tiene que ver contigo no es nada.

“En la escuela debería de haber una materia que nos enseñara cómo relacionarnos, cómo comprender lo que la gente necesita, y para eso hay que aprender a escuchar”.



Oscar Niemeyer en su 100 aniversario: homenaje a la arquitectura brasileira
agosto 21, 2007, 8:27 pm
Filed under: Jornada, Niemeyer

Quiero rendir un homenaje a la arquitectura brasileira bajo una dimensión amplia que la crítica posmodernista de las últimas décadas se ha negado a reconocer. Y por dos malas razones. Por una parte, el postmodern estadunidense ha seguido considerando a Brasil como una neocolonia latinoamericana más, y lo ha redefinido por tanto como objeto subalterno a través de las estrategias conceptuales de los cultural studies y los postcolonial studies. De acuerdo con sus muy difundidas normas de representación y comunicación, sus expresiones culturales deben subsumirse a un diálogo o a una hibridización verticales bajo las normas políticas, financieras y epistemológicas de una autoproclamada realidad global. Y debe definirse a partir de ello dentro de la categoría negativa de lo local. Este perspectivismo posmoderno ha admitido de muy buen grado los lenguajes híbridos, las reclamaciones micropolíticas de virtuales derechos humanos o feministas, así como los espectáculos multiculturalistas. Pero desde su punto de vista es inadmisible reconocer a este objeto como una verdadera obra de arte dotada de significados verdaderos y universales. Y, lo que todavía es más importante, desde esta perspectiva americocentrista resulta metodológicamente imposible cuestionar reflexivamente el proyecto de dominación unipolar y unidimensional del planeta que precisamente atraviesa este proyecto de reducción urbi et orbi del ser a las fronteras y fragmentaciones de lo “local”.

Desde este americocentrismo es igualmente quimérico que fueran un poeta brasileiro como Oswald de Andrade o un arquitecto brasileiro como Oscar Niemeyer quienes por primera vez formularan, ya en la década de los 40 del siglo pasado, la muerte del movimiento moderno. Y que, además, lo hicieran a partir de un proyecto artístico, filosófico e intelectual que el postmodern estadunidense sólo ha sabido ignorar: aquella voluntad de cambio y aquella libertad creadora que atravesó a las bohemias artísticas y las sociedades políticas europeas antes de su decapitación por los totalitarismos fascistas y soviéticos, y antes de su putrefacción terminal bajo las culturas industriales del espectáculo.

La crítica radical de una modernidad arquitectónica y estética, fracasada en Europa y Estados Unidos en la misma medida en que sacrificaba sus dimensiones humanistas y socialistas en beneficio de una función normativa, de un esteticismo formalista y una voluntad espectacular es, sin embargo, capital para poder entender la originalidad y la radicalidad de la gran arquitectura brasileira del siglo XX. Por decirlo con muy pocas palabras: los tres o cuatro ejemplos arquitectónicos que quiero recordar aquí comprenden una responsabilidad urbana, ecológica y política en el diseño del paisaje, de la arquitectura y de la ciudad que contrasta drásticamente con la megalomanía, el formalismo y el cinismo social puestos en escena por el posmodernismo arquitectónico con sus grandes nombres a la cabeza, de Philip Johnson a Frank Gehry.

Un ejemplo estetizante de lo que quiero decir es el Palacio de Itamaratí, creado por Oscar Niemeyer y Roberto Burle Marx en el paisaje urbano y social “romántico” de la Brasilia que diseñó Lucio Costa. No quiero dejar de lado el inmediato efecto sobrecogedor que producen las delicadas proporciones de este palacio, ni la gracia inherente al juego de fuerzas naturales que se conjugan arquitectónicamente en ella: la tierra, el agua, el cielo y la vegetación tropical. Tampoco pretendo olvidar que formalmente hablando este palacio está emparentado con el racionalismo cartesiano de Le Corbusier y la Bauhaus. Pero uno de los grandes protagonistas de esta obra es su escalinata interior. Y la sensualidad y la fuerza ascendente de esta escalinata son incomprensibles sin tener en cuenta el intenso diálogo que establece con la arquitectura del barroco brasileiro. Además, la pureza elemental de sus formas y su transparencia espacial están emparentadas con la elementariedad y la sensualidad que distinguen las estructuras y texturas de la Maloca amazónica. Es también amazónica la integración del agua a través de los espacios arquitectónicos. En el corazón de este concierto de vanguardias europeas y danzas amazónicas Burle Marx instaló un jardín colgante, con algo de una selva en miniatura y de jardín oriental.

La expresión más elocuente de estos proyectos urbanos modernos en América Latina es, sin lugar a duda, Brasilia, la capital federal políticamente concebida por Juscelino Kubitschek y diseñada por Lucio Costa y Oscar Niemeyer. No quiero decir con eso que Brasilia sea una cita única. Las ciudades nuevas, de dimensiones monumentales o de características más reducidas, se extienden ininterrumpidamente por América Latina al paso precisamente de la colonización de sus hinterlands y “no-man’s land”. Existe, por lo menos, otro ejemplo no menos impresionante de capital política que cumplía los cánones sancionados por el movimiento moderno europeo con las diferentes condiciones ecológicas y políticas latinoamericanas: el proyecto de Carlos Raúl Villanueva para la ciudad de Caracas. Pero Brasilia revela en estado puro la convergencia de la racionalidad industrial del modernismo europeo de comienzos del siglo XX, y las constantes de la cultura colonial y poscolonial latinoamericana. Su proyecto político fue una penúltima gesta heroica del espíritu conquistador de los bandeirantes. Es una cita de la civilización industrial violentamente insertada en el interior del sertão salvaje. Su trazado, su regulación jurídica y urbanística, sigue los esquemas elementales de la ciudad colonial ibérica: una ordenación geométrica de la ciudad en medio de la nada, con esa mezcla de rigidez militar y racionalidad misionera que ya subyugaba a los arquitectos del barroco. Organizativa y performáticamente Brasilia es la cristalización de los ideales secularizados del mercantilismo y el salvacionismo coloniales, pero trasladados primero al moderno discurso secular y positivista del “orden y progreso”, y, a continuación, reformateados bajo los conceptos estilísticos del funcionalismo internacional de los años 50. Es un espacio ideal, un diseño abstracto y complejo, proyectado con arreglo a la racionalidad burocrática de un Estado-ciudad que, a su vez, fue concebida políticamente como una máquina de proporciones ciclópeas destinada a la exploración y explotación indefinidas de los recursos naturales y humanos de un territorio nacional virtualmente sin fronteras.

* Escritor y profesor de teoría estética en la Universidad de New York



Danhos despejará dudas sobre torre
agosto 3, 2007, 5:19 am
Filed under: Arquitectura Mexicana, Jornada

Esta semana abre centro en el sitio donde la erigirá

JUAN BALBOA

A fines de esta semana, el Grupo Danhos, responsable de erigir la Torre Bicentenario, abrirá un centro de información en el terreno en donde será construida la torre más grande de América Latina, para entregar de forma amplia la información del proyecto a los vecinos de la colonia Lomas de Chapultepec, pero sobre todo dará respuesta a todas las dudas de los habitantes.

Encabezado por el director general Jorge Gamboa de Buen, el Grupo Danhos ha iniciado pláticas con legisladores locales y autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes para dar a conocer la situación real del edificio ubicado en Pedregal 24, considerado por el propio INBA como un inmueble con valor artístico, según consta en el oficio 1045-C/520.

Según datos proporcionados por Dahnos, el inmueble no está declarado como monumento nacional, sólo fue nombrado con valor artístico. “Nosotros vamos a cumplir la ley”, dijo Gamboa de Buen y recordó que el INBA tiene entre sus facultades promover la arquitectura contemporánea, pues cuando se fundó el propio instituto la arquitectura se consideraba una de las bellas artes.



Aberración urbana
julio 31, 2007, 1:06 am
Filed under: Arquitectura Mexicana, Jornada

Angeles González Gamio

Fue alrededor de 1925 cuando México superó la etapa crítica de la Revolución, iniciada 15 años atrás, y acorde con la nueva mentalidad que había surgido, que conjugaba un fuerte sentimiento nacionalista con una idea de modernidad, se gestaron las circunstancias que darían inicio a una arquitectura que aprovecharía los avances europeos, pero adaptándolos a las necesidades locales. Fue el arquitecto José Villagrán García, en su cátedra de Teoría de la Arquitectura, el pionero en acercar a los jóvenes estudiantes las novedosas ideas de la corriente funcionalista, derivada de las enseñanzas de la Bauhaus y de los postulados de Le Corbusier, que fueron creando la arquitectura contemporánea mexicana, reconocida mundialmente.

Uno de los mejores exponentes de esta arquitectura fue Vladimir Kaspé, nacido en Rusia, quien en 1910 se trasladó a Paris en donde se recibió de arquitecto. Ahí conoció a Mario Pani, quien al comenzar la guerra lo invitó a venir a México, en donde realizó una destacada obra en la que sobresale “su gusto por el orden y la pureza del diseño, aunado a la preocupación de cuidar el proceso del trabajo constructivo, para lograr así, edificios que siempre guardan un aspecto impecable”, explica la experta en la materia Louise Noelle. El arquitecto se comprometió de tal manera con su país adoptivo que, a su fallecimiento, dejó todos sus bienes para que se creara una fundación que, entre otras cosas, da becas para estudiantes de arquitectura de pocos recursos.

Una de las muestras más representativas de Kaspé es el Súper Servicio Lomas, que se construyó en 1948, en una zona de la ciudad que en esa época estaba iniciando su desarrollo: Lomas de Chapultepec. Aquí, alrededor del tema central de una gasolinera para una zona residencial, se desarrollaron locales comerciales, una estación de autoservicio y una sala de fiestas -hoy oficinas- solucionando una compleja serie de necesidades con un diseño sencillo, funcional y estético que da unidad al conjunto. Por su importancia está incluido en la relación de inmuebles con valor artístico del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Esta es la construcción que se pretende demoler para levantar en su lugar la Torre Bicentenario, que sería el edificio más alto de Latinoamérica, con un diseño de un arquitecto holandés, que supuestamente se inspiró en la Pirámide del Sol de Teotihuacán, aunque por lo que se ve en la maqueta, más bien se parece al muñeco Larín, como bien dice Germán Dehesa.

A todo ello se añade que el predio está a unos pasos del Periférico, en una calle de poca anchura y que se ha vuelto paso de miles de automovilistas que bajan de Santa Fe e Interlomas, enormes fraccionamientos que se autorizaron sin abrir nuevas vialidades, lo que convierte en una pesadilla las escasas vías que les dan acceso.

Otro detalle no menor es que el proyecto se va a apropiar de un pedazo del Bosque de Chapultepec, para construir un gran estacionamiento subterráneo, que supuestamente va a dar servicio a los visitantes del añejo parque, falacia total, ya que, además de que queda muy lejos de las instalaciones de Chapultepec, el precio que cobran esos aparcaderos está fuera del alcance del visitante promedio.

Siguiente aberración: dada la angostura de la calle, se pretende que el acceso sea por el Periférico. Es fácil imaginar la afectación al tráfico, ya de por sí intenso y complicado de dicha vía. Con esto, la mega torre no sólo afectaría la vida del entorno inmediato, sino la de buena parte de la ciudad.

Pero ahí no acaba la cosa, ya que el programa parcial de desarrollo urbano de la zona sólo permite la construcción de edificios de seis niveles, por lo que se requeriría que la Asamblea Legislativa realizara una modificación. También se necesita, para cumplir con la normatividad, llevar a cabo una consulta vecinal y la opinión de la delegación.

Resulta increíble que con tantos obstáculos y problemas de carácter legal, social, ecológico y humano, el proyecto se haya presentado como un hecho. Sólo queda confíar en que las partes involucradas reflexionen y lo lleven a otro sitio, en donde realmente sea el detonador de una zona y no el destructor, como sería en este caso; que quede claro que la oposición no es a la inversión, sino al lugar.

Y ya vámonos al piscolabis de rigor, al vecino barrio de Polanco, que también se vería afectadísimo por la torresota. Acaba de abrir un sitio encantador que se llama La Negra, apodo de su dueña, Sandra Olivares, linda joven que lo atiende personalmente, sugiriéndole las especialidades del día. Con mesitas a la calle y alegremente decorado con macetas con geranios, ofrece desde tortas y tacos hasta crema de alcachofas y camarones con coco; todo rico. Está en la esquina de Virgilio y Oscar Wilde.

gonzalezgamio@gmail.com