Noticias de Arquitectura


Libeskind, el arquitecto de la Zona Cero, planea montar un rascacielos verde en Nueva York
febrero 15, 2009, 5:29 pm
Filed under: Libeskind

El arquitecto norteamericano Daniel Libeskind, volverá a poner su granito de arena en la sorprendente arquitectura de la ciudad de Nueva York. En 2003 ya ganó el premio con la Torre de la Libertad, para reconstruir la devastada Zona Cero. Ahora Libeskind ha puesto sobre la mesa un proyecto también muy ambicioso: levantar un edificio de 54 plantas hecho con una combinación de cristal y zonas verdes, que probablemente se construirá en la avenida Madison (una de las más elegantes de Manhattan).
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Aunque no están las cosas como para derrochar en ladrillo, la apuesta de Libeskind parece que sigue en pie. Y es que además de ocupar una manzana de la ciudad más agitada del mundo, pretende devolver a Nueva York, la naturaleza y la vegetación perdidas. Tanto es así, que el edificio en cuestión sería una especie de torre de 236 metros de altura, asentada sobre otra construcción. Encaramada hacia el cielo, se alzaría una mezcla de cristal y auténticos jardines, que mucho nos recuerdan a ese proyecto imposible llamado Vertical Farm. Sí, ese que pretendía hacer de un invernadero, un edificio (y viceversa).
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Las partes verdes del edificio quedarían al descubierto, de manera que el sol podría alimentar la vegetación sin obstáculos de por medio. Pero sobre el abastecimiento de energía del edificio, ni el propio Libeskind se ha pronunciado. Y es que la construcción de este rascacielos, está tan verde como sus intenciones.

A pesar de esto, lo más razonable quizás sería pensar en algo parecido al Bahrain World Trade Center, un ejemplo de lo que podríamos llamar capitalismo sostenible. Aunque no estén los bolsillos de Nueva York, para muchos trotes.

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Vía: Dvice



La reconstruction de Ground Zero est désormais possible
junio 2, 2007, 3:46 am
Filed under: Libeskind, NY

La voie est enfin libre pour la reconstruction de l’ensemble du site de Ground Zero, lieu où les deux tours du World Trade Center se sont effondrées le 11 septembre 2001, le dernier litige avec les assureurs ayant été résolu.

Le promoteur détenteur du bail Larry Silverstein vient de conclure un accord avec les sept compagnies d’assurance du site qui s’engagent à payer 2 milliards de dollars, en plus de quelque 2 milliards précédemment versés. “Le train est désormais engagé sur ses rails”, s’est félicité M. Silverstein qui avait signé le bail du site juste deux mois avant les attentats de 2001. Ce litige avait provoqué des interruptions de chantiers et provoqué de multiples délais très coûteux.

Le clou du futur complexe, supervisé par l’architecte Daniel Libeskind, est la “Freedom Tower” prévue pour début 2011 dont le chantier a commencé l’an dernier après de très nombreux retards. Cette tour symbole de 415 mètres dessinée par David Childs atteindra la hauteur des deux tours détruites et sera surmontée d’une flèche puissamment éclairée, censée évoquer la flamme de la statue de la liberté et qui portera la hauteur totale de l’édifice à 541 mètres.

Un mémorial dédié aux victimes des attentats appelé “Reflecting Absence”, qui présentera deux carrés vides entourés de cascades d’eau figurant les emplacements des tours jumelles détruites, doit également voir le jour sur le site en 2009. Le seul gratte-ciel achevé à ce jour sur le site est le “World Trade Center 7”, une tour de bureaux de 52 étages. Le prochain chantier qui devrait être terminé en 2009 est la plate-forme de transports conçu par l’architecte espagnol Santiago Calatrava. Trois autres immeubles de bureaux doivent également voir le jour dans le cadre de ce complexe, deux en 2011 et la troisième l’année suivante. Enfin, une cinquième tour devrait également se dresser mais pour l’instant ses plans ne sont pas finalisés.

Le maire de New York, Michael Bloomberg, s’est félicité de la fin de la procédure avec les assureurs, estimant qu’il s’agissait d’un pas pour reconstruire le sud de l’île de Manhattan. Mais d’autres dossiers liés au 11 septembre 2001 restent en suspens, notamment celui sur l’état de santé des secouristes et des ouvriers qui ont travaillé sur le site. Pour la première fois la semaine dernière, des experts médicaux ont officiellement lié la mort d’un ouvrier à la poussière toxique respirée après l’effondrement des tours.

Des centaines de secouristes dépêchés sur les lieux après les attentats et d’ouvriers qui ont déblayé et nettoyé le site souffrent de problèmes respiratoires qui seraient dus à l’exposition à la poussière et à des émanations de produits toxiques. Les conclusions de l’expertise médicale devraient augmenter la pression sur les autorités municipales pour qu’elles réexaminent les cas de dizaines de personnes mortes depuis 2001, dont les décès pourraient être liés à leur présence sur le site.
James HOSSACK (AFP)

(29/05/2007)



Repensar la Torre de la Libertad
junio 1, 2007, 1:30 pm
Filed under: Libeskind, NY

El proyecto está signado por la soberbia personal y la conveniencia política. Su basamento blindado transmite intolerancia y desconfianza hacia el resto del mundo.

NICOLAI OUROUSSOFF. Crítico de arquitectura de The New York Times.

El Ground Zero vivió su propia fatiga de guerra. A cada nuevo paso del proceso de reconstrucción se pidió a los neoyorquinos que adoptaran la retórica de la renovación, sólo para presentárseles luego imágenes de una ciudad que permanece en un estado de confusión y engaño. Si cerraramos los ojos, podríamos pensar que todo va a desaparecer.

Sin embargo, el esperado anuncio de que el gobernador Eliot Spitzer respaldará la construcción de la Torre de la Libertad puede significar el fin de toda esperanza de devolver una visión amplia —o cierto grado de cordura— a un proyecto signado por la soberbia personal y la conveniencia política.

El reciente debate sobre la torre se concentró exclusivamente en los valores inmobiliarios. En momentos en que el desarrollador Larry Silverstein se dispone a construir casi 600.000 metros cuadrados de oficinas en tres edificios junto a la Torre de la Libertad, algunos cuestionan si será posible alquilar una parte suficiente del proyecto de 3.000 millones de dólares a niveles adecuados para que el mismo resulte rentable. Es muy probable que la carga simbólica de la torre desaliente a los posibles inquilinos por temor a que ésta pueda ser un blanco para terroristas. La sugerencia de que llenemos el edificio con reparticiones gubernamentales es casi perversa.

Pero el problema no es sólo si puede obligarse a suficientes burócratas a trabajar ahí algún día, sino también qué expresa el edificio como obra arquitectónica. El gobernador Spitzer puede recordar la presencia de las Torres Gemelas en el horizonte urbano, una presencia al mismo tiempo orgullosa y amenazadora. La Torre de la Libertad tendrá un efecto igualmente fuerte en la vida cotidiana de los neoyorquinos, así como en la imagen de la ciudad en todo el mundo. Su mensaje, sin embargo, será muy diferente del de las viejas torres.

La Torre de la Libertad, cuyos extremos acanalados y estructura ahusada evocan un obelisco de vidrio pantagruélico, fue rediseñada apresuradamente hace más de un año, luego de que especialistas en terrorismo cuestionaron su vulnerabilidad a un atentado con explosivos. Su forma abultada, que rehicieron Skidmore, Owings & Merrill, recuerda vagamente lo peor del historicismo posmoderno. (Es increíble que el revestimiento de vidrio no se haya reformulado en granito.)

Ciudades como París, Londres y San Francisco organizaron hace poco grandes concursos arquitectónicos para el diseño de las torres que caracterizarán su horizonte. Atrajeron gran cantidad de arquitectos talentosos y ambiciosos, y muchos de esos diseños expanden los límites tecnológicos y estructurales al tiempo que repiensan los rascacielos como parte de una visión urbana holística.

Hasta en Nueva York, que en los últimos diez años quedó rezagada en relación con buena parte del mundo en lo que respecta a ambiciones arquitectónicas, proyectos como la nueva Torre Hearst de Norman Foster indican la vigencia de criterios más exigentes para el diseño de estructuras urbanas.

De construírsela, la Torre de la Libertad sería un constante recordatorio de nuestra pérdida de ambición y de nuestra incapacidad para generar una arquitectura que exprese una genuina confianza en el futuro colectivo de los Estados Unidos en lugar nostalgia por un pasado inexistente.

En ningún lugar esa pérdida de ambición se hace más evidente que en la base de la torre. En una sociedad en la que el contrato social que nos une se está debilitando, los arquitectos más incisivos encontraron formas de crear una relación más fluida entre los ámbitos público y privado. El lobby de la Phare Tower de París, de Thom Mayne, por ejemplo, está pensado como extensión del ámbito público, ya que incorpora el paisaje urbano que lo rodea e incursiona en el espacio subterráneo para brindar acceso a una red de trenes.

La Torre de la Libertad, en cambio, está pensada como una fortaleza inexpugnable. La base, un búnker de hormigón de veinte pisos, sin ventanas, que contiene el vestíbulo y muchos de los sistemas mecánicos de la estructura, está revestida con paneles de vidrio laminado a los efectos de obtener un aspecto atractivo, pero el mensaje es el mismo. Transmite más paranoia que resistencia y tolerancia. Es un edificio blindado contra un mundo exterior en el que ya no confiamos.

No hay motivos para aceptar semejante destino. Todavía falta un año para que empiece a erigirse el edificio y los cimientos podrían terminarse mientras se lleva a cabo un proceso de reformulación del diseño. Mientras tanto, podría iniciarse la construcción de las torres de Silverstein en el lado sur, mucho más fáciles de alquilar.

Por supuesto, el gobernador Spitzer tendría que mostrarse dispuesto a aventurarse en uno de los predios con mayor carga emocional y política del mundo a menos de tres meses de haber asumido. Para ello primero debe aceptar que el mensaje de la Torre de la Libertad no se dirige sólo a los neoyorquinos obsesionados por los bienes raíces, sino al mundo, y que el mensaje que transmite ahora es nuestro peor aspecto.

Traducción de Joaquín Ibarburu

(c) Copyright The New York Times y Clarín