Noticias de Arquitectura


Aquel Madrid de Le Corbusier
febrero 15, 2009, 9:20 pm
Filed under: Le Corbusier, Pais

La Residencia de Estudiantes recuerda la estancia de los genios de la arquitectura

M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA – Madrid – 24/01/2009

Poco, por no decir nada, debe de quedar por escrutar del paso de Dalí, Buñuel o García Lorca por la Residencia de Estudiantes de Madrid. Sin embargo, hubo otros genios que iluminaron aquel foco cosmopolita de cultura, aunque se conoce menos de su estancia. Un ciclo, Correspondencias europeas. Maestros de la arquitectura Moderna, que se celebra en la Residencia hasta abril, recupera ahora la huella de seis célebres arquitectos -Le Corbusier, Gropius, Erich Mendelsohn’s, Theo van Doesburg, Sigfried Giedion’s y Edwin Lutyens- y revisa a través de su figura la arquitectura moderna del siglo XX.

Hubo un personaje, Fernando García Mercadal (1896-1985), gran viajero, que conoce a los protagonistas de las vanguardias europeas. Y los aglutina (en un papel similar al jugado por Pepín Bello junto a los escritores) con el fin de difundir las ideas del Movimiento Moderno. Era la España de los años 30.

Le Corbusier llegó solo a Madrid en mayo de 1928 y organizó un gran revuelo mediático. Seguramente estaba encantado, porque, según contó el pasado jueves en su conferencia Stanislaus von Moos, uno de los mayores especialistas en el “el arquitecto del siglo XX”, Le Corbusier fue un gran profesional de la publicidad. “Estaba obsesionado con los medios de comunicación. Cuando comenzó su carrera en París a principios de los años 20 editó una revista que utilizó como soporte para difundir sus ideas. Tenía un gran sentido de la publicidad y utilizó sus técnicas. En cierto modo, como artista-arquitecto se anticipó a Andy Warhol”.

En la Residencia impartió dos conferencias: Arquitectura, mobiliario y obras de arte y Una casa, un palacio. De su estancia española, que incluye corridas de toros (García Mercadal le llevó de excursión, como al resto, a Segovia, Toledo y El Escorial), dejó el texto España. Ahí escribe: “las gentes de aquí están alimentadas de las savias más admirables (árabe, judía, italiana, griega). Pienso que abundará la imaginación. Y el hidalgo, elegante, hombre moderno, con clase, se asombrará, con una desenvoltura aparente, de esa austeridad apasionada que tan bien mantiene a distancia a los imbéciles”.

Estando en Madrid, el maestro atiende también la llamada de su gran discípulo Josep Lluís Sert y acude a Barcelona. Lo curioso es que el recibimiento en ambas ciudades fue radicalmente distinto, explica Salvador Guerrero, comisario del ciclo de la Residencia: “en Madrid, los intelectuales, como Ortega y Gasset, le reciben con gran interés; sin embargo, los arquitectos lo hicieron con cierta tibieza, en especial Luis Lacasa, que criticaba su racionalismo formalista y del que decía que era ‘un periodista y charlatán’. En cambio, en Barcelona contaba con un peso indiscutible”.

Walter Gropius llega a la Residencia de Estudiantes en 1930, en calidad de fundador de la Bauhaus. No era la primera vez que viajaba a España. Lo hizo en un viaje iniciático en 1910. Aprendió el idioma (la conferencia la impartió en español) y le impactaron las grandes masas de los castillos medievales, en particular, la del Castillo de Coca, en Segovia.

Cuando Erich Mendelsohn’s llega a Madrid, en 1930, va a encontrar en algunos arquitectos madrileños un núcleo de seguidores: en especial Luis Martínez Feduchi, con el edificio Capitol, en la Gran Vía de Madrid y Luis Gutiérrez Soto, con el cine Barceló, hoy reconvertida en la discoteca Pachá. La historiadora Regina Stephan hablará de sus aportaciones el próximo 5 de febrero.

El único de estos seis arquitectos que no llegó de la mano de García Mercadal, sino del Duque de Alba, fue Edwin Lutyens en 1934. Esto se explica porque el aristócrata era miembro del Comité Hispano-Inglés, vinculado a la Residencia, y les unía una gran amistad. La vinculación de Lutyens con la casa de Alba hará que colabore en la reconstrucción del Palacio de Liria bastante destruido tras la Guerra Civil. Con él se cerrará el ciclo, el 16 de abril, con una conferencia en la que se pondrá de manifiesto cómo Lutyens, que practica un clasicismo ecléptico, es el gran maestro de la arquitectura victoriana y llegó a Madrid a contar sus proyectos ingleses en India, y más concretamente, su planificación de Nueva Delhi. Para consultar el ciclo:www.residencia.csic.es



Le Corbusier, el arquitecto que soñó la moderna Buenos Aires
febrero 15, 2009, 5:58 pm
Filed under: Le Corbusier

La relación entre el famoso teórico suizo y sus discípulos en el país, es el tema de esta investigación.

Se deja leer como una apasionante novela histórica que, desde la arquitectura y el urbanismo, pone una lupa en la sociedad argentina del siglo XX, pero en rigor es el fruto de una investigación académica que llevó treinta años. Publicado por la Universidad Nacional de Quilmes, La red austral: obras y proyectos de Le Corbusier y sus discípulos en la Argentina, 1924-1965, de Jorge Francisco Liernur con Pablo Pschepiurca, revela los hechos, vínculos, intrigas y grandezas de un tramo de la modernidad en nuestro país, tejido a dos puntas, entre París y Buenos Aires. El arquitecto franco suizo Charles Edouard Jeanneret -alias Le Corbusier- mantuvo con la Argentina una larga y fructífera relación, tormentosa por momentos. La red austral aborda el conjunto de obras, proyectos y acciones que Le Corbusier tejió con sus discípulos en Buenos Aires, aún antes de su primera visita en 1929, en medio del debate internacional sobre la renovación de la arquitectura y el urbanismo.

Impactado por el encuentro entre el río y la pampa en una línea infinita de luz -que en su libro Precisiones describió como la “horizontal insignie”- a Le Corbusier lo esperaba en el puerto Victoria Ocampo. Para ella proyectó una casa disparatada que jamás se haría. Le Corbusier venía a difundir su ideario en conferencias, pero su fantasía de la pampa -alimentada en París por relatos de sus amigos Ricardo Güiraldes y Alfredo González Garaño- se potenció cuando notó el ritmo desmesurado al que crecía Buenos Aires, la virginidad del territorio y la ausencia de miradas modernas sobre la planificación. Se entusiasmó entonces con un plan integral para Buenos Aires que, si bien no tuvo jamás una aplicación directa, generó la trama espesa que desanda este libro, que además revela el efecto de aquellos postulados en el largo plazo.

“Creo que este libro le sirve al público no especializado para entender que la arquitectura puede ser otra manifestación de la vocación humanista. A los arquitectos, para ver la arquitectura como un fenómeno complejo de la cultura”, dice el arquitecto Liernur. Decano de la escuela de arquitectura de la Universidad Torcuato Di Tella, investigador del Conicet y autor -entre otros libros- del Diccionario de arquitectura en la Argentina -junto a Fernando Aliata- y de Arquitectura en la Argentina del siglo XX, Liernur explica que los jóvenes seguidores de Le Corbusier en el país -los arquitectos argentinos Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy junto al catalán Antonio Bonet- que formarían el Grupo Austral tuvieron “el valor de ir cambiando los planes a tono con la complejidad de los cruces y la variedad de las metas. Por eso, si una palabra se elude en este libro, es influencia”.

Desde el año 1938 Le Corbusier y sus discípulos locales encararon campañas para hacer realidad sus ideas arquitectónicas y urbanas. La red austral dedica un capítulo al Atelier de Artistas, esa joya de la arquitectura moderna que Bonet, Vera Barros y López Chas construyeron en Suipacha y Paraguay. También se ocupa de la silla BKF, diseñada por Bonet, Kurchan y Ferrari Hardoy, que conquistó el mundo. Este libro revela además los costados menos conocidos del Grupo Austral, como su trabajo con el sindicato de la construcción para elaborar las primeras encuestas sobre el habitat. O el viaje a San Juan tras el terremoto de 1944, para convivir con los obreros y dar una solución al problema de la vivienda.

Del plan frustrado de Le Corbusier para Buenos Aires -solo firmó la Casa Curutchet, en La Plata- algunas ideas se “colaron” en la ciudad varias décadas después. Los rascacielos que Le Corbusier propuso junto al río finalmente florecieron en Puerto Madero. La Ciudad Universitaria hoy ocupa el lugar que tenía en el plan de 1938. La propuesta de una Avenida Norte-Sur se completó entre Retiro y Constitución. Una torre de cristal amplió el edificio del Congreso Nacional. Una red de autopistas comenzó a construírse tal como lo planteó Le Corbusier. Y la idea de trasladar el Aeroparque a una isla o a la costa de Avellaneda -refrescada en 1995 por los políticos de entonces- ya había sido propuesta por Le Corbusier en 1929 y 1938. No parece una casualidad.



El 6 de octubre de 1887 nació Le Corbusier, teórico de la arquitectura, diseñador y pintor
octubre 6, 2008, 2:00 am
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Es considerado uno de los más claros exponentes de la arquitectura moderna (junto con Frank Lloyd Wright, Walter Gropius y Ludwig Mies van der Rohe), y uno de los arquitectos que mayor influencia han tenido en el siglo XX y en general, en toda la historia de la arquitectura.

6/10/2008

Charles Édouard Jeanneret-Gris, llamado Le Corbusier (6 de octubre de 1887 – 27 de agosto de 1965),

Nació en la localidad de La Chaux-de-Fonds, en la Suiza francófona con el nombre de Charles Edouard Jeanneret-Gris. A los 29 años se trasladó a París donde adoptó el seudónimo “Le Corbusier”, variación humorística (ya que evoca a la palabra cuervo) del apellido de su abuelo materno: Lecorbésier. Su padre se dedicaba a lacar cajas de relojes para la industria relojera de su ciudad natal, y su madre fue pianista y profesora de música.

En 1900 Le Corbusier comenzó su aprendizaje como grabador y cincelador en la Escuela de Arte de La Chaux-de-Fonds, en Suiza. Uno de sus profesores, Charles L’Eplattenier, le orientó hacia la pintura y después hacia la arquitectura. En 1905 diseñó su primer edificio, una casa unifamiliar para un miembro de la Escuela de Arte, la Villa Fallet. En los próximos diez años hizo numerosos edificios, que todavía no llevan su sello característico posterior, y que él mismo no incluyó en el registro posterior de sus obras.

Ya en París, trabajó durante quince meses en el estudio de Auguste Perret, arquitecto pionero en la técnica de construcción en hormigón armado. A continuación viajó a Alemania para estudiar las tendencias arquitectónicas de ese país. Allí trabajó en la oficina de Peter Behrens, donde se estima que puede haber coincidido con Ludwig Mies van der Rohe y Walter Gropius, quienes también trabajaron ahí en esa época. Visitó también Estados Unidos, donde se familiarizó con la obra de Frank Lloyd Wright, que por aquel entonces comenzaba a ser apreciada en Europa. El año 1911 lo dedicó por completo a viajar. Desde Viena fue a Rumanía, Turquía, Grecia e Italia y a su regreso fue profesor durante dos años en el departamento de arquitectura y decoración de la Escuela de Arte de París.

En 1922 Le Corbusier abrió un despacho de arquitectura con su primo Pierre Jeanneret, con el cual mantuvo su asociación hasta 1940. Inicialmente los dos diseñaron casi exclusivamente edificios residenciales. Uno de sus grandes proyectos de estos años, en este caso como urbanista, es su diseño conceptual de una ciudad de tres millones de habitantes, la Ville Contemporaine (Ciudad Contemporánea).[1]

En octubre de 1929 Le Corbusier dictó en Buenos Aires un ciclo de diez conferencias, invitado por la Asociación Amigos del Arte. En este viaje también visitó Río de Janeiro, Asunción y Montevideo. En referencia a la primera de las ciudades citadas dejó bien clara su percepción de urbanista al expresar “Buenos Aires es una ciudad que le da la espalda a su río”, aludiendo con esto a algo de lo que aún adolece tal ciudad: pese a tener una extendida costa frente al gran estuario del Río de La Plata se ha privilegiado ediliciamente un área que no permite la vista a tal estuario, más aún el acceso al mismo se halla obstaculizado por instalaciones de antiguos puertos, un aeropuerto, tramos ferroviarios a nivel y autopistas.

Le Corbusier fue un trabajador incansable. Realizó innumerables proyectos, muchos de los cuales nunca llegaron a realizarse, pero que marcaron a generaciones posteriores de arquitectos.

Difundió también sus ideas urbanas a través del CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) uno de cuyos documento es la Carta de Atenas. Sin embargo, fue únicamente en Chandigarh, India, donde pudo hacerlas realidad.

El 27 de Agosto de 1965, desobedeciendo las indicaciones de su médico, Le Corbusier fue a nadar mientras pasaba sus vacaciones en su cabaña en Roquebrune-Cap-Martin, en el Mediterráneo francés. Fue encontrado muerto por unos pescadores, presumiblemente de un ataque al corazón.

Contribuciones teóricas a la arquitectura
Le Corbusier fue, además de un gran arquitecto y pintor, un eminente teórico de la arquitectura. Escribió varios libros, en los que ejemplificaba sus ideas mediante proyectos propios (a la manera clásica como lo hizo en su momento, por ejemplo, Andrea Palladio en “I Quattro Libri dell’Architettura”/Los Cuatro libros de la Arquitectura). Tuvo muy claro que, aparte de saber crear buenos edificios era necesario saber explicarlos y transmitirlos al resto de los profesionales y a los estudiantes, y ejerció con gran maestría la tarea de publicitar su propia obra.

Como visionario, Le Corbusier veía la posibilidad de cambiar el mundo a través de la arquitectura. Si bien nunca se alió con un grupo político en particular, su postura estaba más cerca de una postura liberal (algunos lo han descrito como un socialista, adjetivo que probablemente se queda corto para caracterizar sus actividades), y como tal, veía todo proceso de diseño con fines utópicos. Lo que le permitió contribuir grandemente al significado de la arquitectura en general.

La machine à habiter [editar]Le Corbusier es conocido por su definición de la vivienda como la máquina para vivir. Con ello, Le Corbusier ponía en énfasis no sólo la componente funcional de la vivienda, sino que esta funcionalidad debe estar destinada al vivir, comprendiéndose esto último desde un punto de vista metafísico. Le Corbusier creía que el objetivo de la arquitectura es generar belleza (muy conocida también es su frase: la Arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz), y que ésta debía repercutir en la forma de vida de los ocupantes de los propios edificios.

En cuanto al criterio de “máquina de habitar”, Le Corbusier estaba deslumbrado por las entonces nuevas máquinas: en especial los automóviles y aviones, considerando aquellos que tenían diseños prácticos y funcionales como modelo para una arquitectura cuya belleza se basara en la practicidad y funcionalidad; el racionalismo.

L´Esprit Nouveau [editar]A fin de divulgar sus ideas sobre la arquitectura y la pintura, Le Corbusier fundó en 1920, junto con Paul Dermée, una revista de divulgación artística que obtuvo gran resonancia internacional: L’Esprit Nouveau (El Espíritu Nuevo; aunque en francés la palabra esprit suele tener también el significado de conciencia, razón, inteligencia).

Cinco puntos de una nueva arquitectura [editar]En 1926 Le Corbusier presenta un documento donde expone en forma sistemática sus ideas arquitectónicas: los llamados «cinco puntos de una nueva arquitectura» representan una importante innovación conceptual para la época, aprovechandoe las nuevas tecnologías constructivas, derivadas especialmente del uso del hormigón armado (hasta entonces este material se usaba en viviendas y monumentos disfrazándosele de piedra esculpida con molduras):

Los «pilotes»: para que la vivienda no se hunda en el suelo, y —por el contrario— quede suspendida sobre él, de forma tal que el jardín «pase» por debajo.
La terraza-jardín: que permite mantener condiciones de aislación térmica sobre las nuevas losas de hormigón, y convierten el espacio sobre la vivienda en un ámbito aprovechable para el esparcimiento.
La planta libre: aprovechando las virtudes del hormigón, que hacen innecesarios los muros portantes. De esta forma, se mejora el aprovechamiento funcional y de superficies útiles, liberando a la planta de condicionantes estructurales.
La ventana longitudinal: por el mismo motivo del punto anterior, tambien los muros exteriores se liberan, y las ventanas pueden abarcar todo el ancho de la construcción, mejorando la relación con el exterior.
La fachada libre: complementario del punto interior, los pilares se retrasan respecto de la fachada, liberando a ésta de su función estructural.
Su arquitectura resulta ser altamente racionalista, depurada ( con el uso de materiales sin disimularlos; nota la posible belleza de las líneas depuradas, sin adornos, sin elementos superfluos) y con un excelente aprovechamiento de la luz y las perspectivas de conjunto, dando una sensación de libertad (al menos para el desplazamiento de la mirada) y facilidad de movimientos.

Universia



How the works of Le Corbusier touched his admirers
septiembre 21, 2008, 4:21 am
Filed under: Le Corbusier

Architect, artist, visionary – Le Corbusier won admirers in many fields. Our correspondent talks to collectors and fans
French architect Le Corbusier
Christian Pambrun

HEIDI WEBER

Weber met Le Corbusier in 1958, when she was a successful interior designer in Zurich, and their subsequent collaborations led to her building a museum, the last building Le Corbusier designed and the only one in steel and glass, to house her vast collection of Le Corbusier artworks.

In 1957 I went to see a Le Corbusier exhibition at the Kunsthaus in Zurich, and I didn’t know at that time that he was a painter. I knew his architecture, but not painting. I was unbelievably moved. Then a neighbour, a graphic designer who had made the famous seven-volume book of Le Corbusier’s work, told me that he had an original Le Corbusier collage. I closed my interior design store and went to see it right away.

When I saw it, I asked if I could buy it from him. He said never: I paid 200 francs and I will never sell it. Then, about three or four weeks later, he came to my store. It was a lovely sunny day, and we went to the country park in my Fiat Topolino. He was saying, “Oh, it’s so fantastic in the car – without the car you can’t do anything like this,” and I replied, “But you have money, surely you can afford a car?” He said no, he had no money at all. Then I jumped in – but you have the collage at home! I’ll give you my car for it, I offered. He said that I was crazy, that he had only paid 200 francs for the collage. The car was 3,500 francs. I said no question, I would give him anything he wanted for it. So, we went home, I gave him the key to the car and he gave me the collage.

That was the year before I met Le Corbusier at his house in Cap Martin, on the French Riviera. I knew one of his friends, and went to see him there. Le Corbusier showed me around his house, and always in my mind was getting another painting. I was young and full of excitement, and I offered to exchange a Picasso for a painting of his. He looked at me with open eyes and he said, “All right, but how much do you want to pay for it?” I said that I had 10,000 francs in the bank, and he opened his eyes big and replied, “You really want to pay as much for a painting?” I would have paid anything. I would have sold my house for a painting! And that’s how we started.

He only designed about five private houses, he was only engaged in social projects – that’s why I worked with him. He was a real humanist. He was a very correct person, very quiet, but each minute, creative. He said nothing without creating ideas. And he was very polite. He would give a little smile and say, “Mrs Weber, come more often to Paris, it would be my pleasure.” I went every two weeks for seven years.

ALEXIS LAUTENBERG

In 1956, the father of Alexis Lautenberg, the Swiss Ambassador to London, gave him a drawing made by Le Corbusier in 1953. The Ambassador has treasured it since.

I lost my father when I was a little boy and this drawing was the last gift he gave to me. He bought it in the South of France where he used to spend his holidays. He gave it to me when I was about 11, and he died when I was 12, and I have been travelling with it ever since.

My father was a very wise man. He was interested in the development of social expressions in architecture and its important role in the immediate postwar period. He had a strong relationship with France, and was an admirer of Le Corbusier, so it was an obvious choice. He was amused by the drawing – he thought it was a nice thing to give to a little boy. I’m not going to sell it – this drawing is a very nice memory of that time.

When I was Ambassador to the EU in Brussels [1993-2000], I had a fantastic team around me and I gave everyone a copy of the drawing. I think it’s a very nice souvenir.

I didn’t realise straight away how important the drawing was, I was just trying to understand what the message written on it meant. I have considered the message [here translated from French] very important for the rest of my life. The three sentences are loaded with meaning. “To fight the mills” means that you have to stand for something – as does “Overthrowing Troy”; this refers to breaking up established thinking and inherited situations. The third one, “To be ready to carry the load”, is something that every one of us should do, and the last bit, “Without money”, is a very nice message – particularly when you read it today.

Le Corbusier was intellectually and conceptually far ahead of many others. In a way, he’s now rediscovered – he’s a very interesting choice as one of the key exhibitions in the Liverpool capital of culture programme.

NIALL HOBHOUSE

The governor of the London School of Economics and chair of its advisory board owns two very special pieces made by Le Corbusier: a 1951 model of one of the walls of the Notre Dame du Haute chapel in Ronchamp, eastern France, and a set of drawings for the Baghdad Olympic Stadium – which was one of the architect’s major projects that was never built.

These works came from one of Le Corbusier’s assistants who had worked in his office in the Rue de Sèvres [in Paris]. I bought them three or four years ago during a trip to America – they were then owned by the family of this assistant. When I saw them, I knew absolutely that I wanted to own these works. I felt that no one had been paying them attention.

What motivated me to buy them is that they’re from a phase of Le Corbusier’s architecture that has really been influential in many ways: they gave an idea of how concrete could be used in a powerful architectural way, and how architecture was liberated from a very rectilinear conception.

I have been to Ronchamp four or five times. It’s a fascinating place for architects or people really interested in architecture. I own a model of the southwest wall and the rest may have been destroyed, though there is no evidence that it was ever part of a larger or complete model of the chapel. It was made for the specific purpose of studying the effect of the window embrasures within the enormous thickness of the south wall – it seems that Le Corbusier was trying to work out the best distribution of the holes and the effect of the light on them.

Regarding the Baghdad Olympic Stadium drawings, “Corb” was discussing with his assistants how to represent plastic moulded forms in two dimensions – as they were making those new revolutionary shapes in architecture, they were forced to find a brand new language of representation. The project ran for an incredibly long time, and there are a lot of documents of all kinds related to it. The one that I’ve got is the most finished.

Both objects interest me in different ways. Not so much because of what they are, but in their capacity for conveying ideas. I’m interested in the process behind them. They’re incidentally beautiful because of the way they articulate ideas that were present during their making. I’m fascinated with the reasons why architects designed buildings the way they did, and especially with Ronchamp. Owning those works is a little bit like touching the hand of God, it’s an incredibly direct connection with Le Corbusier.

Le Corbusier – the Art of Architecture, the Crypt, Liverpool Metropolitan Cathedral (www.architecture. com/lecorbusier), Oct 2-Jan 18 2008



Claves del poeta de la luz, el espacio y la forma
septiembre 1, 2008, 4:20 pm
Filed under: Curtis, Le Corbusier, Pais

WILLIAM J. R. CURTIS 19/08/2008

1. Le Corbusier escapa a las definiciones históricas estrictas. Además de ser arquitecto y urbanista, era pintor, escultor, escritor y diseñador de muebles. Figura fundadora de la arquitectura moderna, acudía siempre al pasado y a la naturaleza en busca de inspiración. Obsesionado con la necesidad de que la arquitectura estuviera a tono con la “era de la máquina” y la “era del progreso”, hacía referencias constantes a la antigüedad. Admirador de los trasatlánticos, los aviones y los coches, consideraba al Partenón la obra de arte suprema. Utópico, también anhelaba una edad de oro perdida en la que supuestamente la sociedad vivía en mayor armonía con el mundo natural. Le Corbusier fue “radical” en un doble sentido: un revolucionario que volvió a sus raíces.

2. Sus edificios son como mundos inventados, microcosmos, mitos construidos. Al entrar en ellos y caminar por su interior, nuestra experiencia de las cosas se transforma. La mayoría de los visitantes de la Chapel de Ronchamp (1952) salen profundamente conmovidos por los efectos de luz, espacio, textura y escala, y por el modo en que el edificio se relaciona con el paisaje circundante. Es difícil poner en palabras el efecto: el propio Le Corbusier hablaba de “un espace indicible”, aludiendo quizá a una dimensión espiritual de la arquitectura. En su libro Vers une architecture (1923), el arquitecto establecía que el propósito de la construcción es hacer que las cosas se tengan en pie y el propósito de la arquitectura es el de conmovernos. Nunca fue un mero funcionalista: lo cierto es que, en realidad, era un poeta de la luz, el espacio y la forma. Su arquitectura nos toca en muchos aspectos.

3. A veces se dice que Picasso reinventó la pintura y la escultura. De hecho hizo algo más: reinventó el mundo y lo hizo encajar en su penetrante visión de las cosas. Las consecuencias plenas de su revolución visual y conceptual no están todavía plenamente agotadas y abarcan todos los campos de expresión. Algo similar puede decirse de Le Corbusier, que reinventó la disciplina de la arquitectura desde sus cimientos. Reveló nuevas dimensiones del espacio, creó todo un lenguaje arquitectónico, y dio existencia a toda una nueva gama de conceptos y formas. Las consecuencias de su obra distan de estar agotadas. De hecho, cada generación parece encontrar algo nuevo en Le Corbusier. Sus prototipos en todas las escalas, desde el edificio individual hasta el plan urbanístico, siguen ejerciendo una influencia en muchas partes del mundo.

4. Cuando Le Corbusier murió en 1965, dejó todo un universo creativo formado por edificios, cuadros, libros, planes urbanísticos, proyectos sin realizar y miles de dibujos y esbozos. Muchos de estos preciosos documentos se guardan en la Fondation Le Corbusier de París. Los primeros escritos sobre el arquitecto tendían a simplificar su función y su contribución para hacerlas encajar en las sagas y leyendas excesivamente simplificadas de la “modernidad”. Ahora estas posturas carecen de importancia, y las investigaciones detalladas sobre él revelan un personaje de gran complejidad. Una de las claves de su obra son los dibujos. Para Le Corbusier el dibujo era una forma de ver y de pensar. Sus cuadernos de bocetos eran como laboratorios portátiles en los que probaba ideas y anotaba observaciones de todo tipo sobre fenómenos tan diversos como las formaciones de nubes, los barcos, las botellas y los desnudos. El suyo era un proceso creativo de metamorfosis por el cual les robaba a las cosas su categoría formal y, como un mago, las convertía en producto de su imaginación.

5. Le Corbusier dedicaba varias horas al día a pintar. Lo llamaba su “trabajo secreto”. Se inspiró en muchos de los principales movimientos artísticos del siglo XX, desde el Cubismo hasta el Surrealismo y más allá, y definió un vocabulario rico en referencias mitológicas y connotaciones cósmicas. Sus cuadros tenían de hecho una calidad muy irregular, pero eran una de sus maneras de traducir la experiencia en arte. El paso de los cuadros a los edificios no era directo: no se limitaba a trazar sin más las líneas curvas cuando dibujaba un plano. Pero los descubrimientos que hizo como pintor sin duda enriquecieron sus posibilidades de expresión arquitectónica. Más que eso, Le Corbusier imaginaba lo que él denominaba la “síntesis de las artes”: fusión de arquitectura, pintura, escultura y urbanismo como una síntesis cultural para la era del industrialismo.

6. Le Corbusier intentó entender las fuerzas y las contradicciones de la revolución industrial, en especial las transformaciones territoriales de la ciudad y del paisaje. Fue un profeta y también el “portador de las malas noticias” sobre el precio que habría que pagar por el progreso. Quizá por eso a veces se le culpaba de todos los males del siglo XX, desde las autopistas que atraviesan ciudades hasta la banalidad de los bloques de viviendas. Esta satanización de un individuo raya por supuesto en la caricatura. Le Corbusier esperaba canalizar lo inevitable para alcanzar una forma urbana más coherente en la que la máquina, la sociedad y la naturaleza encontrasen un armonía utópica. Sus detractores lo acusan de una simplificación grotesca y excesiva, pero lo cierto es que anticipó muchas de las fuerzas y tipos de construcción de la globalización. No deberíamos copiar sus planos, pero ciertamente podemos aprender de sus propuestas y ejemplos transformándolos de manera crítica. El extraordinario ejemplo de la Unité d’Habitation de Marsella (1951) encierra muchas lecciones para el futuro de la vivienda colectiva.

7. Le Corbusier fue un autor que escribió casi cincuenta libros y un inmenso número de artículos. Más que eso, fue un diseñador de libros que captó la importancia de la fotografía como medio para comunicar ideas. Los volúmenes de su obra completa son obras maestras de diseño bibliográfico en el que el texto, la fotografía y el dibujo se coordinan para ilustrar proyectos, pero también para demostrar puntos de doctrina y principios arquitectónicos. En efecto, estos libros constituyen un tratado arquitectónico lleno de ideas sólidas e imágenes inolvidables. Al emplear una técnica de fotomontaje, Le Corbusier conseguía definir un instrumento de comunicación que cruzaba fronteras y trascendía generaciones. No hay nada como experimentar sus edificios de primera mano, pero su arquitectura combina lo único y lo general, y gracias a sus libros se conocen algunas de sus ideas rectoras.

8. Le Corbusier siempre tuvo un concepto universal de la arquitectura, pero también se mostraba sensible a los diferentes climas, culturas y tradiciones. Podríamos considerar la década de 1920 como el periodo del movimiento vanguardista en el que Le Corbusier, Mies van der Rohe, Walter Gropius y los demás “maestros modernos”, como se les denominaba, crearon algunas de las obras paradigmáticas de la nueva arquitectura, como la Villa Savoye de Le Corbusier en París (1929) o el Pabellón de Mies van der Rohe para la Exposición Internacional de Barcelona (1929). Algunos historiadores intentaron incluirlos en un llamado “estilo internacional”, una idea equívoca porque la nueva arquitectura era algo más que una cuestión de estilo, no era uniforme, y estaba de hecho llena de resonancias del pasado. En la década de 1930, Le Corbusier se inspiró cada vez más en los campesinos autóctonos y en las formas naturales. Su obra está llena de polaridades entre el maquinismo y el primitivismo, y es precisamente esta ambigüedad la que permite a sus seguidores hacer tantas interpretaciones distintas. Reveló las visiones tecnocráticas para el futuro, pero también reveló nuevos modos de entender los diferentes pasados.

9. Su influencia puede encontrarse en muchos países dentro de muchos programas culturales y políticos opuestos en todo el mundo a lo largo del siglo XX. En el periodo de entreguerras, este proceso de difusión estaba ya en camino mediante proyectos construidos o diseñados para lugares tan alejados como Moscú, Argel y Río de Janeiro. Le Corbusier se consideraba uno de los “individuos históricos del mundo” a los que se refería Nietzsche, dotados de una misión mundial y de verdades supuestamente universales. De Brasil a Japón, de México a India, se siente la fuerza de sus prototipos. En el caso de India, por supuesto, planeó toda la ciudad de Chandigarh (1950-1965) y la dotó de grandes edificios monumentales, contribuyendo con ello a la fundación de un Estado poscolonial y a un movimiento moderno indio en arquitectura.

10. Cuando falleció en 1965, se produjo un eclipse contemporáneo. En la década de 1980, durante el periodo del posmodernismo, se le consideró la encarnación del diablo. Ahora el péndulo ha oscilado al otro extremo y el artista corre el peligro de que lo canonicen como figura inmaculada de la “modernidad oficial” anestesiada y carente de estética: un sujeto atractivo para la cultura de consumo de los museos. Pero con independencia de los juegos a los que se dedique el sector económico de la cultura, está claro que Le Corbusier el arquitecto sigue con nosotros. Hace unos años, Frank Gehry decía que nunca habría podido haber llegado a la complejidad espacial del Guggenheim de Bilbao sin el ejemplo de Ronchamp. Apenas hay arquitecto vivo que no haya sido tocado de algún modo por su ejemplo. Entretanto, surgen generaciones jóvenes que empiezan a mirarlo con nuevos ojos. Armados con nuevas preguntas, descubren dimensiones inauditas en esta figura desafiante y carismática. Como la misteriosa esfinge, Le Corbusier persigue al observador con sus acertijos y su presencia enigmática. Es probable que siga con nosotros mucho tiempo.

William J. R. Curtis es autor de numerosos libros, entre ellos La arquitectura moderna desde 1900 y Le Corbusier: Ideas and Forms. Su obra más reciente es Structures of Light, un libro sobre sus propias fotografías.



Le Corbusier : un site à découvrir
julio 7, 2008, 3:00 am
Filed under: Le Corbusier

Le chantier de l’église “Saint-Pierre de Firminy-Vert” se termine. La seule œuvre inachevée de Le Corbusier, architecte, urbaniste, designer, homme des arts prend forme et clos un projet pharaonique. Le site Le Corbusier de Firminy est unique en Europe. Il fait figure de numéro 2 mondial dans l’œuvre du célèbre architecte, juste derrière le site de Chandigarh, en Inde.

« La dimension culturelle de l’édifice dépasse la seule notion d’architecture »

« Saint-Etienne et son agglomération, mieux que quiconque, étaient destinées à accueillir une telle œuvre, fidèle à son histoire, et passerelle vers son avenir », se réjouit Michel Thiollière, sénateur-maire de Saint-Etienne. L’édifice s’inscrit dans un ensemble urbain hors norme. L’achèvement du projet confortera certainement le classement du site au patrimoine mondial de l’Unesco. La dimension culturelle dépasse la seule notion d’architecture. Une large partie du site constitue une antenne du Musée d’Art Moderne qui accueille une pluralité de collections artistiques. Mais outre ces expositions communes, les grands axes du travail de Le Corbusier y sont présentés. Ainsi, le visiteur prend part aux réflexions de l’architecte sur la question urbaine, le design, les arts plastiques et l’écriture. « Ce projet ambitieux témoigne de la volonté de l’agglomération de valoriser l’ensemble de son patrimoine architectural et urbain, ajoute l’élu PS de la ville. C’est un signe fort d’une relation privilégiée entre l’utile, l’esthétique, l’industrie et les beaux arts, » a-t-il fini.

Elle a frôlé la destruction…
En 1954, Le Corbusier vient pour la première fois à Firminy. Il découvre une ville riche de son histoire et de ses traditions ouvrières. Dans une cité dominée par les valeurs de la mine et de la métallurgie, il cerne rapidement le souhait d’Eugène Claudius Petit, député-maire de l’époque. Ce dernier souhaitait réhabiliter le quartier de Firminy Vert. C’est en passionné que l’architecte se met au travail. Trois structures majeures vont éclore: la maison de la culture, le complexe sportif et une unité d’habitation. En 1961, le quartier est couronné du grand prix d’urbanisme. Le Corbusier reçoit alors une demande de construction d’église, au cœur de la ville. C’est le début de biens des déconvenues. Problèmes de chantiers, de financement : l’église Saint-Pierre reste inachevée et frôle la destruction. Le ministre de la culture de l’époque, Jack Lang réagit in extremis et demande le classement du site. C’est dans ce contexte de sauvegarde que Saint-EtienneMétropole, le département de la Loire, la Région Rhône-Alpes, le ministère de la culture, l’Etat, et l’Europe se réunissent. Le chantier redémarre. L’église prend forme et petit à petit, l’œuvre de Le Corbusier apparaît, laissant entrevoir les jeux de lumières, les secrets de perspective et la sonorité de l’édifice. Dino Cinieri, député-maire de Firminy doit beaucoup à l’architecte. Sa ville rayonne aujourd’hui sur le plan culturel et il s’en félicite. « Cet édifice permet à Firminy d’entrer dans le cercle des villes au patrimoine remarquable. Cela constitue un nouveau départ pour notre cité. »

… mais aujourd’hui, l’église de Saint-Pierre respire à pleins poumons !
Clé de voûte du projet, ce bâtiment finalise la perspective du site. C’est en 2002, suite à une donation de “l’Association Le Corbusier pour l’église de Firminy-Vert”, que Saint-Etienne Métropole devient propriétaire du terrain et du monument. Par “intérêt communautaire”,les chantiers doivent être terminés. L’église est le troisième volet des édifices religieux dits corbuséens. Elle s’ajoute à la chapelle de Ronchamp (Haute Saône) et au Couvent de Tourette, dans la vallée d’Azergues (Rhône). La structure de Saint-Pierre de Firminy est pyramidale. Partant d’une base carrée de 25,5m elle évolue en cône dont le point le plus haut culmine à près de 33m du sol. Le Corbusier a ainsi créé un contraste architectural entre la légèreté de la base et la masse imposante de la coque de béton, dans la pointe du bâtiment.
C’est au cœur de l’église, dans la nef, que se révèlent l’ampleur de l’édifice et les jeux de lumières. L’originalité du lieu réside en la spécificité de la lumière. L’architecture permet une diffusion originale des faisceaux et plonge le paroissien dans une atmosphère de grotte mystique. Une grotte différente à chaque visite car le béton ne laisse jamais entrer la lumière de la même façon.

Un architecte, trois sites…
La Maison de la Culture ouvre ses portes en 1966 sous l’appellation “Maison de la Culture et de la Jeunesse”. Inauguré le 21 mai 1965, ce bâtiment est le seul qui ait été intégralement construit à Firminy du vivant de l’architecte. 112m de long, 14m de large : le bâtiment est organisé sur 3 niveaux. L’un des pignons est orné d’une fresque et représente les arts majeurs régulièrement pratiqués en ce lieu. Un effet de matière donne du relief à la structure. Une partie est creuse, l’autre non. Pourtant, l’originalité de l’édifice est une erreur. Une erreur laissée visible par l’architecte et qui atteste du « passage de la main de l’Homme. »

Le complexe sportif est un souhait du maire. Pensé par Le Corbusier dès 1954, le stade est réalisé entre 1966 et 1968 pour le bâti et terminé dans les années 70. La Maison de la Culture surplombe la pelouse. Sa capacité totale d’accueil est de 4 180 places dont 3 780 assises et 500 abritées. Pour compléter cette construction, une piscine municipale couverte est construite, sous les ordres et le savoir-faire de Le Corbusier. Elle sera finie après la mort de celui-ci et inaugurée en 1971. L’architecture de la piscine est en harmonie avec le reste des bâtiments. Elle reste fidèle aux principes de construction de l’architecte. Afin de renforcer la protection de cet édifice, il est inscrit à l’inventaire supplémentaire des Monuments Historiques.

Enfin, l’unité d’habitation s’intègre au plan d’extension de Firminy-Vert qui prévoyait la construction de 3 500 logements. La mort de Le Corbusier au début du chantier conduit Eugène Claudius-Petit à faire appel à André Wogenscky, disciple de Le Corbusier. Là aussi, le projet était ambitieux. Mais le résultat est satisfaisant: 130m de long, 21m de large, 50m de haut. 414 logements répartis sur 18 niveaux. Au sommet, l’école et le toit-terrasse viennent peaufiner la composition. Le Corbusier proposait donc un nouveau concept urbain matérialisé par les unités d’habitation et une densification verticale de l’habitat. Majoritairement aménagés en duplex, six types d’appartement y sont proposés,. L’édifice est traversé par un couloir longitudinal surnommé “rue intérieure”. Il s’agit du plus long jamais réalisé par Le Corbusier.

9,2 millions d’euros et une candidature à l’Unesco…
Un peu plus de 9 millions d’euros auront été nécessaires pour mener à bien ce projet. La mairie de Firminy, Saint-Etienne Métropole, le département de la Loire, la région Rhône-Alpes, l’Etat et l’Europe ont contribué à son financement. Aujourd’hui, tous les bâtiments du site sont classés Monuments Historiques. A ce titre, ils sont donc protégés par l’Etat. Celui-ci reconnaît les édifices tels une richesse historique et artistique française. Le projet d’inscrire l’œuvre de Le Corbusier sur la liste du Patrimoine Mondial de l’UNESCO est devenu une réalité. 65 000 € supplémentaires ont été requis pour proposer un dossier de candidature à l’Unesco. L’œuvre de Le Corbusier serait alors classée à travers le monde dans le cadre d’un dossier international. Un dossier proposant 21 productions architecturales et urbaines de Le Corbusier. Et pour être lauréate, la globalité de ses fondations doit être un chef d’œuvre du génie créateur humain, témoigner d’une période et d’une influence considérable sur le développement de l’architecture du XXè siècle et être associée à des œuvres artistiques qui ont une signification universelle d’exception. Encore un petit bout de chemin pour Le Corbusier et son exceptionnelle ouvrage qui met à l’honneur l’architecture, mais surtout le savoir-faire de l’Homme au service de la culture.

Pour les contacter :

Fondation Le Corbusier
8-10 square du Docteur Blanche – 75 116 Paris
01 42 88 41 43

Pour en savoir plus :

http://www.ville-firminy.fr/page.php?nIdPage_PM=94/
http://www.fondationlecorbusier.asso.fr/
http://lecorbusier.ville-firminy.fr/



Patrimoine mondial de l’UNESCO: la France propose Le Corbusier
enero 31, 2008, 10:23 pm
Filed under: Arquitectura Francesa, Le Corbusier

PARIS (AFP) — La ministre de la Culture Christine Albanel a signé mercredi, au nom de la France et en association avec cinq autres pays, le dossier de candidature à l’inscription en 2009, dans la liste du patrimoine mondial de l’UNESCO, de l’oeuvre architecturale et urbaine de Le Corbusier.

La signature a eu lieu en présence des ambassadeurs auprès de l’UNESCO des pays associés, Allemagne, Argentine, Belgique, Japon et Suisse, où se trouvent, avec la France, les 22 oeuvres présentées.

Selon le projet, initié en 2002 par la Fondation Le Corbusier à Paris et le ministère de la Culture français, l’oeuvre de Le Corbusier “possède un caractère universel sur le plan historique, comme contribution fondamentale à l’architecture et à l’urbanisme moderne du XXe siècle”. Ses réalisations sont reconnues comme autant d'”oeuvres majeures et constituent autant de dates-clefs de l’histoire de l’architecture”, ajoute le dossier.

Charles Edouard Jeanneret-Gris, né à La Chaux De Fonds (Suisse) le 6 octobre 1887, et connu sous le pseudonyme de Le Corbusier (1887-1965) a été l’un des premiers, sinon le premier architecte, à construire dans le monde entier.

Architecte, urbaniste, mais également peintre, sculpteur et écrivain, il a construit principalement en France, en Inde et en Suisse, mais également en Allemagne, en Argentine, en Belgique, au Japon, en Russie, aux Etats-Unis, en Irak et en Tunisie.

Les oeuvres présentées selon sept catégories, sont les suivantes :

La résidence-atelier : Maison Guiette, Anvers, Belgique, Maison Cook, Boulogne-sur-Seine, France

La maison individuelle : Maison Jeanneret-Perret et Maison Schwob, La Chaux-de-Fonds, Suisse ; Maisons La Roche et Jeanneret, Paris, France ; Villa le Lac, Corseaux, Suisse ; Villa Savoye, Poissy, France ; Maison du Docteur Curutchet, La Plata, Argentine ; Maisons Jaoul, Neuilly-sur-Seine, France.

L’habitat standardisé: Cité Frugès, Pessac, France ; Maisons du Weissenhof-Siedlung, Stuttgart, Allemagne ; Cabanon de Le Corbusier, Roquebrune-Cap-Martin, France.

L’habitat collectif : Cité de refuge de l’Armée du Salut, Paris ; Immeuble Clarté, Genève, Suisse ; Pavillon Suisse à la Cité universitaire, Paris ; Immeuble Molitor/ Appartement LC, Paris ; Unité d’habitation, Marseille.

L’architecture sacrée : Chapelle Notre-Dame-du-Haut, Ronchamp, France ; Couvent Sainte-Marie-de-la-Tourette, Eveux-sur-Arbresle, France.

Les grands programmes standards type : Usine Claude et Duval, Saint-Dié, France ; Musée des beaux Arts, Tokyo, Japon.

Urbanisme: Site de Firminy-Vert, Firminy, France