Noticias de Arquitectura


Director de la X Bienal de Arquitectura de Venecia explica por qué Bogotá fue la ganadora
enero 22, 2007, 1:33 pm
Filed under: colombia, urbanismo, Venecia

Enero 19 de 2007

Richard Burdett dice que la capital colombiana se llevó el León de Oro a Ciudades por ser “un símbolo de esperanza para otras ciudades, sean ricas o pobres”.

Bajo la dirección de Burdett, la Bienal de Arquitectura de Venecia, titulada ‘Ciudades, Arquitectura y Sociedad’, fue la primera dedicada al tema de ciudades.

El arquitecto, actual consejero de la Alcaldía de Londres sobre urbanismo, exploró la posibilidad de exhibir la condición urbana del mundo hoy, haciendo énfasis en las relaciones entre arquitectura, diseño urbano y sociedad.

Durante el año pasado recorrió múltiples ciudades como parte de su investigación para la Bienal. En enero visitó Bogotá y seleccionó la ciudad como una de las 16 que harían parte de la exhibición principal de la Bienal. El 9 de noviembre pasado, la capital colombiana fue elegida como la mejor. LECTURAS lo entrevistó.

¿Cómo llegó a Bogotá? ¿De qué manera decidió que la ciudad debía hacer parte de la Bienal de Arquitectura de Venecia?

Pertenezco a un grupo de personas que en los últimos 10 a 15 años se ha interesado en la correspondencia entre la forma de la ciudad y la vida de sus habitantes.

A través del ‘London School of Economics’ y el Programa de Ciudades investigamos la conexión entre la dimensión social -riqueza, felicidad e inclusión- por un lado; y la dimensión física de la ciudad -su diseño y accesibilidad- por el otro. Los resultados obtenidos arrojan cuatro o cinco ciudades significativas.

Fueron Barcelona, por los extraordinarios desarrollos que empezaron en la era post franquista y que continúan hoy. Curitiba en Brasil, por la increíble inteligencia con que el alcalde Jaime Lerner inició un proceso de acciones para crear entornos sostenibles.

Entre otros nombres surge Bogotá. Los proyectos llevados a cabo desde más o menos 1995 son cruciales porque conectan su realidad física con su dimensión social en varios niveles. Visité Bogotá en enero pasado como parte de la investigación llevada a cabo para la Bienal y pude ver la incidencia de las intervenciones urbanas en la vida de los ciudadanos.

¿Cuáles considera los temas claves por los que Bogotá se destacó entre las otras ciudades de la muestra?

Después de hacer una extensa investigación internacional escogí 16 ciudades entre miles, que pensé representaban innovación en el trabajo y administración del cambio urbano. Había que mostrar Bogotá en el corazón mismo de la Bienal.

Además de director, fui el curador de la exhibición principal que es propiamente el elemento central de toda la experiencia de la Bienal. Se realiza en La Cordería que tiene 300 metros de longitud, y a Bogotá se le dio ahí un espacio de aproximadamente 200 metros cuadrados.

Conjuntamente con Los Ángeles, Bogotá tiene más espacio que cualquier otra ciudad en la Bienal porque sentí que tenía una historia importante que contar. La ciudad ha manejado algunos de sus problemas esenciales de una manera sostenida durante los últimos 15 años, a través de políticas y una sucesión de alcaldes que han puesto cada uno una serie de temas diferentes sobre la mesa.

Cuando se está en la ciudad y se pueden ver las bibliotecas y las escuelas, los parques y el programa de ciclorutas o el Transmilenio pasar, la historia queda clara. La transformación física sumada al efecto que causan las políticas de cambio sobre la criminalidad en la ciudad, con una reducción de 82 por ciento en aproximadamente diez años, es contundente. El público respondió inmediatamente a hechos tan poderosos, que en su conjunto diferenciaron a Bogotá de cualquier otra ciudad en esta exhibición.

Además de la exhibición central de la bienal, se exponen numerosos pabellones nacionales. ¿Cuál es el rol de estos pabellones y hasta qué punto operan independientemente?

En la Bienal el director propone un tema y escribe a los comisionados de cada país que entonces seleccionan cada uno su propio curador. Depende de él si quiere responder a mi tema o no. Este año tuvimos 50 naciones participando. Un 60 por ciento de los participantes respondió al tema de la relación entre ciudades y arquitectura, como el pabellón de Colombia, por ejemplo.

Muchos otros respondieron tal vez de una manera más poética o más poderosa como el pabellón de Dinamarca, que ganó el León de Oro a Pabellones Nacionales porque decidió mostrar el problema de la expansión de las ciudades en la China desde una perspectiva ambiental, proponiendo argumentos nuevos. Cada ciudad muestra una imagen importante. La imagen de Nueva York constituye un símbolo basado en el poder de los rascacielos, la imagen de Shangai se ha construido como una postal que imita ciudades occidentales.

De otro lado, cuando se mira Bogotá en comparación con otras imágenes en la muestra, se ven los asentamientos de vivienda que caracterizan el occidente y el sur extendiéndose como un tapete sobre las laderas cruzadas por ciclorutas y parques, y con algunas estaciones de Transmilenio.

¿El hecho de que gane el León de Oro envía un mensaje sobre cómo construir la imagen de la ciudad dando prioridad a un urbanismo más democrático que invierte en el bien común en vez de en edificios llamativos?

Estamos hablando hoy cuando más de 130 mil personas visitaron la Bienal, una cifra superior al número de visitantes de la última Bienal que fue dedicada solamente a edificios icónicos. Algunos críticos dicen que mi exhibición es antiarquitectónica y ese no es el punto.

Volviendo a Bogotá, si uno piensa en las 3 bibliotecas que se mostraron en La Cordería, son edificios bellísimos, que se pueden encontrar en cualquier revista de arquitectura. Los edificios de Salmona son de altísima calidad. Además de ser excepcionales, estos edificios sirven una función social real que eleva la calidad de vida.

No creo que mi exhibición esté buscando los elementos que cambian la imagen de la ciudad porque esto implicaría disociar la imagen del ADN social de una ciudad. Hay una foto importante de Bogotá, de la que he oído hablar a Enrique Peñalosa con una sonrisa en la cara, que muestra una cicloruta muy bonita, pavimentada, con niños y bicicletas y tiene al lado una calle de barro sin pavimentar, con un carro. Este es un postulado poderoso que da prioridad a los peatones y bicicletas por encima del automóvil, lo cual es deseable tanto en el tercer mundo como en países en proceso de transformación.

A Bogotá se le ha otorgado un premio no como a un pabellón, ni como a una exhibición sino como a la mejor ciudad porque tiene elementos ejemplarizantes. Desearía que ciudades como Mumbai o Johanesburgo o varias de las ciudades orientales pudieran aprender estas lecciones verdaderamente simples que tienen un impacto dramático en la calidad de vida. Así que esta exhibición tiene que ver con la imagen de la ciudad de una manera diferente a la concebida normalmente.

¿Cómo puede el futuro urbano ser mejor? ¿Haría recomendaciones estandarizadas sobre temas que puedan ser aplicadas a cualquier ciudad del mundo, o el contexto es relevante, o ambos?

Hoy 2007, el 50 por ciento de la población mundial vive en ciudades. Hace cien años, el porcentaje era del 10 por ciento y en los próximos 20 a 30 años será del 75.

Ciudades como Bogotá o Sao Paulo están enfrentando las mismas presiones y respondiendo a los mismos flujos de cambio que ciudades en África o Asia. Estas son tendencias trasnacionales globales: el movimiento del campo a la ciudad que en Colombia es muy dramático y ocurre por razones diferentes a las económicas. El cambio mayor se está dando porque la gente gana más vendiendo patitos de hule o cigarrillos en un semáforo que cultivando; un ejemplo simple, pero real. A pesar de que las tendencias sean globales su impacto no debe ser necesariamente homogenizante y esto lo logra el arquitecto.

Pensando en futuro, hay 3 temas principales que pensar, lo que no significa que estemos hablando de una tipología de ciudad futura en absoluto: inclusión y espacio publico, transporte publico y justicia social, desarrollo sostenible y densidad.

¿Cómo lograr que las diferencias coexistan para que la ciudad pueda vivir de acuerdo a lo que es su gran ‘ethos’, es decir, su potencial democrático?

El papel del espacio público es crucial como el lugar donde los que son diferentes puedan celebrar su diferencias. Bogotá provee un modelo no solamente en los barrios y las nuevas áreas sino en el corazón de la ciudad vieja como la Plaza de San Victorino y el parque del Tercer Milenio.

La proximidad con otros no necesariamente implica confrontación o peligro y ese es un tema esencial. Sobre transporte público y justicia social, existe la tendencia de celebrar el incremento de poder adquisitivo comprando un carro. Esto en Asia es particularmente dramático, pero también en Sao Pablo, ¡donde hay mil carros nuevos por día!

En algunas de las ciudades que estudie, por lo contrario, como Tokio, Nueva York, o Londres, la tercera parte de la población usa transporte público permanentemente. ¡En el centro de Londres, la zona más rica de la ciudad, el 98 por ciento de la población usa transporte público y el salario promedio es de un millón de libras al año! Quiere decir que los que usan transporte publico se toman la molestia porque saben que van la zona de mayor concentración.

Bogotá tiene una dimensión diferente y es importante lo que los alcaldes han logrado con Transmilenio y el sistema integrado de ciclorutas reduciendo el tiempo de transporte diario en un 32 por ciento. Por último el aspecto ambiental y ecológico. En la medida en que la forma de la ciudad es más densa es más eficiente y hay que pensar en controlar la expansión urbana horizontal. No estoy hablando de crear ciudades altas, Barcelona, Londres, son ciudades que tienen de 6 a 7 pisos de altura, pero poseen una densidad que en términos de servicios las hace más eficientes simplemente porque son más compactas.

Ahora que tenemos esta ciudad renovada en términos de espacio público etc. ¿cómo podremos mantener y mejorar la calidad de las intervenciones obtenida hasta el momento? ¿Cuál piensa que sería el papel del capital privado en mantenimiento y creación de nuevos proyectos?

Lo importante es invertir pequeñas cantidades todo el tiempo en mantenimiento. Es muy importante. Dejar que los proyectos se desvaloricen es un gran error; y pensaría que después de la visibilidad alcanzada por los proyectos de Peñalosa, gastar pequeñas cantidades en mantenimiento constante es absolutamente central.

Toma muy poco tiempo que la calidad de los proyectos se deteriore, dejan de verse nuevos y la reacción de la gente al usarlos cambia significativamente.

La inversión privada tiene un enorme potencial pero de acuerdo con las reglas del sector público. La experiencia de Bogotá ha sido clara en saber cuándo el sector público pone las reglas y los límites. Se pueden nombrar algunos ejemplos de participación pública-privada exitosa.

‘Park Avenue’ en Nueva York es realmente un proyecto de propiedad raíz. Fue desarrollado por las Autoridades Ferroviarias que vendieron la tierra de la superficie para crear uno de los mejores sistemas suburbanos ferroviarios del mundo, debajo. ¿Estuvo bien hacer esto? Absolutamente sí.

Por Adriana Cobo
Londres

Cobo es arquitecta y trabaja como profesora de la escuela de arquitectura y construcción de la Universidad de Greenwich.

Anuncios