Noticias de Arquitectura


Pepino, supositorio y berbiquí
febrero 15, 2009, 7:18 pm
Filed under: Bohigas, Pais

ORIOL BOHIGAS 12/11/2008

Hace pocos días Narcís Comadira publicaba en este diario un artículo titulado Formes. En él insistía en denunciar la anomalía del frenesí formal de las arquitecturas recientes, sobre todo las que aparecen como monumentos de una nueva modernidad consumista, es decir, al servicio de los exabruptos de la publicidad, la moda y las convenciones mediáticas. Comadira, concretamente, se extrañaba de que muchos arquitectos proyecten hoy a partir de formas que provienen de otros campos productivos, olvidando que la arquitectura ha trabajado siempre con las que resultan de su propia especialidad, de su propio lenguaje, sometidas a una fecunda dialéctica con las realidades de la función, la construcción, el ámbito urbano o paisajístico, el contenido social de su entorno. Comadira dice textualmente: “Per què els edificis han de tenir una forma referencial a qualsevol objecte aliè a l’arquitectura? (…). Forma de cogombre, forma de supositori, forma de filaberquí, forma de vela, forma d’ull (…). Ja no confien, els arquitectes, en l’arquitectura, que s’hagin de passar a aquest híbrid entre l’escultura, el circ i l’escenografia fora d’escala?”. La crítica de Comadira se puede generalizar y no limitarla a la adopción de formas predeterminadas, ajenas a la arquitectura y su lenguaje, sino ampliarla hasta un fenómeno más esencial: la forzada autonomía de la forma externa -la epidermis- para convertirla en un simple grito publicitario. La expresión de la arquitectura se acumula, simplemente, en una desorbitada piel anuncio, insolidaria con el contenido y con el entorno.

Esto, evidentemente, no implica una crítica indiscriminada a la innovación formal y conceptual indispensable para la continuidad de los procesos de transformación cultural, e incluso para la renovación estilística. No siempre esas formas nuevas, aparentemente discordantes, son ajenas al método y el lenguaje de la arquitectura. En las obras auténticamente revolucionarias, innovadoras, abiertas a un futuro cierto y productivo, la forma -volumen, espacio, epidermis, itinerarios- se explica por un proceso racional de los propios puntos de partida de la disciplina. Y son esos los cambios que realmente acabarán marcando los definitivos ritmos de innovación, aunque quizá sea difícil adivinar qué obras están en la línea eficaz y cuáles en la trampa publicitaria y en la moda deleznable.

Por fortuna, precisamente estos días está abierta en el FAD una exposición -dentro del ciclo conmemorativo del 50º aniversario de los Premios FAD- que es una magnífica muestra de los procesos de investigación formal en la obra del arquitecto José Llinás, unos procesos que parten siempre del análisis de las diversas realidades con una voluntad de servicio y a la vez de innovación en términos funcionales, constructivos y ciudadanos, siempre bajo una apuesta cultural preeminente. A Llinás no le hace falta recurrir a la forma del pepino, del supositorio o del berbiquí porque no servirían para su cometido y porque tiene ideas muy claras sobre cuál es el lenguaje propio de la arquitectura y, consecuentemente, de la ciudad. Sin necesidad de estos subterfugios, alcanza expresiones formales que marcan nuevas líneas de investigación claramente arquitectónica.

Una sucesión de maquetas de estudio explican el proceso de creación y la voluntad de innovar sin salirse de las premisas y los métodos arquitectónicos. No hay nunca -como en otros arquitectos de su generación- la búsqueda de la forma a partir de un azar, ni siquiera de un objet trouvé, ni de un recuerdo, ni de una tentación escultórica o pictórica. En Llinás se alcanzan las innovaciones formales por un proceso muy parecido al del racionalismo pleno del Movimiento Moderno, aunque ya totalmente desprendido de los manierismos tan evidentes entre los dos extremos, el minimalismo geométrico por un lado y el barroquismo estructural por otro. Las dos bibliotecas de Barcelona -la de Gràcia y la de la plaza de Lesseps- y el reciente Instituto de Microcirugía Ocular son ejemplos radicales de todo ello, unos ejemplos que hay que estudiar a fondo y proclamarlos como antídotos de la barbarie especulativa de los iconos publicitarios. Por eso es de lamentar que una exposición tan bien razonada tenga un tono demasiado críptico. No sólo no está suficientemente anunciada y publicitada, sino que el propio montaje tiene un carácter a la vez intimista y utilitario de escasa capacidad comunicativa. Llinás es un valor insigne en nuestra arquitectura, pero además es un ejemplo de honestidad metodológica que conviene divulgar para compensar los errores de aquella arquitectura que denunciaba Comadira.

Una última observación. A los ejemplos ofrecidos por Comadira en el panorama local e internacional, habría que añadir la terrible degeneración del diseño de objetos y utensilios, sobre todo los destinados a usos más cotidianos, en los cuales el giro de las modas decorativas ha eliminado ya las esencias transformadoras que hace años atribuíamos al diseño. El nuevo interiorismo del lujo moderno ha alcanzado niveles vergonzosos. Estamos volviendo a un falso estilo isabelismo -segundo imperio victoriano- más degradado que los revivals y el kitsch de la década de 1940, aunque ahora se presente con la pretensión de una nueva libertad y la exaltación de una creatividad que no es más que una muestra de incultura; la incultura y la escasa honestidad de esos diseñadores que alimentan un mercado que se sustenta en la vulgaridad del capricho y del pobre lujo impotente.

Oriol Bohigas es arquitecto.

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El español Bohigas alerta en Caracas sobre la posibilidad de que la arquitectura desaparezca
octubre 4, 2008, 4:02 pm
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EFE
Actualizado 03-10-2008 03:08 CET

Caracas.-  El arquitecto español Oriol Bohigas alertó hoy en Caracas sobre la crisis de las ciudades y la inminente posibilidad de que la arquitectura desaparezca, al no entenderse ya como un concepto al servicio de los ciudadanos.

(EFE)

Bohigas no ve el momento de jubilarse porque, según aseguró, la “arquitectura es una profesión en la que se hace muy difícil dejar de trabajar”.

“Estamos viviendo un momento de crisis de la ciudad tradicional (…) las ciudades no pueden ser, la arquitectura no quiere ser, y los arquitectos no lo son”, expuso Bohigas (Barcelona, 1925) en una entrevista con Efe.

Bohigas justificó dicha crisis en el hecho de que “la ciudad está perdiendo sus características tradicionales como ciudad funcional, accesible”.

“Desde un punto de vista formal, se está convirtiendo en un lugar de residencia y de trabajo. Se está perdiendo la esencia de ciudad”, aseguró.

El arquitecto se mostró partidario de la necesidad de “entender” la ciudad, y de la posibilidad de “utilizar las plazas o los jardines” para solucionar el problema actual de diseño, puesto que “las ciudades van creciendo sin tener en cuenta la continuidad” dentro de ella misma, añadió.

El arquitecto catalán, artífice de la transformación radical que vivió Barcelona con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, se encuentra en la capital venezolana para participar en dos conferencias acerca del papel que juegan los arquitectos en el actual diseño de las ciudades.

“Los arquitectos acabaremos desapareciendo”, ya que cada vez es más difícil “ayudar a formar el espacio público al servicio de la comunidad”, advirtió Bohigas, al tiempo que se lamentó de que la arquitectura sea hoy en día un “espectáculo” al servicio de una idea “comercial y especulativa”.

“El arquitecto es un personaje secundario, en vez de ser el ideólogo que da personalidad y buen pensamiento a la arquitectura. Cada vez se le aparta más de las líneas de producción”, manifestó.

A sus 82 años, Bohigas se mantiene en activo y destila un ordenado pensamiento, fruto de la multitud de proyectos que ha encabezado en diversos lugares del mundo, incluidos la construcción de un hotel en Puerto Vallarta (México), o del Centro Cultural Parque de España en Rosario (Argentina), dentro del ámbito latinoamericano.

Además, habló con ilusión de sus proyectos futuros, como la construcción de una nueva estación de ferrocarril en Parma (Italia), con la que pretende “que el tren deje de ser una barrera que separa la ciudad”.

Bohigas no ve el momento de jubilarse porque, según aseguró, la “arquitectura es una profesión en la que se hace muy difícil dejar de trabajar”.

“No lo digo desde un punto de vista sentimental, sino desde un punto de vista organizativo”, precisó, al explicar que si “una obra dura 10 años” el plazo temporal que requieren sus proyectos no le permitió dejar la dirección de su despacho, formado por unos 50 arquitectos.

La arquitectura de Bohigas pretende “resolver problemas” derivados de la complejidad urbana, con proyectos puntuales que permitan “pensar la ciudad a trozos”, antes que diseñarla a partir de “planes generales y abstractos que al final no dicen mucho”.

El ejemplo de esta idea se esconde detrás de la construcción de la Villa Olímpica de Barcelona, que gracias a la eliminación de las vías del ferrocarril, el soterramiento de vías de comunicación o la eliminación de antiguas fábricas, permitió a la capital catalana “abrirse al mar”.

Entre los numerosos galardones conseguidos a lo largo de su dilatada carrera profesional destaca el Premio Nacional de Arquitectura 2006, otorgado por el Gobierno español, en reconocimiento a la formación de una cultura arquitectónica y urbanística en el país.

Además es miembro de distintas instituciones, como el Colegio de Arquitectos de Venezuela o el Real Instituto de Arquitectos Británicos, y ha impartido cursos en diversas universidades e institutos de Europa y América.

En el ámbito político, Bohigas ha estado estrechamente vinculado con el ayuntamiento de Barcelona, del que fue consejero urbanístico y más tarde concejal de Cultura con el Partido Socialista de Cataluña (PSC-PSOE).



El ejemplo de la Casa Bloc
octubre 2, 2008, 4:04 am
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ORIOL BOHIGAS 01/10/2008

Si a menudo hablamos y escribimos protestando de la degradación o incluso la desaparición de algunas piezas de arquitectura ejemplares, es bueno que señalemos también los esfuerzos y los aciertos -cuando los haya- dedicados a su conservación y recuperación. Sobre todo cuando nos referimos a arquitecturas modernas que no tienen la aureola protectora de la antigüedad ya venerable. Hoy, por ejemplo, podemos celebrar la última etapa de restauración del ámbito urbano de la Casa Bloc de Sant Andreu, el conjunto residencial construido justo antes de la Guerra Civil por el Comisariado de la Casa Obrera de la Generalitat, según un proyecto de los arquitectos del GATCPAC que fue la formulación programática de la política de vivienda de la autonomía republicana y, al mismo tiempo, una proclama a favor de la nueva arquitectura. Pero, por desgracia, la Casa Bloc no fue sólo la expresión de esas ilusiones y esos logros iniciales, sino también la muestra casi emblemática de las injurias del franquismo: los obreros catalanes a los que iba destinado el edificio tuvieron que ceder sus viviendas a los militares y policías españoles, la arquitectura social progresista fue prohibida y sustituida por la vulgaridad especulativa, y la Casa Bloc y su entorno urbano fueron mutilados gravemente. Hemos tardado -¿o tardaremos?- muchos años en recuperar una política de vivienda popular que, por las ideas y los programas más que por la cantidad, naturalmente, supere la de aquellos años cortos pero densos de la República.

La degradación de la Casa Bloc ha afectado a muchos aspectos: la simple conservación arquitectónica, abandonada durante años; la supresión de espacios y servicios públicos; la modificación incontrolada de las tipologías, y al final, la construcción de un nuevo bloque -el “bloque fantasma”, como le suelen llamar- en un espacio que había sido verde, mutilando el concepto urbanístico del conjunto, planteado como una experiencia -casi un modelo- para operaciones urbanas futuras de mayor dimensión. La articulación en Z de toda la edificación, que provenía de las ideas de Le Corbusier y los racionalistas de la ciudad funcional, quedó casi sustituida por una sucesión de bloques lineales -armarios-dormitorio- como la de cualquier polígono de viviendas franquistas de la época. Primero, pues, se desmoronaron las viviendas y, al final, la urbanización del entorno. En conjunto, todo el contenido social y cultural.

Las obras de rehabilitación de las viviendas empezaron en 1997 gracias a un convenio del Incasol de la Generalitat con la Diputación y el Ayuntamiento de Barcelona. Recientemente, el pasado mes de julio, empezó el derribo del “bloque fantasma” después de una larga operación del Incasol que empezó con la recuperación de la titularidad del edificio por parte de la Generalitat y acabó con la recolocación de los usuarios. Esperamos que ese derribo se complementará enseguida con la remodelación del espacio público que habrá quedado libre. Es decir, se trata de la recuperación de una de las pocas experiencias ligadas a los intentos del tan citado como olvidado Plan Macià de Barcelona, redactado por el GATCPAC con la supervisión de Le Corbusier, que también falleció con la Guerra Civil.

Aunque han pasado los años y las circunstancias han cambiado, no sólo cualitativamente, sino sobre todo cuantitativamente, todavía podemos recoger unas lecciones de la experiencia de la Casa Bloc, aunque al final se frustraran. El aspecto más importante era, seguramente, la voluntad no sólo de ofrecer vivienda económica y asequible, sino de sugerir unas nuevas formas de convivencia y de identidad colectiva que, al mismo tiempo, se construían con una nueva racionalidad y se formalizaban según un urbanismo innovador, según un nuevo concepto de ciudad. Es sorprendente ver la cantidad de propuestas nuevas que el proyecto incluye. La disposición en dúplex, el acceso por pasillos comunitarios, la concentración de servicios y su relación con el verde público, las dimensiones, el sistema constructivo eran novedades que, seguramente, no estaban previstas ni en el hábito de los promotores ni siquiera en las normativas vigentes. Novedades que luego se han impuesto por sí solas cuando ya el público y las administraciones las han consensuado por el uso, aunque a menudo sin entender sus bases conceptuales, ciertamente revolucionarias.

Hace unos meses el tema de la vivienda asequible era casi el tema político preeminente. Ahora, inexplicablemente, lo es menos porque la crisis financiera lo ha desplazado e incluso ha intentado disminuir su gravedad social. Pero habrá que volver a él, con el debido bagaje de la investigación y las propuestas programáticas. ¿Lograremos que los nuevos barrios sirvan para reconsiderar la normativa y proponer soluciones más allá de la respuesta económica de los mismos especulativos? ¿Lograremos que sean modelos como hubiera sido la Casa Bloc? De momento sólo tengo noticia de que el FAD está planteando un barrio experimental en el área metropolitana de Barcelona con la intención de promover modelos para una nueva etapa en nuestra política de vivienda. Puede ser una operación fundamental. Espero que sea un éxito y que, en segundo término, se aproveche como un homenaje a los arquitectos del GATCPAC y a los políticos republicanos, como precedente más importante en el esfuerzo por racionalizar, transformar y servir a la sociedad con la reconstitución de la ciudad.

Oriol Bohigas es arquitecto.



La Solana del Mar y La Ricarda
septiembre 21, 2008, 4:32 am
Filed under: Bohigas, Pais

ORIOL BOHIGAS 17/09/2008

Han llegado hasta aquí persistentes rumores de una protesta colectiva contra la degradación y la destrucción parcial de uno de los edificios más significativos de la arquitectura moderna en Uruguay y seguramente en toda la América Latina: La Solana del Mar, en Punta Ballena, obra del catalán Antoni Bonet (1913-1989).

Josep Lluís Sert y Antoni Bonet fueron, en dos etapas muy próximas y consecutivas, los mejores representantes en España del Movimiento Moderno, los arquitectos con mayor cultura internacional y con una sensibilidad extraordinaria que les permitió elaborar la evolución de los iniciales dogmas racionalistas hacia la reintegración crítica de las realidades locales, las tradiciones constructivas y el complejo identitario del genius loci, en lucha contra el amaneramiento del International Style. Los dos sufrieron el exilio después de la Guerra Civil y desarrollaron su obra en América hasta que retornaron a Cataluña, donde pudieron volver a trabajar, con intervalos sucesivos pero con obras significativas y sin duda muy valiosas.

Una de las obras que catapultaron a Bonet al prestigio internacional fue, precisamente, la urbanización de Punta Ballena, construida en los años cuarenta en un paraje todavía inmaculado de una belleza sorprendente. En los últimos años esa belleza natural ha sido gravemente mutilada por la especulación turística adocenada y abusiva. A pesar de ello, el conjunto de la urbanización, las viviendas privadas proyectadas por Bonet y el centro social de la colonia -la Solana del Mar- han mantenido su presencia activa, si no en el nivel de uso que prometían, por lo menos como testimonio de una aventura cultural en el paisaje y en la forma de vida. Parece, no obstante, que la degradación y la ausencia de una protección oficial están afectando al conjunto, sobre todo al edificio central, de carácter más comunitario y, en cierta manera, más representativo.

Desgraciadamente, la obra de los arquitectos hay que juzgarla teniendo en cuenta el complicado itinerario de fracasos y encargos interrumpidos. Los dos proyectos urbanísticos más ambiciosos de Bonet fueron el Plan de Buenos Aires de la época de Perón y el Plan de la Ribera en Barcelona de la época de Porcioles. Ninguno de los dos llegó a realizarse a pesar de los buenos apoyos políticos y económicos, y del interés programático de las propuestas. En ambos estableció una nueva fidelidad a los principios del urbanismo racionalista o funcional, condicionados, no obstante, a un inicial realismo estructural y estético, por lo cual pueden todavía citarse como testigos de un momento crucial en la evolución de los nuevos asentamientos urbanos y en la rehabilitación de los antiguos, adictos a la esencia del lecorbusierismo, pero tendentes al reconocimiento de una urbanidad más consensuada.

Esa misma actitud -con las variantes impuestas por el tema- se descubre también en las diversas viviendas unifamiliares que Bonet construyó en Cataluña. Entre ellas, las más representativas son la Casa Gomis, en La Ricarda, junto al aeropuerto de El Prat, y la Casa Cruïlles, en una playa de Aiguablava, dos obras maestras indiscutibles, adaptadas a las exigencias del paisaje, definidas con racionalidad geométrica, construidas con sistemas de bóvedas según tradiciones locales, enmarcadas en un lenguaje a la vez radicalmente innovador y pudorosamente tradicional. A la torre de la plaza de Urquinaona -una de las mejores obras de la época incierta de los “edificios singulares”- podrían aplicarse los mismos adjetivos.

La maravillosa casa de La Ricarda, ante los cambios del aeropuerto y la proximidad de las nuevas pistas, las normativas de la costa y la depauperación ambiental, ha dejado de funcionar como una vivienda unifamiliar estable, pero se mantiene con dificultades como un modelo paradigmático. El profesor Jordi Garcés inicia cada año su curso en la Escuela de Arquitectura acompañando a todos sus alumnos a visitar esa casa y a analizar los parámetros estilísticos y metodológicos que pueden ser todavía el sustento de un programa pedagógico. Es un monumento, por tanto, que hay que conservar y potenciar con inteligencia y con sentido de la historia. Y en este caso la conservación pasa ineludiblemente por destinarle un uso más colectivo -más histórico- que supere los residuos de una vivienda familiar, hoy día ya prácticamente imposible. Sé que ha habido gestiones con la Generalitat, el Ayuntamiento de El Prat, la Universidad Politécnica y el Colegio de Arquitectos para definir y promover institucionalmente esos nuevos usos, sin resultados positivos. Parece que la propiedad está dispuesta a colaborar y, de momento, mantiene la estabilidad y el valor paisajístico de esa joya de la arquitectura. Pero no es suficiente: el único camino eficaz para mantener un monumento que ha perdido su uso es aplicarle otra función adecuada y compatible.

Evidentemente, tenemos que sumarnos a la llamada colectiva en defensa de La Solana del Mar y de todo el conjunto de Punta Ballena, pero en paralelo tendríamos que preocuparnos fundamentalmente de La Ricarda y, en segundo término, de otras obras de Bonet construidas en Cataluña que pueden estar en peligro de decadencia e incluso de ruina. Casi siempre la solución será encontrar nuevos usos a las edificaciones que se han convertido parcialmente en obsoletas, porque, sin un contenido adecuado, la arquitectura se momifica y acaba en una extemporánea y difícil pieza de museo insostenible o en una ruina ni siquiera aureolada por un contexto romántico.

Oriol Bohigas es arquitecto



Guía de integración paisajística
abril 27, 2008, 6:53 pm
Filed under: Bohigas, Pais, Paisajismo

ORIOL BOHIGAS 16/04/2008

Entre los desastres urbanísticos que crean desequilibrios económicos y sociales y déficit físicos muy graves, no hay que olvidar aquellos que destruyen la corrección y el buen uso del paisaje, incluso en términos estéticos. La edificación abusiva y descontrolada en un frente marítimo o en la periferia de un núcleo urbano, la acumulación de servicios residuales abandonados en un escenario agrario, la mala arquitectura, las redes mal trazadas son problemas importantes para el buen uso colectivo del territorio y para el control de su rendimiento social. Pero, además, tienen una carga visual inmediata, con graves consecuencias en el comportamiento del ciudadano que acaba asimilando el fatalismo del desastre y lo aplica, al fin, a muchas otras tolerancias todavía más nocivas.

Entre los diversos espectáculos de incivilidad visual, estos últimos años está tomando importancia la presencia de los polígonos industriales que nacen en la periferia de las ciudades y en los grandes cruces viarios con un desorden patético, extremando la suburbialización de todo el territorio. No negamos, ni mucho menos, la necesidad de ofrecer espacio suficiente y ampliamente adecuado a las instalaciones productivas y comerciales, indispensables para el crecimiento económico. Pero este espacio se puede lograr sin destruir el paisaje y sin incivilizar la periferia de las ciudades. Y puede ser un nuevo sector activo y participativo si se plantean correctamente los usos, se estudia la ubicación, se exige un orden arquitectónico y se limitan las posibles extroversiones antiurbanas. Es decir, si se exige un respeto al paisaje y a la ciudad en sus respectivas idiosincrasias no sólo en términos funcionales, sino en la pulcritud de sus imágenes.

El Departamento de Política Territorial y Obras Públicas de la Generalitat acaba de dar un paso importante con la publicación de una Guia d’integració paisatgística, especialmente dedicada a los polígonos industriales. Es una aportación innovadora porque no impone más instrumentos urbanísticos ni normativas contundentes, como ha sido habitual en las deslavazadas políticas de control urbanístico. Se trata, simplemente, de ofrecer reflexiones previas que pueden influir en las decisiones definitivas para programar, construir y mantener un polígono industrial que no sea un desperfecto paisajístico y un cáncer urbano irreparables. Es un conjunto de advertencias a los ayuntamientos y otras administraciones locales que tener en cuenta en el momento de aprobar un área productiva en el propio territorio. El texto abarca consideraciones generales, especialmente en los temas de ubicación, unidad morfológica y racionalidad de usos, pero también observaciones de detalle como la definición formal de la parcela, el valor representativo de la vialidad y la vegetación, los filtros visuales, la calidad de la arquitectura y del mobiliario urbano, la publicidad, el patrimonio existente, el carácter y la topografía del paisaje, etcétera. Todo ello se ordena con un análisis de los problemas advertidos en cada asunto, seguido de una serie de consideraciones para cada uno de ellos, sin dar normas absolutas, sino señalando caminos para la particularidad de cada experiencia.

Todas estas consideraciones mantienen una evidente coherencia porque parten del reconocimiento de criterios urbanísticos generales. Las recomendaciones llevan implícitos algunos principios que hay que considerar, pues, asimilados ya por la Administración. Y esto es una buena noticia. Un primer punto de partida indiscutido parece ser la lucha contra la incontinencia urbana: no hay que ceder ni el paisaje ni la ciudad a la suburbialización, y los diversos usos -incluido el industrial- pueden y deben adscribirse a los dos ámbitos sin contaminarlos. El segundo es la aceptación de un proceso discursivo y no dogmático en la planificación: no se trata de establecer modelos secos e inmóviles, fruto de una normativa abstracta, irreal, impositiva, sin particularidades, sino de crear tendencias y criterios cuyo valor no está en la norma, sino en la dialéctica. Otro principio que parece indiscutido es la valoración de los aspectos visuales en los nuevos asentamientos, como consecuencia no sólo de consideraciones estrictamente estéticas, sino de criterios fundamentales en cuanto a los valores de civilidad. Y, finalmente, la afirmación de que todo se resume en el poder del proyecto, en el buen proyecto urbano y en el buen proyecto arquitectónico más allá del simple control funcional y cuantitativo de los Planes Generales. Es muy positivo que nuestras autoridades urbanísticas den muestras de haber asimilado esos cuatro principios que pueden iniciar unos procesos proyectuales más eficaces que los métodos de planeamiento que han perdurado hasta hoy.

Quizá en esta guía falta una consideración previa: las malas consecuencias indirectas de los polígonos industriales según los usos que se les adjudiquen. Porque no todos los polígonos son auténticamente industriales: muchos son en buena parte comerciales, con una densidad y unas facilidades de uso que acaban desplazando el comercio de proximidad que habían ocupado -y deben volver a ocupar- las plantas bajas de las calles centrales de la ciudad. Antes de lograr las correcciones visuales de un nuevo polígono hay que saber si, con su sola existencia, se puede producir una grave descentralización de la vida colectiva y, por tanto, a la larga, una asfixia de la ciudad.

Pero en conjunto hay que felicitar a los promotores y redactores de esta guía fruto de las tareas de la Dirección General de Arquitectura y Paisaje que conduce Joan Ganyet. Y esperar que ese volumen dedicado a los polígonos se complemente con otros asuntos igualmente graves y frecuentes en la manipulación del paisaje y de la urbanidad.

Oriol Bohigas es arquitecto.



Bohigas recibe el Premio Nacional de Arquitectura por su didactismo
febrero 3, 2008, 5:21 pm
Filed under: Bohigas
  1. El jurado distingue la dedicación del profesional a formar “una cultura arquitectónica y urbanística”
  2. “Se ha perdido el entusiasmo creativo de los 80 que apoyaba la ciudadanía”, dice el premiado
ELISENDA PONS
La Vila Olímpica, el trabajo más apreciado del Bohigas urbanista. Foto: ELISENDA PONS
ELISENDA PONS
Oriol Bohigas, en el jardín romántico del Ateneu Barcelonès, entidad que preside. Foto: ELISENDA PONS
ELISENDA PONS
Maqueta del Centre del Disseny, en construcción en las Glòries. Foto: ELISENDA PONS

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ROSARIO FONTOVA
BARCELONA

El arquitecto, escritor y agitador cultural barcelonés Oriol Bohigas, de 83 años, fue ayer galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura. El jurado, presidido por la ministra de la Vivienda, Carme Chacón, le ha distinguido “como reconocimiento a su dedicación a la formación de una cultura arquitectónica y urbanística en España”.
Bohigas ha sido un puntual y exigente propagandista de la arquitectura desde distintos ámbitos. Como historiador, con sus imprescindibles Arquitectura modernista o Arquitectura española de la II República. Su último libro, Incontinencia urbana, resume su teoría sobre la expansión de las ciudades. Cumplió su ciclo como urbanista — le dio la vuelta a Barcelona con motivo de los Juegos Olímpicos del 92– y delegado de Cultura en el Ayuntamiento de Barcelona. En la Escuela de Arquitectura ejerció de maestro de los lápices de oro que forjaron el modelo Barcelona y ahora trata de revitalizar el vetusto Ateneu. Como arquitecto, extendía ayer los parabienes del premio al estudio MBM (Martorell, Bohigas, Mackay), ampliado con Capdevila y Gual, con quienes firma el gran Centre del Disseny en la plaza de les Glòries, previsto para el 2011.

LA VILA OLÍMPICA
De su extenso curriculo como urbanista destacó “la estructura urbana de la Vila Olímpica, que resolvió la comunicación de Barcelona con el mar, creó un nuevo barrio y ofreció una arquitectura variada pero coherente”. Entre lo bueno que ha atesorado Barcelona subrayó Bohigas “la gran cantidad de equipamientos que no tenía, de museos a bibliotecas, y que la sitúan en una cierta estabilidad bastante eficaz”. Y como apunte negativo: “Se ha perdido el entusiasmo creativo de los 70, los 80 y los primeros 90 cuando toda la ciudad bullía con los nuevos equipamientos, escuelas y CAP. Esas acciones eran conllevadas unánimemente por toda la ciudadanía. Ahora veo a la ciudadanía más distanciada de la política local y cultural”.
En su lista profesional de proyectos hay pocos fracasos. Los únicos, de carácter urbanístico, se deben a los vaivenes de la política “cuando cambian al alcalde y tu proyecto se queda colgado en el aire”.



El provocador Bohigas gana el Nacional de Arquitectura
febrero 2, 2008, 5:10 pm
Filed under: Bohigas, Pais

Sebastiá Jornet obtiene el Premio de Urbanismo

ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid – 02/02/2008

Algo así como la coronación de un pope. El último Premio Nacional de Arquitectura marca un nuevo derrotero en unos galardones jóvenes, concedidos por el Ministerio de la Vivienda, que ya habían reconocido la labor de la primera arquitecta titulada en España, Matilde Ucelay, y la del más galáctico entre los españoles, el valenciano Santiago Calatrava. Oriol Bohigas (Barcelona, 1925) es una figura en la arquitectura española, en la cultura catalana y en el pensamiento arquitectónico.

Polémico y político, la manera de actuar de Bohigas ha sido siempre dar dos pasos adelante y uno atrás. Así, suya fue la voluntad de levantar las famosas plazas duras que sembraron de cemento el plano de Barcelona durante los ochenta. Las plazas mayores actualizadas se convirtieron en un modelo arquitectónico y en un encendido motivo de protesta vecinal. Oriol Bohigas también está detrás de la apertura de la Ciudad Condal al mar, una recuperación del frente marítimo que culminó con la construcción de la Villa Olímpica (en 1992, un suburbio; hoy, un nuevo centro urbano).

Como arquitecto, también ha tenido, y a sus 82 años continúa teniendo, una doble vertiente. De un lado hizo de puente para que muchos arquitectos nacionales conocieran lo que se hacía fuera, sobre todo en Italia. De otro, exportó el “modelo Barcelona” a diversas ciudades del mundo: de Yokohama a Río de Janeiro. Experimentó siempre sobre una misma idea: la recuperación del espacio público para el disfrute de los ciudadanos.

Con sus socios de más de media vida, Josep Martorell y David Mackay, Bohigas levantó viviendas, como las de la Meridiana (1959) -en las que entraba la luz pero no el ruido de la autopista-, las pioneras de la calle Escorial (1967) -que ensayaban cómo vivir holgadamente en un triplex sin desperdiciar espacio en pasillos y manteniendo la intimidad-, o las de la Bonanova (1970), en las que barajaba la posibilidad de formas de vida muy diversas en un bloque común. Su escuela Thau (1972) convirtió un desnivel en un anfiteatro, uno de sus espacios públicos.

Sus últimos trabajos urbanísticos lo han llevado a viajar lejos. Y los arquitectónicos, a elegir en ocasiones discutibles recursos posmodernos, como en la fachada de El Corte Inglés de la barcelonesa calle Fontanella. Es poco habitual que un arquitecto prolífico compagine su tarea con la dirección de la Escuela de Arquitectura, la Concejalía de Cultura de su Ayuntamiento o la presidencia de una editorial (Edicions 62), cargo que ostentó durante 24 años. Pero aun así, Oriol Bohigas nunca ha parecido un hombre cansado. Todo lo contrario. Como profesor, y modelo, ha sido para muchos arquitectos barceloneses el padre a matar. Deslenguado y provocador, hoy sigue vistiendo calcetines rojos y escribiendo en contra y a favor de las cosas. Sin medias tintas. Un premio más que merecido por un gigante de la arquitectura en toda su complejidad, que es mucha. Ni el mejor arquitecto de España ni el político más prudente, un tipo vehemente y apasionado con una idea progresista de ciudad para compartir.

Acompañan al galardón a la trayectoria de Bohigas el Premio Nacional de Urbanismo que Sebastiá Jornet obtiene por la transformación urbanística del Barrio de la Mina, en Barcelona; el Premio Calidad de la Vivienda de Promoción Pública que Jaume Coll y Judith Leclerc han logrado por sus viviendas en la barcelonesa calle Londres de Barcelona, y el de Calidad de la Vivienda de Promoción Privada, que Jerónimo Junquera y Liliana Obal han recibido por su edificio Panorama en Madrid.