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Una caja para el juego de la luz y de los significados
junio 14, 2007, 1:56 pm
Filed under: Clarin, De la Hoz

PROYECTO INTERNACIONAL: CAMARA DE COMERCIO DE MADRID

Rafael de La-Hoz utiliza la metáfora de una cámara fotográfica para darle vida a su última obra.

porMIGUEL JURADO.
mjurado@clarin.com

La arquitectura construye ideas y a veces también significados”, sostiene Rafael de La-Hoz Castanys, diseñador de la nueva sede madrileña del Consejo Superior de las Cámaras de Comercio. Pero, para este autor de grandes obras, ese proyecto encarna un extremo poco explorado por la arquitectura actual: “construir sólo significados”.

Heredero, en tercera generación, de uno de los estudios más prestigiosos de España, De La-

Hoz Castanys dirige su oficina sin perder de vista la poética que le reclama su profesión. Para eso, en cada proyecto, este cordobés de 52 años juega con los conceptos y logra construir metáforas que toman forma en potentes composiciones abstractas. Para tener una idea de la dimensión de sus trabajos y de su apuesta profesional, basta ver uno de sus últimos y más importantes proyectos: el Distrito C de Telefónica, 16 edificios y 400 mil metros cuadrados (ver Diario de Arquitectura del 26-08-2006). Se trata de una conjunto en el que un cristal blanquecino opera como unificador, forma la llamativa doble piel que reviste los edificios. Además, un gran techo tapizado de captadores solares se extiende por todo el conjunto.

El nuevo edificio de las Cámaras de Comercio de Madrid no es menos emblemático de una forma de trabajo que no reniega de ningún estímulo para lograr una idea original. Se trata de un gran prisma puro con sólo tres aberturas por las que se pueden ver grandes volúmenes interiores realizados en distintos materiales, dos de ellos parecen levitar en el vacío interior. El volumen contenedor tiene la fuerza y simplicidad necesarias para generar una imagen emblemática desde la autopista vecina, donde la visión es fugaz y dinámica. Por su parte, visto desde el frente que da a la calle Paseo del Loire, el edificio no es menos contundente y se expresa como una gran entrada a escala urbana.

La fureza de una idea. Para explicar su proyecto (y la idea que le da vida) De La-Hoz vincula la palabra “cámara”, de la institución que le realizó el encargo después de un concurso, con un sitio de reunión y el aparato fotográfico. Compara el vocablo español con sus equivalentes alemán e inglés y llega a asociaciones asombrosas que son el disparador conceptual de su creación (ver El juego semántico en la pág. 12).

“Tal vez sería más correcto denominar al edificio como una caja, pues describe la existencia de un vacío interior, pero eso no explicaría con precisión el proceso”, afirma su autor y detalla una suerte de desarrollo conceptual del diseño. “Como hicieron otras tantas arquitecturas precedentes, en primer lugar dispusimos en el solar un plano horizontal, un zócalo pétreo, sobre el que depositamos un objeto, un bloque, una pieza. Dado el plano horizontal, se depositó primero un macizo puro y geométrico. Luego se oradó y se obtuvo un vacío. Pero no era espacio porque todavía no había luz”.

Para que entrara la luz, valor supremo en la arquitectura del madrileño, los proyectistas perforaron la caja con tres grandes aberturas que resultan, según sus autores, “como obturadores fotográficos”, lentes que miran al exterior, como en una cámara.

La luz también entra por el techo y baña los interiores con fuerza escenográfica. Una de las grandes aberturas da a la calle, otra al parque lateral y la tercera a la autopista. “No sólo se trata de mirar sino también de captar —afirma el autor—, o lo que es lo mismo trasladar al interior la luz impresionada del exterior”.

Detrás de cada uno de estos grandes ventanales se entreven unas cajas menores, una en el centro y dos que parecen levitar en el frente y el contrafrente, respectivamente.

Como en el juego de las muñequitas rusas, un objeto contiene a otro más chico. Cada una de estas cajas tiene una materialidad diferente que responde al exterior que se recorta en la ventana correspondiente. “La caja que mira a la autopista es cerrada y metálica. La que se revela con la imagen del parque es transparente y vítrea. Finalmente, la que observa la calle de acceso es traslúcida e ingrávida”, explica De La-Hoz.

A su vez, cada caja alberga una función diferente: la de vidrio, ubicada en el centro del volumen contenedor, aloja los servicios administrativos del Consejo y se vincula físicamente con las otras dos que son volúmenes suspendidos dentro del gran espacio. Ambas alojan la función de asamblea, de reunión y, siguiendo el pensamiento kahniano, actúan como espacios servidos por la caja administrativa que operaría de espacio sirviente.

“Cada caja, en su especificidad, es el resultado formal de la aspiración de construir los significados de reunirse y mirar, o lo que es lo mismo: hablar y captar. Un nuevo recurrente de arquitectura y semántica”, afirma De La-Hoz.

Deliberadamente, los autores del edificio renunciaron a cualquier otro tipo de apoyatura conceptual derivada de las condiciones del terreno, la particularidad del lugar o la lógica de la construcción. Para De La-Hoz y su equipo, el proyecto es una “caja-cámara” capaz de hacer compatibles los dos significados de la plabra cámara: lugar de reunión y aparato fotográfico. “No es la misma caja aquella que, conformada por la luz, permite el encuentro de personas, que la caja oscurecida que capta en su interior un fragmento instantáneo del exterior”, admiten. Pero, atados a su idea fuerza, afirman: “El proyecto se sustenta sobre este doble y ambiguo significado. De forma que al mismo tiempo pretende alojar y captar”.



"Temo que la tecnología llegue a suplantar a la arquitectura"
marzo 25, 2007, 5:42 pm
Filed under: De la Hoz, Entrevista, Pais, ZABALBEASCOA

ENTREVISTA: ARQUITECTURA Rafael de la Hoz
ANATXU ZABALBEASCOA 17/03/2007

Construye la nueva sede de Telefónica, Distrito C, en Madrid y, en la Bahía de Algeciras, las torres más altas de Andalucía. Su estudio de 65 personas trabaja en Polonia, Portugal, París y Dubai. Todo, desde el silencio, lejos del espectáculo.

Rafael de la Hoz (Córdoba, 1955) es el tercero de una familia de arquitectos. En siete años ha firmado algunos de los mayores proyectos nacionales. Ha comenzado a construir fuera y se ha convertido en un referente de la arquitectura corporativa nacional.

PREGUNTA. Ha firmado las sedes de Endesa, Vodafone, Repsol y ahora Telefónica. ¿La arquitectura que representa al poder puede también representar al arquitecto?

RESPUESTA. La arquitectura siempre representa al poder. Procuro, en todo lo que hago, una arquitectura silenciosa. Pero no me siento cohibido porque las necesidades y símbolos de una empresa se sobrepongan a la firma de un arquitecto.

P. ¿En tiempos de grandes gestos arquitectónicos cómo se convence a un cliente poderoso para hacer un edificio discreto?

R. Los que sólo estamos formados en la arquitectura no nos damos cuenta de que lo que para nosotros es importante a algunas grandes empresas no les parece tanto. Eso nos deja terreno para actuar con libertad. Requiere habilidad y esfuerzo. Pero a veces lo encontramos. Con todo, yo elijo poco.

P. Pero representa la arquitectura del mundo corporativo, la alta tecnología nacional.

R. Toda la historia de la arquitectura es una historia de la tecnología que tienes a mano. La española es relevante comparada con el Tercer Mundo. Pero un sarcasmo al lado de la de países más ricos, que a veces emplean tecnologías incluso excesivas. Me preocupa que la tecnología llegue a suplantar a la arquitectura.

P. En el año 1955, cuando la mayoría de los arquitectos españoles soñaba con viajar a Roma, su padre se fue a estudiar al MIT. ¿El gusto tecnológico le viene vía genética?

R. Hace poco le pregunté a mi madre por qué si todos los amigos, incluso su socio García de Paredes, elegían Roma, él se decidió por Estados Unidos. Me contestó que fue por el cine. En Córdoba las películas llevaban noticias de algo extraterrestre. Imagina ver imágenes de comidas precocinadas en una España con neveras de hielo. Mi padre era un gran matemático y en ese viaje dio un giro. Conoció a Eero Saarinen y le contó que su padre, Eliel Saarinen, no le había dejado dibujar hasta que se marchó de Cranbrook. Me lo decía cuando yo protestaba. Me pedía paciencia.

P. ¿Y la tuvo hasta el último día?

R. Todos los que hemos trabajado para un maestro coincidimos. Tú estás allí. Ellos, de viaje, en clase o visitando obras. Vas haciendo. Cuando vuelven no quieres que te lo tiren todo por tierra. Así que, en previsión, te pones en su piel a la hora de diseñar.

P. Cuando tomó las riendas del estudio, en el año 2000, comenzaron sus grandes proyectos.

R. Fue casual. Coincidió con un momento económico. Las cosas me suceden por casualidad. Por supuesto no decidí ser arquitecto. Nací con ello. No lo cuestioné nunca. Soy el chico mayor de ocho hermanos. A mí padre le hizo ilusión que yo continuara con la tradición familiar. Y eso era una cosa que en aquella época no se discutía. Por lo menos en mi entorno.

P. Pero hoy tiene proyectos en Polonia, en Portugal o en Dubai.

R. Internet está transformando el mundo. Nos invitaron a participar en concursos en Dubai. Allí todo el país pertenece a unas familias que encargan proyectos. Luego con las imágenes y los nombres salen al mundo a buscar inversores. Eso hace que haya mucha gente con proyectos en Dubai. Los habrá visto: de Zaha Hadid a Alejandro Zaera. Pero de todo eso se construye poco. En Portugal repensamos una zona del Algarve que había perdido el tren del turismo. En Polonia construimos una torre en los antiguos astilleros del sindicato Solidaridad en Gdansk. Y en París, nos propusieron desarrollar viviendas sociales. Cuando pregunté por qué me habían llamado, me dijeron que por el prestigio de la arquitectura española.

P. ¿Así, en general?

R. Sabemos de arquitectura en cualquier lugar. Creo que ese interés por lo que hacen los demás viene de los maestros que tuvimos en la escuela, que abandonaron sus carreras para volcarse en la enseñanza. Oiza, Carvajal, Antonio Fernández Alba, nos dedicaron todos los días de la semana. Hoy es impensable. De ellos aprendimos la teoría, como decía Moneo, no para aplicar a tu propia obra sino para comprender la de los demás.

P. ¿Cómo pueden abarcar proyectos ingentes, rehabilitaciones e interiorismo?

R. Nacer en Córdoba marca. Es una ciudad en la que casi todo lo que haces es rehabilitación. Y eso es una escuela. Se aprende comprendiendo la obra de los demás. Intervenir sobre una obra te permite descubrir al arquitecto. Ponerse en la cabeza de otro arquitecto produce emoción. Es una manera de vivir un pasado que si no te excluiría. Cuando entiendes afrontas la disyuntiva de cómo intervenir respetando pero sin caricaturizar. Además, no creo en la especialización. Me parece una traición a la esencia del compromiso de un arquitecto.

P. Construye en la bahía de Algeciras las torres más altas de Andalucía. ¿Cómo abordar un edificio en altura?

R. Ser el más alto dura cinco minutos. Los arquitectos, cuando nos reunimos, nos acordamos de los que eran brillantes en la escuela. Y casi todos han desaparecido. Tuvieron la mala suerte de agotarse. Y acabarse. Por eso yo me manejo bien en muchas opciones, para no agotarme. La práctica te da un conocimiento que te permite distribuir los esfuerzos. Ilusionarse y dedicar mucho esfuerzo a algo que tal vez no salga es un error porque termina por desmoralizar. En arquitectura hace falta distancia, frialdad y saber esperar el momento.

P. ¿Y eso es una naturaleza o se aprende?

R. Cuando empecé en Madrid no sabía nada. Llegaban encargos importantes y mi padre estaba en Córdoba. Yo debía atender todo tipo de peticiones y no había tenido oportunidad de aprender. Así es que me fui a Barcelona y estuve un tiempo llamando a la puerta de estudios. La angustia me hizo superar la timidez y preguntar a Oriol Bohigas, Ricardo Bofill y Óscar Tusquets cómo se llevaba un estudio. Mi padre no me lo había enseñado. No le interesaba ese tema y yo tenía la sensación de que tampoco sabía mucho. En Madrid no había organizaciones de referencia. Así es que me fui a Barcelona a preguntar. Ése fue mi máster.