Noticias de Arquitectura


El arquitecto que cambió la faz del Centro Histórico
abril 12, 2009, 3:32 pm
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April 11, 2009Carlos Pallares es amante de la literatura y un apasionado de la fotografía y del cine.

Desde su oficina, la vista panorámica de la Plaza Grande es envidiable.   Carlos Pallares, director ejecutivo del Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural (Fonsal), mira con orgullo el Centro Histórico.

Y tiene motivos más que suficientes para mirar con orgullo el Casco Colonial de Quito. La recuperación del espacio público  del Centro    constituye uno de los logros de su  administración y  de  su carrera de arquitecto, dice.

De personalidad jovial y de sentimientos nobles,  como lo catalogan sus amigos,  es el menor de tres hermanos. Llegó al Fonsal hace siete años  por solicitud del ex alcalde Paco Moncayo. “Fue muy   gratificante trabajar con Moncayo, porque sintonizamos bien los conceptos. Es un líder muy respetuoso”.

De 69 años,  padre de tres hijos y abuelo de dos nietos,  ama  la literatura latinoamericana. Lee con deleite,  refiere,  al colombiano Gabriel García Márquez, al peruano Mario Vargas Llosa y al chileno  José Donoso.

HOJA DE VIDA
Carlos Pallares Nació en Quito  en 1939. Estudió  en la Facultad de Arquitectura  de  la Universidad Central del Ecuador.
En 1988  se desempeñó  como asesor de Rodrigo Borja. En 1989   fue director de la Junta de la Vivienda.
En 1992   fue delegado  de la Casa de la Cultura ante el Directorio del Instituto del Patrimonio Cultural.

Aparte de los maestros del ‘boom’ latinoamericano, ahora  está entretenido en  lecturas  sobre la vida de personajes que participaron en la gesta heroica del 10 de Agosto de 1809. Así se prepara para las actividades del Bicentenario.

Uno de sus sellos personales y familiares es su poblada barba blanca.  Hacia 1959, decidió recorrer los parajes de la selva ecuatoriana. Durante su estancia en el Oriente dejó crecer su barba que también caracterizó   a sus abuelos. “Justo coincidió con la Revolución Cubana y  la barba se puso de moda”.

En sus recuerdos  no solo están los del Oriente. Conoce casi todo el Ecuador. Lo recorrió durante la presidencia de Rodrigo Borja. En ese entonces se desempeñaba   como asesor del ex  Mandatario. “Lo único que me falta conocer  es Galápagos y Morona Santiago. Pero viajaré  en este año”.

Políticamente, se identifica como un social demócrata, que  se guía por el principio de hacer lo que cree. “Yo digo lo que pienso y hago lo que digo”.

Su colega Juan Espinosa  lo confirma. “Es convencido de sus ideas, las defiende  con  fuerza, a veces con demasiada”, asevera el también arquitecto.

Y tiene fama de buen jefe. Al menos así lo refiere Liliana Borbúa, quien labora como asistente del Director de Fonsal . “Es un hombre carismático, muy sincero. Amante de Quito y preocupado por su progreso”.

Al resumir su paso por el Fonsal, Pallares destaca  que al  caminar por  La Ronda las expresiones de afecto de la gente le motivan a seguir sirviendo. “Ahí uno nota que es una persona útil. Porque la utilidad de la persona no es generar fortuna. Es sentirse útil”.

Pero  su paso por la entidad municipal está a punto de concluir. Refiere que con el cambio de las autoridades su permanencia es inestable. Y  tiene proyectos. “Seguiré  como  consultor arquitectónico y de planificación urbana. Aquí ,  en el Centro de Quito”.



La ciudad global vista por un arquitecto peruano
marzo 1, 2009, 10:09 pm
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Escrito por Jorge Zavaleta
23-02-2009
“Cuba, con un alto nivel de educación, es un país donde el Estado se encarga de ella. Las universidades del país no deberían hacer ser otra cosa que promover cultura. Hoy estas son tan informales como el tráfico en las calles. Lo único que debe ser libre es la prensa”

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Un estadio olímpico en Basora, la primera ciudad productora de petróleo del Irak en guerra. La bella sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo. La Exposición Universal Shanghái 2010. Promotor del Instituto del Mundo Árabe. El diseño en La Meca, Arabia Saudita, de un lugar cómodo donde un millón y medio de musulmanes puedan reunirse cada año, son algunos de los diversos proyectos realizados o en plena ejecución de “Architecture Studio”, uno de las más importantes firmas de Europa, de la cual el peruano Rodó Tisnado Manosalva, es uno de sus ocho destacados miembros.

Cuenta Tisnado que el gobierno francés me concedió en 1967 una beca para seguir un doctorado en la universidad de La Sorbona en Paris. Acababa de egresar de la facultad de arquitectura de la UNI, Universidad Nacional de Ingeniería del Perú, y me encontré en un medio tan extraordinario para desarrollar conocimientos y aprendizaje. “Poco a poco me fui quedando y ya no regresé al Perú. Solo voy y vengo. Hoy, todo lo que he hecho está en el mundo global”, agrega el exitoso profesional, natural de Cajamarca, la ciudad donde empezó la decadencia del Imperio Inca, con la llegada de los españoles en el XVI, y anuncia promover becas para jóvenes arquitectos.
Recuerda sus viajes a caballo para poder llegar a un pueblo. De esa experiencia juvenil dice que “lo esencial en el ser humano es poder compartir sus habilidades y condiciones de vida posibles, con inteligencia y seguridad, que no nos maten, que no nos roben. A ese universo lo llamo paraíso terrenal, porque en Europa hay lugares donde se han resuelto las condiciones de vida. ¿Por cuánto tiempo?. No sé”. Prefiere trabajar con jóvenes, como lo hizo cinco años en la Escuela de Arquitectura del Ministerio de Educación de Francia, tarea docente que se extendió a los EEUU y otros países de Europa.

Terminada la beca, comenzó su práctica profesional en la oficina del arquitecto Gomis, donde conoció a Martín Robain y Jean Francois Galmiche, con quienes fundó “Architecture Studio”, organización cuya filosofía conceptual y proyectual “se basa en la creación arquitectural de grupo, (ocho miembros), abierto a todas las referencias de nuestro tiempo y cada edificio que se construye es una pieza única que no se repite en otro lugar. Nuestras leyes, nuestros códigos se revisan en nuestros retiros con todos los miembros de la oficina (suman más de 100”.

¿Para qué sirve la Arquitectura en países donde reina la informalidad?. Opina que la Arquitectura en sí, no es fundamental. Es el trabajo que hace posible la ciudad. La única realidad de la Arquitectura es acompañar a la ciudad, porque es la creación más extraordinaria del ser humano y es el único lugar donde puede desarrollarse; fuera de ella, es como un animal.

Su opinión sobre las ciudades latinoamericanas: “Nuestras ciudades no son inhumanas. Sucede que el control de la ciudad no pertenece a los arquitectos. El control es un problema social y las personas que se ocupan del bien común son los políticos en los lugares democráticos. Antes de que llegaran los españoles, en las culturas pre incas, incas y otras de la región, había una administración que se ocupaba de todo el territorio. Los españoles crean otras ciudades a partir de las cudrículas o kilómetros cuadrados. Así nacieron Lima, Buenos Aires, Caracas, etc. Esos nuevos elementos trataron de ser incorporados a territorios organizados como Repúblicas, pero desde el XIX, el primer siglo de la Independencia, y mucho antes, esas ciudades solo han sido campos de batalla entre caudillos civiles y militares.

La migración es la fuga del campesino, y es un fenómeno universal. “Nadie puede vivir independientemente en un caserío, tiene que desplazarse. El campo sirve para alimentar la ciudad, no es un lugar de riqueza para dominar. Las ciudades demandan la colaboración de políticos, geógrafos, economistas. Todo el mundo debe intervenir. Lógicamente los urbanistas pueden hacer el trazo físico. Son los ciudadanos los que abdican a favor de sus dirigentes, y ellos son los que tienen que hacer viables las exigencias de los habitantes para hacer de la urbe un lugar atractivo para la vida”.

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Los movimientos sociales de los años 70 y 80 del siglo pasado han sido movimientos de desesperanza y han sido intensamente estudiados., pero “el poder político no logró prever, no obstante que esos flujos humanos estaban previstos. Todo el mundo sabe que hay que ir a la ciudad, porque no se puede vivir en las punas, en los lugares inhóspitos”.

¿Qué experiencias europeas contemporáneas pueden ser aplicadas en América Latina?. Responde que la arquitectura es una invención europea, que se fue a Europa y todo lo que ha hecho está en el mundo global. En el Perú y en nuestra región hay decenas de arquitectos que no necesitan nada, sino proyectos que ejecutar. Los anhelos de los arquitectos latinoamericanos son exactamente iguales que en otros lugares del mundo, como en París, Pekín o EEUU.

Coincide con varios de sus compañeros de estudios que en el Perú de la década del 60, existieron condiciones extraordinarias para el desarrollo de la arquitectura. “De esa época a la actual las condiciones se han empeorado. Nos hemos encontrado con un Estado inherente al despilfarro y a la informalidad, que ha pospuesto recursos para la educación. Se ha confiado el crecimiento a la libre empresa y peor a la educación en un negocio. Cuba, con un alto nivel de educación, es un país donde el Estado se encarga de la educación. Las universidades del país no deberían hacer ser otra cosa que promover cultura. Hoy estas son tan informales como el tráfico en las calles. “Lo único que debe ser libre es la prensa”, remarca.

El Arquitecto si antes diseñaba para una élite, ahora su trabajo debe ser el cómo asesorar en este fenómeno cambiante: “Hay que diseñar viviendas y ciudades de acuerdo a la realidad. Los servicios no son inspiración divina. El baño, por ejemplo, debe estar cerca de donde camina y vive la gente. El trasporte tiene que encontrar una solución comunitaria, mutualista, porque es imposible encontrar soluciones individuales. Los viejos tranvías fueron una respuesta ingeniosa, que después la General Motor, reemplazó con los vehículos a petróleo”.
El acceso a los estudios en Europa es cada vez más restringido. Pues, convencido que el desarrollo tecnológico ayuda mucho a los grandes proyectos, pero definitivamente dificulta la creatividad individual, desde París promoverá becas a través del Colegio de Arquitectura de su país natal.

Reconoce que los regímenes autoritarios pueden hacer muchas obras y que dan trabajo, pero no hay libertad para la creación. Señala que durante la dictadura del régimen Doria, en la década del cincuenta, se construyeron edificios como el Estadio Nacional y los ministerios de Educación y Economía del Perú, pero los arquitectos se convirtieron en pésimos constructores.

En China, observa una creciente inversión en obras, pero comenta que no hay aún capacidad creativa, y entonces los chinos invitan a los mejores arquitectos del mundo para que los ayuden. “Para las olimpíadas de Beijing participamos en un concurso, pero no tuvimos la suerte de ganar. Ahora, con la ciudad de Shanghai estamos organizando la sede de la Exposición Universal 2010, que dura seis meses, al igual que las exposiciones de Quebec, Sevilla. Los chinos una vez que tienen la base programática, ellos si saben construir, pero lo que no saben todavía es generar si saben hacer, rehacer y producir”.

Hay que hacer arquitectura de hoy. Eso se logra con espíritus abiertos. Rige para los arquitectos, pintores y artistas en general. En Basora, Irak, hay que reconstruir todo. Sin embargo, en ese país, existe un Ministerio de Deporte y Juventud que nos ha pedido la reconstrucción de un estadio olímpico, como parte de la modernización de un país devastado, con tropa de diversas latitudes, inclusive de soldados peruanos contratados, revela Tisnado al llegar a Lima, procedente de Bagdad, para participar como conferencista en la concurrida XIII Bienal de Arquitectura Peruana.



El paraguayo Solano Benítez gana el primer Premio Suizo de Arquitectura
noviembre 14, 2008, 1:03 pm
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El arquitecto paraguayo Solano Benítez fue galardonado hoy con el primer Premio Suizo de Arquitectura que otorga el Banco Suizo Italiano (BIS).

Ginebra. EFE.-
“Estoy muy contento, celebrando que es posible cambiar un poco las cosas, feliz porque se ha valorado nuestro compromiso de futuro de trabajar por la sostenibilidad del planeta”, dijo Benitez a Efe.

“Cuando los hombres quisieron proteger la vida, inventaron la casa; cuando quisieron preservar el conocimiento, construyeron la escuela. Para mi, la arquitectura significa el presupuesto de proteger la vida y la igualdad de todos”, agregó el emocionado ganador paraguayo.

Benítez habló en plural, porque considera que el galardón no es sólo a su persona, sino a todo el equipo con el que trabaja en el estudio Gabinete de Arquitectura de Asunción.

Por otro lado, el arquitecto paraguayo indicó que las condiciones del Premio Suizo de Arquitectura reseñaban que sólo se podían presentar candidatos y no equipos o grupos, por lo que Benítez al ser el “más viejo (45 años) del equipo” resultó “elegido -según él- para representarnos a todos”.

Las bases del premio establecían que el arquitecto tuviera menos de 50 años, pero al menos diez años de experiencia “para que no fuera totalmente consolidado, pero que tuviera suficiente experiencia para mostrar su obra”, indicó Chantal Stampanoni, encargada de comunicación del Banco Suizo Italiano (BIS).

Stampanoni explicó, a su vez, que el banco decidió establecer el premio como una de sus acciones de responsabilidad corporativa y como una muestra de su compromiso con el arte y con la región de donde proviene, el Tesino.

“Nuestro banco valora la innovación; pero, al mismo tiempo, el arraigo al territorio y la defensa de las expresiones culturales del mismo”, explicó Stampanoni.

Precisamente, el jurado reconoció los aspectos de sostenibilidad con el medio ambiente y de innovación del proyecto del arquitecto paraguayo.

Benítez, por su parte, considera que el galardón se lo han concedido por su capacidad innovadora y de experimentación.

“Nosotros somos expertos en hacer lo que no sabemos hacer. Afrontamos el desconocimiento a través de la innovación, pero manteniendo el compromiso con nuestro tiempo y con nuestro lugar”.

El arquitecto sudamericano presentó tres obras que llevó a cabo en su país: una tumba en Piribebuy (al este de la capital paraguaya), una casa en Asunción y el sede social de Unilever en Villa Elisa (a 16 kilómetros de Asunción).

La presente edición del Premio Suizo de Arquitectura, al que se presentaron 30 candidatos procedentes de 15 países diferentes, contó con un jurado que fue presidido por el prestigioso arquitecto suizo Mario Motta y estuvo formado por especialistas de diversas nacionalidades.

La exposición con todas las maquetas de las obras presentadas al concurso se expondrán en la Academia de Arquitectura de Mendrisio a partir de mañana, 14 de noviembre, y hasta el 8 de febrero de 2009.



Solano Benítez ganó premio en Suiza
septiembre 21, 2008, 4:18 am
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El arquitecto compatriota Solano Benítez ganó ayer la primera edición del BSI Swiss Architectural Award, con un monto de 100.000 francos suizos (alrededor de 360 millones de guaraníes). El galardón para profesionales menores de 50 años fue fruto de una extensa selección previa y es el resultado del alto nivel conceptual de Benítez.

La comunicación oficial se realizó ayer en Lugano, Suiza, y se trata de un premio internacional de arquitectura auspiciado por la BSI Architectural Foundation con el patrocinio de la Oficina Federal de Cultura de Berna y de la Academia de Arquitectura de Mendrisio (Universidad de la Suiza Italiana). En el Gabinete de Arquitectura donde desarrolla su labor sobre la calle Padre Cardozo casi Juan de Salazar, Benítez recibió a familiares, colegas, medios de prensa, para festejar esta distinción que significa un compromiso para el equipo de profesionales que está desarrollando su labor hace varios años.

El premio se otorga a un arquitecto que haya “contribuido de manera decisiva a la cultura arquitectónica contemporánea y ha demostrado una sensibilidad especial hacia el contexto paisajístico y medioambiental”.

El jurado presidido por Mario Botta y compuesto por los arquitectos Emilio Ambasz (Nueva York), Valentín Bearth (Coira), director de la Academia de arquitectura de Mendrisio, Zhi Wenjun (Shanghái) y Davide Croff, anterior presidente de la Fundación de la Bienal de Venecia, le ha concedido el premio de forma unánime. Las tres obras presentadas por Benítez (una tumba en Piribebuy realizada en 2000-2001, la sede de Unilever en Villa Elisa realizada en 2000-2001 y la casa Abu&Font en Asunción realizada en 2005-2006) convencieron al jurado por su singular fuerza expresiva y por su capacidad de conjugar una lúcida relectura de la tradición del Movimiento moderno con una especial consideración hacia el contexto en el que se crean.

Según Mario Botta, presidente del jurado, “la investigación arquitectónica de Solano Benítez, elaborada en un contexto político-económico problemático, con dificultades operativas objetivas y alejada de los procesos productivos impuestos por la globalización, resulta ser de una calidad extraordinaria. La mayoría de las veces, Solano Benítez usa materiales simples”.



"Lo que llevamos a la Bienal es cínico"
septiembre 15, 2008, 4:00 pm
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“Este es un régimen antiurbano. Es un régimen que odia a las ciudades. Chávez es una persona que defiende el conuco”

El arquitecto y ensayista Marco Negrón es contundente. Según él, el Pabellón Venezuela construye una esperanza, instalado desde ayer en la XI Bienal de Arquitectura de Venecia, sólo responde a los intereses propagandísticos del régimen que encabeza el mandatario nacional, Hugo Chávez Frías.

Un pabellón, ubicado en el parque de los Giardini della Biennale, que ostenta como principal bandera arquitectónica los módulos de la misión Barrio Adentro.

-Juan Pedro Posani, director del Museo de Arquitectura, ha dicho que el Pabellón muestra una “arquitectura responsable, contra el espectáculo, y de provocación (…) que apoya la gran inversión en infraestructura (deporte, cultura, educación, salud y medios de transporte, entre otras áreas), que incide en la calidad de vida de los venezolanos”.

El planteamiento que se está llevando a Venecia se hizo con mucha sangre fría. Ellos son personas inteligentes. Están armando un paquete para vendérselo a los europeos que están descubriendo el nuevo mundo en América. Es una acción propagandística del régimen. Ese argumento de que es una arquitectura provocadora no es así. En mi opinión, se trata de una arquitectura cínica y fraudulenta. Lo que hay es un intento de ocultar 10 años de desastre en el país”, afirma Marco Negrón.

-Posani dijo también que se está presentando una arquitectura modesta, pues Venezuela no cuenta con los recursos para tener edificaciones espectaculares como las que expuso Pekín en los pasados Juegos Olímpicos…

-Pero remodelaron un montón de estadios de fútbol para la Copa América. No se trata de espectacularidad. De hecho, la espectacularidad no está en el costo de las construcciones. Un ejemplo es la gestión de solamente cuatro años que ha tenido el alcalde de Medellín, Sergio Fajardo. Aparte de lograr la reducción de la delincuencia y bajar los asesinatos en la localidad, ha realizado obras espectaculares y de primera calidad, lo que no quiere decir que sean caras. Fajardo construyó bibliotecas-parque en los barrios más pobres de Medellín. Bibliotecas que fueron realizadas por los mejores arquitectos a través de concursos, actividades que no se hacen en Venezuela desde hace mucho tiempo. Son edificaciones que están conectadas por metrocable y hacen que la gente que no vive en los barrios suba, porque le interesa lo que allí se está haciendo. Eso genera una integración social. Cuando comparas la gestión de Fajardo contra los diez años de revolución, no nos queda más remedio que indignarnos.

-Pero justamente, en la Bienal se están mostrando las construcciones realizadas por este Gobierno, que según el director del Musarq han influido en la calidad de vida del venezolano. Ahí están Barrio Adentro, la Villa del Cine, el Cardiológico Infantil, el Centro Latinoamericano de Acción Social por la Música, el ferrocarril, el Metro y el Aeropuerto Simón Bolívar…

-Para serte sincero me parece una actitud hipócrita e incluso cínica. Primero, la mayoría de los núcleos de Barrio Adentro están cerrados o nunca se abrieron. Luego, desde el punto de vista arquitectónico no son ninguna referencia. Esto es de alguna manera el pulso de cómo concibe este Gobierno al pueblo, que tiene que ser atendido en hospitales infames y de pésima calidad. Este es el balance que tenemos que hacer para entender que la calidad de vida se descifra por las ciudades. Nadie pone en discusión que el Cardiológico Infantil y la Villa del Cine sean buenos edificios. Pero, por ejemplo, por qué no se llevó el ambulatorio que construyó la Alcaldía de Baruta en Las Minas, que presenta la más alta calidad arquitectónica; o lo que hizo la Alcaldía de Chacao con la escuela Juan de Dios Guanche; o con las aceras de la avenida Francisco de Miranda; o el gimnasio vertical de Chacao. La respuesta es sencilla: ellos lo que quieren es mostrar una revolución que no existe.

-Pero el director del Musarq asegura que esos edificios han influido en la calidad de vida del venezolano…

-A mí no me vas a vender la calidad de vida con la Villa del Cine o con los estadios que hicieron para la Copa América, que de paso fueron un robo. ¿Quién va a la Villa? ¿Cuántos niños atiende el Cardiológico? ¿Por qué esas cifras no se dicen? Cómo hablan de calidad de vida si esta ciudad no había estado peor en materia de basura como ahora.

-¿Es decir que no está de acuerdo con lo que se está presentando desde ayer en la XI Bienal?

-Creo que hay cosas arquitectónicamente válidas. Se debe reconocer. Lo que pasa es que no puedes venderlo con ese argumento de que llevan la revolución de la arquitectura venezolana, sobre todo por ese término que quieren usar de provocación, por llamarse revolucionarios. Lo que se lleva a Venecia es cínico. Quieren enmascarar un desastre de gestión en materia urbanística y arquitectónica. Enmascararlo en una supuesta visión revolucionaria de lo que debe ser la arquitectura. Es un fraude. Es tratar de vender gato por liebre. La propuesta me imagino que en Venecia y en los sectores de izquierda ingenuos europeos puede generar cierto impacto, pero eso no va a cambiar para nada nuestra realidad. Vamos a seguir con este desastre.

-¿Por qué el Estado está en contra de la arquitectura iconográfica? Tomando en cuenta que en Bilbao redefinieron espacios que estaban perdidos gracias al museo de Guggenheim, que salvó un puerto; o la ciudad de la ciencia en Valencia, que salvó un río baldío. Acaso, ¿aquí se terminó con el Teatro Teresa Carreño?

-Sí, con eso no hay duda. Fíjate, Bilbao es más que el Museo de Guggenheim, pero esa institución se convirtió en el detonante del renacimiento de Bilbao. Sobre todo por el impacto en la economía y en el turismo. Esa llamada arquitectura de firma o de autor puede tener muchos efectos positivos, además de subirles la autoestima a los habitantes del lugar. ¿Por qué crees que el Gobierno tiene copado el Teresa Carreño con actos políticos? Simplemente es un lugar demasiado bueno. Allí está la prueba, ellos son los que lo tienen invadido. Allí sí se ve cómo una obra influye en la calidad de vida del venezolano.

-¿Cuál sería el ejemplo de la arquitectura de la llamada V República?

-Barrio Adentro. Ese es el emblema de la revolución.

-La Galería de Arte Nacional es un complejo arquitectónico que no termina de definirse. Y ahora tendrá un centro de buhoneros al lado…

-La GAN no es un proyecto de esta república. Tiene más de 20 años de retraso. Estuvo paralizado y ellos lo que están haciendo es terminándola. Además de estar al lado de un mercado de buhoneros, este proyecto se planteó junto al Paseo Vargas.

-¿El Paseo Vargas fue un buen ejemplo de lo que pudo ser y no fue?

-Es un problema complicado. Fue una buena iniciativa, pero creo que a mi juicio, fue parcialmente fallida. Lo primero que hay que reconocer es que se demostró que no hay que hacer autopistas en la ciudad. Pero lamentablemente como espacio urbano está perdido. El Paseo Vargas se debería recuperar. Aunque su autor Carlos Gómez le indigne que se diga, probablemente se tenga que rediseñar. Este tipo de lugares lo ha hecho Baruta con la plaza Alfredo Sadel y Chacao con sus aceras.

-¿Qué proyectos urbanísticos se pueden desarrollar en La Carlota?

-Necesariamente tiene que ser reservada como espacio público, como parque. La Carlota tiene un poco más de 100 hectáreas, no construidas en el centro de la ciudad. Eso es irrepetible. ¡Hay que protegerlas! Aunque la sigan ocupando los militares. En Caracas todavía se puede construir. E incluso, Fuerte Tiuna tiene cinco mil hectáreas. Caracas actualmente tiene menos de un metro cuadrado de verde por habitante. Los índices internacionales más conservadores hablan de 10 metro cuadrados por persona. Si destinaras la mitad del Fuerte Tiuna tendrías 7 metros cuadrados por habitante.

-¿Podría hacer, entonces, un análisis de la gestión urbanística del Gobierno revolucionario?

-Es una opinión crítica, sobre todo por la cantidad de recursos que han tenido. Mira el estado de las ciudades. Tengo una especulación muy general. Este es un régimen antiurbano. Es un régimen que odia a las ciudades. Creo que tiene que ver con la personalidad del propio Chávez. Una persona que defiende el conuco como la forma más idónea de producción, no puede ser una persona que entienda la ciudad y la respete. Además, las ciudades son muy peligrosas. Allí se congrega demasiada gente que confronta, discute, tiene opiniones distintas y le gusta que se le respete. La ciudad es absolutamente contradictoria con los regímenes autoritarios. Aunque no puedo generalizar con la gente que conforma el Gobierno.

Dubraska Falcón
EL UNIVERSAL



Más allá de Niemeyer
febrero 9, 2008, 2:46 am
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Hugo Segawa analiza el papel y la relevancia de la arquitectura en Brasil y su insuficiente proyección en el extranjero pese a la calidad de sus profesionales

ANATXU ZABALBEASCOA 09/02/2008

El arquitecto Hugo Segawa (São Paulo, 1956) eligió la academia frente a la práctica porque trabajando en la revista Proyectos se dio cuenta de que la reflexión era fundamental para la arquitectura. La falta de publicaciones especializadas ha causado, para él, muchos de los falsos tópicos sobre la arquitectura latinoamericana y su desconocimiento para el resto del mundo. Sus progenitores japoneses resumen, en dos pinceladas, la historia del siglo XX. Su padre trabajaba en Wall Street, pero tuvo que salir de Estados Unidos cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Su madre era una niña cuando llegó a Brasil con sus propios padres, agricultores japoneses que emigraron, en los años veinte, para trabajar allí. “Hace poco regresé a Japón como profesor invitado. El sentimiento fue extraño. Allí parezco japonés pero soy brasileño. Como descendiente de japoneses he recibido una educación del Japón de principios del siglo XX, el Japón de mis padres. Y es evidente que el país hoy es otro, más cosmopolita”. Los padres de Segawa hablan japonés entre ellos. “Pero mi cultura es brasileira”, apunta. Desde esa perspectiva y alejado de nacionalismos, Hugo Segawa mira el mundo. Cree, como Guimarães Rosa, que Brasil y el resto de Suramérica son como hermanos siameses: “Cosidos por la espalda pero incapaces de verse el rostro”: “Miramos para lados distintos. Pero tenemos problemas y contradicciones comunes. Buscamos referencias en Europa o América y no nos fijamos en lo propio. Tiene que pasar algo espacial, por ejemplo la experiencia urbana de Curitiba [una ciudad brasileña que se ha convertido en un modelo internacional para el crecimiento sostenible], para que seamos capaces de encontrar valores en lo nuestro. La idea de Curitiba se interpreta en Colombia, Chile y muchos otros sitios. Pero hasta que no se les presta atención desde Europa o Estados Unidos algunas cosas parecen no existir”.

Segawa atribuye esa falta de confianza al colonialismo. “Brasil se ha pasado años mirando a Portugal. Suramérica a España. Y todos mirábamos a París. Volvíamos a las matrices culturales en lugar de preocuparnos por desarrollar una cultura propia. Luego Estados Unidos decidió dejar de mirar a París y todos empezamos a mirarlos a ellos. La posguerra mundial desarrolló un panamericanismo comandado por Estados Unidos por el temor de que allí tenían a los dictadores que se estaban adueñando de los países: Perón o Getulio Vargas. Así, históricamente, los norteamericanos miraron a Latinoamérica para protegerse. Luego volvieron a mirar para desterrar el comunismo y calmar a su izquierda”.

Segawa no pone reparos a hablar sobre el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, que comenzó sus campañas prometiendo tres comidas al día para todos los brasileños y hoy se ha moderado. ¿Dónde ha quedado su revolución? “Hoy es mucho más conservador que Chávez o Evo Morales. Pudo ser una estrategia propagandística, pero yo creo que la realidad, en un país como Brasil, no permite cambios radicales. Hay situaciones muy arraigadas. Lula ha sido candidato tres veces. Y sólo ha ganado con el discurso más moderado. La izquierda se siente traicionada, pero él ha debido adaptarse al gusto de la mayoría de votantes. ¿Cómo puede haber una mayoría conservadora en Brasil? Las tremendas desigualdades sociales generan momentos de crisis aguda. Pero no hay que engañarse, son momentos puntuales. Hay muchos más momentos de conciliación”.

Hubo un movimiento moderno en Suramérica que logró que un estilo arquitectónico universal y global tuviera una versión local. En los años cincuenta, la arquitectura de Brasil consiguió gran prestigio internacional. “Duró hasta que se construyó Brasilia. Tropicalizaron a Le Corbusier. Y gracias a esa adaptación, los países suramericanos comprendieron que el movimiento moderno podía también hablar un idioma local”.

La tropicalización se traducía en elementos que hoy llamaríamos sostenibles. “Suramérica está atravesada por los trópicos. Le Corbusier no diseñaba para países en los que el control solar es fundamental. Construíamos para mantener el fresco y evitar el sol excesivo. Antes de que Le Corbusier diseñara Chandigarh, en Suramérica ya habíamos hecho arquitectura moderna en países pobres. La adaptamos a nuestras necesidades. Ésa es la clave. Los brise soleil no existían en la arquitectura moderna. Luego gustaron y hasta en Finlandia los copiaron en sus fachadas sin necesitarlos, como un formalismo”. También las formas curvas de Hadid, Koolhaas o Calatrava remiten al tropicalismo. “Y Foster. El Evening Standard insinuó en enero de 2007 que su proyecto para Wembley está inspirado en el que Niemeyer dibujó para Maracaná en 1941 con un arco para sostener una cubierta. No ganó pero fue publicado. La referencia era el Palacio de los Sóviets”.

Inspiraciones flagrantes como ésa dan qué pensar a este historiador que considera que mucha parte del genio de arquitectos famosos se debe al desconocimiento generalizado. Así, parte de su trabajo ha consistido en reivindicar la obra de arquitectos geniales desconocidos como Vilanova Artigas, por ejemplo. “Cuando Ignasi de Solà-Morales vio la Facultad de Arquitectura preguntó por qué nadie sabía nada de este arquitecto que murió casi como un desconocido. La prensa internacional no se interesaba. No escriben sobre la arquitectura suramericana por desconocimiento. Pero el resultado es que parece no existir”.

Hubo mucha gente que no entendió que le dieran el Pritzker a Mendes de Rocha. Hugo Segawa lo explica: “Desde los años cincuenta hace cosas como Tadao Ando, pero mucho antes de Tadao Ando. Trabajaba con sistemas. De la silla hasta el edificio. Hace una arquitectura integral y racional dominando todas las escalas”, señala. Y atribuye su tardío reconocimiento a la dictadura que gobernó su país en los años setenta. “Durante esos años, internacionalmente se publicó poco sobre arquitectura brasileña. Aunque había buenos trabajos, no interesa destacar nada positivo de un régimen negativo. A veces la mejor arquitectura se ha dado con los peores regímenes. No puede ser casualidad que en cuanto acabó la dictadura se descubrió la arquitectura brasileña que no cambió de un año para otro”.

Segawa cree que el desconocimiento de sus grandes autores ha sido una de las claves por las que la arquitectura suramericana está todavía por descubrir. Está convencido de que el uruguayo Eladio Dieste o el colombiano Rogelio Salmona, que tuvieron reconocimiento tardío, en otros países hubieran sido reconocidos como genios. Incluso el mexicano Luis Barragán, hoy muy conocido, fue ignorado internacionalmente durante su vida. João Figueiras Lima es otro de esos casos. Para Segawa, “superó a Niemeyer porque Niemeyer tenía ideas pero no era fino en los detalles. Cuando trabajaba con buenos arquitectos, como cuando hizo el edificio para el Partido Comunista de Francia con Jean Prouvé, el resultado fue excelente. Pero cuando trabaja solo flaquea. Lelé (Figueiras Lima) lo hace todo. Y lo cuida todo. Ahora mismo, con 74 años, está haciendo hospitales prefabricados humanos, en los que la gente no se siente mal. Una arquitectura económica, hermosa y humana. Es una figura extraordinaria. Domina todas las escalas. Se puede imitar su manera de pensar, pero no su trabajo. Se preocupa de los procesos y eso es inimitable”.

Segawa urge a recuperar la memoria. “Cuando hablamos de un arquitecto nuestro en Europa no lo conocen. ¿Cómo vamos a profundizar sobre lo que no se conoce? Primero debemos darlo a conocer. Estamos en una fase muy primitiva. Los arquitectos suramericanos que se conocen son los que han salido. Pero hay otra realidad”. La lista de desconocidos, que encabeza Figueiras Lima, es larga. Fernando Chacel, de Río de Janeiro, es un paisajista discípulo de Burle Max. “Hoy el más importante de Brasil. Si Burle Max introdujo el acercamiento ecológico al paisaje. Si su apuesta era por la vegetación. Y el diseño era el resultado del comportamiento de esa vegetación: la exuberancia tropical, la biodiversidad. Si su dominio del paisaje era botánico y su gran contribución fue crear nuevas naturalezas. Hoy Fernando Chacel ha evolucionado esa idea de ecogénesis recuperando áreas degradadas gracias a restablecer su ecosistema. En Río de Janeiro ha recuperado zonas de manglares. Hay que dejar que la vegetación y la fauna vuelvan y se recuperen. Chacel ha logrado crear naturaleza artificialmente, por eso para mí es el heredero de Burle Max”.

Aunque admite que el reconocimiento de Lina Bo Bardi corrió mejor suerte, “hizo una arquitectura de conceptos fuertes y por su herencia se recuperó”, la lista de reivindicaciones de Segawa continúa. “Hoy Marcos Acayaba también ha superado a su maestro Mendes da Rocha. Hay más arquitectos jóvenes que siguen la línea de Da Rocha. Pero repiten los errores. En cambio, ocasionalmente, hay gente que lo supera. Acayaba, por su sentido de los materiales, ha abierto caminos. Los estudiantes lo miran como a un faro que indica por dónde ir. Ha hecho casas de madera prefabricadas, que combinan industria y artesanía. Representa a la arquitectura de São Paulo que es distinta de la de Río. No son escuelas distintas. Sino líneas distintas. La paulista es una continuación de la de Río a partir del pensamiento estructural de Niemeyer, es decir, la expresividad de la estructura que soporta un edificio: los voladizos, la curva, el hormigón. Los paulistas parten de esa arquitectura carioca pero la vuelcan a una discusión social más fuerte: de participación ciudadana”.

¿Niemeyer ha eclipsado a los demás? “En cierto sentido, sí. Ocupó un momento histórico. Pero tapó mucho de lo que se hacía en Brasil. Internacionalmente pasó lo mismo con Alvar Aalto. Brasil es Niemeyer y Finlandia, Alvar Aalto. Así, Niemeyer ha sido a la vez odiado e imitado”.

Segawa admite que con cien años es difícil saber hasta qué punto continúa diseñando. “Regresó a la prensa internacional hace 10 años con el museo en Niterói. Luego lo invitaron a hacer el pabellón de la Serpentine Gallery en Londres. La prensa británica, The Guardian, lo comparó con un estreno de Alfred Hitchcock. Era como volver a ver a Greta Garbo”. Más allá de las curvas de Niemeyer, Brasilia es la otra aportación conocida de la arquitectura brasileña. ¿Cuál es la lección de Brasilia casi 50 años después? “Cuando se inauguró hubo muchas críticas. El racionalismo se estaba apagando. Y representaba el límite del urbanismo moderno. En los sesenta, cuando se empezó a publicar, era una ciudad nueva y, por lo tanto, un poco desértica. Hoy se ha poblado, es una gran ciudad y ofrece un modelo. Frampton, Rykwert y Tafuri escribieron con mucha dureza sobre Brasilia. Pero lo hicieron durante la dictadura. Y no hay que confundir las cosas. Ésta es una ciudad criada en la democracia y desarrollada en la dictadura. Fue la capital de la dictadura. Los brasileños la consideran la mejor ciudad de Brasil, un espejo del país. Claro que hay desigualdades, pero son menos fuertes que en Río o São Paulo. Es una ciudad con infraestructuras, ofrece seguridad y calidad de vida. Hay muchas Brasilias: la de Niemeyer y Lucio Costa y la ciudad satélite. Pero incluso en el extrarradio, los brasileños gozan de la ciudad. Es monumental y, sin embargo, la gente se la ha apropiado y la disfruta. Ofrece otra manera de vivir. Por eso la Unesco la hizo Patrimonio de la Humanidad. Brasilia se pensó deliberadamente como una ciudad para el coche. Pero hoy todo el mundo tiene coche. Incluso quienes viven en favelas. Brasilia es un centro histórico moderno cercado por la ciudad tradicional. Allí ocurre lo contrario que en las ciudades europeas. El centro tiene horizontes abiertos, áreas verdes, acceso a los lagos y eso ofrece una calidad de vida altísima. Una persona pobre que vive en Brasilia vive mejor que alguien con la misma renta en Río de Janeiro”.



La Arquitectura como instrumento de cambio
febrero 7, 2008, 3:36 am
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Oscar Tenreiro

Miércoles, 6 de febrero de 2008

En las últimas tres semanas hemos hablado de la influencia de la ciudad en sus habitantes, para bien o para mal.

La arquitectura es una herramienta clave de esa influencia. La arquitectura es ella misma un pedazo de ciudad y los conjuntos arquitectónicos un fragmento mayor, a veces capaz incluso de recrear la ciudad. Decíamos siempre a nuestros alumnos de la Facultad de Arquitectura que es difícil saber en qué medida la Ciudad Universitaria modificó a Caracas. Hasta qué punto condicionó y condiciona los patrones de conducta de quienes estudian y conviven en ella. Si aceptamos que la Ciudad Universitaria es un testimonio cultural clave en el proceso de modernización de la sociedad venezolana, estamos también aceptando que vivir en ella como estudiante o como profesor es convertirse en receptor, consciente o inconsciente de ese testimonio. Siguiendo ese mismo hilo me permito afirmar que las diferencias de actitud entre los alumnos de la Universidad Simón Bolívar y los de la “central”, tiene relación con la arquitectura de ambas instituciones. Los de la “simón” parecen menos expansivos, acaso menos comunicativos, nos decía una vez una compañera de mi hija. Esa diferencia tiene que ver con la arquitectura de esa “ciudad”. Los pasillos cubiertos, que unen todas las Facultades derrotan al aislamiento, pletóricos siempre de transeúntes que se comunican entre sí, aún sólo visualmente, y son preámbulo a los espacios de recepción de las Facultades, abiertos a todos, invitando a un comportamiento de convivencia, a compartir democráticamente espacios que aprovechan el privilegiado clima nuestro.

Los liceos Fermín Toro y Andrés Bello dejaron una profunda huella en la educación caraqueña de los años cincuenta y sesenta, no sólo por la calidad de sus docentes sino porque representaron, desde el punto de vista de la calidad de la construcción, del valor relativo de su arquitectura, de la forma como contribuyeron a dignificar la escena urbana, un salto hace adelante en relación a lo que era usual en los institutos educativos de entonces.

Puedo citar otros ejemplos; lo que sostengo, en la misma línea de pensamiento de la modernidad del siglo veinte, es que la arquitectura conforma la conducta, educa al hombre. Paul Henry Chombart de Lauwe (1913), ilustre sociólogo francés, condujo en los primeros sesenta un importante estudio, Familia y Vivienda, que buscaba descifrar ese proceso. Le oímos en una conferencia hace ya muchos años, expresando la casi imposibilidad de llegar a conclusiones definitivas.

Esa es una tesis opuesta a la que el populismo democrático y el populismo ¨revolucionario” ha sostenido, si no en la intención, sí desde luego en los hechos, en los últimos cincuenta años. La de que las instituciones se fundan independientemente de los edificios que las albergan. Se crean como resultado de acuerdos políticos, de impulsos demagógicos o de la improvisación que responde a las emergencias. Ya se verá si al madurar ellas crean las presiones para que los edificios surjan. Es un modo de pensar que pasa por alto las interferencias provenientes del deterioro del ambiente físico.

¿Hasta cuando se crean tribunales en Venezuela, destinados a funcionar en casas adaptadas, en las que el comedor funge de Sala de Audiencias y los baños de archivos? ¿Hemos olvidado que desde la época de los romanos la justicia debía impartirse en un ambiente capaz de re-crear la solemnidad del acto y por ello aparece esa institución que es la Basílica? ¿ No se ubicaron los primeros templos cristianos precisamente en basílicas, en búsqueda de ese “sentido de lo ritual” estimulado por la arquitectura, que tan esencial es a la conducta humana? A esta Venezuela de la permanente improvisación la historia le dice poco. Y la tradición formada durante el último medio siglo populista pareciera haberse convertido en peso insuperable. Ni ha sido cierto en la historia ni es cierto hoy que las instituciones funcionen con independencia de la arquitectura que las alberga.

Esa dependencia puede atenuarse gracias al equipamiento interno, gracias a lo que hacemos para mejorar las condiciones definidas por la arquitectura. Pero toda institución pública con vocación de permanencia exige una arquitectura digna nacida de la reflexión y el esfuerzo social, no de la improvisación.

Cuando a partir de una decisión perversa se lanzó a la calle a una enorme masa de empleados de nuestra industria petrolera, se decidió usar los edificios de oficinas vacíos para sedes de nuevas universidades. En ese acto de improvisación quedaba demostrado de la manera más dramática que el régimen que hoy sufrimos no reflexiona sobre las consecuencias humanas y educativas de sus actos “políticos”. Se almacenaron estudiantes en oficinas prescindiendo de todos los espacios complementarios y de extensión. Se actuó con criterios de capitalismo salvaje en nombre de una supuesta “revolución”. Se continuó la funesta herencia de la improvisación populista.

Vale la pena recordar de nuevo la frase de Claudius Petit (1907-1989) ex Ministro de la Reconstrucción francés, quien nos acompañó en 1983 aquí en Caracas con ocasión de la fundación del Taller Firminy que dirigimos durante casi veinte años en la Universidad Central. La he citado muchas veces y la incluí en esta página a propósito del drama de las cárceles venezolanas: “Todo programa político se refleja en el dominio de lo construido¨. Nuestros políticos harían bien en comprender la trascendencia de esa frase.

Concluyo estas reflexiones de las últimas cuatro semanas en las que he querido argumentar un punto de vista, remontándome en la historia hasta Giambattista Vico (1668-1744) quien sostenía que el curso de las cosas determina el curso de las ideas. Lo cual nos apoya cuando decimos que las cosas de la ciudad, sus edificios, sus espacios, sus lugares, sus calles, sus contrastes, sus estímulos, sus fracasos, sus carencias, pueden determinar nuestras ideas. Nos pueden educar. Para bien o para mal.

Claudius Petit en Caracas en 1983: “Todo programa político se expresa en el dominio de lo construído”

otenreiro@cantv.net



Concurso FAUM 2007
septiembre 23, 2007, 2:53 pm
Archivado en: Arquitectura Latinoamericana, FAUM

Concurso realizado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Mayor en Chile.




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