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Concursos de arquitectos o chapuzas
marzo 1, 2009, 10:52 pm
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PATXI MANGADO 28/02/2009

Los concursos de arquitectura como método para la contratación de proyectos por parte de las administraciones públicas, han resultado ser un sistema razonablemente justo y eficaz. Un sistema envidiado por gran parte de arquitectos de otros países y, sin duda, referencia obligada para ellos cuando glosan la bondad del trabajo realizado en nuestro país. Junto al elemental principio de igualdad de oportunidades, sus ventajas son varias.

Se fomenta un sistema de múltiples aproximaciones al problema propuesto que, si bien no garantiza en absoluto la elección de la mejor solución, reduce, al menos, el margen de error. Permite, dependiendo de la composición del jurado y del proceso, una extensión a opiniones inteligentes y distintas, al margen de las estrictamente ligadas a la endogamia arquitectónica. Y, sobre todo, la ventaja más importante es que el sistema de concursos, especialmente cuando son abiertos, permite el acceso a la posibilidad de construir, en igualdad de condiciones respecto a los más consolidados, de arquitectos jóvenes y muy jóvenes, que, con sus propuestas, han sabido inocular al cuerpo general de la arquitectura española ideas frescas, transformadoras y siempre necesarias, si se quiere mantener las cotas de intensidad que, supuestamente, venían a ser uno de sus signos distintivos.

Desde mi experiencia como participante continuo en concursos y como miembro de jurado en muchos, he de decir que la respuesta por parte de los arquitectos ha sido siempre extraordinariamente generosa, presentándose ante cualquier convocatoria un más que nutrido número de trabajos, con una calidad que supera con creces la mezquindad económica con la que suelen plantearse. A los arquitectos se nos puede demandar por muchos errores, pero no es el de la entrega uno de ellos cuando se nos convoca a un concurso. Sin embargo, cada vez más, nos preguntamos si esta generosidad se ve reconocida, al menos, mediante convocatorias bien planteadas, suficientemente compensadas y con jurados de calidad contrastada. Creo sinceramente, que la respuesta es un no rotundo.

Cada vez más los concursos de arquitectura, y por supuesto hay excepciones, están marcados por unas maneras que atentan contra la dignidad de los participantes en la medida que su trabajo es ninguneado o infravalorado en muchos de los casos. Enunciados y objetivos poco claros, situaciones de indefensión absoluta, jurados con manifiesta falta de capacidad para juzgar, ausencia de compromiso en la ejecución, confusión entre calidad arquitectónica y baja de honorarios, todo ello y muchas más, son realidades que están detrás de un sistema, que, pese a todo, sigue siendo el más razonable y eficaz cuando se plantea con criterios serios y rigurosos.

El último episodio que ilustra esta realidad, tiene que ver con el concurso para el proyecto del Centro Nacional de Artes Visuales en Madrid. El escenario es claro. Por un lado, una entidad convocante, nada menos que el Ministerio de Cultura, que encarga a una empresa pública, se supone con la capacidad y la solidez que debían ser propios de una estructura oficial, la elaboración de un concurso que, al parecer, ha resultado ser, una vez más, un modelo de desconocimiento acerca de las condiciones legales que han de regir este tipo de convocatorias. Por otro, la máxima representación institucional de los arquitectos, el Consejo Superior de los Arquitectos, que hace una reclamación supuestamente justificada respecto a la manera como se hace la convocatoria, demostrando un celo que, ojalá, no sea sino el inicio de una actitud general extensible a otros muchos, muchísimos concursos chapuzas, quizá más modestos, pero no por ello menos gravosos para los participantes y que, hasta el momento, no han sido objeto de una preocupación tan esmerada por parte de quienes nos representan.

En medio de ambos, como piezas olvidadas, unos magníficos arquitectos convocados -conoz-co a todos- y unos ganadores que, estoy seguro, desconocedores de las posibilidades legales en las que ahora se mueve el concurso, han dado lo mejor de sí mismos, han presentado un trabajo de enorme valor conceptual y material y que ahora ven como éste, no sólo no ha servido para nada, sino que aparece ligado a una convocatoria falsamente sospechosa, cuyo origen último no es sino la incompetencia de personas concretas que, simplemente, han hecho mal su trabajo. ¿Cuál es ahora la situación en la que quedan estos arquitectos? Éste es otro ejemplo más de chapuza y desconsideración hacia la dignidad de los profesionales cuando éstos sólo pretenden dar lo mejor de sí mismos.

Patxi Mangado es arquitecto.



Patxi Mangado / Arquitecto del pabellón de España : "El uso posexpo del pabellón debería estar ya definido"
julio 7, 2008, 3:16 am
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Como arquitecto le hubiera gustado que no le rodeara “tanto cacharrito”.

06/07/2008 MICHEL VALLÉS mvalles@aragon.elperiodico.com

–¿Qué le parece la marcha de la Expo?

–Muy bien. En general el resultado está siendo muy bueno. Desde luego, el pabellón de España, excelente. Conducir y recoger todos estos flujos de gente es difícil. El esfuerzo que se ha hecho y se hace es ingente. El balance es francamente positivo. Yo estoy encantado. Veo que mi edificio funciona y lo aguanta bien.

–¿Cómo ve la movilidad y el flujo del público por el interior del recinto?

–Bien. No veo una masificación extraordinaria.

–A pesar de que la gente se queja de las colas.

–Si has visitado otras exposiciones como esta, te darás cuenta que las colas son inevitables, por mucho que quieras organizar. Que haya gente esperando es también signo de éxito, aunque es comprensible que los visitantes se quejen. De todas formas, el funcionamiento es bueno.

–¿Y dentro del pabellón de España?

–Parece que sí. Para lo que son las exposiciones, desde luego. Y se organizan una cantidad de actividades… es algo impresionante.

–Este pabellón le ha valido muchos halagos. Entre otros, el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, aventuró que sería el próximo premio Pritzer.

–Juan Alberto Belloch es un gran alcalde. Ójala tuviese yo un primer edil como él. Y mi alcaldesa es muy buena. Pero el de Zaragoza es muy generoso, entre otras cosas. Yo se lo agredezco, pero me temo que no seré el próximo Pritzer.

–¿Y está en su horizonte ese premio?

–Los premios no deben estar en los horizontes. Aunque hubo en tiempo, cuando era más joven, que sí que lo estaban. Pero la vida te enseña que hay que dar importancia a las cosas relevantes. Para mí lo fundamental radica en cada obra que haga. En mi horizonte está el hacer una arquitectura estupenda.

–¿Y la Expo tiene una arquitectura estupenda?

–Tiene piezas muy buenas, en medio de una superabundancia de objetos, algunos de ellos prescindibles.

–Por ejemplo.

–Pues los cacharritos. A mí como arquitecto del pabellón de España me hubiese gustado que no me rodeara tanto cacharrito. Pero entiendo que una Expo tiene que tener una parte lúdica. La gente viene aquí a disfrutar, a pasarlo bien. Y tiene que haber de todo. Como ciudadano lo comprendo, pero como arquitecto me molestan.

–¿Cree que hay demasiada arquitectura en poco espacio?

–Sí. Hay un exceso de intensidad de edificios. Pero forma parte de la esencia de las exposiciones. Lo mejor de esta muestra es que se ha hecho de manera inteligente en términos de infraestructura urbana, de espacio–público y de la transformación posterior en beneficio de la ciudad. Se ha realizado bien en lo estructural. Y eso es lo importante. Las obras arquitectónicas, en el fondo, no dejan de ser una cosa banal al lado de las grandes infraestructuras que se han efectuado de manera acertada.

–¿Se complementa bien su edificio con la torre del Agua o el pabellón Puente?

–Son objetos arquitectónicos en medio de la estructura urbano. Yo creo que funcionan bien, no entran en colisión. Aunque en una Expo es difícil que el conjunto sea armonioso. La variedad y la diversidad están en la esencia de la muestra. Además, se tiende a sobreponderar lo individual.

–¿Falta contacto con el agua?

–Sí. La relación con el agua podría haber sido un poco más directa. Se debería de haber sido más generoso con el contacto con el agua en el proyecto de planificación urbana del recinto.

–¿Cuál es si rincón favorito en la Expo?

–El pabellón de Navarro. Y los rincones gastronómicos. Me encanta comer de todo. ¿Tú sabes la historia que hay detrás de un huevo frito? Es impresionante. Yo siempre que me pongo delante de un plato me pregunto por su historia.

–¿Y no se le quita el hambre?

–No, al revés. Me encanta porque me estoy comiendo la parte más importante de la historia del mundo.

–¿Qué le gustaría que fuera en un futuro su pabellón?

–Pues la Facultad de Arquitectura me parecía un magnífico uso. Pero también se ha hablado de la presidencia del Gobierno de Aragón, que estaría muy bien. Pero ahora estoy preocupado porque está teniendo muchas novias y al final puede quedarse soltero. No sé yo si nadie se va a casar con nosotros.

–¿Está impaciente?

–Pues sí. Porque nadie define. Yo creo que se debería estar ya trabajando en la adaptación. El uso tendría que estar definido.