Noticias de Arquitectura


El legado, la vida y el arte de Palladio
marzo 7, 2009, 3:00 pm
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Lunes, 02 de Marzo de 2009 00:00 Alicia Valdivieso

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La Royal Academy of Arts de Londres acoge una exposición del arquitecto italiano Andrea Palladio (1508-1580) que, esta misma temporada, visitará España a partir de mayo gracias a la Obra Social “la Caixa” para conmemorar el quinto centenario del nacimiento del arquitecto. Andrea Palladio: His Life and Legacy, que se puede visitar hasta el 13 abril, nos presenta a través de dibujos originales, maquetas de sus trabajos más destacados y video-montajes su legado arquitectónico.

Palladio y sus amigos

Para contextualizar su obra, la muestra se completa con cuadros de amigos suyos, como Tiziano, Veronés o El Greco, y obras de artistas como Canaletto, que muestran la popularidad de las obras de Palladio.

Esta exposición va acompañada de una pequeña muestra, Andrea Palladio: Through the eyes of contemporary architects, que permanecerá abierta hasta el 21 de abril y establece un diálogo entre el maestro renacentista y los arquitectos contemporáneos de diferentes generaciones que están modelando el futuro de la arquitectura hoy en día.

A través de ensayos pictóricos y entrevistas, cada arquitecto revela cómo influye en ellos la presencia de Palladio; a algunos de manera literal, otros encuentran su presencia en lugares inesperados, y otros responden a su manera de captar las características intrínsecas de la arquitectura, una esencia que trasciende a tiempo y estilo. Estos arquitectos ofrecen una lente a través de la cual podemos redescubrir a Palladio y su presencia en la práctica de la arquitectura contemporánea.

Estas dos muestras se completan con una serie de conferencias, simposios y talleres. El encargado de diseñar esta exposición ha sido el estudio Eric Parry Architects que ha intentado crear un espacio que refleje la intimidad e inmediatez de los dibujos de Palladio. La muestra ha sido organizada por la Royal Academy of Arts y el Centro Internazionale di Studi di Architettura Andrea Palladio, Vicenza, con la colaboración del Riba (Royal Institute of British Architects).

Un nuevo lenguaje

Andrea di Pietro della Góndola nació en Padua en 1508. Cuando tenía 14 años empezó a trabajar en el taller de Bartolomeo Cavazza, donde su padre le colocó para que aprendiese la profesión de escultor. Poco después, fue inscrito en el gremio de los albañiles, canteros y picapedreros de Vicenza, y es aquí donde, a través de un encargo para la remodelación de su villa, establece relación con Giangiorgio Trissino, arquitecto y literato.

Trissino fue quien le apodó Palladio (de la diosa griega Pallas), además de educarle, darle sus primeras lecciones de arquitectura y llevarle a Roma, viaje que cambió su manera de entender la arquitectura. Allí observó y dibujó las ruinas de los edificios romanos. Esta visión de la arquitectura se completó más adelante con la lectura de Vitrubio, Alberti, Serlio o Vignola.

Palladio creó un nuevo lenguaje arquitectónico derivado de las fuentes clásicas adaptadas a las necesidades funcionales y a las aspiraciones estéticas de su época: villas ubicadas en lugares de referencia para que sus dueños tuvieran buenas vistas, en ocasiones con logias dobles para proteger del sol, con sistemas organizados para la disposición de las habitaciones privadas, todo combinado con fachadas basadas en proporciones armónicas, sencillas y con una gran serenidad compositiva.

Todas estas características de sus obras le convertían en un arquitecto manierista. Pronto se convirtió en uno de los arquitectos más importantes de la época, reclamado por la aristocracia para la construcción de sus villas, que son, sin duda, sus proyectos más importantes y donde vemos realmente aplicadas las características de su estilo. La mayoría de su vida trabajó en Venecia y sus alrededores.

Recuperación del clasicismo

En la obra de Palladio se aprecia, desde sus primeras obras, un intento de “recuperación” del clasicismo, un empeño en traducir un discurso formal concreto, que sin duda había recibido en sus viajes y al frecuentar el círculo intelectual de Trissino.

Su arquitectura buscaba una sintaxis constructiva completamente nueva y original a la que nunca habría llegado sin estas fuentes. Según Zevi: “Aun manteniendo en regla los elementos de la preceptiva romana, Palladio saca de quicio sus nexos y significados… porque traslada a la piedra una vehemencia de gesto que no encuentra apoyo en la tradición arquitectónica. Basas, pilastras, capiteles y columnas, órdenes tomados de la antigüedad, se convierten en palabras o ideogramas en un diseño que está tan lejos de las estructuras clásicas como del figurativismo del Renacimiento”.

Impacto fuera de su país

La arquitectura de Palladio tuvo un fuerte impacto fuera de su país. Sobre 1614, el arquitecto inglés Íñigo Jones, tras un viaje a Italia, llevó una serie de dibujos de Palladio a Londres que le sirvieron de inspiración para su arquitectura, realizando una serie de edificios para los reyes Jaime I y Carlos I de clara influencia palladiana y que, incluso, inspiraron a otros arquitectos ingleses. Un siglo más tarde, Earl of Burlington compró estos dibujos, lo que provocó que el palladianismo perdurara en Inglaterra y sus colonias 50 años más.

Sus edificios fueron muy influyentes, transformando la arquitectura de la región del Veneto, pero fue a través de sus escritos y sus ideas como llegaron al resto de Europa. En 1570 se publicaron en Venecia sus Cuatro Libros de Arquitectura, donde ilustraba el lenguaje y vocabulario básico de la arquitectura. Combinando ejemplos de la antigüedad clásica con obras suyas, Palladio dio una nueva visión de los espacios públicos y las infraestructuras. La obra concluye con una sección de templos romanos. El impacto que este libro tuvo en el resto del mundo fue, desde el principio, inmenso. Fue traducido a varios idiomas, lo que hizo que sus ideas influyeran en arquitectos y teóricos de otros países desde el siglo XVII.

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El eterno contemporáneo
febrero 15, 2009, 7:35 pm
Filed under: Historia de la Arquitectura, Pais, ZABALBEASCOA

ANATXU ZABALBEASCOA 29/11/2008

Andrea Palladio fue capaz de interiorizar en sus edificios las reglas de la arquitectura clásica para adaptarlas a su época, apuntando un camino a las construcciones actuales. Una exposición itinerante y la reedición de sus Cuatro libros de la arquitectura lo celebran en su 500º aniversario

El arquitecto más romano desde el tiempo de los romanos fue, en realidad, un clasicista moderno, el primero que supo extraer una lección de los órdenes arquitectónicos clásicos para reformularlos, depurarlos y adaptarlos a otro tiempo. Andrea Palladio (Padua, 30 de noviembre de 1508-Vicenza, 1580) no fue ni escultor, como Brunelleschi o Miguel Ángel, ni pintor, como Rafael o Vasari. Dedicó toda su energía a construir edificios. Sus obras, que rivalizaron con las de los antiguos, han apuntado, además, caminos a los contemporáneos. Ajustados en alardes y economía, sus edificios son de una sobriedad moderna. Y, sin embargo, constituyen una enciclopedia viva de la antigüedad clásica. La clave está en que consiguió construir con un pragmatismo sublime. Sus villas, iglesias y puentes representan el control que puede tener un arquitecto. En los dibujos de Palladio quedaba todo tan medido que era casi imposible un error por parte de los obreros.

Andrea di Pietro della Góndola heredó el nombre de su padre, un molinero que transportaba harina hasta Venecia por lagunas y canales. El oficio, sin embargo, lo tomó de su padrino, que era cantero. Huérfano de madre, con 13 años comenzó a picar piedra cuando no imaginaba siquiera que llegaría a ser arquitecto. Con 32 años, el aristócrata Giangiorgio Trissino le cambió el nombre. Y la vida. Llegaba de Roma con los planos para levantar una villa diseñada con la ayuda de Rafaello Sanzio, que había muerto prematuramente. De Pallas Atenea (la sabiduría) nacería Andrea Palladio, que ya rebautizado reemplazaría al malogrado Rafael. Trissino y él se harían inseparables. El noble lo presentó en los círculos intelectuales, orientó sus lecturas y condujo su vocación. Además lo llevó a Roma. Copió obras de antiguos y contemporáneos. Ésa fue su universidad. Allí nació, en realidad, Andrea Palladio, el arquitecto que cambiaría la cara de Vicenza, la idea de vivienda renacentista y neoclásica y los monumentos de Venecia.

¿Pero cómo pudo el arquitecto más local entre los grandes convertirse en el más influyente en la arquitectura universal? La moda de combinar cultura y cultivo, a la manera de Boccaccio, cuajó en el Veneto cuando los nobles venecianos trataron de asegurar las fronteras y el abastecimiento de su ciudad cultivando terrenos a los que se podía llegar a caballo en menos de un día. Palladio fue el artífice de esas nuevas viviendas. Su personalidad era tan grande que las variaciones sobre un mismo tema parecían temas distintos. Así, en la villa Pisani construyó por primera vez desde una óptica moderna el frontón triangular, una de sus marcas personales. Combinando elementos, Palladio descubrió que la aplicación de las normas no frena la creatividad, al revés: la reta. Por eso, la idea de controlar la arquitectura fue en este arquitecto más servicio que imposición, puro pragmatismo. Y visión de futuro. La villa Foscari, llamada Malcontenta por la localidad donde se ubica, daba al canal de Brenta, por donde podía llegarse desde Venecia. La mayor de sus villas (Almerico o Rotonda) la encargó un cardenal retirado que regresaba de Roma. El resultado fue un templo clásico, con tanto espacio para pórticos y escalinatas como para el edificio en sí. Completamente simétrica, la villa parece buscar la cuadratura del círculo.

Con todas esas villas, a mediados del siglo XVI, cuando todavía no había levantado sus grandes obras religiosas, la sombra de Palladio estaba ya extendida por todo el Veneto. Por todas partes se construían villas a la manera de Palladio, muchas veces sin Palladio. Había nacido la arquitectura palladiana, el palladianismo, en vida del propio arquitecto. Fuera de Italia, de 1578 data la primera traducción de sus libros, firmada por el español Juan del Ribero Rada, que permaneció inédita, y en 1625, Francisco de Praves tradujo al castellano la primera edición europea del primero de sus Cuatro libros. Se sabe que la edición italiana fue celebrada y que El Greco fue dueño de un original. Felipe II se interesó por las ideas de Palladio para la basílica del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, pero los ecos de la arquitectura palladiana no aparecerían en edificios españoles hasta que Ventura Rodríguez o Juan de Villanueva firmaron algunos de sus inmuebles neoclásicos en el siglo XVIII. Una centuria antes, pero siempre mucho después de la muerte de Palladio, en el XVII, la sobriedad y el pragmatismo del arquitecto casaron bien con la cultura anglosajona, que lo adoptó como sinónimo del buen gusto. Iñigo Jones se convertiría, durante el XVII, en el apóstol del palladianismo por el mundo anglosajón. Y el tercer presidente norteamericano, Thomas Jefferson, lo llevaría a su propia casa en Virginia. Monticello es una evocación de la villa Rotonda palladiana. En realidad, Palladio, el último arquitecto de la antigüedad, fue también el primero del neoclasicismo dieciochesco y el mejor cimiento de la futura revisión posmoderna. Un hombre nacido en el quinientos, cuando la mayoría de las viviendas occidentales tenía un corte medieval, asentaba además las bases de la sobriedad moderna: la simetría, la contención y la desnudez.

Visitar hoy alguna del más de medio centenar de obras que sobreviven a Palladio (todas en un radio de 50 kilómetros con epicentro en Vicenza) y la gran exposición que reúne en esa ciudad maquetas del arquitecto y lienzos de Tiziano, Veronese, El Greco o Tintoretto da que pensar. Mientras en los grandes foros arquitectónicos se debate el alcance de lo que es o no arquitectura, Palladio demostró que el diseño no es una creación cerebral ajena a los problemas técnicos. Y se esmeró no sólo en resolverlos, también quiso atender a las maneras en que habían sido resueltos antes. En los últimos años de su vida, cuando obtuvo el título de arquitecto de la Serenísima República de Venecia, publicó sus famosos Cuatro libros de arquitectura (reeditados ahora por Akal). “Me ha parecido cosa digna de hombre, que no debe nacer sólo para sí mismo, sino también para utilidad de los demás, el dar a la luz los dibujos de aquellos edificios que en tanto tiempo y con tantos peligros míos he recogido, y poner brevemente lo que en ellos he considerado más digno de interés y, además, las reglas que al construir he observado y observo”. Así explica su objetivo en el primero de esos volúmenes en los que luego se ocupa de las técnicas constructivas, de los diseños de las casas, de la arquitectura pública o de los templos romanos de la República y el Imperio.

Son muy pocos los arquitectos que reservan para el final de sus días sus mejores proyectos. San Giorgio Maggiore, frente al palacio Ducal de Venecia; la iglesia del Redentor, en la isla de la Giudecca, y el teatro Olímpico de Vicenza, que terminó pocos meses antes de morir, en 1580, son tres de los palladios más monumentales. En su última década no sólo firmó sus mayores obras, también corrió sus mayores riesgos. Por eso aseguró el futuro del palladianismo, el palladio sin Palladio, que, como los estilos clásicos, llega al mundo cada tanto tiempo para revisar sus cimientos. Durante el pasado siglo, Palladio renació en la obra de grandes modernos y posmodernos como Asplund, Ungers o incluso Moneo. Como el propio Palladio hiciera hace quinientos años, entonces, fueron varios entregados arquitectos los que recurrieron al clasicismo para indagar y asentar la esencia de la modernidad. –

Los cuatro libros de la arquitectura. Andrea Palladio. Traducción de Luisa de Aliprandini y Alicia Martínez. Introducción de Javier Rivera. Akal. Madrid, 2008. 507 páginas. 24 euros. Las antigüedades de Roma. Andrea Palladio. Edición de José Riello Velasco. Akal. Madrid, 2008. 223 páginas. 26 euros. Palladio, 500 años: la Grande Mostra. Palazzo Barbaran da Porto, Vicenza (Italia), hasta el 6 de enero de 2009. Royal Academy of Arts de Londres, del 31 de enero al 13 de abril. Se exhibirá en EE UU en otoño. http://www.andreapalladio500.it.



Palladio, l’architecte moderne de la Renaissance
febrero 15, 2009, 6:53 pm
Filed under: Historia de la Arquitectura

Béatrice de Rochebouet 09/02/2009 | Mise à jour : 16:23 | Ajouter à ma sélection Vue de face du Panthéon et de la reconstruction des Bains d’Agrippa, dessin, vers 1570. (DR) Vue de face du Panthéon et de la reconstruction des Bains d’Agrippa, dessin, vers 1570. (DR) Pour célébrer le 500e anniversaire de sa naissance, la Royal Academy of Arts de Londres retrace la vie de ce grand architecte italien et montre l’héritage qu’il a laissé. Au-delà d’un nom célèbre, Andrea Palladio est devenu la référence suprême ! En donnant naissance au palladianisme, ce style élégant inspiré de l’Antiquité dont le Britannique William Kent fut un des partisans les plus convaincus, Palladio dépasse la simple histoire de l’architecture. Le succès de sa pensée avant-gardiste est aussi attaché aux grandes controverses, comme la querelle des Anciens et des Modernes. En quarante ans de carrière, cet architecte de la Renaissance italienne (1508-1580) qui fut avant tout un humaniste imprégné des écrits de Pline et de Vitruve, a laissé l’un des plus grands héritages que l’architec­ture ait jamais connus. Son influence en Angleterre, en Amérique (avec Thomas Jefferson), en Europe et jusque sur les terres de la Grande Catherine de Russie fut plus grande que celle de tous les architectes de la Renaissance réunis. Son fameux traité,I Quattro Libri dell’Architettura – importante publication qui voulait, à l’égal de Cornaro, servir de guide pratique pour la construction d’édifices utilitaires -, a irrévocablement modifié les conceptions architecturales de l’Occident. Des milliers de maisons, d’édifices publics, d’églises, de décors comme celui de Pier Luigi Pizzi pour la 16e Biennale des antiquaires, en 1992, au Grand Palais, dérivent de ses schémas architecturaux. L’hommage que lui rend la Royal Academy of Arts de Londres, pour fêter le 500e anniversaire de sa naissance, s’impose comme une évidence. D’autant que la pensée architecturale de Palladio eut un grand succès en Grande-Bretagne avec Inigo Jones, avant d’être réinterprétée en France par Claude Nicolas Ledoux, au siècle des Lumières. La proportion et la symétrie Organisée en collaboration avec le Centro Internazionale di Studi di Architettura Andrea Palladio et le Royal Institute of British Architects, cette exposition retrace la vie et «l’après-Palladio». Non seulement à travers des dessins montrant son souci permanent de la proportion et de la symétrie telles qu’elles se trouvent dans la nature. Palladio s’attacha à appliquer les règles de proportion préconisées par les Anciens à la composition architecturale et, notamment, les règles des proportions musicales énoncées par Pythagore. Mais aussi à travers d’extraordinaires maquettes conservées à Vicence de ses réalisations, comme la basilique de Vicence. Une innovation, avec son plafond en forme de carène renversée. Difficile de rendre vivante une exposition d’architecture. Didac­tique juste comme il faut, Eric Parry a réussi à mettre en scène le parcours prolifique de ce fils de meunier – né à Padoue en 1508 et installé à Vicence en 1524 – en trois salles : de la bleue évoquant le ciel de Rome qui inspira à Palladio ses nombreux relevés de ruines et monuments, à la rouge de Venise avec ses projets d’églises San Giorgio Maggiore ou le Redentore. Sous des allures classiques, l’architecture de Palladio est incroyablement moderne. Aussi bien dans les palais et les villas construites pendant la première décennie de sa carrière pour la noblesse de Vicence – villas Trissino, Foscari, Poiana, Cornari, Barbaro… que dans les constructions postérieures pour de riches commanditaires à Vérone ou Venise. La juxtaposition symé­trique d’éléments distincts autour d’un axe central, comme le tronc d’un corps humain, est une composition très novatrice de l’espace. Jusqu’au 13 avril, réservation au 0844 209 1919, http://www.royalacademy.org.uk



Architecture – Palladio, l’homme qui a lifté venise
febrero 15, 2009, 5:54 pm
Filed under: Historia de la Arquitectura

Publié le 15/01/2009 N°1896 Le Point

La Royal Academy, à Londres, s’apprête à fêter le cinquième centenaire de la naissance du génial architecte Andrea Palladio.

Jean Pierrard

Venise lui doit son « lifting » le plus réussi ! Une légère traîne de nuages, un ciel bleu suffisent pour composer autour de San Giorgio Maggiore la plus belle des vedute, ces paysages urbains auxquels Canaletto et d’autres peintres donneront au XVIIIe siècle leurs titres de gloire. En érigeant sur un îlot à la pointe de la Giudecca ce qui constitue aujourd’hui l’un des joyaux architecturaux de la planète, Andrea Palladio (1508-1580) a radicalement bouleversé la ligne d’horizon de la lagune.

Qu’on l’admire frontalement depuis la place Saint-Marc ou qu’on en apprécie les subtilités architecturales en flânant le long des Zattere, les quais de Dorsoduro, San Giorgio constitue, au même titre que la villa Rotonda, le point d’orgue des rêves antiquisants de la Renaissance. L’église n’est qu’en brique, matériau finalement très modeste, mais l’oeil retient d’abord le fronton en pierre blanche de la façade érigée à la façon d’un temple grec. Une provocation délicieuse quand on sait qu’une partie de l’âme de Venise s’abritait, place Saint-Marc, dans la vieille basilique byzantine éponyme qui, aux yeux de Palladio, symbolisait la vieillerie et la ringardise. Consulté sur la reconstruction du palais des Doges voisin, après le grand incendie qui venait de le ravager, Palladio avait tout simplement proposé de raser la bâtisse gothique et de la remplacer par un palais selon ses conceptions « modernes ».

Un geste radical à la Le Corbusier-ce dernier voulait débarrasser Paris de la gare d’Orsay-qui aurait permis à l’illustre architecte de remodeler entièrement le coeur de Venise en s’aidant d’audacieuses triangulations. La sagesse et le bon goût des patriciens composant le Sénat vénitien l’empêchèrent d’accomplir son forfait et la ville conserva ce coffret de dentelle qu’est le palais des Doges. Si, après Vicence, Londres, une capitale enlaidie par un quart de siècle d’errements architecturaux, consacre une exposition au maître italien, c’est parce qu’il reste le symbole d’une architecture heureuse, capable d’entraîner l’homme vers le haut et le beau.

Avant de s’attaquer au profil de la Sérénissime, Palladio n’était au départ qu’un modeste tailleur de pierres padouan. Repéré par quelques patriciens avertis dès ses premiers travaux, il modifie en profondeur le paysage de la Vénétie ; son talent est tel qu’il est difficile de dire s’il est plus habile à ériger une église, un palais, un théâtre ou un pont. Son premier fief est Vicence, sa ville d’adoption, où il se fait définitivement remarquer en tricotant autour d’un vieux palais municipal une enveloppe de marbre exceptionnellement brillante, aérienne, faite de colonnes doriques et ioniques, d’oculi et de statues. Le monument reste encore aujourd’hui le vrai centre de Vicence, avec un marché proposant les savoureux produits du nord de l’Italie.

La maestria du grand architecte s’explique- t-elle parce qu’il est devenu, selon la formule de l’historien Wittkower, « un homme universel », capable de rédiger le traité d’architecture le plus accompli de la Renaissance-« Les quatre livres de l’architecture »-en même temps qu’un guide de Rome ? Dans ces ouvrages éclate son goût pour les monuments antiques, soigneusement restitués jusqu’au plus petit détail des chapiteaux. Avec Palladio, la colonne, l’arc, le péristyle antique retrouvent une nouvelle jeunesse. Sans oublier l’ordre colossal qui, pendant trois siècles au moins, deviendra l’archétype des bâtiments officiels, de l’Opéra au palais de justice en passant par le musée. Dans le premier tiers du XXe siècle encore, la National Gallery de Washington s’offre, via le néo-classicisme, une façade résolument palladienne. Auparavant, les Britanniques seront, à partir d’Inigo Jones, toqués de Palladio, pendant deux siècles au moins, le copiant sans vergogne de Bath à Oxford. Et, après eux, les Américains, à commencer par l’un de leurs premiers présidents, Thomas Jefferson, qui dessinera lui-même les plans d’une des demeures les plus élégantes de la jeune Amérique indépendante, à savoir sa résidence de Monticello, à proximité de Washington.

L’ouvrage de Jefferson est perché au sommet d’un monticule, exactement comme la plus célèbre des villas palladiennes, la Rotonda. De la même façon que Visconti, avec « Mort à Venise », remit au goût du jour les symphonies de Gustav Mahler, le metteur en scène britannique Joseph Losey permettra au grand public de découvrir Palladio en situant les scènes les plus importantes de son « Don Giovanni » dans le décor de la Rotonda. Qui peut oublier le geste de Leporello déployant, dans les escaliers monumentaux de la villa, le catalogue des conquêtes de son maître à la face de Donna Elvira : « Mille tre » ?

Palladio n’a pas inventé ce type de villa patricienne destinée à une noblesse vénitienne, soucieuse de se mettre au vert sur la « terra ferma ». Quelques-uns de ses illustres prédécesseurs avaient ouvert la voie sous les Médicis. Le grand Vicentin fera mieux en donnant à ses maisons de campagne leurs lettres de noblesse. Souvent installées à proximité d’un cours d’eau, elles bénéficieront de tout ce qu’il était allé puiser au cours de ses nombreuses excursions archéologiques dans la Rome antique pour édifier églises et palais. Aussi à l’aise dans les vastitudes d’un paysage que dans l’exiguïté d’un campo vénitien, Palladio a joué de son impeccable sens des proportions, se servant toujours du même vocabulaire antiquisant pour se livrer à d’innombrables variations. Après tout, la Rotonda n’est qu’une simple boîte sous une coupole évidemment inspirée par le Panthéon de Rome que quatre portiques et quatre escaliers identiques permettent d’ouvrir sur la nature avec un rien d’emphase à la fois aristocratique et antiquisante.

D’après Bruce Boucher, auteur d’un excellent livre sur Palladio, son premier occupant, un prélat à la retraite, semble y avoir mené une vie tranquille et peu fastueuse, en dépit des riches ornementations en stuc décorant l’intérieur dans le goût maniériste de l’époque. De toute façon, s’interroger sur le confort des architectures d’avant-garde, c’est ouvrir la porte à d’innombrables débats. Dans son brillant essai « L’architecture du bonheur », l’essayiste Alain de Botton avait narré avec beaucoup d’humour les mésaventures vécues par les propriétaires de la villa Savoye, édifiée par Le Corbusier dans les années 30 du XXe siècle. Victime du manque d’étanchéité du bâtiment, le jeune fils du propriétaire, à peine installé, contracte une pneumonie… Plus essentielle cependant est la question de la postérité. Nul doute qu’en dotant la villa Savoye de pilotis Le Corbusier a voulu résolument marcher dans les pas de son illustre prédécesseur

« Palladio. Vie et postérité. » Royal Academy, Londres. Du 31 janvier au 13 avril.



Sobrevive el diseño y la arquitectura de Eero Saarinen.* Se cumplen 47 años de la muerte del arquitecto de origen finlandés.
septiembre 1, 2008, 3:11 pm
Filed under: Historia de la Arquitectura

México, 31 Ago (Notimex).- Autor del centro “General Motors”, el arquitecto finlandés naturalizado estadounidense Eero Saarinen, quien es reconocido como uno de los arquitectos más destacados de mediados del siglo XX por el eclecticismo de su obra, murió el 1 de septiembre de 1961.
Nacido el 20 de agosto de 1910, en Kikkonummi, Finlandia, Saarinen inició sus estudios de escultura en la Academia de la Grand Chaumiére de París, Francia, pero en 1923 emigró a Estados Unidos, donde se recibió como arquitecto por la Universidad de Yale.
Naturalizado estadounidense, el diseñador recibió una beca para viajar nuevamente a Europa, lugar en el que permaneció dos años. A su regreso fue profesor de arquitectura en la Academia de Arte Cranbrook.
En 1937 comenzó a diseñar muebles, en colaboración con su socio Charles Eames, que fueron objeto de premios de parte del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Posteriormente diseñó también muebles para la compañía Knoll, que se convirtieron en clásicos.
Proyectó el multipremiado monumento “Jefferson National Expansion Memorial” (1964), formado por un arco en acero inoxidable de casi 200 metros de altura.
Como arquitecto trabajó en el estudio de su padre hasta la muerte de éste. Sus proyectos más importantes los realizó a partir de la Segunda Guerra Mundial.
Su mayor encargo fue el centro “General Motors” (1948-1957), en Warren, Michigan (Estados Unidos), un recinto con cinco pabellones en los que el diseñador incluyó ladrillos tejidos en varios colores y escaleras de fantasía.
Famoso por sus diseños de líneas curvadas, la labor arquitectónica de Saarinen comenzó a partir de estructuras rectilíneas en acero y cristal del “International Style”.
Pronto evolucionó hacia formas más libres de construcción iniciadas por Pier Luigi Nervi, Le Corbusier y otros arquitectos de principios del siglo XX.
En la década de los 50 realizó diversas estructuras cubiertas con cúpulas muy espectaculares, como el auditorio “Kresge”, en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (1955) y el “Ingalls Hockey Rink” (1959).
Su máxima brillantez creativa la alcanzó con la terminal de la compañía aérea TWA, en el aeropuerto internacional Kennedy, de Nueva York, terminada en 1962.
En sus planos para el Aeropuerto Internacional de Dulles, acabado en 1963, introdujo el nuevo concepto de sala de embarque, que cubrió con un tejado de losas de hormigón suspendidas por una serie de cables.
De acuerdo con sus biógrafos, Eero Saarinen prefería construir edificios institucionales, pues su único rascacielos, el de la CBS, concluido en 1965, fue el primero en Nueva York realizado en hormigón armado.
El destacado diseñador, quien de manera póstuma recibió la Medalla de Oro del Instituto Americano de Arquitectos, murió el 1 de septiembre de 1961 en Ann Arbor, Michigan.