Noticias de Arquitectura


El Premio Pritzker en Buenos Aires
junio 6, 2009, 3:18 pm
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La Ciudad de Buenos Aires ha sido el escenario elegido para la entrega del Premio Pritzker, el máximo galardón en el campo de la arquitectura mundial. Este hecho implica un reconocimiento a la riqueza urbana y arquitectónica de Buenos Aires, el cual ha sido posible por una actitud aunada de las autoridades de la Nación y la Ciudad, algo tan necesario y efectivo como, lamentablemente, poco habitual.

El notable arquitecto suizo Peter Zumthor, cuyos proyectos se caracterizan por su austeridad estética y profundidad emotiva, recibió el famoso medallón de bronce en una ceremonia realizada en la Legislatura porteña. Luego, la fiesta de gala se realizó en el palacio San Martín. Con mucha antelación, una comisión visitó la Ciudad, y luego de la invitación estatal, ésta se convirtió en la primera capital sudamericana en la que se entrega una distinción ya tradicional en el mundo de la arquitectura. Ha sido, entonces, un reconocimiento de valores propios de Buenos Aires que deben ser resguardados.

La más importante distinción de la arquitectura se entrega, año a año, en las ciudades y edificios más relevantes del mundo. La elección de Buenos Aires ha sido un hecho muy significativo.



La arquitectura de la luz solar
abril 3, 2009, 4:02 pm
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El arquitecto y crítico catalán Miquel Adrià reflexiona sobre las principales obras mexicanas contemporáneas. Un lenguaje nacional dominado por un singular uso de la luz y la geometría.



por Elena Peralta.
eperalta@clarin.com

Un territorio gobernado por el sol, una cultura rica en contrastes y un manejo ancestral de la geometría. El mix, puesto sobre un tablero, entrega una arquitectura singular, dominada por la luz y con cada vez mayor proyección internacional. La nueva arquitectura mexicana se abre al mundo sin olvidar sus raíces. Miquel Adrià, arquitecto y crítico catalán radicado hace más de una década en México y director de la revista Arquine, analizó para ARQ las principales tendencias de la arquitectura azteca contemporánea.Para explicar las vanguardias de hoy, la referencia obligada hay que buscarla más de medio siglo atrás. Adrià asegura que buena parte de lo que es la arquitectura mexicana contemporánea retoma el camino trazado por Luis Barragán, Pritzker en 1980 y padre de la modernidad mexicana, en la década del 30 inició la búsqueda de “un estilo mexicano universal”, cuyos trazos se pueden rastrear en las nuevas generaciones.

“Habitualmente se identifica a la arquitectura de Barragán con el color -dice- pero uno de los aspectos más notables de sus trabajos está conectado con la luz. El color, en sus obras, tiene que ver con la capacidad para teñir la luz, para iluminar los espacios con luces previamente tratadas. Es parte de un mecanismo para generar cierta ilusión óptica “. Para Adrià es en ese protagonismo de la luz en donde hay que buscar hoy el camino de sus compatriotas.Podría decirse que la centralidad del sol en los proyectos mexicanos es topográfica. En un país casi sin sombras no aprovechar la luz natural sería un pecado, pero el catalán asegura que el recurso tiene más que ver con el ADN nacional que con cualquier necesidad funcional. Y para el caso cita un ejemplo singular: la Embajada Mexicana en Berlín, realizada por Teodoro González de León y Francisco Serrano, un ascético juego de volúmenes de hormigón.

La Embajada podría ubicarse en la siesta recalcitrante de Guadalajara o Monterrey, pero está en una ciudad donde el sol es casi una ilusión. Un inmenso atrio vidriado y la multiplicidad de rajas de la fachada tratan de integrar el escaso sol berlinés al edificio.La dupla González de León y Serrano también es autora, junto a Carlos Tejeda, de un edificio paradigma de la arquitectura abstracta mexicana: las torres Arcos, en Santa Fe, el distrito financiero del DF. La obra es un buen ejemplo de otra característica nacional: el desapego por la función. “Son oficinas, pero una parte terminó siendo un hotel. La función, en este caso, fue irrelevante a la hora de pensar la forma”.

Las torres forman un arco de concreto y vidrio, una especie de marco urbano que recorta la ciudad con fuerte voluntad icónica. “Es una secuencia de espacios cargados de gran ambivalencia y una contundencia casi totémica, otra condición muy común en la arquitectura mexicana de todos los tiemposa Terminal 2 del Aeropuerto Benito Juárez. La propuesta vuelve a apelar a la luz como protagonista central. El edificio, en forma de V, tiene al hormigón como material casi exclusivo”.
Una secuencia equidistante de cilindros perforados dejan entrar luz en el interior. “La iluminación genera una multiplicidad de espacios sumamente abstractos en los que casi se pierde noción de los planos verticales y horizontales”, explica el catalán.

Proyectos de exportación

Ricardo Legorreta es quizás uno de los nombres más citados a la hora de pensar en proyectos mexicanos fuera de la República. Cabeza de la corriente que reclama con mayor legitimidad la herencia de Barragán explota, según Adrià, ” lo mexicano como adjetivo y lo hace apelando a los muros ciegos, al color y al tratamiento plástico de las obras”.Legorreta repite la fórmula en geografías tan diferentes como El Cairo, Madrid, Jerusalén, Los Angeles o San Pablo. En el pabellón de la Expo Hannover 2000 consigue generar distintos ambientes a través de la luz. En una caja revestida por una piel de cristal, una serie de patios remite a lo colonial pero en una envoltura propia del siglo XXI enclavada una cultura tan ajena como la alemana.Esa misma tradición es retomada en la Escuela de Negocios de Monterrey, en donde una estructura curva con una torre en tensión permanente con los cerros. “Legorreta toma a la arquitectura como un elemento capaz de dialogar con el paisaje”, dice Adrià. En ese sentido apuesta todos los recursos desde el color terracota, hasta la disposición interna, organizada como las antiguas misiones españolas en la región.

La nueva ola

Y la escena sigue renovándose. Toda una generación que hoy orilla desde los treinta hasta los cuarenta y pico se abre paso dentro y fuera de México. En esta camada se inscriben nombres como Enrique Norten, Bernardo Gómez Pimienta, Fernando Romero o el propio Adrià.
Los dos primeros, conformando TEN Arquitectos, se llevaron el premio Mihes Van der Rohe para Latinoamérica con el edificio de servicios de Televisa. “En una forma contundente, de cilindro acostado, se juntan desde un estudio de abogados y consultorios médicos hasta las oficinas de la cadena de TV”, dice Adrià. Otra vez aparece la multifuncionalidad como una característica fundamental de la obra mexicana.TEN ensaya la misma abstracción de forma y contenido en el Hotel Habita. Norten y Gómez Pimienta cubrieron la estructura de un edificio de departamentos con una envolvente vidriada. “El aspecto contemporáneo de la obra retoma una tradición olvidada en el DF: la apropiación de las azoteas”, agrega Adrià.

En 2006 Bernardo Gómez Pimienta junto con Julio Amezcúa, Francisco Pardo y Hugo Sánchez, emprendió la construcción de Ave Fénix, la estación central de bomberos de la ciudad de México.
Un caja cromada con rajas verticales contiene la central de bomberos y un centro cultural. El aspecto frío del exterior cambia radicalmente apenas se pasa la puerta. A través de un juego de iluminación, Gómez Pimienta convierte el interior del edificio en una metáfora de su uso: las luces tiñen paredes de rojo furioso. El mismo Adrià sigue el camino de la luz en sus obras. Una serie de parasoles de colores se adueñan de la fachada del edificio Tlaxcala, proyectado por el catalán junto con Isaac Broid y Michel Rojkind. La transparencia también es el leit motiv del edificio Eneo: una caja de cristal que contiene una escuela de enfermería.

Con apenas 37 años, Fernando Romero es otro talento de exportación. Formado en la oficina de Rem Koolhaas terminó siendo jefe de proyecto de la Casa de la Música en Oporto, Portugal.
El nombre de su estudio da cuenta de su forma de pensar la arquitectura. Sus oficinas se llaman Laboratorio de la Ciudad de México. Dueño de un intenso diálogo con el entorno, Romero hace una adecuación muy interesante de un edificio de los 80 para convertirlo en el Banco de Inversión de Mexico. Nada indica especificamente la función del edificio, situado en el Paseo de la Reforma, una de las avenidas con mayor circulación del DF. “¿Para qué contaminar la ciudad con más información?”, se pregunta Adrià. Para la envolvente, Romero eligió una piel que se va transformando por efecto de la luz. “La obra da la sensación de estar construyendo continuamente un espacio nuevo, seduciendo a los conductores”.

Uno de sus últimos proyectos, el Museo de Arte Soumaya, en el DF, está dispuesto a romper con toda tradición. El edificio emerge desde el suelo como un gran contenedor de arte. El programa se desarrolla verticalmente. El último de sus cinco niveles está bañado de luz natural que se filtra a través de un domo.En una arquitectura dominada por la luz, Adrià da un ejemplo, el de la Escuela de Invidentes de Mauricio Rocha, que se destaca justamente por apelar a sensaciones que escapan de lo visual.”Desde la mitad del siglo XX la arquitectura se transformó en una disciplina casi exclusivamente visual, Rocha hace un ejercicio muy interesante de retomar valores perceptibles desde otros sentidos, como el uso del agua o los olores, a través de ciertas plantas como los naranjos”.

Alberto Kalach es el autor de la biblioteca José Vasconcelos, un edificio controvertido en el DF. Kalach plantea la obra como un gran gusano de más de 250 metros de largo, que trata de aunar la condición de biblioteca, jardín botánico y edificio.”La naturaleza -dice Adrià- prima por encima de la condición contextual. Todo es una construcción de pórticos repetibles, iguales, de acero revestido de concreto que permite el paso de luz natural al interior”.Alberto Salas vuelve sobre la figura de un cilindro. En este caso para un centro de fabricación de lentes de alta precisión, en Baja California. “Los ingenieros que trabajan en la fábrica necesitan la mejor iluminación posible, que sigue siendo la solar”, aclara el catalán. El edificio es un gran tuvo envuelto en escamas que filtran el sol según la hora del día. “Se comporta como una máquina que permite entrar la máxima luz posible sin que los rayos solares tengan incidencia en el interior”, remata Adriá. Un laboratorio de luz que resume el ADN de la arquitectura mexicana.



Mestizaje moderno con firma mexicana
febrero 15, 2009, 5:32 pm
Filed under: Clarin

Detalles de la producción de Felipe Leal, un creador polifacético que define el carácter de sus obras a través de la relación que establece con el entorno rural o urbano. Sus ideas, sus búsquedas y sus constantes.



por Rosario Betti. Especial para Clarín

La obra de Felipe Leal explica los procesos de hibridación y mestizaje que caracterizan a la arquitectura desarrollada en occidente a partir de la segunda posguerra. Pero, además de ese carácter universal, su producción señala cómo la hibridación moderna encuentra en territorio mejicano uno de los más acabados exponentes. La tradición inaugurada por Luis Barragán ha sido retomada, revisada y reinterpretada en múltiples direcciones y, hoy, México constituye un nuevo y particular patrimonio arquitectónico que aúna, en propuestas de altísima calidad, postulados y estrategias del Movimiento Moderno –y sus emergentes más contemporáneos– con premisas y referencias de carácter autóctono.

Local y universal resultan, en estos planteos, términos necesariamente complementarios que aseguran la pertenencia de las diversas obras a un tiempo histórico preciso y a un lugar particular.
Los proyectos y las obras realizadas por el estudio del arquitecto Felipe Leal se inscriben en estas búsquedas de amplio perfil. Si bien al momento de la fundación del estudio, a mediados de la década del ’80, los proyectos destinados a vivienda fueron los más explorados, en años recientes, y con el aporte de nuevos miembros, las temáticas se fueron diversificando y hoy también incluye propuestas para bibliotecas, centros culturales, oficinas, rehabilitaciones de edificios existentes y demás.

Felipe Leal tiene una destacada y larga carrera académica pero, su capacidad de diversificación hizo que pudiera, desde hace 12 años, conducir el programa radiofónico semanal “La Arquitectura en el Espacio y en el Tiempo”, que se transmite en vivo los martes a las seis de la tarde en Radio UNAM. Además, Leal es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, de la Academia Nacional de Arquitectura y del colegio de Arquitectos de la ciudad de México. Sus obras que han sido publicadas en libros y revistas de prestigio, en México y el mundo, como WOW en Londres, GA Architecture en Japón, Deep y Arquine en México y Rizzoli en Estados Unidos.

Los principios

Algunas premisas básicas orientan la producción de Felipe Leal: en primer lugar, una decidida voluntad por aprovechar al máximo el potencial del entorno, sea este natural o urbano; es que para Leal el paisaje resulta determinante, tanto en la estructura de sus obras como en el fortalecimiento de la identidad cultural; en segundo lugar, un compromiso ambiental que lo lleva, por un lado, a recuperar el principio lecorbusierano de terraza – jardín y, por otro, a concentrarse en la habitabilidad real de los espacios propuestos. Por último, la convicción de que materia, textura y luz son argumentos expresivos inherentes a la arquitectura, por lo que todo lenguaje arquitectónico debe surgir, necesariamente, de explorar sus alcances.

Las casas de descanso La Chiripa, ubicadas en Acapulco y concebidas como un muelle-mirador que se despliega en el espacio y captura las vistas del paisaje, responden cabalmente a las características mencionadas. La muy cuidada gradación espacial que articula el pasaje de lo público a lo privado y que, a la vez, permite crear espacios que se integran unos con otros a través de precisos enmarques visuales, se erige como recurso principal de diseño: así, balcones, terrazas y piscinas, ubicados en lugares estratégicos a distintos niveles, garantizan las relaciones entre sujeto, objeto y contexto, a la vez que hacen explícita la estructuración vertical de la obra. Las piscinas, con su azul intenso, y los listones de madera que configuran las pantallas exteriores, por otro lado, devienen en texturas que se ofrecen a la luz; luz que se considera, también ella, materia y textura que, por su condición siempre cambiante, construye y reconstruye el carácter de los espacios en los que impacta.

Conceptualmente similar, ahora en un contexto urbano tradicional al sur de la ciudad de México, en una zona de calles estrechas con un trazado irregular, es el planteo que presenta la casa en Galeana 71: un espacio intermedio articula las relaciones entre casa y calle y asegura la necesaria privacidad de la vivienda. A su vez, desde la terraza recuperada como espacio de uso social se puede observar parte de la ciudad y gozar del paisaje de las montañas y volcanes que rodean al valle.

Terrazas–jardín aparecen también en el proyecto de ampliación para el estudio del escritor colombiano García Márquez, en la remodelación de la pequeña casa en Tabasco 50, en el corazón de la colonia Roma, en el proyecto del estudio de Vicente Rojo, en Coyoacán. Es que, para Leal, transformar la terraza en un área verde presenta un valor agregado: el perfil superior de la ciudad deja de ser un lugar postergado y se reconvierte en un nuevo entorno natural que celebra la ciudad ubicada a sus pies.

Poesía y detalles

Para Leal, la Tienda de los Pumas –equipo de fútbol de la universidad que juega en primera división azteca–, ubicada en la Ciudad Universitaria de México, fue una oportunidad de manejar sus conceptos fuera de la escala doméstica.

La presencia del estadio olímpico y la componente histórico-arquitectónica del sitio definieron el partido arquiectónico: se trata de un pabellón que se presenta como un homenaje a la arquitectura mexicana de los años cincuenta –sobre todo a aquella del Pedregal, según aclara el propio Leal– y que funciona como verdadero mirador del estadio y del campus universitario. Como muchos otros edificios existentes en el campus, este permanece despegado del piso. Por otro lado, el contraste opaco-transparente que produce el par hormigón-vidrio, fortalece el carácter de la obra.

Pero será el diseño de los elementos menores y los detalles los que aseguran esa cualidad poética que permite que las obras trasciendan. En esos términos, así como la Tienda de los Pumas está llena de hallazgos de ese tipo, la escalera que conduce a la azotea en la casa-estudio de Vicente Rojo resulta sugestiva. Antes que una escalera, se trata de una suerte de greca en relieve que da forma al muro sobre el que se recuesta; a la vez, las texturas que adquieren los muros exteriores de ladrillo, por el material en sí mismo y por el impacto de la luz, provocan un juego de sombras que moldea el espacio; en la misma obra, una viga de acero ubicada diagonal respecto a un volumen ortogonal genera una sutil tensión que vitaliza el espacio interior.

Campus de Morelia

Los detalles están dentro del repertorio de Leal, pero las grandes estrategias no le son ajenas. Con la construcción de una nueva Unidad Académica y Cultural, por ejemplo, Felipe Leal logró una importante consolidación del campus de la UNAM en Morelia. Esta nueva infraestructura permitirá realizar tres funciones sustantivas de la vida universitaria; docencia, investigación y difusión de la cultura. El auditorio central del campus con capacidad de 270 espectadores brinda la posibilidad de organizar congresos y actividades culturales y ser un elemento de apoyo para la difusión del Jardín Botánico.

Por su ubicación y los servicios que ofrece, el edificio será una puerta de acceso al campus y el punto de reunión de los diferentes centros que lo conforman, propiciando la convivencia e intercambio de ideas. En sus obras, domésticas, institucionales o comerciales, se nota que Felipe Leal extiende su condición de profesor universitario: ellas resultan lecciones de una posibilidad arquitectónica, la de construir un lenguaje preciso, de muros contundentes y planos despojados en los que la textura y la luminosidad adquieren protagonismo excluyente.



La calle, escenario público y termómetro cultural
agosto 3, 2008, 3:52 pm
Filed under: Clarin, urbanismo

Audiovisuales, fotos y proyectos de arquitectura narran la dura realidad de las calles del mundo.
Por: Mariana Rolandi. ESPECIAL PARA CLARIN

Vivimos la mayor parte del tiempo en viaje, de un sitio a otro. Pero ¿de quién es la calle y cómo compartirla?, éste es el eje de la muestra “La calle es nuestra, de todos”, que reúne en el Palais de Glace hasta el 27 de julio un conjunto de imágenes -hay más de cien fotos de artistas y fotoperiodistas, además de audiovisuales, testimonios, ilustraciones, proyectos de arquitectura y urbanismo- de los cinco continentes. La exposición, organizada por el Instituto para la Ciudad en Movimiento (Institut pour la ville en mouvement- PSA Peugeot Citroen), con sede central en París, fue coordinada localmente por el arquitecto Andrés Borthagaray.

“Desde este espacio cultural, nuestro objetivo es exponer la importancia de la movilidad, como clave del desarrollo urbano moderno. La movilidad es un acceso a la integración social, quien no puede transportarse queda excluido de la sociedad, siendo este un derecho genérico que da acceso a los otros derechos. Nuestra misión es ayudar a la mejora de la calidad de vida” explica Mireille Apel-Muller, jefa ejecutiva del instituto. Lo que ahora se ve en Buenos Aires ya estuvo ya en París, Shangai, Toronto, Montreal y Pekín. Luego irá a Santiago de Chile, Bogotá y Río de Janeiro.

Las imágenes impactan. Se ven chicos sobre las vías de un tren en la India; la furia visual de una esquina en rojo de Tokio; un mercado de Tailandia cuyo paso es un río que los compradores recorren en botes a remo; ropa colgada de punta a punta de una callecita suburbana de Londres; una mujer sin techo que duerme en la acera de una de las más lujosas joyerías de Nueva York. También se ven peatones, tráfico, hombres de traje que se desplazan con apuro por cualquier gran ciudad. Las fotos, casi murales, muestran lo que sucede en las calles. Hay imágenes de agencias de fotoperiodismo como Mágnum, VU o Getty, entre otras. También hay fotos de artistas como Arthus Bertrand y Alex Mc Lean.

Además de las fotos, conmueve un videoarte filmado por el realizador francés Bruno Badiche. Son tres pantallas gigantes que rodean al espectador en una experiencia de video inmersión, en la cual se transmiten en forma simultánea y complementaria distintas imágenes de 50 lugares de todo el mundo. Imposible escaparse al movimiento que invade la vista y el oído con la obra de Badiche.

También hay 50 proyectos de espacios urbanos de arquitectos de distintos países -en su mayoría, europeos- como el italiano Maximiliano Fuksas, el español Manuel de Sola Morales, Rem Koolhas y Christian De Dotzamparc, entre otros.

“Aunque los proyectos que presentamos sean en general de países desarrollados, hay que entender que mejorar la movilidad no tiene por qué ser un lujo. Todos los países pueden hacer pequeños cambios y lograr que los sistemas de transporte y sus sitios -estaciones de trenes y de ómnibus- sean mejores para la gente” cuenta el arquitecto argentino Borthagaray, jefe del instituto para Latinoamérica.

En la muestra hay una gran agenda de actividades paralelas (ver el sitio http://www.palaisdeglace.org), con especialistas internacionales en temas de arquitectura y urbanismo. Hoy a las 18.30 Olivier Pérez presentará sus fotografías junto a Juan Pablo Piccardo, ministro porteño de Ambiente. El martes 22 a las 18.30 hay una jornada con profesores de Arquitectura, donde se presentarán los cortos premiados en la carrera de Imagen y Sonido. El jueves 24 a las 18.30 habrá una charla sobre “Las calles de Galicia” a cargo de funcionarios españoles. Como resume Mireille Apel Muller, “las calles son el alma de las ciudades, también el lugar donde convergen todas las situaciones y complejidades. La calle es el teatro de las sociedades y esta exhibición pone ese teatro a la vista y reflexión de todos”.



La era de la velocidad en estado congelado
junio 16, 2008, 3:40 am
Filed under: Clarin, Coop Himmeblau

PROYECTO INTERNACIONALEDIFICIO BMW WELT

La última obra de Coop Himmeb(l)au, un tornado de metal y vidrio, es un manifiesto de la nueva arquitectura mundial.

MIGUEL JURADO.
mjurado@clarin.com

En los ochenta, en su Viena natal, Wolf Prix construyó un techo retorcido que revolucionó la arquitectura. En pleno Posmodernismo, el ahora legendario fundador y socio de Coop Himmeb(l)au, editaba la primera expresión de lo que se dio en llamar el Deconstructivismo. Ahora, en Munich, Alemania, inauguró un techo de formas suaves y etéreas, casi una nube metálica que cubre el centro de exposición, venta y entrega de autos de la BMW. La idea que elaboraron con su socio, Helmut Swiczinsky, resultó un éxito hace casi 7 años, cuando ganaron el concurso entre 275 proyectos de los arquitectos más importantes del mundo.

Hoy, la enorme ameba voladora que cubre más de 200 metros de largo y 130 de ancho, parece haber cumplido su principal cometido: convertirse en una pieza urbana dinámica, fascinante y lo suficientemente vanguardista como para como para que su imagen de la vuelta al mundo.

Además de su efecto mediático, existe una causa urbana: el flamante edificio de la BMW Welt intenta producir una conexión visual y virtual entre varios hitos urbanos que permanecen desperdigados entre las autopistas de Munich: el Centro Olímpico, con sus techos tensados de Frei Otto; la fábrica; y las famosas torres de la BMW, diseñadas en los 70 por Karl Schwanzer, antiguo profesor de Prix.

Al ritmo del mercado. El nuevo edificio es parte de una generación de proyectos de alto impacto formal encargados por empresas automotrices alemanas en los últimos años. El BMW Welt se suma a la fábrica de BMW de Zaha Hadid, en Leipzig, y al Museo Mercedes Benz de UNStudio, en Stuttgart; entre otros.

Esta onda tecnológica y audaz viene alentada por dos factores confluyentes: la natural pasión de los fabricantes de autos por las máquinas bien construidas. Y la capacidad de la arquitectura para comunicar valores de sofisticación tecnológica y calidad, una cualidad de la que muchos empresarios ya han tomado nota.

Pero Wolf Prix se encarga de aclarar que su techo volador de Munich busca mucho más que proyectar valores simbólicos y positivos al servicio de una marca. “Lo más importante del proyecto es su disposición como espacio de encuentro”, afirma el vienés. De alguna manera, este edificio resume las últimas tendencias de lo que hoy conocemos como vanguardia arquitectónica: generar espacios y formas que son el resultado de las fuerzas dinámicas de la arquitectura. Ese mismo camino es recorrido por otros arquitectos como el español Alejandro Zaera Polo, el polaco-estadounidense Daniel Libeskind o la famosa iraquí Zaha Hadid.

Sin embargo, el estudio austríaco se siente pionero en ese género y aspira a llegar mucho más lejos. “En el futuro, estos espacios serán vistos como se perciben hoy los paisajes durante un viaje en auto”, asegura Prix y vaticina el comienzo de la era de la “arquitectura de la velocidad en estado congelado”.

Pero, le guste o no a su autor, la nube que desarrolló Prix no es sólo un manifiesto de arquitectura, además, cumple a pies juntillas una nueva filosofía de márketing de la empresa alemana: vender autos y potenciar el prestigio de la marca.

En el nuevo edificio de BMW se muestran los últimos modelos de la fábrica alemana de una manera distinta: a través de la experimentación. Los clientes que llegan al salón de exposiciones principal para buscar sus autos nuevos son recibidos con capuchinos helados y conducidos a una pequeña cabina donde pueden probar las características de manejo especiales en simuladores computarizados.

Luego, los clientes avanzan por una escalera imponente hasta una plataforma donde hay alineados autos BMW. Al acercarse a la base de la escalera, se encienden unos reflectores debajo del auto que les corresponde, que comienza a girar sobre su plataforma. En ese instante aparece una chica para tomar una foto del cliente y su auto.

Por su parte, Prix y Swiczinsky se aseguraron de que los espacios interiores estimularan los sentidos de los visitantes. Las nuevas líneas de autos y motos están expuestas en un espacio rodeado de negocios, puestos de servicios para los clientes y oficinas que facilitán la compra y el retiro de los vehículos. Es que la nueva política de la empresa alemana es buscar que todas las actividades se realicen en un ambiente excitante, rodeado de las cosas que hay en las ciudades o en los shoppings.

La etérea cubierta ondulada del BMW Welt está constituida por dos capas tridimensionales de reticulado metálico. La superior desarrolla la forma de un gran alfombra voladora y sirve de protección. La inferior, por su parte, toma diferentes alturas para darle cualidades especiales a cada una de las funciones que cubre.

Entre ambas capas, una estructura de barras diagonales refuerza el conjunto. Para sostener este techo, los proyectistas diseñaron una serie de puntales inclinados.

Pero la jugada más audaz fue generar un enorme cono de doble curvatura que llega al piso en un extremo del edificio. Esta deformación del techo es la que le da carácter al edificio y le brinda la apariencia de un tornado en continuo desarrollo. El efecto contagia de dinamismo a todo el conjunto y se propaga bajo el cielorraso provocando la sensación de que el espacio fluye sin cesar. En sus puntos más bajos, la cubierta alcanza 8 metros de altura y se eleva a 28 metros en los puntos más altos.

Hace 7 años, el vanguardismo de la propuesta de Coop Hime(l)blau era evidente. Los miembros del jurado eligieron el proyecto convencidos de que el edifico sería una experiencia arquitectónica sin precedentes. De ninguna manera se equivocaron.

Por su parte, las autoridades de Munich esperan que el nuevo emprendimiento impacte beneficiosamente en los alrededores. Todo parece mostrar que así será. Al integrarse con el Parque Olímpico y las oficinas principales de la BMW, el edificio hace las veces de costura urbana en un lugar de la ciudad que está cortado por las autopistas.

De alguna forma, la arquitectura audaz e inconformista de Coop Himmeb(l)au, un verdadero movimiento revulsivo en los 80, puede resultar el perfecto cliché estético de la nueva conciencia empresaria, más cerca del espectáculo que nunca.



Pétalos luminosos en el centro de Shangai
octubre 31, 2007, 2:20 pm
Filed under: China, Clarin

ARQUITECTURA: PROYECTO INTERNACIONALCENTRO DE ARTE ORIENTAL PAUL ANDREU

Las salas de conciertos proyectadas por Paul Andreu reflejan las ambiciones culturales de la ciudad china.

porCHRISTOPHER HAWTHORNE. Los Angeles Times, especial para Clarín

De diferentes maneras, el resplandeciente Centro de Arte Oriental es un símbolo conveniente de la nueva China, y la forma más ambiciosa posible de ese país por entrar de lleno en la modernidad al estilo occidental. Conformado por tres salas de concierto, es un centro caro (120 millones de dólares) y más grande de lo que realmente se necesita (unos 105.000 metros cuadrados), superficie que en gran parte se pierde en los rincones de un vestíbulo oscuro como una caverna. Y como muchos de los edificios que recientemente el gobierno de China le ha encomendado a destacados arquitectos extranjeros, se anticipa ostentosamente a la necesidad de un espacio —en este caso, de un espacio de punta para la música clásica— en lugar de cubrirlo.

Sin duda el edificio ya encontró su lugar dentro de la creciente cantidad de curiosidades arquitectónicas en Shangai: nuevas construcciones hechas a escala optimista y con una iluminación espectacular, donde se juntan por igual turistas y locales a mirar boquiabiertos la energía con que esta ciudad de 16 millones de personas se está reinventando.

El centro está diseñado para que parezca una orquídea. Paul Andreu dividió el espacio interior en cinco secciones con forma de pétalo, recubiertas en paneles de vidrio, que “florecen” hacia la acera. Cada uno de los tres pétalos mayores contiene un auditorio: hay una sala con 333 butacas para música de cámara, otra para ópera con 1.020 butacas y una sala para conciertos sinfónicos con una capacidad que supera los 1.950 lugares.

El edificio fue pensado como sede de la Sinfónica de Shangai, que se fundó en 1879 y que realizó sus actuaciones durante muchos años en una gran sala de cine reacondicionada. El Centro de Arte parece diseñado tanto para cumplir una misión totémica como musical, en un una ciudad determinada a cumplir un rol en la escena cultural mundial del mismo modo que quiere competir en educación, biotecnología, turismo sofisticado; y todo lo que venga.

Por supuesto, las autoridades eligieron a Andreu especialmente por su aptitud para practicar la arquitectura osada, intensamente gráfica, que ayuda a China a declarar su nueva ambición en el inequívoco lenguaje arquitectónico. Como lo demuestra con el grandioso aeropuerto internacional de Pudong, construido en las afueras de Shangai, el detalle y la sutileza no son su fuerte. Ambos diseños son más convincentes en dos dimensiones que en tres; el Centro de Arte Oriental, por su parte, es más un cartel de neón que anuncia la presencia de una ¡gran! ¡costosa! y ¡flamante! sala de conciertos en el lugar y no lo que realmente es.

China Daily, el diario más importante del gobierno en idioma inglés, escribió la obra de Andreu como un “epicentro cultural gigante”, un anfiteatro “deslumbrante” de un aspecto “elegante y moderno” y “la joya que corona a los muchos espacios de arte de Shangai”. Como muchas de las críticas en materia de arquitectura publicadas en la prensa oficial de China, el elogio es más sintomático de lo que el gobierno espera del proyecto que de una apreciación crítica verdadera del producto terminado.

El centro tiene que jugar un papel urbanístico importante y a la vez simbólico. Ocupa un sitio físico al borde de una gran vía en Pudong —un distrito de Shangai que ha sido objeto de un crecimiento exponencial— y por el que pasa el tramo sur de Century Boulevard, la calle principal. Mientras que el extremo norte de Century corre flanqueada por un espacio impenetrable de torres que pueblan la punta de Pudong a lo largo del río desde el famoso Bund (malecón), la zona de los alrededores del edificio de Andreu se percibe todavía algo aletargada.

Los visitantes entran por un modesto conjunto de puertas, dispuestas en el medio de una larga pared de un andamiaje de vidrio que asienta en la base del edificio principal. Amplias escaleras de piedra conducen al vestíbulo, un espacio con cielorraso alto y una iluminación anodina y sin alfombras. Los revestimientos poco comunes de las paredes no ayudan a la sensación de dureza. Por alguna razón desafortunada, Andreu escogió revestir las paredes del exterior de cada uno de los espacios para la representación, frente al foyer, con una serie de cerámicos de porcelana curvos de varios colores. Los cerámicos están agrupados en series verticales que cuelgan en hileras, una al lado de la otra, de las paredes del foyer.

Experto en aeropuertos. Andreu también está trabajando en el Gran Teatro Nacional de Beijing, apodado “el huevo”, cuyo diseño esférico ha dado mucho que hablar. Pero la mayor parte de su carrera se ha centrado en la construcción de terminales de aeropuerto: unas 50, entre las que se cuenta una sección del aeropuerto Charles de Gaulle en París, que colapsó en 2004, aunque no hay evidencias de que el diseño fuera responsable del accidente o hubiese contribuido al mismo. Es casi demasiado obvia la crítica, pero el foyer trae a la memoria la anomia impersonal de los viajes aéreos. Prueba de esa impresión es que, en la noche que fui, la Sinfónica de Shangai tocaba un programa dedicado al compositor Checo Bedrich Smetana y el único lugar donde se podía comprar algo para tomar en el intermedio eran dos ruidosas máquinas expendedoras.

Para colmo de males, al menos en esa noche fría, no parecía haber calefacción en el foyer. Esto no es extraño en China, donde los grandes edificios están calefaccionados o tienen aire acondicionado sólo cuando es muy necesario, incluso en aquellos como éste, diseñados como vitrinas para los visitantes extranjeros.

La sala de concierto principal es literalmente y arquitectónicamente más cálida, con una serie de secciones escalonadas de asientos, en madera clara. Las hermosas butacas están forradas en una tela de color borgoña, con los números en blanco. Desde mi asiento a unas veinte filas del proscenio (precio: 25 dólares) el sonido era limpio y brillante.

Como lo sugiere la larga historia de la Sinfónica de Shangai, esta es la ciudad de China que más cómodamente mezcló las influencias locales con las occidentales. Después de su legendario apogeo (al menos en términos de arquitectura europea) en la década de los años veinte y treinta, Shangai se encuentra ahora en el medio de una segunda invasión occidental, absolutamente consentida por los dirigentes del partido, con arquitectos y artistas además de especuladores de todo tipo, que todos los días llegan de a montones.

Pero el Centro de Arte de Andreu no sugiere que él esté particularmente interesado en explorar, al menos en términos arquitectónicos, lo que significa levantar un edificio como éste, en una época como ésta y en una zona de Shangai como ésta. Tampoco ha hecho un avance en el coloquio internacional sobre realizaciones de arquitectura de arte, que ha sido vital e intenso estos últimos años en lugares como las Islas Canarias, Ground Zero y el centro de Los Angeles. Su contribución, en cambio, ha sido completamente de orden pragmático: ayudar a satisfacer el apetito aparentemente sin límites de Shangai —y del gobierno chino— por lo nuevo deslumbrante, atrevido y extranjero.



Una caja para el juego de la luz y de los significados
junio 14, 2007, 1:56 pm
Filed under: Clarin, De la Hoz

PROYECTO INTERNACIONAL: CAMARA DE COMERCIO DE MADRID

Rafael de La-Hoz utiliza la metáfora de una cámara fotográfica para darle vida a su última obra.

porMIGUEL JURADO.
mjurado@clarin.com

La arquitectura construye ideas y a veces también significados”, sostiene Rafael de La-Hoz Castanys, diseñador de la nueva sede madrileña del Consejo Superior de las Cámaras de Comercio. Pero, para este autor de grandes obras, ese proyecto encarna un extremo poco explorado por la arquitectura actual: “construir sólo significados”.

Heredero, en tercera generación, de uno de los estudios más prestigiosos de España, De La-

Hoz Castanys dirige su oficina sin perder de vista la poética que le reclama su profesión. Para eso, en cada proyecto, este cordobés de 52 años juega con los conceptos y logra construir metáforas que toman forma en potentes composiciones abstractas. Para tener una idea de la dimensión de sus trabajos y de su apuesta profesional, basta ver uno de sus últimos y más importantes proyectos: el Distrito C de Telefónica, 16 edificios y 400 mil metros cuadrados (ver Diario de Arquitectura del 26-08-2006). Se trata de una conjunto en el que un cristal blanquecino opera como unificador, forma la llamativa doble piel que reviste los edificios. Además, un gran techo tapizado de captadores solares se extiende por todo el conjunto.

El nuevo edificio de las Cámaras de Comercio de Madrid no es menos emblemático de una forma de trabajo que no reniega de ningún estímulo para lograr una idea original. Se trata de un gran prisma puro con sólo tres aberturas por las que se pueden ver grandes volúmenes interiores realizados en distintos materiales, dos de ellos parecen levitar en el vacío interior. El volumen contenedor tiene la fuerza y simplicidad necesarias para generar una imagen emblemática desde la autopista vecina, donde la visión es fugaz y dinámica. Por su parte, visto desde el frente que da a la calle Paseo del Loire, el edificio no es menos contundente y se expresa como una gran entrada a escala urbana.

La fureza de una idea. Para explicar su proyecto (y la idea que le da vida) De La-Hoz vincula la palabra “cámara”, de la institución que le realizó el encargo después de un concurso, con un sitio de reunión y el aparato fotográfico. Compara el vocablo español con sus equivalentes alemán e inglés y llega a asociaciones asombrosas que son el disparador conceptual de su creación (ver El juego semántico en la pág. 12).

“Tal vez sería más correcto denominar al edificio como una caja, pues describe la existencia de un vacío interior, pero eso no explicaría con precisión el proceso”, afirma su autor y detalla una suerte de desarrollo conceptual del diseño. “Como hicieron otras tantas arquitecturas precedentes, en primer lugar dispusimos en el solar un plano horizontal, un zócalo pétreo, sobre el que depositamos un objeto, un bloque, una pieza. Dado el plano horizontal, se depositó primero un macizo puro y geométrico. Luego se oradó y se obtuvo un vacío. Pero no era espacio porque todavía no había luz”.

Para que entrara la luz, valor supremo en la arquitectura del madrileño, los proyectistas perforaron la caja con tres grandes aberturas que resultan, según sus autores, “como obturadores fotográficos”, lentes que miran al exterior, como en una cámara.

La luz también entra por el techo y baña los interiores con fuerza escenográfica. Una de las grandes aberturas da a la calle, otra al parque lateral y la tercera a la autopista. “No sólo se trata de mirar sino también de captar —afirma el autor—, o lo que es lo mismo trasladar al interior la luz impresionada del exterior”.

Detrás de cada uno de estos grandes ventanales se entreven unas cajas menores, una en el centro y dos que parecen levitar en el frente y el contrafrente, respectivamente.

Como en el juego de las muñequitas rusas, un objeto contiene a otro más chico. Cada una de estas cajas tiene una materialidad diferente que responde al exterior que se recorta en la ventana correspondiente. “La caja que mira a la autopista es cerrada y metálica. La que se revela con la imagen del parque es transparente y vítrea. Finalmente, la que observa la calle de acceso es traslúcida e ingrávida”, explica De La-Hoz.

A su vez, cada caja alberga una función diferente: la de vidrio, ubicada en el centro del volumen contenedor, aloja los servicios administrativos del Consejo y se vincula físicamente con las otras dos que son volúmenes suspendidos dentro del gran espacio. Ambas alojan la función de asamblea, de reunión y, siguiendo el pensamiento kahniano, actúan como espacios servidos por la caja administrativa que operaría de espacio sirviente.

“Cada caja, en su especificidad, es el resultado formal de la aspiración de construir los significados de reunirse y mirar, o lo que es lo mismo: hablar y captar. Un nuevo recurrente de arquitectura y semántica”, afirma De La-Hoz.

Deliberadamente, los autores del edificio renunciaron a cualquier otro tipo de apoyatura conceptual derivada de las condiciones del terreno, la particularidad del lugar o la lógica de la construcción. Para De La-Hoz y su equipo, el proyecto es una “caja-cámara” capaz de hacer compatibles los dos significados de la plabra cámara: lugar de reunión y aparato fotográfico. “No es la misma caja aquella que, conformada por la luz, permite el encuentro de personas, que la caja oscurecida que capta en su interior un fragmento instantáneo del exterior”, admiten. Pero, atados a su idea fuerza, afirman: “El proyecto se sustenta sobre este doble y ambiguo significado. De forma que al mismo tiempo pretende alojar y captar”.