Noticias de Arquitectura


A ESCALA HUMANA
agosto 20, 2009, 7:35 pm
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Perderse por la campiña véneta en los alrededores de Vicenza permite ir en busca de la serena belleza de las villas renacentistas proyectadas por el arquitecto Andrea Palladio

AGUSTÍ FANCELLI 17/08/2009

En la era pre Internet -a principios de la década de los ochenta- no era nada fácil para un aficionado a la arquitectura ir en busca de las villas de Andrea Palladio (1508-1580) desperdigadas por la región del Véneto. Por supuesto sus obras mayores, institucionales, no presentaban ninguna dificultad de localización: las iglesias de San Giorgio e Il Redentore, en Venecia, o el Palazzo della Ragione (Basílica) y el Chiericati, en Vicenza, donde ejerció su arte con mayor asiduidad, estaban perfectamente señalizadas. Pero las villas rurales que construyó para la rica y refinadísima burguesía local eran bastante menos conocidas. Joseph Losey había hecho mucho por su divulgación con su película Don Giovanni, al situar la casa del seductor sevillano en la Villa Almerico Capra (1566), más conocida como La Rotonda, a la que se llega dando un paseo desde el centro de Vicenza (paseo que no omitirá una visita a la Villa Valmarana, con frescos de Tiépolo). Pero para proseguir el itinerario palladiano hacía falta dirigirse a la oficina de turismo, donde te facilitaban unas hojas ciclostiladas con mapas trazados a mano para dar con esplendores como Villa Trissino, Villa Barbaro o Villa Emo en la campiña vicentina. Faltaban aún unos cuantos años para que la Unesco incluyera en su catálogo de Patrimonio de la Humanidad 24 de esas casas. Y por si no bastara, ahora mismo hay en CaixaForum de Barcelona (hasta el 6 de septiembre; del 6 de octubre al 17 de enero podrá verse en Madrid) una espléndida exposición dedicada al arquitecto con maquetas de sus obras. De modo que hoy fabricarse un itinerario para descubrir este legado resulta pan comido, y más con navegador en el coche.

En un momento en que la arquitectura contemporánea ha adquirido un carácter totémico que la ha alejado de la escala humana, realizar este viaje es un retorno al oficio, a la amplia formación técnica y artística que demanda para adaptar la obra a las exigencias del cliente y por ende a la sociedad a la que sirve. Nacido en Padua el 30 de noviembre de 1508, Andrea Palladio, que por entonces se llamaba Andrea di Pietro della Gondola, empezó a trabajar en una cantera de su ciudad natal a los 13 años. Picaba piedra: así se relacionaba con la materia de la que habría de servirse como artista en el futuro. En 1524 entró en el taller de Giovanni da Porlezza y Girolamo Pittoni, los maestros de Pedemuro, en Vicenza, y allí comenzó su amplia formación intelectual que tuvo un momento culminante cuando, en 1538, conoció al conde Giangiorgio Trissino, escritor, poseedor de una de las más célebres bibliotecas del Renacimiento y mecenas de Miguel Ángel, Benvenuto Cellini o Pietro Bembo. Con Trissino, Palladio viajó a Roma para conocer la arquitectura all’antica (a la antigua) que había de servir de modelo para ennoblecer Vicenza. En 1554 publicó el libro La antigüedad de Roma, trabajo previo a su obra teórica fundamental, Los cuatro libros de la arquitectura, aparecidos en 1570. Por cierto, fue el propio Trissino quien en 1545 bautizó al arquitecto con el seudónimo de Palladio, en honor de Palas Atenea, diosa protectora de las artes.

Las villas, construidas para los ricos propietarios rurales, son conmovedores ejemplos de equilibrio entre el palacio rural y la factoría agrícola. Palladio incorpora junto a las plantas nobles las barchesse, alas laterales destinadas a los trabajos del campo, de manera que no interfieran en el ambiente de los propietarios, dedicados a la explotación de la finca tanto como al cultivo de las artes. Frontones y sombreadas loggie (porches) ennoblecen estas construcciones a la medida del hombre, integradas en la suavidad del paisaje véneto. Visitarlas es reconciliarse con la escala humana.

A las citadas villas Barbaro, en Moser (provincia de Treviso), y Chiericati, en Vancimuglio di Grumolo delle Abadesse (Vicenza) habría que añadir como mínimo la de Emo (Vedelago) y Zeno (Cessalto), así como la Villa Foscari, llamada La Malcontenta, junto al canal del Brenta. Pero ya se ha dicho, con los medios actuales, cada uno puede fabricarse el itinerario a medida. Lo disfrutará.

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Rehabilitar es mejor que demoler, según los arquitectos Lacaton y Vassalonservaci
junio 13, 2009, 4:06 pm
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En busca de “un máximo” de confort, de espacio y posibilidades, con “un mínimo” de medios, los arquitectos Lacaton y Vassal, Gran Premio Nacional francés de Arquitectura 2008, defienden la rehabilitación, en detrimento de demoliciones costosas e innecesarias.

En la imagen, interior de la Universidad de las Artes y las Ciencias Humanas de Grenoble (2001) y de su muro-invernadero, uno de los elementos característicos del arte bioclimático de los arquitectos Lacaton & Vassal. EFE

“El balance demolición-reconstrucción no es económico en absoluto”, subraya en una entrevista con EFE la arquitecta Anne Lacaton, quien hace 20 años abrió junto con su colega y compañero Philippe Vassal una vía modélica y sostenible de su arte, en busca del máximo equilibrio con el entorno.

Los también Premio Innovación, Hábitat y Desarrollo Sostenible 2006 de la Villa de Madrid han firmado obras tan celebres y a veces polémicas, como la Escuela de Arquitectura de Nantes (2008), o la espectacular -entre otras razones por su simplicidad- rehabilitación del Palacio de Tokio de París (2000).

El reconocimiento nacional e internacional se debe a sus proyectos de rehabilitación y a sus creaciones arquitectónicas, como la casa Latapie, en Floirac (suroeste de Francia, 1991) o el Hall del Parque de Exposiciones Paris-Nord Villiente, (2006).

En todos ellos la noción de economía es un pilar fundamental “quienquiera que sea el propietario, el Estado, un individuo o un grupo de copropietarios”, resalta Lacaton, consciente de la originalidad de esta premisa, en apariencia evidente y poco poética, al otro extremo de ambiciones monumentales y esteticistas.

“Si hay que trabajar un inmueble de manera muy pesada, agujerearlo en el medio, cambiarle la forma, seguro que es muy caro y resulta más económico construir uno nuevo”, pero ¿es realmente importante, necesario, o al menos interesante, intervenir de esa manera?, se pregunta.

Profesora en la Escuela de Arquitectura de Madrid, Lacaton subraya que antes de demoler y proyectar una reconstrucción “es importante hacer un balance comparativo, mirar esas cosas, porque todo el mundo dice lo contrario, pero nadie lo ha verificado”.

Ellos sí, de hecho, el rigor ético de sus realizaciones les ha dado tanta fama como el de sus no realizaciones.

Sabido es que no abundan arquitectos con carta blanca para remodelar, por ejemplo, una plaza en Burdeos (suroeste de Francia), que se limiten a proponer mínimos cambios de jardinería urbana.

La rehabilitación de la Tour Bois-Le-Prêtre (2007), construida en la década de los 60, es otras de sus llamativas intervenciones, al transformar unos pisos baratos de un mal envejecido rascacielos en casi pequeñas villas ajardinadas.

Ante un inmueble de este tipo, como los que tanto abundan en Europa, “no se puede considerar que está mal y que hay que comenzar todo de nuevo, porque eso es un error. Se confunde la noción de estética y la noción de inteligencia”, destaca Lacaton desde su luminoso taller del distrito XX de París.

“Hoy sabemos que la ciudad tiene que desarrollarse sobre sí misma” y que estos inmuebles, que ya no son de buena calidad y no responden al espacio a habitar deseado ni a la normativa contemporánea, “se pueden poner al día”, pues presentan una base suficiente para apoyarse en ella y continuar, asegura.

Luego es un trabajo “de precisión, de exactitud, que hay que hacer con el cliente, con el propietario, con el habitante” y que presupone “que no estamos interesados en primer lugar en la forma” por muy agradable que sea.

“Nosotros nos situamos siempre dentro, en el espacio, en el edificio, y consideramos que la fachada, la forma, es consecuencia de la calidad que hemos querido dar al interior y de las relaciones que deben establecerse con el exterior, con el contexto”, matiza.

María Luisa Gaspar



Puig i Cadafalch se tiró a la piscina
junio 2, 2009, 3:47 am
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La reforma de Sant Miquel de Terrassa suprime la restauración del arquitecto

JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS – Barcelona – 01/06/2009

El arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch es autor de edificios barceloneses tan destacados como la Casa Amatller, el Palau Macaya y la Casa de les Punxes, que siguen despertando admiración. También restauró numerosos edificios medievales. Durante años excavó y rehabilitó el conjunto de iglesias formado por Santa Maria, Sant Miquel y Sant Pere de Terrassa. En Sant Miquel identificó un baptisterio de época visigótica y, al restaurar el edificio, decidió reconstruir, en el centro, una piscina octogonal como la que él creyó que se utilizó a partir del siglo IV para bautizar a los nuevos cristianos. Puig i Cadafalch se equivocó.

La Dirección General de Patrinonio la Generalitat ha sido quien ha enmendado la plana a Puig i Cadafalch. En una nueva restauración se ha eliminado la piscina al no encontrarse en las investigaciones indicios de que hubiera existido nunca. Así, el edificio ha perdido el significado de baptisterio; un uso que Puig utilizó en su tesis de que el arte románico catalán era un estilo nacional sin conexiones con el del resto de España, pero que la arqueología niega ahora. Los últimos trabajos apuntan una función totalmente contraria del edificio: fue un mausoleo.

El conjunto de los tres edificios fueron desde el siglo IV la sede del obispado de Egara. “La construcción de las primeras catedrales provocó la desaparición de este tipo de edificación de principios del cristianismo que en Terrassa se ha mantenido”, afirma el arquitecto Alfred Pastor, responsable de la restauración. Explica que la decisión de suprimir la intervención de Puig i Cadafach fue “meditada y dura de tomar”. Y añade: “Sé que puede suscitar polémica, pero las evidencias arqueológicas, geológicas y arquitectónicas no apuntaban a que el edificio fuera un baptisterio”.

Este arquitecto del Servicio de Patrimonio Arquitectónico de la Generalitat ha coordinado un equipo multidisciplinar para devolver el aspecto original a Sant Miquel. Se ha exhumado un deambulatorio oculto alrededor del edificio, se han abierto dos de las puertas de acceso originales; se han restaurado las pinturas y el pavimento de opus signinum (cal, arena y sílice), se han limpiado las celosías y eliminado el cemento rápido que Puig i Cadafalch usó entre los sillares. En el lugar que ocupaba la piscina, se ha colocado una losa cuadrangular de mármol travertino flotante. “Una intervención reversible”, subraya Pastor.

Los trabajos realizados en Sant Miquel (con un presupuesto de 400.000 euros) se incluyen en el plan director aprobado en 1998 por el Ayuntamiento de Terrassa y la Generalitat para restaurar los tres edificios y hacer visitable el conjunto. Tras la rehabilitación de Santa Maria, sólo falta intervenir en Sant Pere. En aquélla el problema, según Pastor, fue hallar el equilibrio entre arquitectura y restos arqueológicos. Se ha colocado un suelo de láminas de madera que deja ver las construcciones anteriores, sobre todo cuando se ilumina la parte inferior. Esto permite celebrar la liturgia con normalidad.



El arquitecto encargado de terminar el Expiatorio
febrero 15, 2009, 4:19 pm
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Levantó prácticamente la mitad del edificio, le tocó colocar la mitad de los vitrales, el piso, el sistema de sonido y la iluminación

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Jue, 11/12/2008 – 02:52
José María Méndez. Arquitecto

León,Gto.-Su inclinación por la religiosidad y por la arquitectura lo llevó a ser el arquitecto que dio continuidad a las obras de construcción del Templo Expiatorio.

Se llama José María Méndez, es el arquitecto del templo expiatorio desde 1987. Su máxima satisfacción como profesional es haber sido tomado en cuanta para una obra de tal magnitud que ahora comienza a cobrar mayor relevancia.

José María es egresado de la facultad de arquitectura de la Universidad de Guanajuato, las matemáticas y el dibujo siempre se le facilitaron; además estudió en el Seminario Conciliar de León, esa combinación lo llevó a construir templos.

Esa vocación ha permeado en tres de sus cinco hijos, de los cuales dos, son ingenieros civiles y uno más arquitecto.

Él recuerda que fue luego de trabajar en la obra de Cristo Rey, en el cerro del cubilete, cuando lo invitaron a dar continuidad a proyecto arquitectónico de Luis G. Olvera, mismo que realizó los planos y la primera etapa de la obra que comenzó en el año de 1921.

Para José María Méndez, trabajar en el Expiatorio fue y sigue siendo la mejor oportunidad para desarrollarse profesional y espiritualmente.

Así se convirtió en el cuarto arquitecto en sumarse al proyecto de construcción. Después de Luis G. Olvera, continuó Carlos Ituarte, y más tarde lo hizo Gonzalo Acevedo.

Su tarea ha sido una de las más productivas; levantó prácticamente la mitad del edificio, le tocó colocar la mitad de vitrales, el piso, sistema de sonido, y la iluminación. Actualmente detalla la parte final del templo con la crestería y próximamente el finiquito de las dos torres.

Y precisamente por eso dice que la gente no debe estar alarmada pues existe el dicho de que cuando éstas lleguen a su fin, se acabará el mundo. El arquitecto comenta que ese dicho es porque la gente veía tan lejana la conclusión de la misma que lo inventó.

Luego de las torres, se dará paso a la fachada trasera. Con ese último detalle el Templo Expiatorio estará terminado.

José María Méndez espera tener fuerza para ver el templo al 100 por ciento; él lo quiere terminar y eso no tardará mucho pues ya hay recursos para tales fines.

Para este arquitecto, el Expiatorio es diferente a los demás, es belleza, y armonía. “Al haber armonía hay equilibrio visual entre volumen, luces, sombras y colores”.

Además comenta con orgullo que el estilo gótico del Expiatorio es único en el país, y estuvo de moda en Europa a principios del siglo pasado. De hecho la Catedral de Notre Dame en Francia es similar.

El proyecto se hizo 1919. “En aquellos tiempos habían otros conceptos de edificación y casi siempre se copiaban a los templos europeos”, abunda.

El arquitecto José María ha participado en más de 30 proyectos, entre los que destacan el Noviciado de las Misioneras de la Natividad María en Santa Ana del Conde.

No obstante define al Expiatorio como uno de los más hermosos del país y dice que la plaza que se construye a un costado del mismo le dará una perspectiva que permitirá admirar su majestuosidad.