Noticias de Arquitectura


El Arco que no fue
mayo 7, 2009, 3:26 pm
Filed under: Uncategorized | Etiquetas: ,

Antonio Toca Fernández

18 CULTURA R E F OR M A – Miércoles 6 de Mayo del 2009

Eero Saarinen, el famoso arquitecto norteamericano autor del Arco de San Luis Missouri –de 200 metros de altura, fue miembro del jurado internacional del concurso para la Opera de Sidney. Saarinen llegó tarde a la reunión para decidir cuál proyecto sería el ganador. Los jurados ya habían escogido algunos proyectos; pero Saarinen, sin dudar, tomó las láminas del proyecto que más le impresionó y les dijo: Si quieren un edificio, escojan cualquiera de esos; pero si quieren además un símbolo para la ciudad, éste es el mejor. El proyecto que seleccionaron fue el de Jorn Utzon, que es ahora símbolo de la ciudad de Sidney. Esa historia puede ser parte de la mitología que siempre se construye alrededor de esos edificios; sin embargo, revela la diferencia fundamental que hay entre un edificio y un símbolo.

Desgraciadamente Saarinen no fue parte del jurado del reciente Concurso para diseñar el Monumento conmemorativo (Arco) para celebrar el Bicentenario de la Independencia. Murió en 1961 y no pudo ver construido su Arco, que es ahora también el símbolo de la ciudad de San Luis. El jurado, en su apresuramiento por tener un proyecto ganador, no se dio tiempo para saber distinguir entre un símbolo y una obra. No pudo ver que se requería un símbolo del siglo 21 para la Ciudad de México; como lo es del siglo 20, la Columna de la Independencia, con el ángel que la remata. Sólo con la excusa de que se actuó con mucha prisa –dos días para juzgar treinta y cinco proyectos– se entiende que se confundieran de tal manera. Su rigidez al rechazar cualquier Arco, porque determinaron que era anacrónico, les llevó a rechazar un símbolo de extraordinaria elegancia –otorgándole un modesto tercer lugar. El Anillo, propuesto por los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Fernando Romero, con la extraordinaria solución estructural del ingeniero Oscar de Buen, es uno de los símbolos más poderosos que se presentaron en el concurso; pero no fue el único; hay también otros Arcos, o Marcos, con la posibilidad de convertirse en símbolos. Sin embargo, la fuerza de ese Anillo, como remate del eje histórico del Paseo de la Reforma es única; como lo es su forma: un círculo perfecto, contundente.

Es una pena que los proyectos se presenten –en el domo instalado temporalmente frente a la Puerta de los Leones– con videos que poca justicia hacen al esfuerzo de los participantes; pero aun así, el Anillo sobresale. Es una solución simple y creativa, que integra un Aro en forma de cinta de Moebius y un diseño estructural audaz. Cien metros de diámetro, un impresionante remate visual entre dos torres verticales de 200 metros de altura –la Torre Mayor y la que construirá Bancomer– y una plaza subterránea que además de integrar esa zona, ahora anodina y fragmentada, es un espacio público muy atractivo.

¿Exagero? Lo notable es que si se visita la exposición de videos, no de maquetas –porque con ellas sería más evidente el grave error que se cometió– se puede comprobar que el público sabe apreciar lo que ve. Por mucho, el favorito de la mayoría es el Aro. ¿Hay otros que la gente prefiere? Claro, algunos Arcos, Marcos, Columnas, o el conjunto de la Guerra de las Galaxias.

Es una lástima que Saarinen muriera; se necesitaba su certero criterio para que el jurado distinguiera, en este concurso, la enorme diferencia entre una obra, y un símbolo. Una obra se construye, un símbolo se fortalece por y con la gente. Lástima, porque el Arco que no fue, es el símbolo que la Ciudad de México necesita y que tampoco vieron las autoridades del Gobierno Federal y del Distrito Federal. Un círculo de esperanza, identidad y unidad: una verdadera utopía que ahora necesitamos desesperada mente. El Anillo es un símbolo moderno, poderoso y contundente.

Basta ver algunas imágenes para comprender que el Anillo es el símbolo que ese lugar debería tener. Sería inconfundible en México y en el mundo; no hay otro igual en ninguna ciudad. Otra oportunidad perdida. ¡Lástima que Saarinen no fue parte del jurado!

Para evitar suspicacias aclaro que trabajé para el arquitecto Ramírez Vázquez en la década de los años sesenta. No he tenido, ni tengo, alguna asociación con él desde entonces y mi opinión es a título personal. Sin embargo, al visitar la exposición de los proyectos para el Arco, quedé impresionado por el Anillo que es –como la mayoría de los grandes proyectos– fruto de la integración del talento de varios jóvenes, uno de noventa años, el ingeniero Oscar de Buen, igualmente joven, y otro de menos de cuarenta. Un ejemplo de colaboración para todos.nueva-imagen

Anuncios


Del arco y del cerco
mayo 5, 2009, 5:16 pm
Filed under: Arquitectura Mexicana, Reforma | Etiquetas: ,

Arquitextos / Alejandro Hernández Gálvez ahgalvez@gmail.com

Aunque evidentemente opacado por la alerta sanitaria, el concurso para el Arco del Bicentenario sigue dando de qué hablar. El recuento puntual de Miquel Adriá que apareció en estas páginas
un día después del fallo del jurado dejó bastante claro el asunto. Agrego unos cuantos comentarios al tema, empezando por la pertinencia del famoso arco.

El argumento de José Manuel Villalpando, coordinador nacional de los Festejos del Bicentenario, resulta tan ridículo que cae por su propio peso. “Creemos que es fundamental –dijo. La ciudad de México carecía de un arco, no hay un arco triunfal, un arco que represente quizás la unidad, quizás los valores más altos de la humanidad y que en las grandes capitales del mundo existen”. Tampoco tenemos, por ejemplo, río, lago o frente de mar, como muchas grandes capitales. Pero retomar el proyecto de la ciudad lacustre suena complicado, exige habilidad política y, seguramente, no estará listo para inaugurarse en el 2010.

Por las propuestas entregadas, parece que buena parte de los 37 arquitectos democráticamente invitados al concurso, incluyendo al ganador, pensaron que tal cómo estaba planteado el concurso –sea en cuanto al sitio, sobre el eje de Paseo de la Reforma, o a la tipología, un arco– era una mezcla de necedad y torpeza. Prácticamente ninguno lo dijo. Jugaron –como ya dijo Miquel Adriá– a hacer lo que pensaron estaba bien sin decir lo que pensaban estaba mal. A los arquitectos no nos gusta ser críticos del poder.

La abrumadora mayoría de los 37 sigue pensando lo monumental como sinónimo de vertical y grande, como si, en asuntos de arte, arquitectura y urbanismo los últimos 40 años del siglo 20 no hubieran existido. Sólo tres propusieron otras formas de monumentalidad, horizontales, no representativas ni simbólicas. En algunos años, una historia crítica y objetiva del arte mexicano de la última mitad del siglo pasado nos dirá, quizás, que la escultura monumental no era lo nuestro. Piénsese en la Cabeza de Juárez, en el Coyote de ciudad Neza o en las viboritas de Mixcoac. También dirá, probablemente, que tratándose de monumentos los arquitectos eran peores escultores.

Con todo, pese a las maniobras de una anónima comunidad de arquitectos abajo firmante, el jurado escogió a uno de los mejores proyectos en la línea “alto, grande, con su dosis de simbolismo pero abstracto”, que probablemente dejaría medianamente satisfechos a quienes hicieron el encargo, a la otra comunidad de arquitectos –la que da nombres– y al público en general. Pero no fue así.

El público parece estar entre confundido y enojado con la elección. No es un arco y el concurso pedía uno. La defensa no ha sido del todo clara. Villalpando calla. Ernesto Alva dijo que “hay otras maneras de pensar un arco” y el único que lo ha dicho con claridad ha sido Felipe Leal: “no es un arco… la forma no importa.” Jorge Campuzano, hijo de Pedro Ramírez Vázquez –quien, con Fernando Romero, quedó en tercer lugar–, piensa que el ganador, que no es un arco, debiera ser descalificado. Seguramente piensa también que se debe descalificar al segundo lugar, pues no es un arco. Como en concurso de Miss Universo o en Olimpiada, así el tercero ocuparía el primero –aunque siendo estrictos tampoco se trate de un arco, esto es, un segmento de curva, sino de un anillo, la curva completa, cerrada. Digamos que, entre arquitectos, hay algunos que cuando no reciben una asignación directa arrebatan.

En pleno cerco sanitario, algunas semanas después de que un corte en el sistema de suministro de agua de la ciudad nos reveló, por si hacía falta, la inminente crisis que se acerca debido a la perniciosa falta de planeación y mantenimiento oportunos, y sin tomar en cuenta la insuficiencia de transporte público eficiente, de espacios públicos adecuados, de políticas urbanas claras y coordinadas, no se puede dejar de pensar si es tiempo para monumentos. Entre líneas –es decir, bajo formas escultóricas de variable calidad, en plazas subterráneas y explanadas, en jardines y pasos a desnivel–algunos arquitectos murmuraron no.