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Ópera y Congreso en Euskalduna
marzo 7, 2008, 7:21 pm
Filed under: Arquitectura Española, Soriano

por Federico Soriano

Abandoibarra es ahora el corazón de la ciudad, las construcciones de los antiguos astilleros y los depósitos de Renfe impidieron que se constituyera como tal. La construcción del museo Guggenheim, en un extremo, y del Palacio de Congresos y de la Música en estos terrenos vacíos, ha sido la oportunidad buscada. Las dos piezas entran en diálogo con la Universidad de Deusto y el Museo de Bellas Artes. Cuatro piezas que tensionan fuertemente el lugar configurando un nuevo centro cultural.

La ría de Bilbao es un elemento dinámico y nuestro proyecto tiene presente una forma en constante cambio, o por lo menos una forma congelada en un momento de su formación. Quisimos ver la aparición de los restos de un barco fantasma, construido hace ya tiempo en los antiguos astilleros y que, abandonado, quedó enterrado en el fondo fangoso. Su forma y construcción recuerdan un buque, sus chapas y roblones oxidados. Nosotros tan sólo nos limitamos a limpiar el interior y acomodar en él, como en las bodegas de un barco, las diversas salas y los grandes espacios necesarios para su uso como ópera. Vamos a transformar esta caja oxidada en una caja de música. Con una doble piel interior que aísla y proporciona la forma acústica adecuada a cada una de las tres salas. El resto del buque vacío alberga talleres, escenarios, almacenes… unas torres, a modo de andamios, acomodan los camerinos. La forma de construir un barco, las cuadernas, es la estructura del edificio.

El programa exige un doble uso casi continuo entre ópera y congresos. Por ello, construimos dos foyers entrelazados, que se convierten en uno sólo con los vacíos comunes. Así podría ir vaciándose la sala principal por unas puertas y unos foyers mientras la gente entra por otras, sin intercambios entre circulaciones. El espacio es común y los dos públicos se observarían el gran muro metálico dominando los vacíos. Al exterior, este doble uso se manifiesta en la doble cara que presenta el edificio a la ciudad.

Cercano a la plaza del Sagrado Corazón, sus volúmenes reducirían la escala del barco, casi un edificio de oficinas que se enfrenta a la feria de muestras. Desde allí, aparecerá tan sólo como el palacio de congresos. En la fachada opuesta, el buque surge con fuerza. La gente, desde Deusto o desde Artxanda, verá con asombro un buque encallado, su teatro de ópera.

El edificio no tiene escala. No se estructura con respecto a elementos medidos del hombre. Su alzado se crea mediante rigidizadores colocados según las medidas estrictas que impiden el alabeo de las chapas de cerramiento. No tiene forma, ésta es el resultado de construir una sección compacta y densa que en sí tenga todos los usos requeridos (salas, espacios de almacén talleres, peines escénicos). Todos estos espacios conformando un volumen con la mínima superficie posible.

Imágenes

Tampoco le imponemos detalles. El volumen de los hombros sobresale en el momento en que es necesario, un cubo adosado al volumen principal. La resolución de los encuentros y articulaciones de los distintos miembros se producirá de forma directa, casi yuxtapuesta.

El edificio ha perdido sus bordes. Estos aparecerán como un límite de cerramiento que delimita el espacio interior de apoyo. Pero la forma reconocible no será nunca esa, sino la del buque. Y ésta se construye al modo moderno, con el espacio interior del muro vacío y usable. El muro clásico de piedra de un metro mantiene sus dimensiones pero ha perdido peso y materia.

Es, por último, un edificio que queremos se reconozca sin gestos, algo impersonal. Su origen es más dependiente de otras leyes que las que nuestro gusto pudiera dictar autónomamente.