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Dos arquitectos sorianos reconstruyen una ciudad china de 500.000 habitantes
abril 14, 2009, 3:40 am
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Maqueta para la ciudad china. | Cedida por Ruiz BarbadinMaqueta para la ciudad china. | Cedida por Ruiz Barbadin
  • Los hermanos Ruiz Barbarin, planifican la restauración de uno de los templos de Baotuo

Pocas personas en el mundo podrán caminar por las calles de una ciudad de 500.000 habitantes y decir “todo esto lo diseñé yo”. Los arquitectos Antonio y Javier Ruiz Barbarin pueden hacerlo cada vez que visitan la población china de Baotou, en la provincia de Mongolia Interior.

Hace años la ciudad quedó prácticamente arrasada por un terremoto al que sólo sobrevivieron los 11 templos, de otras tantas religiones, con que cuenta esta urbe. Por este motivo, las autoridades chinas decidieron plantear una reforma total del urbanismo, una decisión que se vio impulsada por la implantación de una gran factoría industrial en las proximidades de la misma.

Los hermanos Ruiz Barbarin se encontraban por aquel entonces trabajando en Ávila para un contratista de la ciudad china de Shanghai que le invitó a participar en el concurso para elaborar el llamado ‘máster plan’ que daría origen a la nueva Baotou. Finalmente, la adjudicación se decidió entre la empresa que los hermanos descendientes de Ágreda (Soria) formaron hace dos años y un equipo de arquitectos alemanes. Según explicó Antonio Ruiz Barbarin, “allí las cosas se han hecho muy rápido, llegamos incluso a recorrer la ciudad decidiendo qué edificios se tirarían y cuáles se iban a salvar”. De esta criba únicamente se respetaron los templos y el resto de la ciudad se diseñó desde cero.

Hace años la ciudad quedó prácticamente arrasada por un terremoto al que sólo sobrevivieron los 11 templos

El proyecto para planificar unos 13 kilómetros cuadrados de superficie fue desarrollado por un equipo de 25 personas que tuvieron que diseñar los espacios adaptándose a los gustos de la cultura china. Una labor que luego sería desarrollada más profundamente por los arquitectos locales. “Nosotros preparamos el diseño general de toda la ciudad y luego ellos la dividieron en partes que fueron adjudicadas a profesionales de allí para que completasen nuestro trabajo”, explicó Ruiz Barbarin.

El proyecto dirigido por estos dos agredeños no pretendió crear una ciudad unitaria, cortada por el mismo patrón, sino que se intentó que el resultado final sacase a la luz toda esa serie de energías diferentes y superpuestas. Por lo que, formalmente, el resultado presentado a las autoridades del país asiático es la confrontación entre tres nuevos paisajes urbanos.

En el primero se realizó con lo que quedaba de la zona histórica de la ciudad. En el segundo sector se planificó al estilo de una ciudad contemporánea, y el tercero, el más abierto, se diseño teniendo en cuenta una máxima de libertad de los crecimientos urbanos modernos como objetos independientes sin solución de continuidad para el futuro.

El proyecto de los hermanos Ruiz Barbarin es hoy por hoy una realidad que se encuentra inmerso en su construcción. La propia ciudad de Boutao será el escenario para el siguiente reto que asumirán estos agredeños en tierras chinas. Actualmente estudian acometer la restauración de alguno de los 11 templos que sobrevivieron al terremoto. “Estamos buscando cuál de ellos tiene mejores posibilidades arquitectónicas para iniciar el diseño”, afirmó.

Javier y Antonio Ruiz Barbarin.Javier y Antonio Ruiz Barbarin.

Profetas en su tierra: Los hermanos Ruiz Barbarin no sólo han emprendido la aventura en oriente sino que también han trabajado en proyecto de gran envergadura en España y Soria. A nivel nacional, destacan sus intervenciones en la rehabilitación del Banco de España en Cáceres, que pronto albergará la sede de la Consejería de Economía y Hacienda, o el edificio Torre España en Madrid, en el que están reformando el interior.

En la provincia de Soria, estos dos agredeños se han encargado de proyectos como el nuevo edificio de viviendas ubicado detrás de la iglesia de San Juan de Rabanera o el pabellón de usos múltiples ubicado en la dehesa de su localidad de origen.

Aunque llevan desde los siete años residiendo fuera de Ágreda, se sienten muy vinculados a ella puesto que sus hermanas y sus padres nacieron allí. Primero los estudios y después sus carreras profesionales les llevaron fuera de la Villa de las Tres Culturas. “Estudiamos en Madrid. Javier comenzó colaborando con una ONG y yo, nada más terminar la carrera, conseguí un puesto como profesor en la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid”, explicó Antonio.

Hace ocho años, ambos decidieron formar equipo e iniciar una carrera empresarial conjunta ubicando su sede en Madrid. Actualmente, su empresa esta formada por un grupo de 11 arquitectos comandado por ellos que continúa con proyectos en China y España. Curiosamente, la situación de crisis en el sector de la construcción nacional les llevó a mirar al mercado asiático y a buscar nuevos proyectos fuera de nuestras fronteras. Una decisión que les ha llevado a diseñar una ciudad entera en la que vivirán y trabajarán medio millón de personas.

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Cambio a la china
abril 3, 2009, 4:00 pm
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El arquitecto Wang Shu defiende construcciones basadas en la naturaleza y en los materiales vivos

M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA – Madrid – 31/03/2009

La mayor parte de las imágenes que nos llegan de las ciudades chinas se componen de enormes densidades de edificios. De mastodontes como Shanghai, donde viven la friolera de 33 millones de habitantes (diez veces Madrid) o Pekín. Pero la arquitectura china no se reduce a esas construcciones a gran escala que sólo representan a un país levantado hace cosa de 40 años.

Wang Shu está a sus 46 años entre los cinco mejores arquitectos chinos. La primera vez que China acudió a la Bienal de Venecia, en 2006, Shu fue elegido para construir el pabellón que representó a su país. También ha expuesto su obra en el Centro Pompidou. Estos días ha visitado por primera vez España, invitado por la cátedra de Cerámica de la Escuela de Arquitectura de Madrid. Y quizás porque los técnicos chinos no se prodigan mucho por el mundo, el salón de actos estaba lleno de alumnos y algún colega. “Los arquitectos importantes no aceptan encargos pequeños porque aún se construyen muchos complejos grandes. Sobran viviendas, pero se sigue edificando para ganar dinero. Eso ha logrado un desarrollo económico muy fructífero, pero un crecimiento urbanístico feroz, y el arquitecto no puede eludir su responsabilidad”, apuntó Shu.

El modelo capitalista no sólo afecta a la especulación inmobiliaria. Este catedrático de la Academia de Arte de Hangzhou, la única en China junto a la de Pekín, lamentó que en las escuelas chinas sólo se enseñe el modelo occidental. “Es frustrante porque se pierde toda la tradición y sólo unos pocos intentamos reinterpretar y revitalizar el estilo tradicional basado en el modo de vivir natural”.

A base de imágenes y a través de sus trabajos mostró esa arquitectura que remite a materiales vivos (cerámica, piedra, tierra, bambú) y a construcciones que tienen una íntima relación con la naturaleza. Y que, a punto de desaparecer, resulta paradójicamente la más moderna y una lección de ecología y sostenibilidad.

Su pabellón de la Bienal ilustra esa técnica artesanal. Con muy poco tiempo y menos dinero levantaron entre seis arquitectos y seis artesanos un tapiz hecho a base de 60.000 tejas de cerámica reciclada y una pasarela fabricada con 5.000 piezas de bambú. El resultado, “un espejo donde se refleja la naturaleza”, según el autor. Su modo de hacer resulta visible también en su célebre Ceramic House (en el parque de Jinhua) o en el nuevo campus universitario de Hangzhou, 150.000 metros cuadrados edificados que construyó íntegramente con materiales reciclados de otras obras. En fin, una arquitectura basada en imágenes milenarias que, de algún modo, le recuerda a la representada en los pueblos españoles de casas de ladrillo hecho a mano y piedra. “La cultura española con su atención al detalle me resulta muy cercana”. No todo está perdido.