Noticias de Arquitectura


Rem Koolhaas perd une tour à Pékin
febrero 15, 2009, 6:57 pm
Filed under: China, Koolhaas

Un étrange monolithe gris et glacé a pris la place de la torchère qui, dans la nuit du 9 au 10 février, a illuminé l’ultramoderne quartier d’affaires de Pékin. Un incendie a embrasé les 160 mètres de la tour TVCC abritant des locaux de la télévision nationale. Les flammes sont montées vers le ciel, elles ont même dépassé l’autre tour, à côté, nommée CCTV (China Central Television) et ses 234 mètres, aux formes sans précédent : deux objets imbriqués en une sorte d’arche – elle est devenue, avec le stade olympique en forme de nid, un des symboles du nouveau Pékin.

Ces deux tours, TVCC et CCTV, sont deux constructions complémentaires dues à l’architecte néerlandais Rem Koolhaas – un des plus prestigieux au monde – et l’Allemand Ole Sheeren, son partenaire dans l’agence OMA (Office for Metropolitan Architecture). Les deux structures semblent finies mais ne sont pas encore en activité : CCTV doit abriter quelque quarante chaînes nationales ; la défunte TVCC et ses 29 étages devaient accueillir le siège de leur direction commune, un grand auditorium, une série de studios et un hôtel de luxe de 241 chambres.

“POULET GRILLÉ”

La tour principale est restée tapie dans l’ombre durant les cinq heures qu’a duré l’incendie, au cours d’une nuit heureusement sans vent. Elle ne semble même pas avoir souffert des chaleurs terribles, bien que les deux tours ne forment théoriquement qu’un seul ensemble relié par un socle.

Un capitaine des pompiers serait la seule victime connue, à supposer que quelques gardiens ou visiteurs du soir ne se soient pas trouvés dans la tour enflammée. Quand le feu a pris, à 20 h 27, une fumée noire se dégageait déjà du sommet depuis de longues minutes. L’incendie est donc parti du toit avant de se propager aux étages inférieurs. Il a été provoqué par un formidable feu d’artifice réalisé à la demande de CCTV pour célébrer la fin des festivités du Nouvel An lunaire. La télévision officielle, qui a filmé le spectacle, n’a pas écouté les avertissements de patrouilles de police. “Le responsable de CCTV est à l’origine du sinistre. Il a violé les réglementations et allumé un feu d’artifice sur un site de construction”, a déclaré Zhu Xu, porte-parole de la municipalité.

Selon Luo Yan, porte-parole des pompiers, le feu d’artifice était comparable à un spectacle professionnel avec plusieurs centaines de fusées. Les dirigeants de CCTV ont présenté leurs excuses mais ce n’est pas suffisant. La police de Pékin a annoncé, jeudi 12 février, l’arrestation d’un haut responsable de la télévision et de onze autres personnes.

Pour Jérémie Descamps, architecte français qui suit la croissance de Pékin, “le feu d’artifice a été réalisé au pire moment, lorsque le chantier est en cours de livraison : les matériaux, mobiliers, sont en place mais que les systèmes antifeu ne sont pas encore en fonction. C’est une période très courte, mais des plus délicates”.

TVCC avait à peu près les proportions du Palais des Congrès de Paris, la rigidité en moins et une manière de se déhancher qui lui avait valu, selon la tradition chinoise, le surnom de “dafei ji”, expression salace qui désigne autant une partie de l’homme qu’un poulet en son entier (CCTV a pour surnom “Da kucha”, le grand caleçon).

Bien grillée, la volaille ! Il ne reste de la tour qu’une carcasse composite (acier et béton), d’autant plus spectaculaire qu’elle est restée debout. La tour 7 du World Trade Center – qui avait pris feu lors de l’attentat de 2001 – s’était, elle, effondrée. Toutefois, il ne fait guère de doute que TVCC devra être détruite. Rem Koolhaas ne s’exprimera pas avant la fin de l’enquête.

Moins scientifiques, des jugements rituels ont surgi. Certains estiment qu’il y avait un mauvais “rapport” entre les deux tours. D’autres pensent qu’un incendie survenant durant la période de transition du Nouvel An serait de très bon augure. Il existerait même une phrase à prononcer dans ce genre de circonstance : “Honghong Huohuo.” Un jeu de mots sur le feu et la joie qu’il apporte.

Frédéric Edelmann


La nueva arquitectura china
febrero 15, 2009, 5:57 pm
Filed under: China

El Gigante Asiático emerge como centro de vanguardia de la arquitectura moderna, con edificios que son un reto a la creatividad

Natalia Gutiérrez
El Universal
Sábado 17 de enero de 2009
natalia.gutierrez@eluniversal.com.mx
China es una nación que se ha caracterizado por conservar una arquitectura tradicional que destaca los valores de su legendaria cultura.

Sin embargo, actualmente se encuentra en una constante búsqueda de nuevas construcciones que representen tanto el auge económico como creativo que se percibe en tierras de Mao.

Prueba de lo anterior son tres edificios que hacen alarde de la modernidad sumada con el lujo y el cuidado del ambiente. Ellos representan las opciones ideales para comprar, descansar y disfrutar de la naturaleza, sin sacrificar un ápice de calidad en el diseño.

Lujo urbano

El hotel Opposite House es el epítome de un estilo de vida exclusivo y a la vanguardia. Diseñado por el afamado japonés Kengo Kuma, este complejo contrasta con la arquitectura de la antigua Asia. Su estructura de cristal lo delata como una obra contemporánea.

Es el primero de una serie de hoteles que la compañía Swire Properties pretende encargar a los arquitectos y diseñadores más importantes a escala mundial.

Opposite House forma parte del complejo The Village at Sanlitun, que busca albergar boutiques de famosas marcas de moda y los más destacados restaurantes de Beijing.

Kengo Kuma ideó un edificio capaz de romper con las barreras del espacio, cuyo objetivo principal fue permitir el libre flujo de luz.

El espacio cuenta con 99 habitaciones decoradas con pisos de madera y ligeros toques ornamentales chinos.

El lado mandarín de Chanel

De la mano de esta legendaria marca francesa, Hong Kong logró llevar el shopping a un nuevo y suntuoso estatus.

La boutique cuenta con tres pisos y está ubicada en el interior de uno de los edificios más altos de esta ciudad china: el Prince.

Peter Marino, estadounidense, fue el encargado de realizar el proyecto, inspirado en el icónico empaque del Chanel No.5.

Esta opulenta construcción marcó un avanzado uso de la tecnología con la finalidad de reinterpretar las elegantes características de la caja. El deslumbrante edificio posee una cortina de cristal en su fachada con 210 mil leds controlados por computadora.

En armonía con el ambiente

El consorcio español lidereado por Rosa Cervera y Javier Gómez Pioz, creadores de la “torre biónica”, en Shanghai, está tras el desarrollo de un nuevo concepto hotelero en la región de Hangzhou, al este de China.

El Hotel Villa del Humedal de Xixi formará parte de un proyecto que incluye la realización de un museo nacional de carácter emblemático que será reconocido como el “Guggenheim chino”.

Por su parte, el hotel estará constituido por cinco edificios fundidos en un terreno ajardinado y unidos por un pasillo de cristal. Estas construcciones estarán protegidas por una capa móvil de cañas de madera.

Tendrá una dimensión de mil 500 metros cuadrados y los arquitectos serán los responsables de crear todos los detalles del interior, desde los muebles hasta la alfombra.

La innovación de este concepto radica en la creación de un estilo de vida total que conjunte en un mismo espacio la cultura, el arte y la naturaleza de la región.



El vértigo de la ciudad china
septiembre 1, 2008, 4:39 pm
Filed under: China, Pais

El CCCB acogerá en noviembre una muestra sobre los cambios urbanos del país

OCTAVI MARTÍ – París – 30/08/2008

Antes que nada, unas cifras y una constatación. En 1954 sólo el 13,4% de la población china vivía en ciudades. En 2007 ya era más de un 45%. Hoy el país cuenta con 37 ciudades de más de un millón de habitantes. La ciudad de Suzhou -la Venecia china- acogió una conferencia de la UNESCO sobre protección del patrimonio. Diez años después sólo subsiste entre un 5% y un 7% de las construcciones de Suzhou. En 1980 Shenzhen era una tranquila población de 30.000 habitantes. Diez años después son ocho millones los que se agolpan en su término municipal. Shanghai es una aglomeración de 15 millones…

Una exposición que hasta el 19 de septiembre puede verse en La cité de l’architecture et du patrimoine (CAP) de París aborda el crecimiento urbanístico y la arquitectura de las nuevas ciudades chinas. Entre el 4 de noviembre y el 22 de febrero se instalará en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y, la parte referida a jóvenes arquitectos chinos, en la sede del Col·legi d’Arquitectes. “Pero será la misma exposición”, dice Josep Ramoneda, director del CCCB, “sólo con unas pequeñas mejoras de museografía”. En la elaboración del proyecto el CAP y el CCCB han trabajado en perfecta sintonía. “Nosotros nos hemos responsabilizado de la práctica totalidad de los audiovisuales. La idea rectora compartida era que se trataba de hacer más una exposición de sociedad que de arquitectura”.

En París, la presencia de la embajada china y las suspicacias creadas entre los gobiernos de los dos países a raíz de la situación en el Tibet obligó a cambiar el título de la exposición y optar por Dans la ville chinoise. En Barcelona las presiones diplomáticas debieran ser menores. “La fascinación que despierta la China entre sectores del empresariado nos lleva a pensar que, en su día, no rechazaban la URSS por comunista sino por ineficaz en materia de explotación de los trabajadores”, constata Ramoneda.



Entre el ‘Cubo’ y el ‘Nido’
septiembre 1, 2008, 4:08 pm
Filed under: China, Pais, Reportaje

REPORTAJE: PEKÍN 2008 – Juegos de la XXIX Olimpiada DETRÁS DE LA MURALLA
Pekín se ha llenado de edificios de diseño para demostrar su poderío económico

JOSE REINOSO – Pekín – 14/08/2008

Los atletas, técnicos deportivos, funcionarios y turistas que estos días han desembarcado en Pekín con ocasión de los Juegos se han encontrado una ciudad con algunos de los más modernos y atrevidos diseños arquitectónicos realizados en los últimos años en el mundo. Pekín logró la ansiada competición en 2001, y desde entonces ha vivido un frenesí constructor que ha sembrado esta urbe octocentenaria de edificios futuristas, símbolos del resurgir político y económico de China y de sus avances tecnológicos.

El primer contacto de muchos de los visitantes con este despliegue de diseño se ha producido al aterrizar en la terminal 3 del aeropuerto de la capital. Concebida por el británico Norman Foster, su perfil de dragón, sus ventanas en el techo en forma de escamas y sus dimensiones estratosféricas son un aperitivo de lo que les espera a los aficionados a la arquitectura en Pekín. Su coste: 2.400 millones de euros.

Tras media hora en taxi, si todo va bien, el neófito en la capital se enfrenta al más imponente -y megalómano- proyecto levantado en Pekín: la nueva sede de la Televisión Central China (CCTV, en sus siglas en inglés), un rascacielos en forma de tres L entrelazadas, de 230 metros de altura, ideado por el holandés Rem Koolhas y el alemán Ole Scheeren, del estudio Office for Metropolitan Architecture. El proyecto, en el corazón del distrito de negocios, no ha podido ser finalizado a tiempo.

Acuclillado a la sombra de una enorme valla publicitaria con el eslogan ‘Alberga unos excelentes Juegos Olímpicos, construye un nuevo Pekín’, Jin, de 34 años, eleva la mirada hacia la tortuosa torre, y afirma: “Me gusta”. Dos guardias de seguridad vigilan la puerta de entrada a la obra que, como todas en Pekín, ha sido paralizada durante el acontecimiento deportivo. “Me gusta porque el poder de una persona viene de las piernas, y las dos L verticales parecen unas piernas, mientras que la parte superior es la cabeza. En aquellas plantas, trabajará mucha gente, son el cerebro”, dice este joven, que trabaja de transportista.

A 20 minutos de la CCTV, cerca de la plaza Tiananmen, aparece el Centro Nacional de Artes Escénicas, una estructura elipsoidal de 212 metros de largo, de titanio y cristal, diseñada por el francés Paul Andreu, que ha costado 350 millones de euros. En su interior, alberga tres auditorios con una capacidad de 5.500 butacas. Fue inaugurado en diciembre pasado, tras 10 años de polémicas -por su estilo y coste-, retrasos y recortes presupuestarios. Problemas que, junto a las críticas locales por la elección de arquitectos extranjeros, han afectado también a otros proyectos.

El complejo cultural, que parece una gota de mercurio, es conocido popularmente como El Huevo, y se enmarca en el esfuerzo de las autoridades por dotar a Pekín de las infraestructuras e iconos que consideran que debe tener la capital de una de las principales potencias del siglo XXI.

Para deportistas y espectadores, los dos edificios más emblemáticos, sin embargo, son el Estadio Olímpico, conocido como el Nido, por su estructura de vigas entrecruzadas, y el Centro Acuático Nacional, llamado el Cubo de Agua, por su forma ortoédrica de burbujas de plástico. El primero, obra del estudio de arquitectura suizo Herzog & de Meuron, con el asesoramiento del artista chino Ai Weiwei, tiene una capacidad de 91.000 espectadores. El segundo, diseño del estudio australiano PTW y el grupo británico Arup, tiene un aforo de 17.000 personas.

A las puertas del Cubo de Agua, Hou Huizhao, un arquitecto de 25 años, se muestra entusiasmado por los Juegos, y por los cambios que ha experimentado Pekín. “El Centro Nacional de Artes Escénicas es como una perla, y el Nido de Pájaro parece una piedra gigante fabricada por un ser humano”. Hou se muestra partidario de la colaboración entre chinos y extranjeros, como ha ocurrido en todos estos edificios emblemáticos, porque “ha permitido un desarrollo urbanístico de Pekín más rápido”, aunque los especialistas de fuera supongan, según dice, “una fuerte competencia”.



Deconstructing the Bird’s Nest
septiembre 1, 2008, 3:55 am
Filed under: China, Herzog and de Meuron

The inspiration behind its design
By Brooke Eaton
Posted Friday, August 22, 2008 7:10 AM ET

In 2002, the Chinese commissioned Swiss architects Jacques Herzog and Pierre de Meuron to create an iconic building that would house the Opening Ceremony for the 2008 Games. And with such a structure being the first image stamped in the minds of millions as they turn on their televisions, there was no question it needed to make a statement.

Herzog and de Meuron responded loudly and boldly. Inspired by the aesthetic of cracked glaze of Chinese ceramics, the design was meant to evoke notions of Chinese culture. But ironically, it was the Chinese public who gave the building its household name: “The Bird’s Nest.”
“It’s not so much a landmark of the past, but rather the Bird’s Nest signifies the future,” said Harvard University Professor Eugene Wang.
Olympic Zone
“It’s not so much a landmark of the past, but rather the Bird’s Nest signifies the future,” said Harvard University Professor Eugene Wang.

As the world has turned its eyes to China’s capital, the 423 million dollar stadium has become a symbol of the Beijing Games. With the weight of the Olympic ideal resting on its beams, the Bird’s Nest, in its form as well as its function, evokes a new Chinese spirit that the Olympics has spearheaded.

The porous structure, which seats 91,000 people, suggests transparency, while its steel latticework reinforces the notion of strength. “The idea of openness did not seem to get lost on Chinese spectators,” said Eugene Wang, a professor of Chinese Art History at Harvard University. “Now the country is opened up, made more susceptible to modernization. It’s no longer this old, walled city.”

With spaces like Tiananmen Square and the Forbidden City that have for so long been preeminent features of Beijing’s urban identity, the Bird’s Nest and other Olympic structures have created a new feel. “Beijing has changed so much,” said Delin Lai, a native of Beijing who now works as a professor of Architectural History at the University of Louisville. “Undoubtedly, the design demonstrates the desire of the Chinese government to portray the open image of contemporary China — a country that would actively join the international community and confidently accept global culture.”

And while comparing a 42,000-ton structure to the likes of a nest that rests tentatively in a tree, the comparison is far from inaccurate. “It suggests certain upward aspirations,” Wang said. “The use of the word ‘bird’ suggests flying, loftiness. It speaks to the Chinese at this time of anxiety and eagerness to take off.”

And the Chinese, who must live with the structure beyond the snuffing of the torch, have responded positively. “The residents of Beijing take pride in it as cutting edge, world architecture,” Wang said. “That structure is one of a kind.”

With a facade that seems outrageous and unlike any stadium built before, its message extends beyond its own walls. “The relationship it has with other structures gives it a Chinese characteristic, so from this perspective it is successful,” Lai said.

Just across the street is the National Aquatics Center, or the Water Cube, built by the Australian firm PTW + CCDI + Arup. In direct contrast to the Bird’s Nest, the Water Cube is a solid, square form. Referencing “duilian” principles, or antithetical couplets in Chinese poetry, Lai explained how the relationship between the Bird’s Nest and the Water Cube contributes to a comprehensive encapsulation of the Chinese essence on the Olympic Green. “One uses steel, the other plastic; one is heavy, the other light. Other contrasts include masculinity and femininity, perforation and solidity, movement and static. Most important are the circle and square, which symbolized heaven and earth in traditional Chinese cosmology.”

Wang emphasizes the building as a symbol of change: “It redefines the culture of the city. There is really a sense of expanded, new Beijing.”

At this important turning point for the Chinese people, where they hope to be introduced to the world in somewhat of a new light, the Olympic Games has given them quite a stage. However, with the 17 days almost up, that stage will soon go dark. But what remains, after competition is over and the world’s focus is elsewhere, is a building that has captured an Olympic spirit and redefined an urban landscape — a permanent reminder of the future it represents.



Le « nid d’oiseau » : Le symbole d’une architecture de tous les défis
agosto 31, 2008, 3:50 am
Filed under: China, Herzog and de Meuron

Les Chinois se sont construit, au cours de l’histoire, une architecture tout à fait unique. Les principes, les structures et le style des bâtiments sont conformes à la philosophie taoïste et bouddhique qui enseigne les liens existant entre le ciel, la terre et les hommes.

Pour les Confucéens, l’homme qui est un petit cosmos, doit être en harmonie avec le grand cosmos qu’est la nature, pour vivre mieux. Le souci de l’harmonie entre les cieux et l’homme, a une forte influence dans la vie des Chinois et donc sur leur architecture.

Du fait de la croissance explosive de ces dernières années en Chine, l’espace se raréfie. On ne peut que constater, cependant, que les nouveaux architectes de l’Empire du Milieu y ont trouvé la parade parfaite : le truc de l’architecture chinoise, c’est de mélanger les matières et de les projeter dans un mouvement aérien. Quant on regarde les tours penchées de la télévision locale, CCTV, qui s’appuient l’une contre l’autre, ou « l’œuf » qu’est l’Opéra de Pékin, on ne peut s’empêcher de s’émerveiller et de se demander comment tout cet acier, ce verre et ce béton peuvent bien tenir ensemble, qui plus est, à ce degré de gigantisme. Gratte-ciels, sphères immenses, tours de verre… L’architecture chinoise est celle de tous les défis.

Incarnant ce concept, « Nid d’oiseau », le nouveau stade olympique construit pour les jeux de Pékin, est une énorme arène entourée de « brindilles » de métal étincelant, pesant chacune plusieurs tonnes, qui s’emmêlent pour donner l’illusion du nid argenté qu’un oiseau gigantesque aurait fait dans la capitale.

Le principal attribut esthétique de la façade en acier du stade, est qu’elle permet à la lumière interne d’être réfléchie à l’extérieur et de recréer dans les rues, un gigantesque spectacle d’« ombres chinoises » toujours en mouvement. Cette nasse d’acier abrite une immense enceinte où sont installés les gradins, qui elle, ressemble à un bol de terre rouge cuite. Les couleurs chaudes, issues de la terre, donnaient aux constructions, dans la tradition taoïste, une atmosphère naturelle. Ainsi, on reste en Chine, toujours attentif à créer un lien entre l’intérieur et le monde extérieur, conformément au principe confucéen d’unité entre l’homme et la nature. Le « Nid d’oiseau » géant qu’est le stade olympique, est appelé à devenir l’un des symboles la capitale chinoise.

En matière de protection de l’environnement, des efforts ont été faits pour ce stade qui, en plus d’équipements modernes et confortables, a un système d’énergie solaire installé sur le toit de son guichet, et un autre système de récupération des eaux de pluie capable de traiter 58 000 tonnes de précipitations par an.

A la fin du mois de mars dernier, à la suite d’un appel d’offre, le projet de stade de deux architectes suisses mondialement connus, Jacques Herzog et Pierre de Meuron, a été préféré à ceux de leurs concurrents japonais et chinois par un jury international. Les deux associés ont dit s’être inspirés de la culture chinoise, allant même jusqu’à prendre des cours de céramique traditionnelle.

L’implication de grands noms internationaux dans ces chantiers des J.O., ne fait cependant pas d’ombre à celle des architectes locaux : l’Ecole chinoise d’Architecture de Tsinghua a réalisé à elle seule, trois bâtiments olympiques, dont un gymnase pour les arts martiaux.

Sofiane Bengeloun (stagiaire)



CCTV, the new state television headquarters, will broadcast China’s rise
agosto 31, 2008, 3:48 am
Filed under: China, Koolhaas

The stunning headquarters of Chinese television is the most significant building of the century so far

Tom Dyckhoff

Yesterday the world watched the opening ceremony of the Beijing Olympics. Athletes filed past the cameras hoping that the next time the flashbulbs pop, they will be on the podium.

But there’s one star you will definitely see on your screens this summer, and from within it sweating, shaking sportsmen and women will be beamed – beaming, weeping or both – across the world. It’s CCTV, the new headquarters for China’s state television organisation. The second largest office building in the world, second only to the Pentagon, it has been designed by Rem Koolhaas and it is unlike any other building you’ve ever seen.

It has a hole in it, almost 200 metres wide, around which its gawky limbs contort themselves in a huge angular loop. Each titanic limb tilts away or towards the next, like an Escher painting, culminating in a gravity-defying zenith in which the two come together in a jaw-dropping, “look-no-hands” cantilevered corner, jutting out over the city.

You may not like it. Its Orwellian looks and, indeed, function mean that this is no easy building to love. But you can’t deny its power. This is one of those moments when you know an entire culture is morphing into something else, something new. The genie is out of the bottle. Architecture will not be the same again, and nor will China. CCTV is the most significant building of the 21st century yet.

Its German co-architect, Ole Scheeren, looks every inch the master builder. Tall, dark, handsome, sharply dressed and dating China’s biggest movie star, Maggie Cheung, Scheeren is king of Beijing. “We could have gone the easy route,” he says, “and built much taller like the others that bid for the job. But that’s just not interesting, is it?” What was interesting was getting out of the “my one’s bigger than your one” race for the skies and “creating a new type of skyscraper”, one in which intelligence mattered. CCTV is a paltry 234 metres (768ft).

When Scheeren visited the site six years ago the neighbourhood was empty. “Beijing city planners showed us an image of what would be Beijing’s new central business district, with a forest of 300 skyscrapers.” They’ve already arrived: phallic, boring. “So faced with this, a question emerged. This year Asia has more skyscrapers than the West. A typology invented in New York and Chicago 100 years earlier has been adopted more successfully in Asia as a triumphant symbol of its own modernisation. So what could an Asian or a Chinese skyscraper become?”

Voilà. When an architect claims to be reinventing anything, reach for a pinch of salt. But Scheeren’s firm, the Office for Metropolitan Architecture – founded by Koolhaas – is true to its word. One of Koolhaas’s bêtes noires is architectural icons. He despises their “vulgar desire to impose flashy new form”. He prefers what he calls “antiicons”, like his Casa da Musica in Porto, Portugal, whose awkward form both repels the tourist’s camera and attracts it.

CCTV does the same. Yes, its odd looks are pointedly chosen to stick out against its predictable neighbours, “But this is both an icon and a nonicon,” Scheeren says. “Icons have a singular appearance. Look at them once and that’s it. Traditional Chinese architecture, though, is something you cannot simply comprehend with a glimpse, you have to let the space unfold.” CCTV works similarly – like a giant piece of Chinese calligraphy, a single image made up of symbolically loaded parts. Move round the building “and it unfolds, changes configuration. It has depth.” More importantly, he adds, its iconoclastic shape came not from wilfulness, but from the building’s function – a public building on the world stage for an organisation renowned, rightly or wrongly, as chief propagandist for a one-party state.

Like most things in China, the media are changing at a frightening speed – in May the Government allowed CCTV and foreign journalists unprecedented access to the Sichuan earthquake disaster zone. CCTV itself is metamorphosing. “The group running this project is young,” Scheeren says, “mid-thirties to mid-for-ties, well-educated, exposed to the West. It sees itself in a much more responsible, global context. The BBC is one of their role models. They talked about making part of CCTV a more free enterprise. This seemed encouraging, and to try to support it, worthwhile.”

It goes for China as a whole, he says – “Yes, it has many problems, but you either choose to change that, or you isolate yourself. Once you experience China, nothing’s so black and white.” So, like the Olympic Stadium’s architects Herzog & De Meuron before him, Scheeren excuses his engagement with a country vilified for its human rights record, by his faith in transforming it. CCTV though, already embedded in the city, and housing the state’s main tool of propaganda stands, I think, a greater chance of doing so than HdM’s isolated “Bird’s Nest”.

Either way, Scheeren has been adamant about workers’ conditions on site: “We’ve had no casualties here. We were very explicit in all our intentions from the beginning,” he says. “This was to be an exemplar. And we said let’s create “public space” in the building, make it the most transparent TV station in the world.” Such words, innocent here in the West, are dynamite in China.

Scheeren hopes to achieve this transformation through how the building is organised. He pushed for “collaboration and equality”. Imagine the building’s loop as a rope, made from several continuous strands, housing independent worlds, which twist around one another, and sometimes connect – a little like the independent upstairs-downstairs worlds of aristocrats and servants in a stately home. Chief among the loops is the “TV making loop” for the staff, and, wrapped around it, the “public loop”, a continuous promenade open to the public – unprecedented in Chinese architecture – made up of theatrical staircases, processional ways and an unending “museum of media”, with windows one way looking on to the city, and the other revealing the smoke and mirrors of TV, glimpsing into studios and edit suites.

Planning the creation of an unprecedented architectural form on such a vast scale in an extreme earthquake zone was not an easy matter, one finally cracked by Koolhaas’s engineering guru Cecil Balmond, from the London engineers Arup. “Maybe we could best describe it as a tube folded in space,” Scheeren says. “All the outer surfaces are covered in a diagonal steel mesh and this mesh is folded and allows the weight to flow around the building until it finds the ideal path to the ground.” The shape, and the arrangement of the steel cage, was continuously tested and finally chosen by three cross-checking algorhythmic computer programs which simulate nonlinear behaviour in nature, as well as a 64-tonne copper replica in an earthquake simulator. Never before has such a vast building’s form been so dictated by a nonhuman hand.

Alas, its actual construction is left to sheer manpower. CCTV doesn’t fully open until next year – though the façade has been completed for the Olympics, and chunks opened to host its glitzier televised events. You can catch glimpses of the building’s radical internal structure only in the completed, distorted staircases, which look straight out of The Cabinet of Dr Caligari.

You need to visit Portugal’s Casa da Musica to get a hint of what to expect, where a similar “promenade” of Koolhaas’s “intense space”, is wrapped around the central auditorium, offering a succession of jump-cut, cinematic, often uncomfortable architectural experiences. Koolhaas, before turning to architecture, trained as a journalist and screenwriter. It shows. Architecture, to him, is just another form of media.

CCTV isn’t groundbreaking because it’s big, weird-looking, computer-generated or because that look-no-hands cantilevered corner has three 4 metre-wide circular glass floors, so white-knuckled visitors can stand over 162 metres of air – though these would be reasons enough. It’s groundbreaking because it tries to reshape what architecture might be, a space in which the real and the virtual become thrillingly blurred, solid yet ambiguous,– “all qualities that are traditionally Chinese”, Scheeren says. This is not a country of Western rationalism, but of Eastern ambiguity. Of course it might fail. It might end up the ultimate symbol of a tyrannical regime. Then again, it might transform the very landscape of China, and of the West.