Noticias de Arquitectura


De los sicarios a las orquídeas
agosto 3, 2008, 6:15 pm
Filed under: Arquine, Ensayo, Pais

MIQUEL ADRÍA 21/06/2008

Un modélico plan urbanístico ha salvado Medellín (Colombia), sumida en la pobreza y la violencia hace cinco años. La Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, de Lisboa, premió las dos bibliotecas de Giancarlo Mazzanti

Medellín se ha transformado. Cuatro años de gobierno municipal enfocado hacia el urbanismo social convirtieron un territorio de sicarios y sede del famoso cartel de la droga en una ciudad ejemplar. Cuatro años bastaron para hacer realidad un cambio radical que transformó una conurbación de guetos en una ciudad de todos, sacando a la calle a una sociedad que ha vivido oculta en sus casas durante años a causa del miedo.

El alcalde saliente -el independiente Sergio Fajardo- entendió que la mejor inversión que pueden hacer los gobiernos es la que tiene como protagonista a la comunidad. Su aprendizaje se inició escuchando a la gente en asambleas de barrio, tomando nota de sus necesidades, sus sueños y sus ideales de ciudad. Fue la semilla de un proceso de participación donde todos los proyectos debían tener un componente social, que indujera a transformar el territorio bajo un esquema participativo. De poco sirven las infraestructuras si no se apoyan en una política de gestión social, basada en la comunicación, la participación y la sostenibilidad. Así, arquitectos, ingenieros, comunicadores, sociólogos y un alcalde matemático -hijo de arquitecto- llevaron a cabo la recuperación de la ciudad a partir del rediseño del espacio público.

Medellín es como una hoja de árbol doblada. Dos laderas inclinadas sobre el río homónimo albergan una población de dos millones y medio de habitantes, y otro millón más en los municipios de la periferia. El proyecto urbano lo dirigió Alejandro Echeverri -arquitecto paisa (de la ciudad) formado en Barcelona- a partir de cinco puntos: planear para no improvisar; equipamientos educativos modélicos para dignificar los barrios; proyectos urbanos integrales, contra la exclusión y la desigualdad; vivienda social para paliar deudas históricas, y plan de paseos y calles emblemáticas, con la creación de parques lineales que reconecten la ciudad, recuperando la calle como valor fundamental.

El programa de equipamientos quizá fuera la labor más espectacular. Cuatro nuevos parques-biblioteca, diez escuelas públicas modélicas y centros de desarrollo empresarial local para orientar a los nuevos empresarios que proceden de la marginalidad se insertan en el denso magma de chabolas autoconstruidas sobre una empinada topografía. Los parques-biblioteca, resultado de concursos públicos, son obras de autor, destacando dos de Giancarlo Mazzanti y uno de Javier Vera. Se trata de espacios públicos y abiertos, con plaza para eventos como clases de baile y conciertos, salones para la comunidad y bibliotecas rebosantes de niños, donde pocos años atrás las tropas de Pablo Escobar pagaban a cualquier adolescente un millón de pesos colombianos (unos cuarenta euros) por cada policía muerto. El parque-biblioteca de Vera se resuelve bajo una cubierta que toma la pendiente del terreno y escalona en su interior los distintos elementos que la componen. Las dos construcciones de Mazzanti fragmentan el programa en tres elementos unidos en su parte posterior por las áreas comunes. Los tres cuerpos se abren a las vistas sobre la ciudad y se convierten en hitos urbanos: en La Ladera, con auditorios abiertos en sus azoteas, y en la Biblioteca España del barrio de Santo Domingo Savio, en tres espectaculares rocas negras incrustadas en la montaña. Para acceder a este barrio marginal, al que ni la policía se atrevía a entrar, se ha construido el espectacular teleférico Metrocable, conectado a la red del metro. En la Sexta Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, celebrada en Lisboa a fines de abril, esta biblioteca singular recibió el premio a la mejor obra de arquitectura.

A partir de estas intervenciones la regeneración de las chabolas ha sido casi inmediata. Con el apoyo municipal se construyeron escaleras y plataformas de acceso a las edificaciones existentes y se dotaron de conexiones de gas y electricidad. Algunas viviendas han crecido, otras han incorporado locales comerciales, peluquerías y gimnasios, entrando así a la legalidad catastral y fiscal.

La vivienda social no sólo ha servido para paliar deudas históricas sino para regenerar áreas muy precarias. Buena parte de las 4.500 viviendas de reordenación urbana han solidificado el barrio de Moravia, sobre una montaña artificial que fuera basurero. Y entre las quebradas se legalizan y reparan casas, a la vez que se construyen edificios de diez unidades para sustituir las chabolas más precarias. Junto a ellas el nuevo centro cultural proyectado por el recién fallecido Rogelio Salmona, monumentaliza la periferia.

El plan de paseos y parques lineales que reconectan la ciudad ha llevado a peatonalizar algunos ejes que vertebran la ciudad a todo su largo, como la calle de Carabobo, restaurando edificios, dotando de servicios y mobiliario urbano. Esta calle emblemática hilvana las nuevas plazas y bibliotecas con el Orquideorama en el parque botánico y el nuevo centro Explora, que alberga el museo de la ciencia y la tecnología. El Orquideorama, proyectado por Planb y JPRCR, es un entramado de paraguas hexagonales entretejidos con los árboles centenarios del parque, que organizan el espacio de exposición de la feria anual de las orquídeas. El Centro Explora, diseñado por Alejandro Echeverri, es un contenedor rojo y fragmentado, capaz de acoger programas independientes de divulgación científica. Junto con el nuevo Centro de Convenciones (Giancarlo Mazzanti, Daniel Bonilla y Rafael Esguerra) y la plaza de Cisneros (José Manuel y Luís Fernando Peláez) estas nuevas construcciones conforman el nuevo centro monumental donde la cultura y la convivencia en torno al espacio público dejan clara la nueva vocación de la ciudad.

Menos de cuatro años han dado vida y esperanza a la regeneración de Medellín al aunar urbanismo y social en el ideario municipal. Arquitectura de autor y trabajo con las comunidades, que habitualmente corren por sendas distintas, han ido de la mano. Y en buena medida ha sido posible por el talante de un alcalde con ideas claras que supo comunicar, aunado a una sociedad dispuesta a darlo todo por recuperar con orgullo su autoestima colectiva. –



Intervenciones neoliberales en la Barceloneta
agosto 3, 2008, 6:05 pm
Filed under: Barcelona, Ensayo, Montaner, Pais, UPC

JOSEP MARIA MONTANER 14/06/2008

Es de temer que la Barceloneta va a seguir al Poblenou como barrio cuya memoria más se ha arrasado. A los riesgos que comporta la modificación del Plan General Metropolitano en la regulación de la edificación tradicional de la Barceloneta (2007), llamado para abreviar y como protesta plan de los ascensores, se suma la amenazante aparición de la estructura del hotel Vela, proyectado por Ricardo Bofill en 1999, situado en la misma línea del mar, en los terrenos de la Autoridad Portuaria de Barcelona, hito con el arranca la transformación especulativa de la nueva bocana del puerto

Hay pocas dudas de que la política del Ayuntamiento de Barcelona ha cambiado. A ciertas miradas malévolas les interesa desfigurar esta evolución y quieren enfatizar que siempre ha sido así. Pero no es cierto. Cuando Barcelona renació como ciudad democrática, a principios de los años ochenta, se aplicó una política progresista y prometedora, si la comparamos con la regresión que implicaron los modelos neoliberales que entonces implantaban Margaret Tatcher y Ronald Reagan. Poco a poco, este modelo Barcelona, de búsqueda del consenso entre lo público y lo privado, se ha ido diluyendo en una política marcadamente neoliberal. La paradoja dura de digerir es que esta política urbana -conservadora y capitalista- la esté aplicando un gobierno municipal formado por dos partidos políticos que se autodenominan de izquierda.

El plan de la Barceloneta es expresión de un neoliberalismo implacable aplicado a los planes urbanos: será la lógica del propio mercado la que transforme el barrio en función de derribos selectivos para instalar núcleos de ascensores, agrupando varias fincas, y serán los propietarios potentes, los inversores y los turistas los que se irán acomodando a medida que se vaya expulsando a los antiguos inquilinos de pocos recursos económicos y legales. Es la culminación del proceso de ir dejando a la frágil Barceloneta a su suerte. Mientras se intervenía en otras áreas de Ciutat Vella, su patrimonio de casas proyectadas por ingenieros militares a mediados del siglo XVIII se dejaba desmoronar. El mismo plan de los ascensores, al establecer la altura reguladora en planta baja y seis pisos, favorece la desaparición de los escasos testimonios de casas bajas originales.

Y el hotel Vela se levanta como emblema de la gentrificación de un barrio popular, como otro episodio más de la avaricia del puerto con sus terrenos, que ya generó una fuerte polémica a finales de los años ochenta y principios de los noventa por la abusiva transformación del Port Vell. Cuando funcione, el hotel va a contribuir más al colapso circulatorio y a la mutación de la Barceloneta. Seguro que el preceptivo estudio de evaluación de la movilidad habrá demostrado la sobrecarga que ya existe sobre el paseo de Joan de Borbó. Tal mamotreto, fuera de escala y de contexto, chupando de las infraestructuras, aprovechándose de los desagües y colapsando los accesos del barrio, es un nefasto símbolo de la Barcelona neoliberal, vendida a la industria turística y a los intereses inmobiliarios. De momento, ya se ha expulsado a vecinos y las cases de quart se convierten en apartamentos por semanas. A los trabajadores del Poblenou les han ido borrando su memoria día a día, fábrica a fábrica, a cambio de nuevos edificios arroba; el antiguo barrio de pescadores y artesanos lo están convirtiendo en escenario del mundo basura del turismo. Quizá estén pagando tardíamente la factura de que en las primeras décadas del siglo XX fueran los focos de los movimientos sindicales y anarquistas.

¿Será cierto que se va a detener el plan de los ascensores y la moratoria permitirá hacer uno nuevo, con una mejor supervisión pública y una mayor participación ciudadana? ¿O son tantos los pactos previos y componendas, los intereses para elevar astronómicamente los alquileres, que el plan ya no tiene vuelta atrás y se irá destruyendo el tejido social de la Barceloneta?

El proyecto del hotel Vela fue aprobado en 2001, con la connivencia de la Autoridad Portuaria, la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona y el Gobierno de la Generalitat de Jordi Pujol, y con una rebaja de los 154.000 metros cuadrados a un máximo de 129.000. El hotel tiene 450 habitaciones y, en la base, un gran edificio recreativo y de oficinas, de planta baja y seis pisos de altura. Se pactaron entonces unas contrapartidas de conexiones y transporte (monorraíles y recorridos marítimos) que aún no se han cumplido. ¿Es aceptable que los futuros usuarios del hotel colapsen aún más un paseo por el que pasan los vecinos, la ciudadanía y los bañistas? ¿Puede ser que contemplemos callados cómo se levanta, saltándose la Ley de Costas, la última puntilla para ahogar el carácter social y urbano de la Barceloneta?

Josep Maria Montaner es arquitecto y catedrático de la Escuela de Arquitectura de Barcelona (UPC).



Las buenas calles
agosto 3, 2008, 6:03 pm
Filed under: Ensayo, Pais, urbanismo

ÁNGELA MOLINA 14/06/2008

Las figuras del “arte” y la “utopía” llevan mucho tiempo entremezcladas. De su dinámica han nacido múltiples contradicciones. Mientras el arte siempre ha de inquietar, escapar de las normas y obligarnos a reconocer la importancia de tener espacios, la utopía aporta consuelo, armonía sin conflictos. Celebra el imposible impalpable. Es el transporte a un lugar apartado del mundo real exterior. Una de sus más atractivas paradojas tiene que ver con el intento del artista de desestabilizar el ideal platónico de ciudad (una urbe cerrada, ordenada) a base de lanzar sobre ella dudas tan potentes como bombas. ¿Puede el arte hacer que un espacio hegemónico esté menos seguro de sí mismo? ¿Se puede contaminar el espacio público inyectándole estéticas y usos nuevos? El joven licenciado en arquitectura Gordon Matta-Clark (1943-1978) no iba muy desencaminado cuando vislumbró la posibilidad de nivelar la altura de los edificios, incluyendo las Torres Gemelas, con el sky-line de Manhattan, pocos años después de que la pareja de artistas Christo y Jeanne-Claude proyectara convertir en crisálidas eréctiles algunos rascacielos de Wall Street (Lower Manhattan Wrapped Buildings, 1964) sugiriendo un proceso de transición física y metamorfosis de las arquitecturas del poder. Al igual que la idea de obstrucción (blockading), la técnica del embalaje había surgido de la necesidad de crear juegos espaciales, transformar algo familiar en misterioso. Pero, sobre todo, de escapar del “no lugar” alumbrado por la utopía (un tema que animó a buena parte del movimiento del 68 en Francia) para poner los pies en espacios particulares de prácticas reales. El arte necesitaba un nuevo campo de batalla. Y la ciudad se había puesto a tiro.

El arte público crea un espacio político, un ámbito donde las identidades y las ideas de conflicto y diferencia provocan una reacción en la audiencia. Nuestro combate simbólico con las operaciones económicas que se dan en la esfera pública ha conformado el tema de la creatividad en la calle, desde la “alteración” situacionista (détournement), el land-art, las tendencias site-specific, los amonumentos y contramonumentos, las street performances, el grafiti o las nuevas formas de exposición, distribución y lugares de socialización creados por la generación actual de artistas, que han transformado los recursos familiares del readymade, la colaboración y la instalación.

Pero el ascenso del neoliberalismo durante las dos últimas décadas barrió casi por completo cualquier objeción artística en el espacio público. Desde el ámbito de la crítica artística, Lucy Lippard y Graig Owens denunciaron el papel cómplice que el arte estaba desempeñando dentro de los procesos contemporáneos de la ciudad, ya sea como colaborador/decorador de las reestructuraciones urbanísticas o como índice de la revalorización de barrios para futuras inversiones de grupos inmobiliarios. La psicogeografía situacionista, de raigambre surrealista, la sociología y el urbanismo marxista (Peter Marcuse, David Harvey) también se encargaron de reseguir la trayectoria exacta del proceso por el cual el capital construye un paisaje geográfico a su propia imagen en un cierto punto del tiempo sólo para tener que destruirlo después, en una suerte de causalidad circular y acumulativa que no ha hecho más que acentuar las diferencias sociales y los desarrollos desiguales.

Durante los setenta, artistas como Vito Acconci, Adrian Piper, Hans Haacke, Martha Rosler, Richard Serra, Krzystof Wodiczko o Francesc Torres criticaron el desarrollo urbano de la ciudad de Nueva York que afectó profundamente tanto a su morfología arquitectónica como a su distribución social. Crearon contradiscursos con trabajos de resistencia. Hoy, a excepción de algún judas, estos artistas siguen siendo considerados los apóstoles del antagonismo.

En la actualidad, la fuerza crítica y de oposición de aquellos destructores ha degenerado fácilmente en conformidad con el orden establecido. Donde Matta Clark había creado el restaurante Food (galería 112 de Greene Street) para ofrecer a los comensales la cocina económica de su famoso “pollo aterciopelado en salsa de satén”, “guiso de dumpling de hígado de alka seltzer” o su suculenta “bone dinner” (sopa de huesos), hoy tenemos a Ferran Adrià instalado en la alta cocina de la Documenta regalando sus costosísimas degustaciones a curadores y críticos de arte. Donde Hans Haacke había denunciado el negocio inmobiliario (“Shapolsky et al.”, 1971) tenemos hoy a Santiago Sierra (y antes a Andrés Serrano) especulando con la imagen de los sin papeles y las prostitutas (a 24.000 euros la copia fotográfica de sus retratos). Y donde Richard Serra instalara su Tilted Arc (1981, desmantelado en 1989), tenemos hoy las inexpugnables cabezas gigantes de Manolo Valdés, enésima treta mercantil auspiciada por la Fundación La Caixa en la cada vez más falible capital catalana.

En su ensayo Sombras de la ciudad (Alianza, 2007), Iria Candela describe el proceso de desplazamientos, desahucios y disolución urbana que precedió al boom constructivo de la Gran Manzana. Los trabajos de Warhol (Thirteen Most Wanted Men, 1964) o las fotografías de Weegee mostraban las sombras más oscuras de la gran ciudad, que escondían acontecimientos igualmente cotidianos pero que las autoridades se esforzaban en mantener ocultos. “La metáfora de las malas calles tenía un sentido más amplio, pues también les servían para mostrar la fragilidad inherente al espacio público, falazmente entendido como un espacio social plural consensuado y, por tanto, la posibilidad real de resistencia a su poder de dominación”, sostiene la autora. Aquel mural colocado en la fachada del New York State Pavillion con la imagen de 13 fugitivos de la justicia funcionaba como “una pancarta reivindicativa de un espacio público heterogéneo abierto a la diferencia, a la aceptación de aquellos sujetos que, por razones de género, sexo o ideología, eran criminalizados dentro de él” (la propia condición de fugitivo de la sociedad de Warhol enlaza con la ambigüedad que sugiere el título de los hombres más buscados o “más queridos”, wanted).

Francesca Gavin, en su libro Creatividad en la calle. Nuevo arte underground (Blume, 2008), defiende la existencia de una nueva tendencia creativa de “interrupciones callejeras” heredera de los situacionistas. “La razón por la cual hoy la obra de estos jóvenes artistas es importante es porque fuerza al público a ser consciente y a interactuar con el mundo que le rodea. En una cultura dominada por un exceso de medios sensacionalistas, insustanciales y de usar y tirar, y por una cultura virtual, el mundo físico, real, tiene que reafirmar su presencia (…). La calle es el único lugar donde sabemos que algo es real”. Gavin elabora una lista de los 30 principales que trabajan en las grandes urbes con técnicas a menudo de “bloqueo”. Algunas propuestas son sencillamente esteticistas, otras más poéticas. Pero prácticamente todo ya había sido inventado hace tres décadas.

Los maragatos (LED throwies) de uno de los más importantes grupos frikis del grafiti, Graffiti Research Lab, son dibujos “brillantes que compiten con la publicidad y sólo se hacen visibles por la noche”. “Sólo hay que juntar un LED, una pila y un imán con cinta adhesiva. Duran una media de tres semanas y son piezas abiertamente políticas, contra el Gobierno de Bush y sobre la idea de qué es lo público y qué lo privado”, explican. El trabajo de los GRLab se expuso hace unos meses en el MOMA y remite a las proyecciones de Krzysztof Wodiczko para Union Square (The Homeless Projection: A proposal for the City of New York, 1986) y que nunca obtuvieron el permiso del Consistorio para ser proyectadas. En ellas, el artista polaco (1943) criticaba abiertamente la llamada gentrificación urbana; los monumentos escultóricos de George Washington, Abraham Lincoln y el marqués de Lafayette debían aparecer, de la noche a la mañana, convertidos en contramonumentos o esculturas nómadas que representaban a los homeless condenados al espacio abierto a vivir ante el público. Los sin techo compartían con los prohombres de América la condición pasiva de los “sin hogar de la historia”.

El nuevo grafitero, Robin Rhode, combina el dibujo a carboncillo sobre la pared con la performance. Su serie Playground fue concebida en las esquinas de las calles de Johannesburgo para reemplazar virtualmente los parques infantiles sumidos en el abandono. El trabajo de Rhode es defendido por una potente galería neoyorquina. Otros artistas callejeros juegan con las señalizaciones de tráfico (Cayetano Ferrer, Knitta, Leopold Kessler), con pintadas hechas con plantillas (Influenza), grafías (Eine) o intervienen en las vallas publicitarias (Cut Up). Dan Witz, el abuelito de la escena artística callejera, empezó a pintar colibríes sobre viejas paredes. En la fachada de una casa juega con las tres ventanas (como si fueran dos ojos y una boca) y sitúa un gran balón rojo a la altura de la nariz. Una payasada. Matta-Clark se jugaba el pellejo en el Bronx saboteando o cortando trozos de edificios abandonados. Le persiguieron los polis y las bandas callejeras. Las propias autoridades locales demandarían al artista y le pedirían hasta un millón de dólares de compensación por los daños ocasionados en un inmueble de un muelle abandonado de Manhattan. Nunca hubo artista que igualara a Matta-Clark en violencia y compromiso. Su ejemplo es el más radical de site-specific y el que difuminó los límites de lo que era legítimo o no en el arte.



Arquitectura efímera
agosto 3, 2008, 5:59 pm
Filed under: Ensayo, Pais

LUIS MANUEL RUIZ 13/06/2008

Hablar de arquitectura efímera es un pleonasmo; quiere implicar la existencia de otro tipo de arquitectura invencible al tiempo, la intemperie y el derrumbe de los imperios, en la ignorancia o el olvido de que todo edificio, aun los rocosos palacios de nuestros antepasados, tiene fecha de caducidad y de que el destino irremediable de todo monumento se halla en los escombros. Arquitectura efímera es una expresión consagrada por la Historia del Arte para referirse a esas construcciones que, como flores de un día o supernovas, tienen por misión brillar momentáneamente antes de desaparecer. El propósito puede parecer descabellado; la cultura nos ha acostumbrado a templos, mausoleos y anfiteatros erigidos con la intención de perdurar y de competir con esos elementos del paisaje que nunca envejecen, las montañas, el cauce de los ríos, el estricto horizonte. Y uno se pregunta qué sentido hay en alzar opulentos edificios, muchos de ellos con un empacho de columnas, frontones y zócalos, que nacen de la artesa del albañil con el signo de la destrucción ya marcado en sus junturas, como inútiles y costosos homenajes a la esterilidad de toda obra humana. En el Renacimiento y el Barroco, la arquitectura fugaz conoció su cenit: la práctica casaba bien con unos tiempos en que la literatura se preocupaba constantemente de recordarnos que todo es vanidad, que poco valen el esplendor de las cortes y el laurel de las victorias ante la decadencia irremediable del reino de este mundo, esa época en cuyas pinturas proliferaban las calaveras y los ocasos.

La misma moraleja puede aplicarse, quizá, a la colección de ilustraciones, proyectos y maquetas que en estos días ocupan el Museo del Agua de Lisboa y que recogen una panorámica de la arquitectura efímera fabricada y destruida en Sevilla a lo largo de los siglos. La muestra, que lleva por título Rito y Fiesta: una aproximación a la arquitectura sevillana, viene auspiciada por el Colegio de Arquitectos de la capital y revisa exhaustivamente los productos de este arte instantáneo que en alguna ocasión decoraron nuestras calles y plazas. El censo incluye, como no podía ser de otro modo, los inevitables arcos del triunfo y las honras fúnebres: desde la entrada victoriosa dispensada a Fernando el Católico en 1508 hasta el túmulo a Felipe II que excitara los versos más venenosos de Cervantes, quien sospechaba que más que la muerte de un monarca aquel despilfarro celebraba la de toda una nación en quiebra. Por supuesto, la exposición incluye profusa documentación sobre las formas de construcciones caducas que han persistido hasta nuestros días, las portadas de la Feria, las velás y la fastuosidad churrigueresca del Corpus Christi. La propia exposición, igual que el material que exhibe, también es efímera: de hecho anduvo por la propia Sevilla hace casi un lustro en una Plaza Nueva que poco se parecía a la que ahora pisamos y de donde desapareció, también, sin dejar rastro. El único testimonio que resta de esas monstruosidades que en su día hicieron abrir la boca a los viandantes son mustias fotografías, dibujos sobre los que amarillea la tinta, planos de alzado que parecen el banal ejercicio de un estudiante de delineación. Sorprende que un arte de tan larga tradición coincida con los postulados más radicales de la estética contemporánea: hoy se tiene por rabiosa modernidad declarar que toda obra está condenada de antemano a la muerte y que el plástico, el papel o la basura resultan materiales más honestos que el granito y el mármol, descalificados por un largo pasado de palacios imperiales y maravillas del mundo. En fin; estos bosquejos sobre papel podrían alegar ante las catedrales que todavía se tienen en pie aquella agudeza de un poeta que no recuerdo: si la meta es el olvido, yo he llegado antes.



Menos cemento, más conocimiento
junio 7, 2008, 3:31 pm
Filed under: Ensayo, Teóricos

El ciclo extraordinariamente expansivo de los últimos 10 años instaló en la opinión una falsa imagen de bonanza

• La crisis desvela la precaria legitimidad social de un sector que ha coqueteado con la especulación.

JORDI Ludevid*

De un tiempo a esta parte, las amenazas veladas de crisis en el sector inmobiliario han abandonado los titulares para dejar paso a la crudeza de las cifras y los indicadores, al punto que la crisis se ha adueñado del debate público en todos sus niveles. Lamentablemente, el ciclo extraordinariamente expansivo de los últimos 10 años instaló en la opinión una falsa imagen de bonanza, que eclipsó las tendencias de cambio significativo de la fisonomía del sector, y silenció a quienes alertábamos de ellas con los medios a nuestro alcance. Hoy, al bajar la marea, estas tendencias resultan amenazantes para algunos. Otros preferimos identificar las oportunidades que traen consigo para fundamentar nuestra agenda actual y futura.
Los arquitectos apostamos decididamente por el cambio de paradigma, y acciones como la jornada que acogió el Col.legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC) el pasado 27 de mayo (con la participación destacada de Enric Reyna, Rafael Romero o Carme Trilla) evidencian que no estamos solos: promotores, constructores, financieros, administraciones y arquitectos somos conscientes de la necesidad de gestionar con propuestas estratégicas, más allá de pirotécnicas medidas cortoplacistas. Urge, pues, afinar en el análisis y sacar provecho de la coyuntura negativa para favorecer unos cambios estructurales beneficiosos para todos los agentes implicados y para la sociedad en conjunto.

EN
PRIMERlugar, la crisis no afecta significativamente a la obra pública, la obra civil, la rehabilitación ni la vivienda social. La contracción de la demanda ha repercutido con especial intensidad en la vivienda libre, con una caída de los visados de los últimos seis meses que ronda el 60%.
Es el momento de poner el acento en la vivienda social: el marco normativo –ley del derecho a la vivienda, pacto nacional de vivienda, áreas residenciales estraté- gicas y el inminente decreto de habitabilidad– impulsado por los distintos poderes públicos en Catalu- nya, con los que el COAC colabora de manera muy activa, orienta al sector hacia objetivos muy ambiciosos en vivienda social. También ha llegado la hora de apostar por la rehabilitación de la vivienda construida y el reciclaje del parque existente para adaptarlo a las nuevas normativas (accesibilidad, salubridad, confort y habitabilidad), para permitir su acceso al mercado. De todos depende movilizarlas: es necesario un cambio de actitud y de escala de los actores implicados.
En segundo lugar, asistimos a la rápida transformación de la identidad profesional de la arquitectura. La imagen del profesional liberal se ha desdibujado en pocos años para convivir con múltiples maneras de ejercer la arquitectura. La mayoría de arquitectos colegiados del área metropolitana de Barcelona son hoy trabajadores por cuenta ajena en un contexto de rápida empresarización y con siete escuelas de arquitectura, en lugar de una, surtiéndonos de nuevas y cada vez mayores cohortes de licenciados.
Puede que sea hoy el punto de inflexión a partir del cual entremos de lleno en la normalización de nuestro sector. Desde el COAC hemos impulsado un proyecto de colaboración con varios ayuntamientos catalanes, que se ha materializado ya en Sabadell, para ofrecer un servicio de certificación, un visado con valor añadido, que permitirá abreviar los plazos de concesión de licencias, así como el desarrollo de un paquete informático para mejorar la calidad de redacción y control de proyectos de arquitectura, junto con el Institut de Tecnologia de la Construcció de Catalunya (Itec). Es también necesario reforzar las bases societaria y empresarial de los despachos, laboralizar a nuestros colaboradores cuando corresponda, y atreverse a explorar y competir en otros mercados e incidir en la formación continuada y en la especialización, para hacer frente a la competencia creciente y dar respuesta a necesidades de, por ejemplo, buenos gestores urbanísticos.

FINALMENTE,la crisis ha descubierto la precaria legitimidad social de un sector que ha coqueteado con la especulación y que no ha sabido responder a la incipiente sensibilidad medioambiental y paisajística. La visión industrialista de la producción de vivienda, agravada por el precio del suelo, ha impedido el deseable progreso de la I+D, dando más valor al cemento que al conocimiento y desincentivando la productividad, la innovación y la creatividad. Hoy estamos huérfanos de referencias internas de calidad.
Por ello, propongo reemprender el debate de la autoexigencia y la autorregulación en el sector, del establecimiento de criterios que sean referencia de calidad y excelencia, para la investigación, la innovación y la creatividad, y sus incentivos correspondientes. Tendría sentido para todas las partes y agentes, y para la sociedad en su conjunto, una nueva orientación basada en el retorno a la comunidad de parte de los beneficios obtenidos. Retorno por la vía de la investigación y la innovación de materiales y productos, pero también de sistemas constructivos, de procesos, tipologías y paisajes.
Es una gran oportunidad para que el sector inmobiliario entre de lleno en la economía del conocimiento, un paso necesario e ineludible.

* Arquitecto, decano del Col.legi d’Arquitectes de Catalunya.



La esencia de la Arquitectura
junio 7, 2008, 3:28 pm
Filed under: Ensayo, Teóricos

El Hombre como simple constructor, lejos de la Voluntad Creativa

Se ha planteado que uno de los principales aspectos que ha orillado un distanciamiento entre Hombre y Arquitectura es la evolución del arquitecto y su desempeño dentro de la vida en las ciudades.

El hombre es un ser vivo dotado de peculiares dones y capacidades. Su principal característica es su habilidad racional, que lo ha llevado a transitar por caminos completamente diferentes que el resto de los seres vivos. Sabemos de antemano que la Arquitectura, rama que nos interesa en este ensayo, surgió como una necesidad que se buscaba ser resuelta. La capacidad racional del hombre le dotó de la habilidad de adaptar los medios naturales existentes en los alrededores, permitiendo la creación del concepto espacio , que siglos después, cuando el lenguaje del hombre hubo evolucionado hasta altos niveles de abstracción, surgió como base para nombrar y diferenciar las actividades arquitectónicas de todos los seres humanos con respecto a otras.

Hemos analizado como la vida y el punto de vista del hombre de nuestros días han sido transformados e influenciados lentamente por distintos aspectos. Una búsqueda y una meta: alcanzar el desarrollo y una evolución, traducida en mejoras en la calidad de nuestras vidas. La hipótesis: la Arquitectura se ha convertido en simple satisfacción de necesidades por medio de la construcción .

¿Qué es lo que ha sucedido en la vida social de nuestras ciudades que nos ha llevado al lugar en donde nos encontramos ahora? Un análisis de la esencia de la Arquitectura, nos permitirá comprender la situación.

La Arquitectura es una vaga palabra que ha encerrado a través de los siglos, la conjunción de varios elementos que definen las actividades que los hombres realizan para la satisfacción de necesidades de habitabilidad. Pero la Arquitectura es mucho más que esto. Su campo de acción y jurisdicción abarca de igual manera aspectos estéticos y necesidades más altas que las simplemente biológicas. Las obras arquitectónicas penetran, por lo tanto, en la esfera cognoscitiva de la Estética: término que reúne aquellas características o aspectos que debe poseer una obra arquitectónica para ser considerada como bella, bajo el supuesto de que la Arquitectura forma parte del campo de las Bellas Artes, y no sólo existe como medio de satisfacción de necesidades básicas de los seres humanos.
La Estética es un concepto que desde la antigüedad ha sido utilizado para hacer referencia a los diversos aspectos que debe contener un objeto para ser relacionado con el arte, y por lo tanto, con la belleza. Las formas sensibles de las cosas son percibidas por nosotros (de acuerdo a las leyes de los escolásticos ) por lo que se conoce como sentido común. Las formas exteriores o apariencia de las cosas que se presentan ante nosotros se conservan y permanecen gracias a la memoria y a la imaginación del ser humano. El instrumento estético por excelencia es el juicio o la razón. Los objetos nos gustan o disgustan debido a la sensación visual que actúa como intermediaria. La vista es el sentido estético por excelencia, mientras que el resto de los sentidos están de alguna manera excluidos. En arquitectura se ha tomado esta idea como supuesto, y en base a ella se dice que son las sensaciones de la vista las que nos permiten asimilar las impresiones estéticas que el objeto contiene. Pero es la razón la capacidad responsable de generar y comprender aspectos estéticos. Dicho juicio o razón puede ser influido por aspectos culturales que rodeen al hombre que realiza las valoraciones estéticas. Dentro del concepto de Estética, el arte conforma aquél instrumento por el cual los seres humanos (autores de obras artísticas – arquitectónicas – ) transmiten sentimientos a las personas, por medio de la memoria y la imaginación, influida por costumbres, tradiciones y aspectos propios del modo de vida humana. La Estética puede dividirse en dos vías estimativas: la natural (juicio natural) y la cognoscitiva (juicio racional). El ser humano, como cualquier ser viviente, es capaz de experimentar juicios naturales, pero es el único ser que puede experimentar juicios racionales, es decir, ser capaz de sentir, frente a un objeto, placer por considerarlo bello. La belleza es, por lo tanto, un producto meramente intelectual.

La Arquitectura, entonces, satisface necesidades propias del espíritu del hombre. La belleza es un concepto que define aquello que agrada a los sentidos, y que de alguna manera permanece fuertemente unido a la vida comunitaria de los seres humanos, traduciéndose físicamente en formas y símbolos que complementan las obras arquitectónicas surgidas de las mentes y manos de los hombres. Sin embargo, los valores estéticos han sufrido al paso de los años, el predominio de un solo juicio y valor: los cánones clásicos , derivados de la cultura griega antigua.

Cada pueblo, ubicado en cada tiempo y en cada lugar específico, se ha desarrollado en una vida distinta y única. Cada grupo humano busca no sólo satisfacer sus necesidades inmediatas, sino encontrar la verdad que encierra el mundo que le rodea. Todas y cada una de las obras arquitectónicas pertenecientes a cada cultura humana es una expresión de dos aspectos: las necesidades biológicas de la comunidad y sus costumbres, tradiciones y valores sociales, reflejados en formas estéticamente comprensibles. En el último Siglo, las formas clásicas han jugado un papel fundamental en la valorización y crítica de las obras arquitectónicas, determinando aquello que es universalmente bello y aceptable, de aquello que no lo es.

Este punto de vista ha generado que los elementos que conforman a la Arquitectura se fragmenten y separen. En cada sitio y en cada pueblo, las consecuencias y expresiones de esta ruptura son diversas. Hemos visto la situación en nuestro país: inferioridad y copia de aquello que creemos bello y verdadero . Sin embargo, detrás de este primer juicio, puede hallarse un aspecto oculto, olvidado hasta ahora. Juzgamos veloz e injustamente la situación. Un panorama más complejo y amplio nos permitirá conocer y comprender aquello que se oculta detrás de la Arquitectura que mira hacia el pasado clásico para existir 12 .

La Arquitectura, al igual que el resto de las ciencias y los conocimientos del hombre, han sido cubiertas por la búsqueda de la verdad , una búsqueda que desemboca en principios y valores universales. La Ciencia del Hombre se ha planteado como objetivo desde hace mucho tiempo encontrar el orden y los principios que rigen todas las cosas . Teorías han surgido, ido y venido por el mundo, cada una de ellas asegurando poseer la verdad absoluta. El hombre sólo busca comprender para anticiparse y controlar . Hoy nos damos cuenta, muy a nuestro pesar, que eso no es posible. Muchas teorías se han debilitado y caído, no por la carencia intelectual de sus autores (el hombre lo mide todo por su capacidad racional) sino por lo cambiante del mundo que nos rodea . La Arquitectura no podía ser la excepción. Su objeto de estudio, aquél a quien sirve y satisface es al fin y al cabo el hombre mismo .

Los análisis científicos de las últimas décadas nos han demostrado que el mundo se mueve sin cesar y cambia constantemente. Existe caos e incertidumbre , que posee su propio orden paradójico . Los esfuerzos del hombre por clasificarlo y racionalizarlo todo han sido inútiles. La Naturaleza posee su propio orden. El caos y la incertidumbre son elementos necesarios para lograr el orden y permitir el surgimiento de sistemas estables 13 .

La Arquitectura ha intentado vanamente encontrar un orden universal y eterno, y tal vez el dominio de los cánones clásicos fue una fiel expresión de dicho objetivo. La Arquitectura es respuesta y vida de los seres humanos, quienes, a su vez, son seres que cambian, evolucionan y transforman sus conductas y sus puntos de vista. Una mirada profunda a obras arquitectónicas pasadas nos harán descubrir esta voluntad creativa , que se encuentra siempre presente y que se manifiesta de diversas formas 14 .

Los pueblos de la antigüedad se caracterizaron por lograr una armonía con la incertidumbre y el caos, valiéndose de relaciones míticas profundamente valoradas y respetadas por los pueblos. La voluntad creativa fue una capacidad desempeñada con sumo cuidado, buscando siempre satisfacer cualquier tipo y nivel de necesidad: biológica, social, espiritual.

Hoy en día, nuestro vano punto de vista lo ha transformado todo. Muchas ramas de conocimiento han aceptado sus límites frente a lo caótico, considerándolo no como negativo, sino como la forma de ser del mundo. El Hombre pertenece a este sistema.

La verdad , amplia y desesperadamente buscada, ha sido un concepto erróneo y mal interpretado. “La verdad es, […] algo que se vive en el momento y que expresa nuestra vinculación individual con el todo” 15 . La verdad no es absoluta y estática, sino que se encuentra en cada uno de nosotros, al romper con el abstraccionismo que impera en nuestra mente, y descubrimos aquello que nos rodea como lo que realmente es , algo nuevo y por primera vez visto por nuestros ojos.

La Arquitectura responde al Hombre. Cada obra arquitectónica encierra sus propios vórtices y aspectos caóticos. Cada ser humano es distinto y diferente al resto. La Arquitectura no puede ser encerrada nunca en valores estéticos universales, porque cada tiempo, cada espacio y cada lugar hablan de hombres que viven y miran al mundo con distintos ojos.

La creatividad es una manera de penetrar en el caos para descubrir la verdad . El arquitecto de los últimos años lo ha olvidado, se ha convertido en ese hombre que sólo soluciona necesidades del estrato más superficial. Independientemente de las formas arquitectónicas finales, cada obra posee dentro de sí, estratos más profundos y ocultos. Valores, costumbres, tradiciones, maneras de responder al caos y a la incertidumbre y la duda. Aspiraciones míticas, políticas o sociales. Cultos y homenajes.

¿Qué es lo que alimenta a la creatividad?

“Algunos lo llaman demonio, musa, espíritu, genio; otros lo nombran trabajo, azar, inconsciente, razón. Para el intelectual – y, también, para el hombre común – la inspiración es un problema, una superstición o un hecho que se resiste a las explicaciones de la ciencia moderna” 16 .

Los arquitectos de hoy se valen de la técnica útil y eficaz, buscan clasificarlo y ordenarlo todo, por medio de la repetición de procedimientos que se perfeccionan o degradan. Dan la espalda al caos y a la incertidumbre, al trasfondo colectivo y a lo profundo y cambiante que impera en los hombres. Se han vuelto simples constructores.



Theory of Architecture
junio 7, 2008, 3:16 pm
Filed under: Ensayo, Teóricos

By Pentti Routio
Monday 2 June 2008, by Rédaction Journal3

Not all industrial products are modern inventions. There are several types of artifacts that have been produced during generations. Accordingly, these products have also been the object of many studies and theories. The most notable example of these is the building. The art and science of architecture has been studied almost continuously during two millennia, and a great number of these treatises have been preserved until our day.

In the following is given an overview of the most prominent lines of thought in the study of building until now. Possibly the account can also give researchers of other types of products some cues, to follow or to abstain.

Because of the great number of published essays on architecture it is convenient first to pigeonhole them to a few clusters. One possibility would be to use the normal library classification, based either on geographical areas or on the type of building (houses, schools etc). However, in practice a much more useful division of research and theory is based on the principal target of the study:

– Descriptive studies aim at reporting the present (or past) state of the object which in architectural studies can be either one building or any defined class or series of buildings, as well as people related to these buildings. Monographs of buildings often belong to this category, as well as a great part of the histories of architecture.

– Explanatory studies try to find out why each building has taken the shape that they have. The reasons can be taken either from the past (causal explanation), from the concurrent context, or alternatively from the future (i.e. from the intentions of the builders). See also Explaining Development.

– Normative studies attempt to point out in which respects the object of study could be improved, and the method of doing it. When the outcome of normative studies is generalizable to later similar objects, we can call it theory of design.

Recent studies about architecture and buildings can usually be classified into one or the other of the above three genres of research (if not being combinations of them). As a contrast, when looking at earlier writings it turns out that practically all papers published before 18 century belong exclusively to the third group, i.e. to design theory. The same seems to be true for the very oldest writings about architecture, about which has survived just the name, like “Instructions for the decoration of walls” that is listed in the library catalog of the Edfu temple in ancient Egypt (Ricken, p. 10). For those texts that still exist, the normative purpose often is clearly expressed in their introductory phrases:

“Because I saw that you [Caesar] have built and are now building extensively, I have drawn up definite rules to enable you to have personal knowledge of the quality both of existing buildings and of those which are yet to be constructed.” (Vitruve, Book I, Preface, trans. by Morgan.)

“It seemed to me a thing worthy of a man, who ought not to be born for himself only, but also for the utility of others, to publish … those rules which I have observed, and now observe, in building; … that one may learn to lay aside the strange abuses, the barbarous inventions, the superfluous expence, and (what is of greater consequence) avoid the various and continual ruins that have been seen in many fabricks” (Palladio, preface, 1570, trans. by Isaac Ware in 1738).

“My purpose is to develop the taste of architects and … to give them secure instructions of work and a method which guarantees an impeccable result” (Marc-Antoine Laugier, Essai sur l’architecture, xliii, from the year 1753).

“Architects everywhere have recognized the need of … a tool which may be put in the hands of creators of form, with the simple aim … of making the bad difficult and the good easy” (Le Corbusier, The Modulor, Foreword of 2nd ed. 1951).

“This language is extremely practical. … You can use it to work with your neighbours, to improve your town and neighbourhood. You can use it to design a house for yourself, with your family; or to work with other people to design an office or a workshop or a public building like a school.” (Alexander et al., 1977, A Pattern language, page x).

It seems thus that in architectural writing during centuries the most common objective has been to guide later design, i.e. the outlook has been normative.

In present day, the design theory of architecture includes all that is presented in the handbooks of architects: legislation, norms and standards of building. All of them are intended to aid the work of the architect and improve its product — the quality of buildings. The aim is thus the same as in technology and production in general: proven theory helps designers to do their work better and more effectively. It occasionally even helps to do things that were believed to be impossible earlier on. As an old saying goes, there is nothing more practical than a good theory.

The design theory of architecture consists of all the knowledge that the architect uses in his work, including how to select the best site and the most suitable construction materials. Moreover, there is advice on how to design practical buildings, up to the ease of maintenance and reparations. You can find out what it includes by studying empirically what source material architects actually use in their work. This study will reveal that, in addition to rationally motivated rules and methods, this material includes rather miscellaneous and “unscientific” elements; prejudice of the clients, whims of fashion, cost saving decisions of building companies and horse trade of politicians.

Some people say that the architect is an artist and, unlike engineers, he cannot base his work on theory. This is true, of course: the plan of the architect cannot come into being only by following the rules of manuals nor by proceeding in a totally rational fashion from the initial information the architect has. But even an artist has to have his technique. In art, like in any other work, professional skills are needed and that is the same as knowing what you should do, does it not? This was at least what erudite architect Jean Mignot thought when inspecting the worrisome, cracking vaults on the building site of the Milan cathedral in 1400: “Ars sine scientia nihil est.” (Skill without knowledge is nothing.)

While theory of design is intended to help design, it does not necessarily precede design. On the contrary, the first building where a new architectural style is exposed, is usually created intuitively, without the help of any theory, just by the skill of a brilliant architect. The design theory comes a little later, and even less brilliant architects can then base their work on it.

In the following are examples of traditions of theory, in other words, paradigms that architects have applied at different times. They are classified in two groups in the following:

– Thematic theories
– Theories of synthesis

Thematic or “analytic” theories are treatises which aim at the fulfilment of one principal goal of architecture. They are often based on profound analyses of this goal, often made at the cost of other customary goals of building. This adds to the clarity of the theory, and also of the buildings that are designed on its basis. They are often admirable works of art and can be used as exemplars in the education of younger architects.

On the other hand, over stressing just one goal of building has often made these edifices impractical and inadequate in other respects. Indeed, many of them are today no more used for their originally intended purposes but are instead serving as tourist attractions or museums.

Theories of architectural synthesis are examples of theories which aim at fulfilling simultaneously several goals, usually all the goals that are known. These paradigms are commonly applied in conventional construction projects which then produce practical but customary looking buildings which will probably never be included in the books on architectural history.

Pentti Routio, University of Art and Design Helsinki (August 3, 2007.)