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Barcelona descubre al arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva
abril 11, 2009, 8:41 pm
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Joaquim Ibarz | 09/04/2009 – 19:54 horas

Fotos: Helio Piñón

El Fomento de las Artes y del Diseño (FAD) de Barcelona, la institución que es referente en Europa del diseño, la arquitectura y el urbanismo que se hace en Cataluña, no podía haber elegido una exposición más adecuada para conmemorar el 50 aniversario de la creación de los premios que otorga cada año al mejor edificio y al mejor interiorismo. Bocetos y planos originales, vídeos, maquetas, fotografías y nubes flotantes de Alexander Calder forman parte de la muestra Carlos Raúl Villanueva y la Ciudad Universitaria de Caracas, que se presenta en Barcelona hasta el 13 de mayo. Los muros góticos de la sede del FAD en la Plaza dels Angels acogen esta singular muestra de la que fuera considerada la obra arquitectónica más importante de la América hispana. Después de Barcelona, la exposición viajará por varias ciudades de Europa y Latinoamérica.

La exposición está organizada por la Fundación Museos Nacionales, Museo Nacional de Arquitectura y Ministerio de Cultura de Venezuela con apoyo del FAD. Se exponen piezas pertenecientes al Consejo de Preservación y Desarrollo de la Ciudad Universitaria de Caracas, a la Universidad Central de Venezuela (UCV), a la Fundación Museos Nacionales y al coleccionista privado Domingo Álvarez.

“La obra de Villanueva es uno de los iconos arquitectónicos del país; en tal sentido, la exposición es una pieza clave para los estudiantes de arquitectura y el público en general”, explica la Fundación Museos Nacionales en una nota de prensa.

“Si logras que esto se construya, serás el diablo”, le dijo el artista estadounidense Alexander Calder a Villanueva, en una de las charlas que mantuvieron durante el diseño y construcción del Aula Magna de la UCV. Así lo rememoró Silvia Hernández de Lasala, historiadora de la arquitectura venezolana, en la inauguración de la muestra en la sede del FAD.

Villanueva integra el arte en la vida cotidiana
Villanueva desarrolló en la Ciudad Universitaria de Caracas una arquitectura que se aprovechó de los avances tecnológicos de la época, del diseño de la nueva arquitectura y de las artes plásticas para crear ambientes adecuados al entorno natural de Caracas. Los edificios más notables de esta obra monumental son el Aula Magna y la Biblioteca de la UCV, unidas por la plaza cubierta. La propuesta de Villanueva de integración de las artes no se reduce al valor artístico de la pieza arquitectónica, sino que busca apoyarse en la participación estratégica de los artistas visuales de la vanguardia internacional. Uno de los máximos aportes del arquitecto venezolano fue la valoración del entorno tropical y de las tradiciones locales, así como la presentación de ideas originales a partir de la experiencia de grandes arquitectos.

Villanueva integró el arte en la vida cotidiana, adaptando sus diseños al cálido clima venezolano, a su contexto. Reinterpretó la herencia tradicional; balcones, patios y porches, fueron adaptados a la arquitectura moderna. La contemporaneidad de la obra, ideas y conceptos de Villanueva sigue vigente.

Villanueva tendió puentes con las vanguardias de su época; de manera funcional integró el arte a los edificios con esculturas y murales de creadores internacionales como Leger, Vasarely, Jean Arp, Laurens, Pevsner, Victor Vasarely, Lam, Alexander Calder, así como los venezolanos Francisco Narváez y Jesús Soto, precursores del arte cinético. En los más de dos kilómetros cuadrados sobre los que se edificó el complejo universitario, se instalaron obras de algunos de los artistas más emblemáticos de la época. Gran parte de las piezas se crearon en Paris, pero antes de enviarlas a Caracas fueron expuestas en el Museo Nacional de Arte Moderno de la capital francesa.

Más que una superposición de las esculturas y murales sobre las estructuras de la Ciudad Universitaria, artistas y arquitectos desarrollaron un pensamiento común que acercó el diseño funcional y la sensibilidad artística. En el Aula Magna, las nubes de Calder que coronan el techo de la sala, forman parte del planteamiento estructural y resuelven un problema acústico.

Para la arquitectura venezolana, Villanueva representa el gran salto a la modernidad. En sus proyectos se hace evidente su vinculación conceptual con arquitectos como Le Corbusier y Robert Mallet­Stevens y Lurat. De Le Corbusier tomó la idea de la ciudad­jardín, que incorporó a la Ciudad Universitaria.

Diálogo entre pintura, escultura y espacios urbanos y arquitectónicos
José Ramón Alonso Lorea, estudioso de la obra de Villanueva, destaca que el arquitecto desarrolló en la Ciudad Universitaria dos concepciones fundamentales: vincular los espacios construidos a través del uso de aceras peatonales cubiertas, y convertir esos mismos espacios en un inmenso taller de integración de las artes al reunir en un ambiente de colaboración único al arquitecto y al artista plástico. “De aquí se hará extensivo ese diálogo entre la pintura, la escultura y los espacios urbanos y arquitectónicos, materializados en policromías para fachadas y otras variantes de integración entre artistas y arquitectos. En la Facultad de Arquitectura, Villanueva retoma la idea de hacer dialogar la arquitectura y las artes plásticas”, escribe Alonso Lorea.

Helio Piñón, catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña, quien ha dictado dos cursos en la Escuela de Arquitectura de Caracas, declara a “La Vanguardia” que el interés que suscita Villanueva en Iberoamérica se debe a su propuesta de una modernidad autóctona.

“Como es sabido –nos dice Helio Piñón-, una de las críticas que se hicieron a la arquitectura moderna era su presunta indiferencia ante las peculiaridades nacionales. Villanueva, seducido -al parecer- por cierta arquitectura moderna brasileña, basó la obra en una atención prioritaria al clima de Venezuela. Sendas cubiertas, brisse-soleis contundentes y celosías refinadas se convirtieron en la imagen de su arquitectura, tanto para el gran público, como para los profesionales”.

Piñón, buen conocedor de la arquitectura de las principales ciudades de América Latina, destaca que la biografía de Villanueva abarca una formación clasicista, unos comienzos académicos y un desarrollo en el que se acusan los mitos decenales que fueron moviendo los criterios de la modernidad arquitectónica. “Esta disponibilidad –subraya Piñón- le confiere a su obra un talante versátil, ajeno a cualquier tentación dogmática, lo que unido a la plasticidad de sus propuestas, justifica la admiración de unos y otros”.

Para Piñón son muy interesantes las diferentes aulas de la Ciudad Universitaria, en las que para protegerlas del sol diseñó celosías gigantes de gran plasticidad.

Javier Cerisola, comisario (curador) de la exhibición explica que la exposición reconstruye el proceso de creación intelectual del complejo universitario con planos, maquetas y videos que nunca fueron expuestos en Venezuela.

Patrimonio cultural de la Humanidad
En el año 2000, la Ciudad Universitaria de Caracas se convirtió en el primer campus latinoamericano en ser declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad; es una de las veinte edificaciones que han recibido esa calificación.

Algunos de los planos de Villanueva exhibidos en Barcelona están firmados por Juan Pedro Posani, director general del Museo Nacional de Arquitectura de Venezuela, quien trabajó con Villanueva.

Para seleccionar el material expuesto en la muestra, los organizadores hurgaron entre los 8.000 documentos (planos, bocetos, esquemas y fotocopias) que se guardan de la Ciudad Universitaria. Los diseños elegidos muestran desde cortes de la Biblioteca Central, la Plaza Cubierta y la Escuela de Ingeniería, hasta la planta del conjunto de edificios del complejo universitario. De las tres maquetas en exposición, dos pertenecen al Museo Nacional de Arquitectura y una a la Facultad de Arquitectura de la UCV.

Un audiovisual sin sonido sobre la construcción de la UCV -hallado en los depósitos de la Biblioteca Nacional de Venezuela- se proyecta sobre una nube que emula la obra de Calder. En el centro de la sala de exposiciones del FAD se exhibe un documental biográfico del arquitecto, que ha sido producido por Bolívar Films. La muestra se completa con una colección de imágenes de la UCV captadas entre los años sesenta y setenta por Paolo Gasparini, referente de la fotografía en América Latina.

La principal obra de arte de Venezuela
El conjunto de piezas exhibidas ofrecen una completa idea de la principal obra del genial arquitecto venezolano. En el acto de inauguración el propio Juan Pedro Posani calificó a la Ciudad Universitaria como “la obra de arte más importante de nuestro país”.

Posani explicó que “en esta época de arquitectura estrafalaria” cobra mayor vigencia el legado “optimista” de Villanueva, quien puso de manifiesto, con ese conjunto urbano, la posibilidad real de construir ciudades “hermosas y justas”. Posani subrayó que Villanueva “sigue siendo nuestro arquitecto más importante, pero sus lecciones no han sido aprendidas. Nos queda mucho para que veamos en Villanueva un ejemplo a seguir”.

Beth Galí, directora del FAD, destaca que la Ciudad Universitaria de Villanueva hace tangible la integración entre el arte y arquitectura, en un diálogo que, todavía hoy, constituye una búsqueda constante entre los diseñadores. “La Ciudad Universitaria de Caracas sintetiza la vanguardia arquitectónica del siglo XX”, subraya Galí.

El arquitecto Oriol Bohigas, impulsor del nuevo urbanismo de Barcelona, en el artículo Villanueva o la madurez de la vanguardia, expresa el convencimiento del valor social y cultural de la arquitectura de Villanueva, por encima de los avatares políticos y revolucionarios.

Bohigas afirma que Villanueva mantuvo su autonomía, incluso en términos políticos, a pesar del desbarajuste continuo y permanente que se vivía en Venezuela.

“En la Ciudad Universitaria de Caracas, subraya Bohigas, Villanueva tuvo que aguantar más de 10 cambios de presidente del país, con las correspondientes revoluciones y algaradas. La gran obra fue marchando bajo la batuta -y los sacrificios- del arquitecto, sorteando las dificultades, convencido de la prioridad cultural y social de la obra, reclamando su autonomía”.

Al comienzo de su carrera, los diseños de Villanueva estuvieron cargados de un carácter ecléctico producto de su educación académica y de las condiciones culturales imperantes en Venezuela. Sus obras de esa época fueron el Hotel Jardín (1929) y la Plaza de Toros (1933) en Maracay, y el Museo de Bellas Artes en Caracas (1935). Más tarde comenzó una etapa de diseños con estilo neocolonial. En 1937, junto a Luis Malausena, realizó los planos del pabellón venezolano de la Exposición Universal de París. Del mismo estilo es la embajada de Perú en el Country Club de Caracas. En 1939, con la escuela Gran Colombia, comenzó a desarrollar el diseño moderno. En 1941 Villanueva ganó el concurso para la reurbanización de la insalubre zona de El Silencio, integrado a los programas del Banco Obrero, en este trabajo incorporó el uso comercial de la planta baja, práctica que no era usual para la época. Si en El Silencio recrea el ambiente colonial con una plaza rodeada de pórticos de arcos apoyados en columnas, en las torres gemelas del Centro Simón Bolívar mostró la geometría de los códigos modernos. Influido por los conceptos de la Ciudad Jardín de Le Corbusier, en 1943 diseñó el conjunto residencial Rafael Urdaneta como alternativa a los proyectos de las compañías petroleras. La urbanización en cuestión fue planificada para 1.000 viviendas unifamiliares de tres pisos, dispuestas en filas paralelas. En la construcción de grandes bloques de viviendas mostró que su preocupación social no estaba reñida con la modernidad arquitectónica de los edificios. Villanueva también es el autor del Museo de Bellas Artes, de la plaza de La Concordia y de la urbanización 23 de Enero.

Otras construcciones de importancia realizadas por Villanueva son: la Escuela de Ingeniería de Petróleos de la Universidad del Zulia; el Museo Jesús Soto en Ciudad Bolívar; el edificio de oficinas de la Fundación La Salle, en Caracas. Son notables por su adaptación al ambiente, las residencias que diseñó en La Florida (Caracas) y en Caraballeda (La Guaira). Una de sus últimas obras fue el nuevo edificio del Museo de Bellas Artes en Los Caobos (en colaboración con Oscar Carmona).

En 1944 comenzó el proyecto de la Ciudad Universitaria de Caracas, que a partir del conjunto del hospital, desarrolló durante los 16 años siguientes.