Noticias de Arquitectura


Menos cemento, más conocimiento
junio 7, 2008, 3:31 pm
Filed under: Ensayo, Teóricos

El ciclo extraordinariamente expansivo de los últimos 10 años instaló en la opinión una falsa imagen de bonanza

• La crisis desvela la precaria legitimidad social de un sector que ha coqueteado con la especulación.

JORDI Ludevid*

De un tiempo a esta parte, las amenazas veladas de crisis en el sector inmobiliario han abandonado los titulares para dejar paso a la crudeza de las cifras y los indicadores, al punto que la crisis se ha adueñado del debate público en todos sus niveles. Lamentablemente, el ciclo extraordinariamente expansivo de los últimos 10 años instaló en la opinión una falsa imagen de bonanza, que eclipsó las tendencias de cambio significativo de la fisonomía del sector, y silenció a quienes alertábamos de ellas con los medios a nuestro alcance. Hoy, al bajar la marea, estas tendencias resultan amenazantes para algunos. Otros preferimos identificar las oportunidades que traen consigo para fundamentar nuestra agenda actual y futura.
Los arquitectos apostamos decididamente por el cambio de paradigma, y acciones como la jornada que acogió el Col.legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC) el pasado 27 de mayo (con la participación destacada de Enric Reyna, Rafael Romero o Carme Trilla) evidencian que no estamos solos: promotores, constructores, financieros, administraciones y arquitectos somos conscientes de la necesidad de gestionar con propuestas estratégicas, más allá de pirotécnicas medidas cortoplacistas. Urge, pues, afinar en el análisis y sacar provecho de la coyuntura negativa para favorecer unos cambios estructurales beneficiosos para todos los agentes implicados y para la sociedad en conjunto.

EN
PRIMERlugar, la crisis no afecta significativamente a la obra pública, la obra civil, la rehabilitación ni la vivienda social. La contracción de la demanda ha repercutido con especial intensidad en la vivienda libre, con una caída de los visados de los últimos seis meses que ronda el 60%.
Es el momento de poner el acento en la vivienda social: el marco normativo –ley del derecho a la vivienda, pacto nacional de vivienda, áreas residenciales estraté- gicas y el inminente decreto de habitabilidad– impulsado por los distintos poderes públicos en Catalu- nya, con los que el COAC colabora de manera muy activa, orienta al sector hacia objetivos muy ambiciosos en vivienda social. También ha llegado la hora de apostar por la rehabilitación de la vivienda construida y el reciclaje del parque existente para adaptarlo a las nuevas normativas (accesibilidad, salubridad, confort y habitabilidad), para permitir su acceso al mercado. De todos depende movilizarlas: es necesario un cambio de actitud y de escala de los actores implicados.
En segundo lugar, asistimos a la rápida transformación de la identidad profesional de la arquitectura. La imagen del profesional liberal se ha desdibujado en pocos años para convivir con múltiples maneras de ejercer la arquitectura. La mayoría de arquitectos colegiados del área metropolitana de Barcelona son hoy trabajadores por cuenta ajena en un contexto de rápida empresarización y con siete escuelas de arquitectura, en lugar de una, surtiéndonos de nuevas y cada vez mayores cohortes de licenciados.
Puede que sea hoy el punto de inflexión a partir del cual entremos de lleno en la normalización de nuestro sector. Desde el COAC hemos impulsado un proyecto de colaboración con varios ayuntamientos catalanes, que se ha materializado ya en Sabadell, para ofrecer un servicio de certificación, un visado con valor añadido, que permitirá abreviar los plazos de concesión de licencias, así como el desarrollo de un paquete informático para mejorar la calidad de redacción y control de proyectos de arquitectura, junto con el Institut de Tecnologia de la Construcció de Catalunya (Itec). Es también necesario reforzar las bases societaria y empresarial de los despachos, laboralizar a nuestros colaboradores cuando corresponda, y atreverse a explorar y competir en otros mercados e incidir en la formación continuada y en la especialización, para hacer frente a la competencia creciente y dar respuesta a necesidades de, por ejemplo, buenos gestores urbanísticos.

FINALMENTE,la crisis ha descubierto la precaria legitimidad social de un sector que ha coqueteado con la especulación y que no ha sabido responder a la incipiente sensibilidad medioambiental y paisajística. La visión industrialista de la producción de vivienda, agravada por el precio del suelo, ha impedido el deseable progreso de la I+D, dando más valor al cemento que al conocimiento y desincentivando la productividad, la innovación y la creatividad. Hoy estamos huérfanos de referencias internas de calidad.
Por ello, propongo reemprender el debate de la autoexigencia y la autorregulación en el sector, del establecimiento de criterios que sean referencia de calidad y excelencia, para la investigación, la innovación y la creatividad, y sus incentivos correspondientes. Tendría sentido para todas las partes y agentes, y para la sociedad en su conjunto, una nueva orientación basada en el retorno a la comunidad de parte de los beneficios obtenidos. Retorno por la vía de la investigación y la innovación de materiales y productos, pero también de sistemas constructivos, de procesos, tipologías y paisajes.
Es una gran oportunidad para que el sector inmobiliario entre de lleno en la economía del conocimiento, un paso necesario e ineludible.

* Arquitecto, decano del Col.legi d’Arquitectes de Catalunya.

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La esencia de la Arquitectura
junio 7, 2008, 3:28 pm
Filed under: Ensayo, Teóricos

El Hombre como simple constructor, lejos de la Voluntad Creativa

Se ha planteado que uno de los principales aspectos que ha orillado un distanciamiento entre Hombre y Arquitectura es la evolución del arquitecto y su desempeño dentro de la vida en las ciudades.

El hombre es un ser vivo dotado de peculiares dones y capacidades. Su principal característica es su habilidad racional, que lo ha llevado a transitar por caminos completamente diferentes que el resto de los seres vivos. Sabemos de antemano que la Arquitectura, rama que nos interesa en este ensayo, surgió como una necesidad que se buscaba ser resuelta. La capacidad racional del hombre le dotó de la habilidad de adaptar los medios naturales existentes en los alrededores, permitiendo la creación del concepto espacio , que siglos después, cuando el lenguaje del hombre hubo evolucionado hasta altos niveles de abstracción, surgió como base para nombrar y diferenciar las actividades arquitectónicas de todos los seres humanos con respecto a otras.

Hemos analizado como la vida y el punto de vista del hombre de nuestros días han sido transformados e influenciados lentamente por distintos aspectos. Una búsqueda y una meta: alcanzar el desarrollo y una evolución, traducida en mejoras en la calidad de nuestras vidas. La hipótesis: la Arquitectura se ha convertido en simple satisfacción de necesidades por medio de la construcción .

¿Qué es lo que ha sucedido en la vida social de nuestras ciudades que nos ha llevado al lugar en donde nos encontramos ahora? Un análisis de la esencia de la Arquitectura, nos permitirá comprender la situación.

La Arquitectura es una vaga palabra que ha encerrado a través de los siglos, la conjunción de varios elementos que definen las actividades que los hombres realizan para la satisfacción de necesidades de habitabilidad. Pero la Arquitectura es mucho más que esto. Su campo de acción y jurisdicción abarca de igual manera aspectos estéticos y necesidades más altas que las simplemente biológicas. Las obras arquitectónicas penetran, por lo tanto, en la esfera cognoscitiva de la Estética: término que reúne aquellas características o aspectos que debe poseer una obra arquitectónica para ser considerada como bella, bajo el supuesto de que la Arquitectura forma parte del campo de las Bellas Artes, y no sólo existe como medio de satisfacción de necesidades básicas de los seres humanos.
La Estética es un concepto que desde la antigüedad ha sido utilizado para hacer referencia a los diversos aspectos que debe contener un objeto para ser relacionado con el arte, y por lo tanto, con la belleza. Las formas sensibles de las cosas son percibidas por nosotros (de acuerdo a las leyes de los escolásticos ) por lo que se conoce como sentido común. Las formas exteriores o apariencia de las cosas que se presentan ante nosotros se conservan y permanecen gracias a la memoria y a la imaginación del ser humano. El instrumento estético por excelencia es el juicio o la razón. Los objetos nos gustan o disgustan debido a la sensación visual que actúa como intermediaria. La vista es el sentido estético por excelencia, mientras que el resto de los sentidos están de alguna manera excluidos. En arquitectura se ha tomado esta idea como supuesto, y en base a ella se dice que son las sensaciones de la vista las que nos permiten asimilar las impresiones estéticas que el objeto contiene. Pero es la razón la capacidad responsable de generar y comprender aspectos estéticos. Dicho juicio o razón puede ser influido por aspectos culturales que rodeen al hombre que realiza las valoraciones estéticas. Dentro del concepto de Estética, el arte conforma aquél instrumento por el cual los seres humanos (autores de obras artísticas – arquitectónicas – ) transmiten sentimientos a las personas, por medio de la memoria y la imaginación, influida por costumbres, tradiciones y aspectos propios del modo de vida humana. La Estética puede dividirse en dos vías estimativas: la natural (juicio natural) y la cognoscitiva (juicio racional). El ser humano, como cualquier ser viviente, es capaz de experimentar juicios naturales, pero es el único ser que puede experimentar juicios racionales, es decir, ser capaz de sentir, frente a un objeto, placer por considerarlo bello. La belleza es, por lo tanto, un producto meramente intelectual.

La Arquitectura, entonces, satisface necesidades propias del espíritu del hombre. La belleza es un concepto que define aquello que agrada a los sentidos, y que de alguna manera permanece fuertemente unido a la vida comunitaria de los seres humanos, traduciéndose físicamente en formas y símbolos que complementan las obras arquitectónicas surgidas de las mentes y manos de los hombres. Sin embargo, los valores estéticos han sufrido al paso de los años, el predominio de un solo juicio y valor: los cánones clásicos , derivados de la cultura griega antigua.

Cada pueblo, ubicado en cada tiempo y en cada lugar específico, se ha desarrollado en una vida distinta y única. Cada grupo humano busca no sólo satisfacer sus necesidades inmediatas, sino encontrar la verdad que encierra el mundo que le rodea. Todas y cada una de las obras arquitectónicas pertenecientes a cada cultura humana es una expresión de dos aspectos: las necesidades biológicas de la comunidad y sus costumbres, tradiciones y valores sociales, reflejados en formas estéticamente comprensibles. En el último Siglo, las formas clásicas han jugado un papel fundamental en la valorización y crítica de las obras arquitectónicas, determinando aquello que es universalmente bello y aceptable, de aquello que no lo es.

Este punto de vista ha generado que los elementos que conforman a la Arquitectura se fragmenten y separen. En cada sitio y en cada pueblo, las consecuencias y expresiones de esta ruptura son diversas. Hemos visto la situación en nuestro país: inferioridad y copia de aquello que creemos bello y verdadero . Sin embargo, detrás de este primer juicio, puede hallarse un aspecto oculto, olvidado hasta ahora. Juzgamos veloz e injustamente la situación. Un panorama más complejo y amplio nos permitirá conocer y comprender aquello que se oculta detrás de la Arquitectura que mira hacia el pasado clásico para existir 12 .

La Arquitectura, al igual que el resto de las ciencias y los conocimientos del hombre, han sido cubiertas por la búsqueda de la verdad , una búsqueda que desemboca en principios y valores universales. La Ciencia del Hombre se ha planteado como objetivo desde hace mucho tiempo encontrar el orden y los principios que rigen todas las cosas . Teorías han surgido, ido y venido por el mundo, cada una de ellas asegurando poseer la verdad absoluta. El hombre sólo busca comprender para anticiparse y controlar . Hoy nos damos cuenta, muy a nuestro pesar, que eso no es posible. Muchas teorías se han debilitado y caído, no por la carencia intelectual de sus autores (el hombre lo mide todo por su capacidad racional) sino por lo cambiante del mundo que nos rodea . La Arquitectura no podía ser la excepción. Su objeto de estudio, aquél a quien sirve y satisface es al fin y al cabo el hombre mismo .

Los análisis científicos de las últimas décadas nos han demostrado que el mundo se mueve sin cesar y cambia constantemente. Existe caos e incertidumbre , que posee su propio orden paradójico . Los esfuerzos del hombre por clasificarlo y racionalizarlo todo han sido inútiles. La Naturaleza posee su propio orden. El caos y la incertidumbre son elementos necesarios para lograr el orden y permitir el surgimiento de sistemas estables 13 .

La Arquitectura ha intentado vanamente encontrar un orden universal y eterno, y tal vez el dominio de los cánones clásicos fue una fiel expresión de dicho objetivo. La Arquitectura es respuesta y vida de los seres humanos, quienes, a su vez, son seres que cambian, evolucionan y transforman sus conductas y sus puntos de vista. Una mirada profunda a obras arquitectónicas pasadas nos harán descubrir esta voluntad creativa , que se encuentra siempre presente y que se manifiesta de diversas formas 14 .

Los pueblos de la antigüedad se caracterizaron por lograr una armonía con la incertidumbre y el caos, valiéndose de relaciones míticas profundamente valoradas y respetadas por los pueblos. La voluntad creativa fue una capacidad desempeñada con sumo cuidado, buscando siempre satisfacer cualquier tipo y nivel de necesidad: biológica, social, espiritual.

Hoy en día, nuestro vano punto de vista lo ha transformado todo. Muchas ramas de conocimiento han aceptado sus límites frente a lo caótico, considerándolo no como negativo, sino como la forma de ser del mundo. El Hombre pertenece a este sistema.

La verdad , amplia y desesperadamente buscada, ha sido un concepto erróneo y mal interpretado. “La verdad es, […] algo que se vive en el momento y que expresa nuestra vinculación individual con el todo” 15 . La verdad no es absoluta y estática, sino que se encuentra en cada uno de nosotros, al romper con el abstraccionismo que impera en nuestra mente, y descubrimos aquello que nos rodea como lo que realmente es , algo nuevo y por primera vez visto por nuestros ojos.

La Arquitectura responde al Hombre. Cada obra arquitectónica encierra sus propios vórtices y aspectos caóticos. Cada ser humano es distinto y diferente al resto. La Arquitectura no puede ser encerrada nunca en valores estéticos universales, porque cada tiempo, cada espacio y cada lugar hablan de hombres que viven y miran al mundo con distintos ojos.

La creatividad es una manera de penetrar en el caos para descubrir la verdad . El arquitecto de los últimos años lo ha olvidado, se ha convertido en ese hombre que sólo soluciona necesidades del estrato más superficial. Independientemente de las formas arquitectónicas finales, cada obra posee dentro de sí, estratos más profundos y ocultos. Valores, costumbres, tradiciones, maneras de responder al caos y a la incertidumbre y la duda. Aspiraciones míticas, políticas o sociales. Cultos y homenajes.

¿Qué es lo que alimenta a la creatividad?

“Algunos lo llaman demonio, musa, espíritu, genio; otros lo nombran trabajo, azar, inconsciente, razón. Para el intelectual – y, también, para el hombre común – la inspiración es un problema, una superstición o un hecho que se resiste a las explicaciones de la ciencia moderna” 16 .

Los arquitectos de hoy se valen de la técnica útil y eficaz, buscan clasificarlo y ordenarlo todo, por medio de la repetición de procedimientos que se perfeccionan o degradan. Dan la espalda al caos y a la incertidumbre, al trasfondo colectivo y a lo profundo y cambiante que impera en los hombres. Se han vuelto simples constructores.



Theory of Architecture
junio 7, 2008, 3:16 pm
Filed under: Ensayo, Teóricos

By Pentti Routio
Monday 2 June 2008, by Rédaction Journal3

Not all industrial products are modern inventions. There are several types of artifacts that have been produced during generations. Accordingly, these products have also been the object of many studies and theories. The most notable example of these is the building. The art and science of architecture has been studied almost continuously during two millennia, and a great number of these treatises have been preserved until our day.

In the following is given an overview of the most prominent lines of thought in the study of building until now. Possibly the account can also give researchers of other types of products some cues, to follow or to abstain.

Because of the great number of published essays on architecture it is convenient first to pigeonhole them to a few clusters. One possibility would be to use the normal library classification, based either on geographical areas or on the type of building (houses, schools etc). However, in practice a much more useful division of research and theory is based on the principal target of the study:

– Descriptive studies aim at reporting the present (or past) state of the object which in architectural studies can be either one building or any defined class or series of buildings, as well as people related to these buildings. Monographs of buildings often belong to this category, as well as a great part of the histories of architecture.

– Explanatory studies try to find out why each building has taken the shape that they have. The reasons can be taken either from the past (causal explanation), from the concurrent context, or alternatively from the future (i.e. from the intentions of the builders). See also Explaining Development.

– Normative studies attempt to point out in which respects the object of study could be improved, and the method of doing it. When the outcome of normative studies is generalizable to later similar objects, we can call it theory of design.

Recent studies about architecture and buildings can usually be classified into one or the other of the above three genres of research (if not being combinations of them). As a contrast, when looking at earlier writings it turns out that practically all papers published before 18 century belong exclusively to the third group, i.e. to design theory. The same seems to be true for the very oldest writings about architecture, about which has survived just the name, like “Instructions for the decoration of walls” that is listed in the library catalog of the Edfu temple in ancient Egypt (Ricken, p. 10). For those texts that still exist, the normative purpose often is clearly expressed in their introductory phrases:

“Because I saw that you [Caesar] have built and are now building extensively, I have drawn up definite rules to enable you to have personal knowledge of the quality both of existing buildings and of those which are yet to be constructed.” (Vitruve, Book I, Preface, trans. by Morgan.)

“It seemed to me a thing worthy of a man, who ought not to be born for himself only, but also for the utility of others, to publish … those rules which I have observed, and now observe, in building; … that one may learn to lay aside the strange abuses, the barbarous inventions, the superfluous expence, and (what is of greater consequence) avoid the various and continual ruins that have been seen in many fabricks” (Palladio, preface, 1570, trans. by Isaac Ware in 1738).

“My purpose is to develop the taste of architects and … to give them secure instructions of work and a method which guarantees an impeccable result” (Marc-Antoine Laugier, Essai sur l’architecture, xliii, from the year 1753).

“Architects everywhere have recognized the need of … a tool which may be put in the hands of creators of form, with the simple aim … of making the bad difficult and the good easy” (Le Corbusier, The Modulor, Foreword of 2nd ed. 1951).

“This language is extremely practical. … You can use it to work with your neighbours, to improve your town and neighbourhood. You can use it to design a house for yourself, with your family; or to work with other people to design an office or a workshop or a public building like a school.” (Alexander et al., 1977, A Pattern language, page x).

It seems thus that in architectural writing during centuries the most common objective has been to guide later design, i.e. the outlook has been normative.

In present day, the design theory of architecture includes all that is presented in the handbooks of architects: legislation, norms and standards of building. All of them are intended to aid the work of the architect and improve its product — the quality of buildings. The aim is thus the same as in technology and production in general: proven theory helps designers to do their work better and more effectively. It occasionally even helps to do things that were believed to be impossible earlier on. As an old saying goes, there is nothing more practical than a good theory.

The design theory of architecture consists of all the knowledge that the architect uses in his work, including how to select the best site and the most suitable construction materials. Moreover, there is advice on how to design practical buildings, up to the ease of maintenance and reparations. You can find out what it includes by studying empirically what source material architects actually use in their work. This study will reveal that, in addition to rationally motivated rules and methods, this material includes rather miscellaneous and “unscientific” elements; prejudice of the clients, whims of fashion, cost saving decisions of building companies and horse trade of politicians.

Some people say that the architect is an artist and, unlike engineers, he cannot base his work on theory. This is true, of course: the plan of the architect cannot come into being only by following the rules of manuals nor by proceeding in a totally rational fashion from the initial information the architect has. But even an artist has to have his technique. In art, like in any other work, professional skills are needed and that is the same as knowing what you should do, does it not? This was at least what erudite architect Jean Mignot thought when inspecting the worrisome, cracking vaults on the building site of the Milan cathedral in 1400: “Ars sine scientia nihil est.” (Skill without knowledge is nothing.)

While theory of design is intended to help design, it does not necessarily precede design. On the contrary, the first building where a new architectural style is exposed, is usually created intuitively, without the help of any theory, just by the skill of a brilliant architect. The design theory comes a little later, and even less brilliant architects can then base their work on it.

In the following are examples of traditions of theory, in other words, paradigms that architects have applied at different times. They are classified in two groups in the following:

– Thematic theories
– Theories of synthesis

Thematic or “analytic” theories are treatises which aim at the fulfilment of one principal goal of architecture. They are often based on profound analyses of this goal, often made at the cost of other customary goals of building. This adds to the clarity of the theory, and also of the buildings that are designed on its basis. They are often admirable works of art and can be used as exemplars in the education of younger architects.

On the other hand, over stressing just one goal of building has often made these edifices impractical and inadequate in other respects. Indeed, many of them are today no more used for their originally intended purposes but are instead serving as tourist attractions or museums.

Theories of architectural synthesis are examples of theories which aim at fulfilling simultaneously several goals, usually all the goals that are known. These paradigms are commonly applied in conventional construction projects which then produce practical but customary looking buildings which will probably never be included in the books on architectural history.

Pentti Routio, University of Art and Design Helsinki (August 3, 2007.)



Alexander The Great
diciembre 17, 2007, 4:37 pm
Filed under: Teóricos

Architect Has Long Championed The Idea That Buildings Must Serve People

Since the 1960s, Christopher Alexander has been architecture’s greatest iconoclast, calling for a return of building to an ages-old process of construction.

Alexander rejects modern architecture not because of stylistic concerns, but because it creates vast, unnatural, mechanical and disorienting structures. These places might cut a dazzling figure on the landscape, but they do not enhance the lives of the people who use them. Too often, they degrade their users and the surrounding terrain.

But unlike other opponents of the establishment, Alexander has developed a powerful alternative. He has designed and built countless houses, campuses, music halls, town centers, gardens, rooms, courtyards and pieces of furniture. And he has documented his work in 20 books and trained hundreds of young architects to build in a new way that’s really an old way.

His magnum opus is the four-volume, 2,150-page “The Nature of Order,” published from 2002 to 2005. This work is by turns practical and poetical, preaching and prodding, philosophical and polemical. It is the capstone to a brilliant career that has taken Alexander around the world.

The way we feel about a place cannot be separated from how the place works. A well-designed and built structure “works” because it enables people to do what they need to do — eat, sleep, work, read, talk, play, teach, create, love.

Architecture, ultimately, is a matter of freedom. Buildings and spaces that enhance freedom are good. Structures that impede freedom are bad.

“A healthy human being is able, essentially, to solve problems, to develop, to move toward objects of desire, to contribute to the well-being of others in society, to create value in the world, and to love, to be exhilarated, to enjoy,” Alexander says. “The capacity to do these many positive things, to do them well, and to do them freely, is natural.”

We all know examples of buildings that impede freedom: modernist structures with vast walls, no-man’s-land plazas, hidden entrances, confusing paths, blinding light or scary darkness, intimidating scale — uncomfortable places to work or play. Those buildings are designed not for the user’s ease or even for beauty, but for the architect’s sense of aesthetic and will to power.

Since the publication of “A Pattern Language” in 1977, Alexander has been something of a cult figure. That book lays out 253 distinct ways to make space, from regions to nooks in rooms. It’s a cookbook for every conceivable kind of structure. Alexander’s concept of patterns has been applied to software programming and the study of Oriental rugs.

Modern buildings fail, he says, because of complex and rigid zoning codes, standardized design forms, artistic pretensions, cold building materials and a mechanical construction process.

Alexander has also been attacked for his embrace of architecture’s traditional values — what the Roman architect Vitruvius called “firmness, utility and delight.” In one 1982 debate, Peter Eisenman told Alexander that architects should express the “alienation” of modern times. Fostering discomfort, in this view, is an essential part of challenging people not to be complacent.

In all of his work, Alexander rails against this modernist mind-set. Traditional structures work, he says, because they emerged from a living process. They were built to fit the land. An innate understanding of beauty informed their design. Natural building materials gave them character. Each piece was the result of time-honored techniques of craftsmanship. And they were allowed to evolve to fit the needs and desires of users.

Nowadays, we design every inch and every corner ahead of time, use artificial materials, mechanize the construction process, and fail to relate the building’s pieces to each other or their setting. Alexander counters that “all the well-ordered complex systems we know in the world … are generated structures, not fabricated structures.” Structures that evolve during their design and building benefit from testing and feedback. They grow into their places.

In “The Nature of Order,” Alexander explains 15 features that make a structure great — centers, different scales, strong boundaries, alternating repetition, good shape and symmetries, to name six.

All good spaces, he argues, are living things that establish spiritual connections with people. Good buildings — and furniture, gardens, art and artifacts — reflect the most basic elements of the human experience. They elevate people to higher places, where they can realize their abilities and, in some way, connect with all humanity.

Over the years, Alexander has directed an impressive range of projects. Each is original, distinct to its people and place, yet at the same time familiar.

The Eishin School in Tokyo is a classic example of this approach. Alexander engaged students, teachers and others in a process of imagining the ideal school. They wandered the land where the school was to be built, imagining a set of reinforcing centers. Then they began to design buildings and gates, pathways and lawns. Using mockups of key structures, the Eishin crew tested how the pieces looked and worked. And then they built the structures, adjusting the process countless times to respond to people’s reactions.

The result is a simple yet complex place that offers a human-scale, warm habitat for learning and growing. By all accounts, the Eishin School is a great campus that reflects the highest values and aspirations of the community.

Skeptics will always shadow Alexander’s work. For many, building is a simple matter of creating containers for human activity or for turning vast profits. For others, architecture offers an opportunity to make an ideological statement about alienation.

For the rest of us, Alexander offers a way to build real, human communities. Wherever Alexander’s principles go, hope goes along too.

Charles Euchner, the author of “The Last Nine Innings,” is writing a book about suicide at the Golden Gate Bridge. He can be reached at euchner@gmail.com.

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