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La era de la velocidad en estado congelado
junio 16, 2008, 3:40 am
Filed under: Clarin, Coop Himmeblau

PROYECTO INTERNACIONALEDIFICIO BMW WELT

La última obra de Coop Himmeb(l)au, un tornado de metal y vidrio, es un manifiesto de la nueva arquitectura mundial.

MIGUEL JURADO.
mjurado@clarin.com

En los ochenta, en su Viena natal, Wolf Prix construyó un techo retorcido que revolucionó la arquitectura. En pleno Posmodernismo, el ahora legendario fundador y socio de Coop Himmeb(l)au, editaba la primera expresión de lo que se dio en llamar el Deconstructivismo. Ahora, en Munich, Alemania, inauguró un techo de formas suaves y etéreas, casi una nube metálica que cubre el centro de exposición, venta y entrega de autos de la BMW. La idea que elaboraron con su socio, Helmut Swiczinsky, resultó un éxito hace casi 7 años, cuando ganaron el concurso entre 275 proyectos de los arquitectos más importantes del mundo.

Hoy, la enorme ameba voladora que cubre más de 200 metros de largo y 130 de ancho, parece haber cumplido su principal cometido: convertirse en una pieza urbana dinámica, fascinante y lo suficientemente vanguardista como para como para que su imagen de la vuelta al mundo.

Además de su efecto mediático, existe una causa urbana: el flamante edificio de la BMW Welt intenta producir una conexión visual y virtual entre varios hitos urbanos que permanecen desperdigados entre las autopistas de Munich: el Centro Olímpico, con sus techos tensados de Frei Otto; la fábrica; y las famosas torres de la BMW, diseñadas en los 70 por Karl Schwanzer, antiguo profesor de Prix.

Al ritmo del mercado. El nuevo edificio es parte de una generación de proyectos de alto impacto formal encargados por empresas automotrices alemanas en los últimos años. El BMW Welt se suma a la fábrica de BMW de Zaha Hadid, en Leipzig, y al Museo Mercedes Benz de UNStudio, en Stuttgart; entre otros.

Esta onda tecnológica y audaz viene alentada por dos factores confluyentes: la natural pasión de los fabricantes de autos por las máquinas bien construidas. Y la capacidad de la arquitectura para comunicar valores de sofisticación tecnológica y calidad, una cualidad de la que muchos empresarios ya han tomado nota.

Pero Wolf Prix se encarga de aclarar que su techo volador de Munich busca mucho más que proyectar valores simbólicos y positivos al servicio de una marca. “Lo más importante del proyecto es su disposición como espacio de encuentro”, afirma el vienés. De alguna manera, este edificio resume las últimas tendencias de lo que hoy conocemos como vanguardia arquitectónica: generar espacios y formas que son el resultado de las fuerzas dinámicas de la arquitectura. Ese mismo camino es recorrido por otros arquitectos como el español Alejandro Zaera Polo, el polaco-estadounidense Daniel Libeskind o la famosa iraquí Zaha Hadid.

Sin embargo, el estudio austríaco se siente pionero en ese género y aspira a llegar mucho más lejos. “En el futuro, estos espacios serán vistos como se perciben hoy los paisajes durante un viaje en auto”, asegura Prix y vaticina el comienzo de la era de la “arquitectura de la velocidad en estado congelado”.

Pero, le guste o no a su autor, la nube que desarrolló Prix no es sólo un manifiesto de arquitectura, además, cumple a pies juntillas una nueva filosofía de márketing de la empresa alemana: vender autos y potenciar el prestigio de la marca.

En el nuevo edificio de BMW se muestran los últimos modelos de la fábrica alemana de una manera distinta: a través de la experimentación. Los clientes que llegan al salón de exposiciones principal para buscar sus autos nuevos son recibidos con capuchinos helados y conducidos a una pequeña cabina donde pueden probar las características de manejo especiales en simuladores computarizados.

Luego, los clientes avanzan por una escalera imponente hasta una plataforma donde hay alineados autos BMW. Al acercarse a la base de la escalera, se encienden unos reflectores debajo del auto que les corresponde, que comienza a girar sobre su plataforma. En ese instante aparece una chica para tomar una foto del cliente y su auto.

Por su parte, Prix y Swiczinsky se aseguraron de que los espacios interiores estimularan los sentidos de los visitantes. Las nuevas líneas de autos y motos están expuestas en un espacio rodeado de negocios, puestos de servicios para los clientes y oficinas que facilitán la compra y el retiro de los vehículos. Es que la nueva política de la empresa alemana es buscar que todas las actividades se realicen en un ambiente excitante, rodeado de las cosas que hay en las ciudades o en los shoppings.

La etérea cubierta ondulada del BMW Welt está constituida por dos capas tridimensionales de reticulado metálico. La superior desarrolla la forma de un gran alfombra voladora y sirve de protección. La inferior, por su parte, toma diferentes alturas para darle cualidades especiales a cada una de las funciones que cubre.

Entre ambas capas, una estructura de barras diagonales refuerza el conjunto. Para sostener este techo, los proyectistas diseñaron una serie de puntales inclinados.

Pero la jugada más audaz fue generar un enorme cono de doble curvatura que llega al piso en un extremo del edificio. Esta deformación del techo es la que le da carácter al edificio y le brinda la apariencia de un tornado en continuo desarrollo. El efecto contagia de dinamismo a todo el conjunto y se propaga bajo el cielorraso provocando la sensación de que el espacio fluye sin cesar. En sus puntos más bajos, la cubierta alcanza 8 metros de altura y se eleva a 28 metros en los puntos más altos.

Hace 7 años, el vanguardismo de la propuesta de Coop Hime(l)blau era evidente. Los miembros del jurado eligieron el proyecto convencidos de que el edifico sería una experiencia arquitectónica sin precedentes. De ninguna manera se equivocaron.

Por su parte, las autoridades de Munich esperan que el nuevo emprendimiento impacte beneficiosamente en los alrededores. Todo parece mostrar que así será. Al integrarse con el Parque Olímpico y las oficinas principales de la BMW, el edificio hace las veces de costura urbana en un lugar de la ciudad que está cortado por las autopistas.

De alguna forma, la arquitectura audaz e inconformista de Coop Himmeb(l)au, un verdadero movimiento revulsivo en los 80, puede resultar el perfecto cliché estético de la nueva conciencia empresaria, más cerca del espectáculo que nunca.