Noticias de Arquitectura


Arquitectos noruegos Snohetta reciben en Barcelona el Premio de la UE
mayo 29, 2009, 3:00 am
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Jose Oliva

Los arquitectos noruegos del taller Snohetta, autores de la Biblioteca de Alejandría, han recibido hoy en Barcelona el Premio de Arquitectura de la UE-Mies van der Rohe por su edificio de la Ópera y Ballet Nacional de Oslo.

El premio, con una dotación de 60.000 euros y el apoyo de la UE, es el más importante de Europa en su género y se concede de forma bienal a las obras completadas en los dos años anteriores.

En nombre del taller de arquitectura noruego, el arquitecto Kjetil Thorsen ha dicho hoy en el acto de entrega del premio que “la arquitectura es muy importante en nuestra sociedad, porque puede conseguir cambiar situaciones, aunque lo haga despacio”.

“La arquitectura mantiene hoy su capacidad revolucionaria”, ha sentenciado Thorsen y ha advertido que “si no nos relacionamos con la sociedad, los arquitectos perderemos el contacto con el público”.

Precisamente, uno de los factores destacados por el jurado en la obra ganadora es su “carácter de apertura al público en general, no sólo el de la ópera”.

El director de la Fundación Mies van der Rohe, Lluís Hortet, ha señalado que el edificio de Snohetta es “un acto de reconquista de uno de los espacios del puerto viejo de Oslo, el primer fiordo convertido en instalación portuaria y que con el tiempo quedó abandonado”.

El jurado, ha añadido Hortet, “tomó este trabajo como ejemplo de recuperación de espacios públicos, de ‘reconquête’, como catalizador de todas las energías de la ciudad y como nuevo símbolo para la ciudadanía”.

Thorsen, que no ha podido evitar un saludo futbolístico -“Forza Barça”- en su intervención, ha subrayado que este premio es “muy importante”, porque “el jurado visitó nuestra obra, señal de que entienden que la arquitectura es algo más que una fotografía”.

Dirigiéndose al alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, el arquitecto noruego ha asegurado que “hemos aprendido muchísimo de su ciudad y sus espacios públicos, que tienen que ver con la mentalidad de la gente”.

El estudio Snohetta fue fundado en Oslo en 1989 y está integrado actualmente por Kjetil Thorsen (1958), Tarald Lundevall (1948) y Craig Dykers (1961).

El edifico de la Ópera cuenta con un tejado de mármol, compuesto por 36.000 piezas encajadas, mientras que su interior de 1.000 metros cuadrados está revestido con carpintería fina, aplicando los sistemas tradicionales de los constructores de barcos noruegos.

En la ceremonia, que ha tenido lugar en el Pabellón Mies van der Rohe, la directora general de Educación y Cultura de la Comisión Europea, Odile Quintin, ha felicitado a los ganadores por “la calidad de diseño del edificio y esa aproximación entre las artes y el público que practican”.

Para Quintin, “ahora que todos sentimos los efectos de la crisis económica, no todo es tristeza, porque tenemos nuevos sistemas y una revolución cultural, en la que los arquitectos utilizan su capacidad de imaginar y de crear”.

Poco antes de la entrega del premio, los jóvenes arquitectos croatas Lea Pelivan y Toma Plejic, del taller Studio Up han recogido la Mención Especial Arquitecto Emergente por su Gimnasio en la localidad croata de Koprivnica.

A partir del próximo mes de septiembre se presentará una exposición itinerante y un catálogo que recogerá las obras escogidas por el jurado: la ganadora, la Mención Especial, los finalistas y las obras seleccionadas.

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A Oslo, l’opéra-iceberg des architectes de Snøhetta
mayo 14, 2009, 3:13 am
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LE MONDE | 11.05.09 | 18h44  •  Mis à jour le 11.05.09 | 19h07

Oslo (Norvège), envoyé spécial

En norvégien Snøhetta, signifie à peu près la calotte de neige, celle qui coiffe la montagne de Peer Gynt, du dramaturge Enrik Ibsen. Snøhetta c’est aussi une agence d’architecture norvégienne tout droit sortie des glaces, inclassable, sorte d’espion qui viendrait du froid dans l’intention de bousculer l’ordre établi des réputations internationales. Snøhetta a reçu, le 29 avril, le prix européen d’architecture contemporaine 2009 pour l’Opéra national de Norvège, construit dans le port d’Oslo, décerné par la Commission européenne et la Fondation Mies-Van-der-Rohe, située à Barcelone. Le prix est accompagné d’un chèque de 60 000 euros.

Snøhetta est dirigée par trois associés, les architectes Kjetil Trædal Thorsen, Tarald Lundevall et Craig Dykers, mais l’agence, installée elle aussi au bord du port, compte plusieurs dizaines de collaborateurs, architectes et paysagistes surtout. Alors qu’elle était passablement inconnue, l’agence Snøhetta a remporté en 1989, année de sa création, le concours international pour la Bibliotheca Alexandrina lancé par l’Etat égyptien et l’Unesco auquel 650 architectes avaient répondu. Un édifice situé dans une région désertique dont le formalisme débridé, explosif, pouvait avoir une sorte de parenté avec les travaux de cette autre équipe d’extraterrestres qu’est, en France, Architecture Studio, auteur du Parlement européen à Strasbourg.

Le vocabulaire de l’Opéra d’Oslo, au fond du fjord du même nom, est un iceberg arraché aux glaces qui viennent parfois bloquer les navires. Des pans de marbre blancs obliques laissent imaginer des courses de pingouins, quand les Osloïtes n’y font que de calmes promenades, dominant alors, à 32 mètres de haut, les entrailles du théâtre et la beauté des rives du fjord. Y alternent les paysages de port, la renaissance d’une capitale en plein essor – la Norvège est riche en pétrole – et ces énormes paquebots de plaisance qui, à Oslo comme à Venise, tuent l’échelle de la ville. De grandes baies vitrées laissent un peu passer des mystères de l’intérieur, surtout, elle renforce par leurs reflets l’aspect glacé de l’édifice.

Trois salles de 1 350, 400 et 200 places attendent le public, dans une déclinaison de bois tout simplement nordique, chaleureuse. L’édifice inclut tout ce qu’un opéra, dans une ville de 575 000 habitants, nécessite. Magasins d’accessoires et de fabrication des costumes, salles de danse et de répétition, vastes hangars pour peindre les décors. Les maquettes un peu désuètes côtoient les décors peints à grands coups de balais, explosion colorée qui contraste avec le style épuré du nouvel opéra. Et sa pure réalité technique : Une grande partie des 38 500 m2 du bâtiment étant située sous le niveau de la mer, sa construction a nécessité la pose de 12 000 m2 de palplanches (un système classique de planches métalliques destiné à assurer l’étanchéité). Il repose sur 28 kilomètres de piliers dont certains s’enfoncent à moins 60 mètres. Les travaux ont duré cinq ans et coûté 525 millions d’euros.

A 10 minutes à pied de l’opéra, au nouveau Musée national d’architecture d’Oslo, construit par Svere Fehn, immense architecte norvégien mort le 23 février, une exposition est consacrée au travail passé, actuel et futur de Snøhetta. Les trois associés continuent leur chemin dans les terres brûlantes d’Arabie, où ils projettent d’immenses objets non identifiés, comme le Centre King Abdulaziz pour la connaissance et la culture, à Dhahran (Arabie saoudite). Une architecture tellurique, riche de métaphores. Et ce n’est pas sans logique que Snøhetta a réussi à s’infiltrer sur le territoire de Ground Zero à New York, zone sinistrée à l’avenir triste, où ils doivent construire le mémorial du 11-Septembre.

L’Opéra national de Norvège d’Oslo a été primé au terme d’une longue sélection. Cinquante projets ont été choisis en Europe (la condition est qu’ils aient été achevés dans les deux années qui précèdent le prix), et cinq ont fait l’objet d’une étude plus poussée : outre Oslo, le Zénith de Strasbourg de Massimiliano Fuksas, la gare de tramway de Nice de Marc Barani, l’université Luigi-Bocconi à Milan (Italie), de l’agence anglaise Grafton Architects et la bibliothèque du district de Sant Antoni, à Barcelone (Espagne), de l’agence Aranda Pigem Vilalta

Une mention spéciale du prix Mies-Van-der-Rohe, dotée de 20 000 euros, a été attribuée à un gymnase situé à Koprivnica, en Croatie, conçu par les jeunes architectes Lea Pelivan et Toma Plejic du Studio Up.



Una ópera varada entre los fiordos
abril 30, 2009, 4:27 pm
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El estudio noruego Snøhetta gana el Premio Mies van der Rohe de Arquitectura

CATALINA SERRA – Barcelona – 30/04/2009

Es un edificio emblemático, pero no se le podrá acusar de pretencioso. Por eso, porque ha combinado el doble programa que se le pedía de ser a la vez funcional y simbólico, el edificio de Snøhetta para la ópera y el ballet de Oslo, en Noruega, ha resultado merecedor del premio Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea que concede la Unión Europea, un galardón dotado con 60.000 euros que se entregará el 28 de mayo en Barcelona.

El edificio ganador es un enorme centro cultural, cuyo elemento más característico es un tejado inclinado accesible al público revestido de 36.000 piezas de mármol. Y funciona como elemento articulador de la renovación del frente marino de la capital noruega. “Es más que un simple edificio; es un espacio urbano, un regalo para la ciudad”, explicó ayer Francis Rambert, presidente del jurado. Y de esto, del uso ciudadano de este espacio, es de lo que parecen más orgullosos los arquitectos de Snøhetta. “La gente que trabaja en el edificio está satisfecha y dice que incluso les inspira, y la gente de Oslo acude cada día a pasear por su tejado”, explica Tarald Lundevall, uno de los arquitectos responsables de este dinámico estudio noruego que ya tiene en su haber otras obras emblemáticas. Entre ellas, la misma Biblioteca de Alejandría, una pieza que formalmente puede tener parecidos con la ópera pero que, según Lundevall, “es totalmente diferente”. De hecho, Snøhetta se vanagloria de tener muy en cuenta el contexto urbano y cultural a la hora de enfocar cada trabajo. “En nuestro estudio es un elemento fundamental, y no sólo en relación al paisaje exterior. Aquí el tejado, blanco e inclinado, es en sí mismo un paisaje urbano”.

Lundevall explica que el cliente de la ópera, el ministerio de Cultura noruego, pedía que el edificio fuera a la vez funcional y monumental, “representativo, como una declaración de las cualidades noruegas”. Abordaron las dos cuestiones por separado. En lo que respecta a la monumentalidad decidieron reinventar este término y frente a lo que marca la tradición, amante de la verticalidad simbólica, optaron por una nueva manera de entender la monumentalidad escandinava expresada, dice Lundevall, “como un hermoso espacio público, abierto y de fácil acceso”. La funcionalidad la consiguieron trabajando de manera muy estrecha con sus futuros usuarios para diseñar una especie de “fábrica” con espacios muy flexibles en los que, sin embargo, no renunciaron a la belleza mediante un cuidado revestimiento de madera fina trabajada de manera tradicional.

Lundevall, para quien “este premio es un honor y una inspiración”, no está del todo convencido de que pueda hablarse de una arquitectura europea, “al menos desde el punto de vista estético”. “Hay muchas subculturas europeas en función de las distintas geografías y contextos sociales, pero por otra parte encuentras que hay una cierta manera europea de organizar y planificar los procesos constructivos, y un amplio intercambio de ideas e impulsos gracias a la colaboración que facilita el estar juntos. En nuestro estudio, por ejemplo, hay arquitectos de más de diez países europeos”. De momento sigue siendo un estudio en crecimiento, pero como a todos le afecta la crisis. “Los clientes se lo piensan más y algunos proyectos se posponen”, reconoce Lundevall, para quien pase lo que pase, lo que está claro es que la sostenibilidad será uno de los factores que más deberán tener en cuenta los arquitectos. “Cambiará nuestra manera de pensar y de construir. Es el gran desafío actual de la arquitectura”.