Noticias de Arquitectura


Norman Foster, Premio Príncipe de Asturias de las Artes
mayo 21, 2009, 3:28 am
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El jurado destaca el “original dominio del espacio, la luz y la materia” del arquitecto británico

IKER SEISDEDOS – Madrid – 20/05/2009

Norman Foster, uno de los arquitectos más influyentes del mundo, es el nuevo premio Príncipe de Asturias de las Artes. Con este galardón, la Fundación que otorga los premios reconoce la capacidad de la arquitectura para definir nuestro tiempo y hacer avanzar la cultura. Foster se suma de esta manera al firmamento de las estrellas de talla mundial que han recibido la distinción, como Margaret Atwood, Oscar Niemeyer, Paul Auster o Woody Allen, entre otros.

El jurado de la Fundación Príncipes de Asturias ha calificado a Foster como “arquitecto de la era global” cuya obra tiene un “alcance universal” con un “original dominio del espacio, la luz y la materia”. “Su obra destaca por el compromiso constante con los valores más nobles de la arquitectura, la actitud abierta a la innovación, la orientación a la calidad en todas las fases del desarrollo de un proyecto, el interés por aplicar los avances de la tecnología, la dimensión global de su actividad profesional y la sensibilidad hacia los principios del desarrollo sostenible”, destaca la Fundación.

“Estoy emocionado por recibir el Premio Príncipe de Asturias. Es un enorme honor y un maravilloso reconocimiento de la importancia del diseño como catalizador en la mejora de la calidad de la vida”, ha señalado el arquitecto mediante un comunicado.

Su esposa, la española Elena Ochoa, comunicó mediante un mensaje electrónico que estaban -en el momento de producirse la noticia- en el palacio de Buckingham, donde asisten al almuerzo anual de la reina Isabel II con los miembros de la Orden del Mérito, tras lo cual el matrimonio Foster tiene previsto viajar a Nueva York, informa Efe.

Junto al arquitecto británico, eran finalistas la actriz Vanessa Redgrave, el cineasta Carlos Saura, el escultor Richard Serra, el cantautor Joan Manuel Serrat y el compositor Cristóbal Halffter. La seis candidaturas, que ya han sido propuestas en todos los casos en ediciones anteriores, fueron seleccionadas en la primera reunión del jurado, celebrada el martes, entre las 26 candidaturas que se habían presentado a este galardón procedentes de 11 países.

Lord Foster (Manchester, 1935), premio Pritzker de arquitectura, es autor, entre otros iconos de la arquitectura mundial, de las torres Hearst (Nueva York), The Gherkin (Londres), la Torre de Caja Madrid (Madrid) y el Metro de Bilbao, así como del aeropuerto de Pekín, acaso la obra más impresionante de su carrera, capaz de absorber 60 millones de viajeros al año y que supuso una inversión de 2.800 millones de dólares.

Con Allen, Barceló y De Lucía

Estudió arquitectura en la Universidad de su ciudad natal y completó sus estudios con una beca en Yale. De regreso en Inglaterra, Foster trabajó primero con Richard Buckminster Fuller para fundar, en 1965 el estudio de arquitectos Team 4, que dos años después se transformaría en Foster and Partners. En sus primeros años lo formaban su primera esposa Wendy -desde 1996 está casado con la psicóloga Elena Ochoa-, Richard Rogers y la esposa de éste, Sue. Los proyectos iniciales de Foster se caracterizan por un marcado estilo High-tech o de alta tecnología, aunque con los años las las líneas de sus edificios se suavizan, sin perder nunca su sello industrial.

Foster fue nombrado caballero en 1990 y en 1997 se le impuso la Orden de Mérito. En 1999, la reina Isabel II le otorgó el título nobiliario vitalicio de Barón Foster de Thames Bank (Lord Foster of Thames Bank). También ha recibido varios de los más importantes premios de arquitectura, como la medalla de oro del instituto americano de arquitectura y, en 1999, el premio Pritzker, al que suma ahora el Príncipe de Asturias.

El Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela fue el último galardonado con este honor, con el que también han sido distinguidos Bod Dylan, Woody Allen, Miquel Barceló y Paco de Lucía. El Premio de las Artes, al igual que los otros siete galardones que concede la Fundación Príncipe de Asturias, está dotado con 50.000 euros y será entregado por don Felipe de Borbón en una solemne ceremonia que se celebrará a finales de octubre en el teatro Campoamor de Oviedo.

El premio, en el blog de Juan Cruz.



Vacas sagradas y buenos arquitectos
mayo 21, 2009, 3:21 am
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TRIBUNA: SANTIAGO ÍÑIGUEZ DE ONZOÑO

El rector de la IE Universidad valora la concesión a Norman Foster del premio Príncipe de Asturias

SANTIAGO ÍÑIGUEZ DE ONZOÑO 20/05/2009Hay que sacrificar algunas de las vacas sagradas de la arquitectura”, me comentaba recientemente con cierta ironía Sir Norman Foster, refiriéndose a algunas creencias generalizadas, en un encuentro en el que hablamos de la enseñanza de la arquitectura y de la profesión de arquitecto. Entre esas vacas sagradas se encuentra la convicción de que diseño y economía están reñidos, que el desarrollo de un gran proyecto no se puede completar en presupuesto y plazo, algo frecuente en la ejecución de obras del estrellato arquitectónico actual. Ciertamente, ya no nos sorprendemos al conocer que la construcción de una importante infraestructura pública, o un gran edificio, haya multiplicado el gasto previsto en más del triple. Por el contrario, algo de lo que presumen Sir Norman y su firma -Foster and Partners- es cumplir con los términos económicos y temporales acordados.

Los arquitectos que han trabajado en vivienda social, el verdadero test que pone a prueba capacidad de diseño y limitación presupuestaria, conocen la importancia de esos aspectos que a veces se desprecian. También Sir Norman ha experimentado personalmente la necesidad de combinar eficiencia y excelencia, habilidades que conjugó cuando cursaba arquitectura en Manchester y necesitaba trabajar para costearse sus estudios. Sigue pensando que esta experiencia fue buena para su formación como profesional y que es recomendable para todos los universitarios.

La concesión del premio Príncipe de Asturias de las Artes a Sir Norman es un reconocimiento a la calidad, la innovación y la globalización en la arquitectura moderna, pero también a la deontología de la profesión de arquitecto. Significativamente, los buenos arquitectos han sido inteligentes pero modestos, y muy próximos a sus clientes. A este respecto, Sir Norman, de nuevo, es un ejemplo. Es una de esas personas inteligentes que, al conocer a un nuevo interlocutor, escucha un buen rato antes de formular su opinión.

Sir Norman es un arquitecto prolífico, con una dilatada carrera proyectada y construida en todos los continentes, también presente en España en obras como la emblemática Torre de Collserola en Barcelona, el Metro de Bilbao o, más recientemente, la Torre Caja Madrid. Su buena forma física le permitirá continuar involucrado en el ejercicio especulativo y práctico de la arquitectura. Esta buena forma tiene que ver, probablemente con su afición por la práctica del ciclismo, con su balance entre vida profesional y privada, y con la excelente sinergia personal que mantiene con Elena Ochoa, The Lady, como se refiere ella cuando no está presente. Conjuntamente, siguen emprendiendo interesantes iniciativas en el ámbito de las artes. La profesión de arquitecto está por reinventar y Sir Norman tiene todavía mucho que aportar.

Santiago Íñiguez de Onzoño es rector de la IE Universidad



REPORTAJE: Premio Príncipe de Asturias de las Artes
mayo 21, 2009, 3:18 am
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El triunfo del arquitecto global

Norman Foster obtiene el galardón por su inconfundible obra, repartida en los cinco continentes – “La crisis no debería afectar a nuestro oficio”, asegura

ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid – 21/05/2009Yates y rascacielos, el nuevo autobús de Londres y el mayor aeropuerto del mundo. No hay escala ni continente que se le escape al nuevo premio Príncipe de Asturias de las Artes. El arquitecto Norman Foster (Manchester, 1935) cree que “todo forma parte de lo mismo. El mundo entero me interesa”, dice. Es ese trabajo, ambicioso y meticuloso a la vez, lo que lo ha convertido en el paradigma del arquitecto global. Es el proyectista más internacional de todos los tiempos. El 80% de sus estaciones, rascacielos, aeropuertos y puentes se levantan lejos de su país: de Argentina a Qatar, de China a Marruecos. Y trabajar en cualquier lugar del planeta cambia algo más que la vida de Foster. Cambia también la arquitectura. Fiel a su imagen de profesional inquieto, contesta a las preguntas de EL PAÍS desde el avión que lo traslada a Nueva York.

-¿No estará pilotando?

-No. En esta ocasión no puedo. Tengo trabajo.

Explica que ya no vuela tantas horas al mes como hace años. Aún así, durmió en Madrid, despegó en Londres y pasará la noche en Manhattan. “Dado su prestigio y mis conexiones con España [está casado con Elena Ochoa y suyos son el metro de Bilbao, la torre de Caja Madrid o el futuro Camp Nou] es un gran honor recibir el Príncipe de Asturias”. Lo dice un hombre que, del Pritzker para abajo, parece tener ya todos los premios y que sigue recibiendo, y aceptando, una media de un galardón cada tres meses.

-Tras Niemeyer, Sáenz de Oiza y Calatrava, es el cuarto arquitecto que recibe el galardón. ¿Qué le parece la compañía?

-Niemeyer me parece un Héroe. Y el premio, un reconocimiento para la arquitectura. Yo creo en su poder transformador.

Él mismo, uno de los pocos proyectistas fiel a un estilo -el high tech– y a una manera -cartesiana y tecnificada- de pensar la arquitectura, se ha transformado a lo largo de los años. En su primera década en activo -los setenta- concluyó tres proyectos. En lo que va de siglo ha rubricado 100. ¿Cómo afectan esos números a su obra?

-La arquitectura es una larga espera. La semana pasada nos aprobaron el urbanismo de Duisburg, en Alemania. Hace 19 años que ganamos el proyecto. Y sólo ahora comenzaremos a plantar árboles. Los números engañan.

Más números. Tiene 74 años y no piensa descansar: “Otra vida sería tremendamente aburrida”. En 40 años de profesión sus retos han cambiado. De ensayar nuevas tecnologías constructivas pasó a preocuparse por los inquilinos de los edificios, para que tuvieran luz natural y zonas de recreo. Es lo que hizo en su Hong Kong & Shanghai Bank, por entonces, 1986, el edificio más caro del mundo: “La arquitectura es cliente y usuario. Determina la calidad de vida de las personas”.

Hoy sus retos parecen tener más que ver con el tamaño. Suyos son el mayor aeropuerto del mundo -Pekín- y el puente Milleau -en Francia-, de 2,46 kilómetros. Pero en ese difícil equilibrio entre lo grande y lo pequeño, los jefes y los empleados, Foster ha aprendido a aterrizar en cualquier sitio.

“Puede que cuidar la construcción de 100 edificios sea más complicado que vigilar la de tres. Pero Foster siempre construye mejor que el 95% de los arquitectos del mundo”, declaraba hace pocas semanas a este diario el arquitecto indio Charles Correa. India es uno de sus nuevos retos: “Un mercado nuevo”, explica. La terminología empresarial es también marca de la casa. El año pasado, The Sunday Times colocó a Foster & Partners a la cabeza de las empresas privadas con mayores beneficios. Desde el avión asegura que la crisis también le ha afectado: “Tal vez menos que a otros porque seguimos ganando concursos y estamos acostumbrados a diversificar los proyectos”.

Sus propios edificios entienden de economía. Son caros, pero resultan formalmente económicos. Discretos y alejados del espectáculo, buscan más la sólida solvencia que la sorpresa. Ninguno de sus casi 500 trabajos construidos contiene excesos gratuitos, “por eso en épocas de crisis no tenemos mucho de donde quitar”. No cree que la crisis vaya a cambiar la arquitectura: “No debería. Las necesidades de la arquitectura son constantes. Son las de la gente”. ¿Cree que la idea de arquitectura del Príncipe de Asturias difiere de la del Príncipe de Gales? “Eso debería hablarlo con ellos”, bromea. Minucioso y preciso, prolífico, y discreto, Norman Foster no pone jamás una pieza fuera de sitio.



Crisis y arquitectura
mayo 19, 2009, 3:14 am
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JOSEP MARIA MONTANER

La crisis inmobiliaria, financiera y productiva se acusa en todos los ámbitos, y la arquitectura catalana no es una excepción: los encargos privados han bajado en picado y una parte de la obra pública se ralentiza a la espera de que escampen las nubes de la incertidumbre. Muchos despachos están reduciendo su plantilla, cuando no cerrando; una reducción que ya amenaza a las escuelas privadas de arquitectura y que ya ha afectado al Colegio de Arquitectos de Cataluña, que ha sido tan poco previsor ante los avisos recibidos desde 2004 sobre la explosión de la burbuja inmobiliaria.
Sin embargo, que haya crisis no significa que no hagan falta arquitectura y urbanismo. Hacen falta más que nunca: viviendas asequibles y nuevos barrios ecológicos; reparaciones, rehabilitaciones y reformas; equipamientos de proximidad y espacios públicos. Ante la crisis, cada saber y profesión debería aprovechar para reestructurarse y no para estar suspirando por que vuelva el capitalismo del pelotazo.

Porque no se trata de que salgan indemnes las grandes obras, como el trazado de AVE, y los grandes embolados, como el anunciado Instituto de Arquitectura de Barcelona, de promoción privada; ni de que reciban la peor parte, como siempre, los sectores más débiles de la sociedad y se escatime en obras de apoyo social, en equipamientos educativos, en intervenciones para rehacer el patrimonio o en la implementación de medidas hacia la sostenibilidad.

Lo que se necesita es buena arquitectura para la gente, promover iniciativas y experimentos entre los jóvenes proyectistas y diseñadores. Se buscan arquitectos con visión política y crítica. Faltan técnicos para los movimientos sociales urbanos. Los arquitectos han ido perdiendo relación con la realidad y peso dentro de la sociedad, convertidos en servidores del poder. Es de esperar que la crisis sea ocasión para replantear la profesión, que se reinterprete su compromiso con la sociedad, se propongan nuevas éticas, más ecológicas y participativas, y se vuelva a valorar la cultura crítica.



Aquí toca hacer foto
mayo 16, 2009, 3:51 am
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Un espigón, un teatro, un rascacielos, un hotel o un centro de turismo ecuestre. La mejor arquitectura se convierte en una atracción en sí misma

ANATXU ZABALBEASCOA – 16/05/2009Ya no sólo las ciudades congregan edificios de vanguardia. Algunos de los nuevos proyectos de la mejor arquitectura española redibujan la costa. Otros se pelean con el viento para crear un destino turístico hotelero en medio del paisaje desértico. Un teatro puede leerse en Madrid como un cruce de caminos. Pero también un rascacielos, el de Gas Natural en Barcelona, cuyo solar privado atraviesa una calle de uso público. En conjunto, una imagen sorprendente y plural. Si, efectivamente, la necesidad agudiza el ingenio, la arquitectura podría despertar abruptamente de algunos sueños. Y de muchas pesadillas. Las condiciones adversas: programas complejos, presupuestos limitados o dureza del entorno, pueden contribuir a que salgan de la chistera edificios muy originales. Está sucediendo en España. La arquitectura más rompedora ha dejado de estar centralizada en Madrid y Barcelona. La última bienal ha descubierto a finalistas en parajes insospechados.

EDIFICIO-PAISAJE

01 Cultura del mar

Cuando Jesús Irisarri y Guadalupe Piñera recibieron el encargo de construir casetas para los aperos de los pescadores en la boca de la ría de Vigo, recordaron los muelles de su infancia, en la antigua Casa del Mar. Por eso pensaron que el espigón debía convertirse en paseo y que los departamentos para los pescadores no podían taponar visualmente las vistas al mar. Así, diseñaron un edificio semitransparente empleando la idea de las jaulas metálicas, un elemento tradicional de la pesca, permeable por el mar y, en este caso, permeable a las vistas. A través de estas nuevas casetas, con Premio FAD al paisaje, Irisarri quiso llevar la cultura del mar “a la vista del ciudadano”.

AISLADOS POR LA NATURALEZA

02 Luz para los caballos

Laura, la hija mayor del arquitecto navarro Patxi Mangado, es una experta en doma clásica. Su prolífico padre decidió apostar por esa afición invirtiendo en su tierra, en el valle de la Ultzama, y en una obra propia en la que poder vivir con caballos en medio de la naturaleza. El edificio para ese amplio objetivo, que combina turismo ecuestre con vida familiar, cuajó uno de sus mayores logros profesionales: unas caballerizas de impecable factura, luz interior y madera y aluminio exterior. La tipología la daba el valle, pero la mezcla de materiales nobles e industriales consiguió un edificio sorprendente: con la cercanía de un espacio doméstico y la escala de un pequeño pueblo.

Zenotz. Valle de la Ultzama (Navarra). Las instalaciones están abiertas a los visitantes que quieran conocerlas.

03 Sueños de aire

También en Navarra, cerca de Tudela, en medio de la nada surge una fachada de palés, 22 cabinas prefabricadas de un lujo austero con un puñado de premios de arquitectura. En el hotel Aire, los grandes ventanales sirven para contemplar un horizonte desértico en el parque de las Bardenas Reales. Los palés detienen el viento, pero dejan pasar el aire. Sus autores, Emiliano López (1971) y Mónica Rivera (1972), han ganado con este proyecto el Premio Joven de la Bienal Española de Arquitectura. Pero también el británico que Architectural Review concede al joven talento innovador. El resto ha sido caminar de puntillas. Y trabajar. En cualquiera de los proyectos que han concluido este año (son autores de unas viviendas de protección oficial que lograron el Premio FAD), estos arquitectos despliegan, sin ruido, sus dotes para la arquitectura, el paisajismo y hasta el diseño de muebles. En el hotel Aire jugaron con todas sus habilidades. Todo salió de sus planos: incluso la idea misma de hotel como lugar de descanso, contemplación y cuestionamiento de todo, incluido el lugar para unas vacaciones.

CRUCES DE CAMINOS

04 Entre el mar y el cielo

¿Cuántos rascacielos españoles memorables se han levantado en la última década? La nueva sede de Gas Natural, junto al puerto de Barcelona, de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, persiguió ese ambicioso objetivo. Así, desde las alturas, trató de comprender el suelo y se dejó atravesar por una calle privada de uso público. También los cristales malvas y azules hablan del mar a sus pies y del cielo en las alturas. El interior es uno de los ejercicios de arquitectura al milímetro más logrados de los últimos tiempos. Ese interiorismo pertenece a la época en que los rascacielos eran más sinónimo de glamour que de especulación.

05 Placer peatonal

También los Teatros del Canal de Juan Navarro Baldeweg, en Madrid (Gran Premio de la X Bienal Española de Arquitectura), resuelven, sin dar la espalda, una peliaguda situación urbana en un cruce de caminos. Sin gestos grandilocuentes, pero con gran decisión, los tres teatros ordenan el cruce entre dos calles robando plazas urbanas que, como grietas, arañan unos metros de reposo a los nuevos edificios para uso de los peatones. Un volumen rojo (para los espectáculos de danza), otro translúcido y un último edificio negro conforman un escenario urbano sólido y una infraestructura que Madrid pedía a gritos. (www.madrid.org/clas_artes/teatros/canal). Calle de Cea Bermúdez, 1. Madrid.

ICONOS JUNTO AL AGUA

06 Pura naturalidad

Si el pabellón de España, con su bosque cerámico, fue la obra más aplaudida de la pasada Expo de Zaragoza, la Central de Energía de Iñaki Alday y Margarita Jover es la que quedará como el sorprendente icono pobre de la Expo. En la avenida de las Ranillas, donde los arquitectos idearon también el parque del agua, brilla un legado inesperado de la fiesta zaragozana: esta central de energía no enmascara su uso ni lo subraya, y desde esa naturalidad forma parte del jardín.

07 Hormigón flotante

En la cuenca del Tajo, a su paso por la provincia de Cáceres, frente al embalse de Gabriel y Galán, José María Sánchez García (1973) levantó una pista de chapa corrugada sobre pilotes, un anillo flotante de hormigón apoyado en columnas que se hacen eco de los troncos de los pinos de la zona. Como una pieza de land art, este centro de tecnificación de actividades deportivas tiene una lectura a vista de pájaro (posado junto al embalse) y otra a pie de bosque. Desde el suelo parece un ciclorama teatral, pero también un mirador, en un emplazamiento que necesitaba una arquitectura ligera como ésta: capaz de caminar de puntillas.

VANGUARDIA PÚBLICA

08 Un juego de cubos

Al este de Madrid, San Blas se ganó el sobrenombre de distrito olímpico porque allí se acordó levantar varias de las futuras instalaciones deportivas, incluido el Estadio Olímpico. Allí, junto a varios bloques de viviendas, un equipo de arquitectos tan joven como prolífico, el Estudio Entresitio, levantó un centro de salud que parece una escultura pétrea. María Hurtado de Mendoza Wahrolén (1968), su hermano José María (1973) y César Jiménez de Tejada (1964) han construido un juego geométrico con cubos salientes (como lucernarios) o ausentes (como patios) para dejar entrar la luz. Por fuera, un rotundo muro de hormigón resulta escultórico gracias a la huella que dejaron en él las tablillas de madera empleadas para el encofrado. El interior ganó el premio Ascer al mejor uso de la cerámica.

09 Fluyen los círculos

También al este de Madrid, en Arganda, Rubén Picado y María José de Blas (1966) cuajaron un proyecto público, pero casi opuesto al anterior. Donde los arquitectos optaron por sinuosidad, apertura y juego. La escuela infantil es una suma de círculos. Todo es curvo, pero un orden orgánico organiza los espacios de una manera casi cartesiana. Sin rupturas y con fluidez, la suma de círculos no produce sólo un collar.



Una espiral de cemento y leyenda
mayo 15, 2009, 3:39 pm
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El Guggenheim celebra el genio de Frank Lloyd Wright en su 50º aniversario – La muestra sobre el arquitecto de la sede neoyorquina llegará a Bilbao en octubre

BARBARA CELIS – Nueva York – 15/05/2009Su espiral ascendente, su asombrosa fluidez y sus paredes curvas forjaron la leyenda del canto del cisne de un arquitecto, también marcaron el nacimiento de un nuevo modelo de museo.

Construido hace 50 años, el edificio del Guggenheim de Nueva York revolucionó con inteligencia el concepto arquitectónico de exposición. Este formidable espacio acoge hasta el 23 de agosto una fascinante exposición dedicada al hombre que le dio forma: Frank Lloyd Wright (Richlan Center, Wisconsin, EE UU, 1867 – Phoenix, 1959). Arquitecto visionario en lucha contra la deshumanización de las ciudades y que subrayó la importancia de construir pensando en las necesidades interiores de cada edificio, fue un creador prolífico que no llegó a construir muchos de los proyectos que imaginó. La muerte le atrapó apenas seis meses antes de inaugurar el museo, en 1959.

En su obra, de la que aquí se presentan los 64 proyectos más significativos bajo el título Frank Lloyd Wright: de dentro hacia fuera, se pueden encontrar puntos comunes. La exposición viajará en octubre al Guggenheim de Bilbao, donde otro edificio icónico albergará los sueños del gran patriarca de la arquitectura estadounidense. Para él, era fundamental la búsqueda de la armonía entre el edificio, el ser humano y la naturaleza. Poseía una inquietud visionaria por estimular la interacción social a través de la creación de espacios comunes, abiertos y orgánicos. Su meta siempre fue subrayar los efectos positivos de la arquitectura sobre la calidad de vida del ciudadano. “La apuesta por redefinir el espacio, por crear desde dentro hacia fuera, es lo que después ha marcado a otras generaciones de arquitectos. Pararse a pensar primero para qué y cómo se va a utilizar el espacio antes de darle forma. Siempre tenía en cuenta a las personas que lo van a habitar, pero sin olvidar el exterior. Eso es lo más importante del legado de Wright”, afirma María Nicanor, una española que forma parte del equipo de comisarios y que incluye entre otros a Bruce Brooks Pfeiffer, director de los Archivos Frank Lloyd Wright, donde se conservan los dibujos, cartas y manuscritos de donde ha salido el grueso de la muestra.

Pfeiffer conoció bien a Wright: con apenas 19 años se enamoró de la residencia Taliesin West y decidió estudiar con él. Trabajó a su lado hasta su muerte y después se dedicó a preservar el legado de su mentor. “No le gustaban las ciudades, él abogaba por la descentralización, por acercar a la gente a la naturaleza, por integrar la ciudad en el paisaje. En ese sentido era muy muy verde. La contradicción es que esa idea de ciudad es muy dependiente del coche. Amaba los coches porque amaba la tecnología”, comenta Pfeiffer.

Esa visión puede verse en una sala dedicada expresamente a la ciudad americana con la que Wright soñaba, cuya obra cumbre fue el proyecto Living City, que nunca se llegó a realizar. En ella, la naturaleza y la arquitectura se integraban en inmensos espacios abiertos. La muestra también se detiene en la visión de Wright de la residencia americana. La más célebre es La casa de la cascada, pero hay muchas otras como la Herbert Jacob House 1 o el proyecto nunca construido de Cloverleaf Quadruple Housing.

El recorrido es casi cronológico. Un paseo por la producción de un arquitecto que dedicó el último año de su vida a imaginarse un centro cultural para Bagdad (era un enamorado del libro Las mil y una noches), situado en una isla en medio del río Tigris. Enormes planos de colores ilustran las ideas que Wright barajó para óperas, museos, bazares e incluso casinos en una ciudad que a finales de los años cincuenta aspiraba a convertirse, mediante esa mezcla hoy tan utilizada de arquitectura, cultura, ocio y comercio, en uno de los grandes centros culturales de Oriente Próximo. El testigo parece haberlo recogido Thomas Krens, el ex director del Guggenheim, entregado a la consolidación de un proyecto similar al imaginado por Wright y ejecutado por otros arquitectos pero en la isla de Saadiyat, en Abu Dhabi.



La arquitectura como espectáculo
mayo 3, 2009, 3:43 pm
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PIEDRA DE TOQUE. Asistimos a un proceso en el que la obra arquitectónica pasa a ser un autorretrato, un arte exhibicionista y narciso. Se está produciendo una sustitución del fondo por la forma

MARIO VARGAS LLOSA 03/05/2009

(fragmento del artículo)

Los buenos museos son, como los buenos mayordomos, invisibles. Existen sólo para dar relieve, presencia y atractivo a lo que exhiben, no para exhibirse a sí mismos y apabullar con su histrionismo a los cuadros, esculturas, instalaciones u objetos que albergan. ¿Pruebas? Todavía quedan algunas, reminiscencias de un pasado en vías de extinción. Por ejemplo, los dos museos de arte moderno de Renzo Piano que conozco: el que diseñó para la colección Du Menil, en Houston, y el museo de arte moderno de la Fundación Bayeler, en Suiza. En ambos, los limpios espacios, la atmósfera serena y sigilosa que fomenta la sencillez del diseño y la discreción de los materiales permiten al visitante concentrarse en las obras y entablar con ellas ese silencioso diálogo en que el buen arte habla y enseña y el espectador escucha, goza y aprende. Renzo Piano debe ser uno de los últimos grandes arquitectos que todavía creen que los museos están al servicio de los cuadros y esculturas y no éstos al servicio del museo y su progenitor.