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«El cubo de Moneo adolecerá del diálogo con su entorno urbano»
junio 10, 2009, 3:01 am
Filed under: Arquitectura Española | Etiquetas:
El arquitecto madrileño, vinculado a Cantabria, afirma que en Santander «hace falta una catarsis colectiva que genere ilusión por un modelo del siglo XXI, porque se quedó en el XIX»
MAXI DE LA PEÑA
La arquitectura es algo más que un trabajo para Jerónimo Junquera: es una auténtica devoción. Este madrileño de origen asturiano, poseedor en dos ocasiones del Premio Nacional de Arquitectura, y autor del Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada y la rehabilitación de la Biblioteca Nacional, entre otras obras relevantes, veranea en una casa diseñada por él mismo en Somo, que es una reinterpretación de la arquitectura popular de la región. Sus opiniones siempre reflejan un poso de sabiduría. «Hace falta una catarsis colectiva que genere ilusión por un modelo de ciudad del siglo XXI» propone para Santander porque sostiene que la capital cántabra «se quedó en el siglo XIX». Cree que su poyecto era mejor que el de Rafael Moneo para la sede del Gobierno de Cantabria, que el plan de viviendas de La Remonta, sobre el que hizo un estudio con un equipo de jóvenes colaboradores, debe ser una mirada al futuro y a la calidad de vida de los ciudadanos, y que la joya de la ciudad es el frente marítimo. Jerónimo Junquera, que concursa en el proyecto del espacio de los antiguos cuarteles de Garellano, en Bilbao, critica la arquitectura banal vestida en «costosímas pieles» realizada en las últimas décadas de bonanza económica.
-¿Un edificio debe integrarse en la trama urbana donde se va a levantar o debe prevalecer la entidad propia?
-Una buena obra debe cumplir ambos objetivos, pero para verificar el grado de acierto es necesario que pase tiempo. Soy de la opinión de que los premios y reconocimientos deberían otorgarse tras diez años desde su construcción, cuando la pátina del tiempo permite una valoración de la verdadera esencia del hecho constructivo, que no es otro que dar una respuesta positiva a demandas de la sociedad a largo plazo.
-¿Cree que determinados arquitectos ‘estrella’ repiten fórmulas y estéticas?
-Hay de todo, pero la mayoría son grandes arquitectos. El problema reside en que construyen demasiado y en este difícil oficio las obras son largas y complejas. Necesitan tiempo para pensar y gestionar un proceso de hilvanar millones de piezas. Renzo Piano lo explica con claridad cuando dice que no acepta más de cinco proyectos al año. Estoy de acuerdo con él, porque a partir de ahí, o bien se recurre a recetas, o bien se delega el proceso creativo. Entonces se pierde la condición de arquitectura ‘de autor’. Hay que exigir más rigor.
-¿Por dónde camina la arquitectura contemporánea?
-Los arquitectos se han dado cuenta, como otros creadores, que no consiguen dar un paso más del que dieron las vanguardias en la primera mitad del siglo XX. En estas ultimas décadas de bonanza en la que hemos vivido se ha producido una arquitectura banal, envuelta en pieles costosísimas, las menos hermosas y atractivas, la mayoría ridículas, convirtiendo los edificios en iconos escultóricos que los medios difunden a los cuatro vientos. ¿Por donde debe caminar? Espero que esta dura y larga travesía por el desierto que nos toca afrontar sirva de reflexión a todos, arquitectos, políticos y agentes de la construcción para devolvernos a la mesura y al rigor para recuperar todos la vuelta al compromiso ético de dar la mejor respuesta a la sociedad con los menos recursos posibles, tanto en el proceso constructivo como en su mantenimiento. También es importante recuperar el protagonismo del espacio público que generamos al construir nuestros edificios. Al construir, creamos dos nuevos espacios, uno interior, el que genera el propio edificio para dar respuesta a sus funciones, y otro espacio exterior, el vacío, que genera el espacio público formalizandocalles plazas, patios y parques, que son la clave de la convivencia y relación del hombre urbano.
-Usted dice que cualquier acción transforma el espacio en el que se actúa.
-Crear un claro en un bosque, trazar una tapia o edificar un volumen produce un nuevo espacio acotado y conformado por el contrapunto entre lo construido y el nuevo espacio vacío que se genera. Desgraciadamente, algo tan obvio se ha olvidado confiando el éxito sólo en el volumen edificado que ha convertido a la arquitectura en objetos descontextualizados al olvidarse del valor del espacio vacío, que no es otro que el espacio público, convirtiendo los edificios en hermosos floreros sobre mesas desordenadas y en muchos casos con sucios manteles
-¿Los mejores inversores para buenos proyectos son las administraciones públicas?
-En algo creo que todos estamos de acuerdo: detrás de un buen edificio siempre existe un buen cliente, sea la administración o la iniciativa privada y de todo hay en la viña del señor.
-Dígame un ejemplo de ciudad de gran tamaño que esté hecha a la medida de las personas.
-Las ciudades son una amalgama de barrios, por tanto no se puede hablar de ciudades, como mucho de barrios o conjuntos de barrios. El crecimiento exponencial de la población urbana en los últimos cien años, pasando de una población urbana del 30% al 75%, ha cambiado las reglas de juego de su crecimiento creándose grandes asentamientos en muy poco tiempo. En España los mejores barrios se crearon en la República y en los primeros años del franquismo. Lamentablemente, cuando el objetivo de crear un barrio se convirtió en negocio financiero desarrollado por la iniciativa privada fue sustituido por un negocio de especulación de suelo.
-La calidad de las viviendas en una obsesión para usted. Le concedieron el Nacional de Arquitectura por el proyecto ‘Isla Chamartín’ de Madrid.
-Siempre he estado comprometido con la edificación residencial y sobre todo con la vivienda barata. Como decía antes, en las propuestas a la vivienda debe prevalecer el diseño del espacio público como garante de la verdadera calidad de vida, no olvidarse de diseñar el vacío y para ello es necesario poder participar en el proceso desde su inicio diseñando el modelo urbano como ocurría en la primera mitad del siglo XX. Afortunadamente, últimamente esta opción empieza a ser posible. La ‘Isla de Chamartin’ es un buen ejemplo ya que diseñamos el modelo urbanístico, las obras de urbanización, calles, parques y jardines y terminamos construyendo una de sus piezas.
-Es el autor del CAR de Vela que está frente a Náutica y el Palacio de Festivales. ¿Intentó cerrar el círculo de este espacio frente al mar?
-He analizado y propuesto diferentes alternativas sobre el frente marítimo de Santander a lo largo de muchos años y si algo tengo claro es que es un espacio unitario formado por adición de espacios concatenados que se van abriendo y cerrando en sí mismos enhebrados por perspectivas cambiantes: el puerto pesquero, el área de Sotoliva, Antonio López, la plaza de las Cachavas, los Jardines de Pereda, el Paseo de Pereda, Puertochico, San Martín, la playa de los Peligros y finalmente el Palacio de la Magdalena rematado por la isla de Mouro. Un paseo espectacular cuya mayor virtud radica en ir descubriendo parcialmente una secuencia de espacios diferentes enhebrados por el litoral y una continua senda peatonal. Cada uno de estos espacios es diferente y en ello radica la excelencia del frente marítimo. Un espacio acotado por la fachada de la ciudad y por el cantil de la bahía y entre medias flotando diferentes elementos portuarios, unos en uso, otros reutilizados, y algunos incomprensiblemente destruidos como ha sido el caso reciente de la lonja del puerto pesquero, una pieza ejemplar de la arquitectura moderna, que por cierto escasea en Santander, que se podría haber reutilizado fácilmente, pero lamentablemente ha sido demolida. Respecto al CAR de Vela creo que su posición es coherente con lo expuesto ya que cierra el espacio urbano del ensanche de Santander de finales del siglo XIX y principios del XX para pasar al nuevo espacio de San Martín a través de la sutil fisura que crean el Palacio de Festivales y Náutica. Descubrir San Martín es la asignatura pendiente del frente marítimo.
-¿Se llevó una decepción cuando no fue elegido su proyecto sede para el Gobierno de Cantabria?
-Cunde una enorme frustración cuando el resultado no responde a criterios profesionales. Creo que nuestra propuesta era la mejor y así fue reconocida por voces cualificadas. Si el concurso hubiera sido fallado por jurados profesionales hubiéramos ganado, pero el jurado era político.
-¿Qué le parece la obra ganadora de Moneo? ¿Con los retoques se ha conseguido solucionar el problema de volumetría?
-El concurso estuvo mal planteado. La realidad fue que los técnicos que organizaron el concurso no estudiaron el solar y transcribieron el programa del edificio que inicialmente se iba a construir en la periferia de la ciudad como un edificio aislado. Por esta razón propuse un edificio compuesto por dos piezas superpuestas: un gran zócalo siguiendo las trazas del ensanche dejando un patio interior cuya altura de cornisa se iba acoplando a las cornisas existentes y un hito alejado de las viviendas colindantes, un estrategia que permitía acoplarse con facilidad a lo que siempre pensé y que se ha cumplido que la edificabilidad requerida habría que reducirla. La propuesta de Moneo siempre me pareció mas adecuada para un edificio aislado que para uno inmerso en una trama consolidada y diversa con la que hay que establecer un diálogo acompasado a lo que ocurre en su derredor. No conozco como ha quedado, pero si sigue siendo un cubo creo que seguirá adoleciendo de ese diálogo con su entorno urbano.
-¿Santander necesita ‘parches’ o un ‘lifting’ en toda la regla?
-Recientemente leí un artículo de Félix de Azúa en el que afirma que la transición política de nuestro país en lo que verdaderamente ha triunfado es en la regeneración de las ciudades medianas ‘de provincia’ y que en cambio las grandes ciudades no han hecho sus deberes. Creo que es un juicio acertado. Santander pertenece al grupo que no ha hecho los deberes aunque sea una ciudad pequeña. Definir un modelo y el camino a seguir es una tarea difícil en sí misma, acertar es más difícil y conseguir un apoyo mayoritario y entusiasta más difícil todavía, pero seguro que si no se intenta no se consigue. Quizás no se ha considerado dada las condiciones naturales tan maravillosas que posee Santander, pero creo que es necesario por lo menos reflexionar, y difícilmente se puede reflexionar con rigor sino se controla la presión política que he percibido en los trabajos que he hecho sobre desarrollos de la ciudad.
-Amplíe este argumento.
-Los tres partidos junto a las administraciones implicadas y asesores cualificados e independientes de confianza compartida deberían ponerse de acuerdo para iniciar una profunda reflexión, exponerla a los ciudadanos y llegar a un consenso en la elección del camino a seguir que posteriormente será gestionada a lo largo de muchos años por los responsables políticos de cada momento. Hace falta una catarsis colectiva que genere ilusión por un modelo de ciudad del siglo XXI. Santander se quedó en el siglo XIX. Si no se plantea una estrategia para generar nuevos modelos urbanos, éstos surgirán espontáneamente como ha ocurrido en la Cuesta del Gas o en Castilla-Hermida.
-¿Qué opinión le merece el plan de viviendas de La Remonta?
-Creo que es una excelente ocasión para diseñar un modelo de espacio en el que vivir priorizando la calidad del espacio público, frente a los desarrollos urbanísticos de los últimos años presididos por el único objetivo de repartir las plusvalías del negocio inmobiliario. Cuando fui consultado por el Gobierno de Cantabria para analizar La Remonta con total libertad y sin condiciones políticas con el fin de elegir un modelo, formé un equipo con jóvenes arquitectos ya consolidados. El fruto del trabajo de seis meses gustó: un barrio residencial presidido por un gran parque, un área residencial densa multifunciónal en donde se funden todas las actividades, vivienda, comercio y dotaciones articuladas mediante una trama de espacios públicos presididos por un paseo similar al de Pereda asomado a la bahía. Pero también propusimos un sistema vial de conexión de La Remonta y su entorno con el centro de la ciudad aprovechando la reforma futura de la transformación ferroviaria. Espero que acierten con la elección del proyecto.
-Le gusta el trabajo colectivo en su estudio. ¿Huye del divismo o es una cuestión organizativa y de practicidad?
-Un edificio necesita cuatro o cinco años de dedicación para enhebrar millones de piezas y todas las fases del trabajo reclaman dedicación, si además en un estudio como el mío entre concursos (diez y veinte por año), proyectos y obras, encima de la mesa conviven con distinto protagonismo del orden de quince temas a la vez. Es evidente que hay que tener un equipo cohesionado implicado e ilusionado. y para eso sólo sé una forma de conseguirlo que es implicando a todos, formando un equipo aunque evidente siempre esta presente un guía.
-A su edad, ¿la arquitectura sigue siendo una pasión o ya es sólo un oficio?
-La arquitectura es un oficio que se empieza a entender a los 50 años, la pasión se mantiene si sigues buscando y encontrando y ese es mi caso creo que sigo aprendiendo y mejorando, así es que continúo con ilusión y pasión.
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