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´Los ayuntamientos temen a los arquitectos honestos y radicales´ Alberto Campo Baeza
mayo 24, 2009, 4:26 pm
Filed under: Arquitectura Española, Campo Baeza | Etiquetas: ,

El creador del aclamado ´Cubo´ y centro cultural de CajaGranada, el mismo que aún se sonroja cuando le elogian, lamenta que los “mediocres dominen el mundo”

MIRIAM MILLÁN Architettura sine luce, nulla architettura est´. Es el particular axioma de Campo Baeza, su verdad evidente, la única que no admite réplica. Porque la luz quiere a Alberto, por eso le busca, se deja seducir por él, permite que la use a su antojo hasta hacerla protagonista de todo. Ahora y siempre. Porque la luz exige estar en su vida y obra, inundando espacios, guiñando un ojo a los matices, renegando de la vulgaridad a través de la simpleza, “pinzando el corazón” de cuantos caminan por patios blancos que recuperan la memoria y entre columnas de Macael que acallan bocas a golpe de asombro.

No le ha ido mal. Fue un acierto elegirla como herramienta de trabajo y manual de instrucciones. Lo dice la suma de admiradores y detractores que le hacen grande, que igual le obligan a sonrojarse con un elogio que a tomar impulso con todas sus ganas para seguir creciendo, innovando, interpretando la historia hasta reinventarla en líneas depuradas.

Ni metódico ni maniático, sino honesto y amante de la belleza como “esplendor de la verdad”, prefiere lo poco a lo mucho. Se queda con la sonrisa y la carcajada. Como en el cuento, oye, ve y calla. Así define a su rutina, ésa en la que dice rodearse de gente mejor que él para luego, entre todos, obrar creaciones que trasciendan a su creador.

Y mientras espera sentado a la hoja del calendario que feche la muerte de la mediocridad como sinónimo de poder, le concede a sus oídos el placer de escuchar a Philip Glass, Stravinsky o Falla. Y mientras mira al cielo para que su vista no se tropiece con construcciones “inmorales”, se recrea en la luz de Cádiz, en las alegrías que le da Granada a cada instante, en la imagen de un ´Cubo´ que es lo más parecido a un “hijo inteligente, bueno y, encima, guapo”. Y mientras recuenta los libros que anegan su casa o salta de avión en avión para sentar cátedra en las mejores universidades, confiesa que con el buen vino “pierde el sentido”. ´In vino veritas´.

– Enhorabuena por el recién inaugurado y aclamado centro cultural. ¿Pensaba que Granada iba a terminar dándole tantas alegrías?
– Granada siempre me ha dado muchas alegrías desde mi primera visita como estudiante hace ya tantos años, cuando paseé por la Alhambra de noche con la única compañía de la luz de la luna llena.

– ¿Qué nuevas sensaciones le ha regalado el proyecto del Museo de la Memoria de Andalucía? ¿Ha revivido de nuevo la ilusión del ´Cubo´?
– Sí las he vuelto a revivir, aunque he de decir que el ´Cubo´ posee la virtud de seguir pinzándome el corazón cada vez que entro al espacio central del edificio. Pero el museo también me arrebata cuando pongo los pies en su patio blanco tan lleno de luz.

– ¿Cuál es el mejor piropo que pueden echarle a esta obra?
– Alguien me ha dicho que permanecerá en la memoria, en la historia. Ya me gustaría a mí.

– ¿Se sigue sonrojando cuando lo elogian o ha de admitir que el ego le sonríe cuando observa desde fuera su creación arquitectónica?
– Afortunadamente, me sigo sonrojando cuando me elogian. Pero para compensar esas alabanzas están los ataques, que son un complemento necesario. Y al observar desde fuera la obra del centro cultural tengo la misma sensación que te produce cuando un hijo te sale bien. En este caso, además de muy inteligente y muy bueno, también me ha salido muy guapo.

– ¿Le da la razón a quienes le alaban por el ´uso´ inteligente que hace de materiales aparentemente feos y toscos como el hormigón?
– No. Porque el hormigón armado, fuerte y rotundo, tal y como se contempla en el ´Cubo´ y en el museo es un material hermosísimo y potente. No es ni tosco ni feo.

– Jamás se prestaría a construirle una a casa a…
– Si lo dijera provocaría jaleo, así que prefiero no pronunciar nombre alguno.

– Pues háblenos de su casa, ¿en cuánto y cómo se parece a Campo Baeza?
– En mi casa hay pocos objetos, pero útiles y hermosos. Se pueden ver muchos, muchísimos libros y también botellas de vino estupendo que me regalan y que además de ser el mejor camino para la verdad son unos sujetalibros perfectos. En realidad, soy muy poco exigente con mis cosas. Quizás mi hogar se parezca a Campo Baeza porque tiene un cierto desaliño.

– ¿Por qué busca siempre referentes arquitectónicos en grandes obras de la historia? ¿El vanguardismo puro y duro no existe?
– Lo hago porque la arquitectura más avanzada, más moderna, más de nuestro tercer milenio, no sale de la nada, más bien tiene raíces profundas. Creo que beber de la historia es imprescindible y no para copiar, sino para no inventar lo que ya está inventado. Para poder avanzar es necesario tener un pie suspendido en el aire y el otro apoyado fuertemente en el suelo para tomar impulso.

– La crisis, en especial, la del ´ladrillo´, ¿servirá para quitarse de un plumazo a todos los arquitectos mediocres?
– Ojalá, entre otras cosas, porque la crisis es muy fácilmente explicable en clave de todos éstos, tantos, que se han forrado y ahora se quejan. Los mediocres, no sólo en arquitectura sino en todos los campos, dominan el mundo. Pero hay que resistir.

– ¿Le parece inmoral la arquitectura residencial?
– Me parece inmoral que en estos pocos últimos años se haya levantado un ingente volumen de bazofia con un bien de primera necesidad como es la vivienda colectiva y social. No tiene usted más que acudir al extrarradio de nuestras ciudades para comprobarlo. Habría mucho que hablar en este sentido.

– Las ciudades fueron de sus habitantes. Ahora compiten en una liga global. ¿Qué ha hecho Campo Baeza por conservar la ciudad como ámbito habitable?
– No me dejan hacer casi nada. A los arquitectos radicales y honestos nos tienen miedos los ayuntamientos. A pesar de eso, uno resiste e intenta hacerlo lo mejor que puede.

– ¿Granada es rancia e inculta desde la óptica arquitectónica?
– No, para nada. ¿Cómo podría alguien decir eso de una ciudad que ha levantado la Alhambra y la Catedral?

– ¿Está todo inventado en arquitectura?
– Afortunadamente no, de lo contrario me dedicaría a la agricultura.

– ¿Quién o qué hay detrás de un gran arquitecto?
– Las personas, la razón, el pensamiento, el trabajo y el tiempo.

– Dicen que se crea y construye como se es. ¿Cómo es Alberto?
– Es que no se construye así. Creo que la creación tiene que superar y termina superando a su creador. Ésa es, precisamente, la maravilla, el poder hacer algo que le trascienda a uno. Lo explica muy bien en este sentido Stefan Zweig en ´El misterio de la creación artística´, que es un texto maravilloso y una lectura imprescindible.

– ¿Qué cimenta su vida?
– La fe.

– ¿Alguna vez se ha sentido tentado a ´empezar la casa por el tejado´?
– Nunca. Eso es de locos.

– ¿Qué edificio hace que le duela la vista cada vez que lo contempla?
– Me duele cuando observo a muchos. Pero entonces miro al cielo, que siempre está ahí. El cielo físico, el del sol y las nubes, el cielo azul y el de la luna y las estrellas.

– ¿Qué le conquista los sentidos a un amante y trabajador de la belleza?
– Con el vino pierdo el sentido, ya sabe, ´in vino veritas´. En cambio, los amigos dicen que con el pacharán lo pierdo todavía más. Y en Cádiz me dejo conquistar por una manzanilla o un solerita.

– ¿Y qué es la belleza según el manual de Campo Baeza?
– El esplendor de la verdad. Lo decía Platón, lo repetía San Agustín y yo se lo repito insistentemente a mis alumnos.

– ¿Cuál es el capricho más caro que se ha dado?
– Nunca me he dado un capricho caro. Disfruto mucho con muy poco.

– ¿Qué requisito imprescindible exige a quienes trabajan con usted?
– Que sean mejores que yo. Y lo son.

– ¿Qué vistas imagina para un futuro proyecto?
– La del mar que se contempla desde lo alto del pueblo gaditano de Conil.

– ¿Con qué edificio fantasea cada vez que sueña despierto?
– Sueño despierto con otras cosas.

– Rematemos con el paladar, ¿qué plato y vino elegiría para un almuerzo con amigos en el restaurante del centro cultural?
– El plato que me sugiriera Juan Luis Álvarez, dueño del restaurante Sevilla y uno de los mejores restauradores del mundo. En cuanto al vino, uno andaluz. Aunque sé que no es muy ortodoxo, me gusta comer con manzanilla de Sanlúcar.

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