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La arquitectura de la luz solar
abril 3, 2009, 4:02 pm
Filed under: Arquitectura Mexicana, Clarin | Etiquetas: ,

El arquitecto y crítico catalán Miquel Adrià reflexiona sobre las principales obras mexicanas contemporáneas. Un lenguaje nacional dominado por un singular uso de la luz y la geometría.



por Elena Peralta.
eperalta@clarin.com

Un territorio gobernado por el sol, una cultura rica en contrastes y un manejo ancestral de la geometría. El mix, puesto sobre un tablero, entrega una arquitectura singular, dominada por la luz y con cada vez mayor proyección internacional. La nueva arquitectura mexicana se abre al mundo sin olvidar sus raíces. Miquel Adrià, arquitecto y crítico catalán radicado hace más de una década en México y director de la revista Arquine, analizó para ARQ las principales tendencias de la arquitectura azteca contemporánea.Para explicar las vanguardias de hoy, la referencia obligada hay que buscarla más de medio siglo atrás. Adrià asegura que buena parte de lo que es la arquitectura mexicana contemporánea retoma el camino trazado por Luis Barragán, Pritzker en 1980 y padre de la modernidad mexicana, en la década del 30 inició la búsqueda de “un estilo mexicano universal”, cuyos trazos se pueden rastrear en las nuevas generaciones.

“Habitualmente se identifica a la arquitectura de Barragán con el color -dice- pero uno de los aspectos más notables de sus trabajos está conectado con la luz. El color, en sus obras, tiene que ver con la capacidad para teñir la luz, para iluminar los espacios con luces previamente tratadas. Es parte de un mecanismo para generar cierta ilusión óptica “. Para Adrià es en ese protagonismo de la luz en donde hay que buscar hoy el camino de sus compatriotas.Podría decirse que la centralidad del sol en los proyectos mexicanos es topográfica. En un país casi sin sombras no aprovechar la luz natural sería un pecado, pero el catalán asegura que el recurso tiene más que ver con el ADN nacional que con cualquier necesidad funcional. Y para el caso cita un ejemplo singular: la Embajada Mexicana en Berlín, realizada por Teodoro González de León y Francisco Serrano, un ascético juego de volúmenes de hormigón.

La Embajada podría ubicarse en la siesta recalcitrante de Guadalajara o Monterrey, pero está en una ciudad donde el sol es casi una ilusión. Un inmenso atrio vidriado y la multiplicidad de rajas de la fachada tratan de integrar el escaso sol berlinés al edificio.La dupla González de León y Serrano también es autora, junto a Carlos Tejeda, de un edificio paradigma de la arquitectura abstracta mexicana: las torres Arcos, en Santa Fe, el distrito financiero del DF. La obra es un buen ejemplo de otra característica nacional: el desapego por la función. “Son oficinas, pero una parte terminó siendo un hotel. La función, en este caso, fue irrelevante a la hora de pensar la forma”.

Las torres forman un arco de concreto y vidrio, una especie de marco urbano que recorta la ciudad con fuerte voluntad icónica. “Es una secuencia de espacios cargados de gran ambivalencia y una contundencia casi totémica, otra condición muy común en la arquitectura mexicana de todos los tiemposa Terminal 2 del Aeropuerto Benito Juárez. La propuesta vuelve a apelar a la luz como protagonista central. El edificio, en forma de V, tiene al hormigón como material casi exclusivo”.
Una secuencia equidistante de cilindros perforados dejan entrar luz en el interior. “La iluminación genera una multiplicidad de espacios sumamente abstractos en los que casi se pierde noción de los planos verticales y horizontales”, explica el catalán.

Proyectos de exportación

Ricardo Legorreta es quizás uno de los nombres más citados a la hora de pensar en proyectos mexicanos fuera de la República. Cabeza de la corriente que reclama con mayor legitimidad la herencia de Barragán explota, según Adrià, ” lo mexicano como adjetivo y lo hace apelando a los muros ciegos, al color y al tratamiento plástico de las obras”.Legorreta repite la fórmula en geografías tan diferentes como El Cairo, Madrid, Jerusalén, Los Angeles o San Pablo. En el pabellón de la Expo Hannover 2000 consigue generar distintos ambientes a través de la luz. En una caja revestida por una piel de cristal, una serie de patios remite a lo colonial pero en una envoltura propia del siglo XXI enclavada una cultura tan ajena como la alemana.Esa misma tradición es retomada en la Escuela de Negocios de Monterrey, en donde una estructura curva con una torre en tensión permanente con los cerros. “Legorreta toma a la arquitectura como un elemento capaz de dialogar con el paisaje”, dice Adrià. En ese sentido apuesta todos los recursos desde el color terracota, hasta la disposición interna, organizada como las antiguas misiones españolas en la región.

La nueva ola

Y la escena sigue renovándose. Toda una generación que hoy orilla desde los treinta hasta los cuarenta y pico se abre paso dentro y fuera de México. En esta camada se inscriben nombres como Enrique Norten, Bernardo Gómez Pimienta, Fernando Romero o el propio Adrià.
Los dos primeros, conformando TEN Arquitectos, se llevaron el premio Mihes Van der Rohe para Latinoamérica con el edificio de servicios de Televisa. “En una forma contundente, de cilindro acostado, se juntan desde un estudio de abogados y consultorios médicos hasta las oficinas de la cadena de TV”, dice Adrià. Otra vez aparece la multifuncionalidad como una característica fundamental de la obra mexicana.TEN ensaya la misma abstracción de forma y contenido en el Hotel Habita. Norten y Gómez Pimienta cubrieron la estructura de un edificio de departamentos con una envolvente vidriada. “El aspecto contemporáneo de la obra retoma una tradición olvidada en el DF: la apropiación de las azoteas”, agrega Adrià.

En 2006 Bernardo Gómez Pimienta junto con Julio Amezcúa, Francisco Pardo y Hugo Sánchez, emprendió la construcción de Ave Fénix, la estación central de bomberos de la ciudad de México.
Un caja cromada con rajas verticales contiene la central de bomberos y un centro cultural. El aspecto frío del exterior cambia radicalmente apenas se pasa la puerta. A través de un juego de iluminación, Gómez Pimienta convierte el interior del edificio en una metáfora de su uso: las luces tiñen paredes de rojo furioso. El mismo Adrià sigue el camino de la luz en sus obras. Una serie de parasoles de colores se adueñan de la fachada del edificio Tlaxcala, proyectado por el catalán junto con Isaac Broid y Michel Rojkind. La transparencia también es el leit motiv del edificio Eneo: una caja de cristal que contiene una escuela de enfermería.

Con apenas 37 años, Fernando Romero es otro talento de exportación. Formado en la oficina de Rem Koolhaas terminó siendo jefe de proyecto de la Casa de la Música en Oporto, Portugal.
El nombre de su estudio da cuenta de su forma de pensar la arquitectura. Sus oficinas se llaman Laboratorio de la Ciudad de México. Dueño de un intenso diálogo con el entorno, Romero hace una adecuación muy interesante de un edificio de los 80 para convertirlo en el Banco de Inversión de Mexico. Nada indica especificamente la función del edificio, situado en el Paseo de la Reforma, una de las avenidas con mayor circulación del DF. “¿Para qué contaminar la ciudad con más información?”, se pregunta Adrià. Para la envolvente, Romero eligió una piel que se va transformando por efecto de la luz. “La obra da la sensación de estar construyendo continuamente un espacio nuevo, seduciendo a los conductores”.

Uno de sus últimos proyectos, el Museo de Arte Soumaya, en el DF, está dispuesto a romper con toda tradición. El edificio emerge desde el suelo como un gran contenedor de arte. El programa se desarrolla verticalmente. El último de sus cinco niveles está bañado de luz natural que se filtra a través de un domo.En una arquitectura dominada por la luz, Adrià da un ejemplo, el de la Escuela de Invidentes de Mauricio Rocha, que se destaca justamente por apelar a sensaciones que escapan de lo visual.”Desde la mitad del siglo XX la arquitectura se transformó en una disciplina casi exclusivamente visual, Rocha hace un ejercicio muy interesante de retomar valores perceptibles desde otros sentidos, como el uso del agua o los olores, a través de ciertas plantas como los naranjos”.

Alberto Kalach es el autor de la biblioteca José Vasconcelos, un edificio controvertido en el DF. Kalach plantea la obra como un gran gusano de más de 250 metros de largo, que trata de aunar la condición de biblioteca, jardín botánico y edificio.”La naturaleza -dice Adrià- prima por encima de la condición contextual. Todo es una construcción de pórticos repetibles, iguales, de acero revestido de concreto que permite el paso de luz natural al interior”.Alberto Salas vuelve sobre la figura de un cilindro. En este caso para un centro de fabricación de lentes de alta precisión, en Baja California. “Los ingenieros que trabajan en la fábrica necesitan la mejor iluminación posible, que sigue siendo la solar”, aclara el catalán. El edificio es un gran tuvo envuelto en escamas que filtran el sol según la hora del día. “Se comporta como una máquina que permite entrar la máxima luz posible sin que los rayos solares tengan incidencia en el interior”, remata Adriá. Un laboratorio de luz que resume el ADN de la arquitectura mexicana.

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