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La arquitectura del veraneo
marzo 18, 2009, 3:35 am
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Del hotel Negresco de Niza al hotel Cap sa Sal de Begur, una exposición en el Colegio de Arquitectos revisa la arquitectura turística entre 1900 y 1965

CATALINA SERRA – Barcelona – 11/03/2009

Desde la casi decimonónica Barcelona, perla del Mediterráneo a la actual Vicky, Cristina, Barcelona, el cine ha sido un aliado incontestable del turismo, la gran industria del país, al igual que lo fueron el ferrocarril y el avión y, por supuesto, las vacaciones pagadas. En sus inicios, además, el cine casi sustituyó al viaje. Entre 1909 y 1912, en Barcelona funcionaba una curiosa atracción consistente en que los espectadores se subían a un tranvía parado, situado en un apeadero simulado en Gran Via entre paseo de Gràcia y Rambla de Catalunya, desde el que se proyectaba una película que les permitía visitar alguna ciudad lejana. Para este cine, ideado por un tal George C. Hale, se rodó Barcelona en tranvía, todo un documento histórico de cómo era la ciudad en 1909. Un año antes, curiosamente, se había fundado la Sociedad de Atracción de Forasteros (SAF), dedicada a promocionar la ciudad como destino turístico. Tanto la maqueta reconstruida de aquel legendario Metropolitan cinemaway, cuyo solar ocupa hoy un hotel, como una muestra de las revistas promocionales de la SAF pueden verse al inicio de la exposición La arquitectura del turismo, que hasta el 15 de abril se presenta en la sede del Colegio de Arquitectos de Cataluña.

Aunque el cine tiene un gran protagonismo en la exposición y las revistas permiten mostrar el contexto político y social de un fenómeno que condicionó incluso la red de carreteras españolas, diseñada directamente desde el Patronato Nacional de Turismo, la exposición se centra en la arquitectura turística o vacacional que se desarrolló en la costa mediterránea, desde Marsella a Tarragona incluyendo las Baleares, entre 1900 y 1965.

Los hoteles y residencias para la alta burguesía europea de principios de siglo, los primeros “turistas”, se ejemplifican con edificios como el hotel Negresco de Niza, diseñado por Édouard Niermans en 1910 en lo que se denomina “el estilo Ritz”, o en la urbanización de S’Agaró diseñada por Rafael Masó en 1923. Pero el grueso de la exposición se centra en los proyectos que enlazan directamente con los postulados del racionalismo, que vio en la incipiente arquitectura vacacional un magnífico campo de ensayo de sus propuestas formales. Y es que, en la década de 1920, pese a no existir las vacaciones pagadas, algunos arquitectos tenían ya la conciencia de que el veraneo era sano y deseable también para las clases populares, por lo que había que encontrar soluciones arquitectónicas para hacerlo posible y barato.

Y uno de los ejemplos más claros fue la famosa Ciutat del Repòs i les Vacances, que diseñó en 1933 el GATCPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea). La exposición exhibe por primera vez todos los paneles de este proyecto que preveía situar esta ciudad del ocio obrero entre Gavà y Castelldefels y que incluía el diseño de casitas desmontables, hoteles, sanatorios, instalaciones deportivas, cines al aire libre… No llegó a hacerse, pero ha quedado como uno de los grandes hitos del turismo social.

Enlaza con varios dibujos de proyectos de conjuntos vacacionales realizados de Le Corbusier a finales de los años cuarenta. Y estos dan paso a la maqueta e imágenes del proyecto de urbanización y hotel de Torre Valentina en Sant Antoni de Calonge, diseñado por Josep Antoni Coderch en 1959 y que no llegó a construirse.

“Coderch era muy crítico con Le Corbusier, pero éste había hecho un cambio a finales de los años cuarenta y su arquitectura se había vuelto más paisajista, incorporando también elementos tradicionales como la bóveda a la catalana o un sistema de urbanización de acuerdo con el entorno que de alguna manera prefiguran todo lo que vino después”, señala Fernando Marzà, comisario de la exposición y gran conocedor de Le Corbusier. Su sombra planea también sobre la estación baldearia de Barcarès-Leucate, de Georges Candilis, uno de los arquitectos que más pensó sobre el tema, o incluso en la Ciudad Blanca de Alcúdia (Mallorca), diseñada en 1961 por Sáenz de Oíza.

Para Marzà, hacia 1965 se habían definido ya las dos grandes líneas por las que transcurriría la arquitectura vacacional. Por una parte, las torres verticales, que en general la exposición rehuye ya que tuvieron mayor desarrollo en los años setenta (destaca el caso de Benidorm), aunque hay ejemplos de impacto como el hotel Cap sa Sal de Begur, de 1955. Y, por otra, la construcción en forma de poblado como el de Binibeca (Menorca), diseñado en 1966 por Barba Corsini. Otros ejemplos como el Club Med de Cadaqués y el camping La Ballena Alegre de Viladecans sirven para mostrar otros conjuntos vacacionales que Marzà reivindica como intentos valientes de aportar racionalidad a las necesidades de un turismo que era cada vez más masivo, pero aún no era de masas.

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