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Vicente Guallart: ´La arquitectura del futuro formará parte del mundo natural´
julio 7, 2008, 3:03 am
Filed under: Guallard

Esta semana se puso la primera piedra de Sociópolis, un proyecto lanzado por este arquitecto y urbanista valenciano que también trabaja en Dubai y Taiwan y propuso “reconstruir” la cantera desaparecida de Dénia para crear un espacio social.

LA GALERÍA DE J. R. SEGUÍ Dicen de usted que es un arquitecto atípico.
-Soy alguien que trata de conectar con la realidad en la que vive y que considera que la misión del arquitecto es crear interfaces con las que relacionarse con el mundo mucho más que construir edificios.Tengo una formación muy diversa y así es mi trabajo y mis campos de interés. Quizás desde el punto de vista comercial sea negativo, pero hoy en día hacen falta personas que tengan una visión transversal del mundo. Los arquitectos que me interesan son aquellos capaces, al mismo tiempo, de construir una ciudad o diseñar un mueble.
-¿La arquitectura tiene límites?
-Lo bueno de la arquitectura es que, finalmente, es el reflejo de la sociedad y materializa deseos de su época. Los retos que plantea el siglo XXI son distintos a los del XX en cuyos comienzos nadie imaginó que la naturaleza sería algo importante para la habitabilidad. Todo el planeta debe ser objeto de proyecto. La arquitectura del siglo XXI formará parte del mundo natural. Tenemos que aprender más de los materiales, de la naturaleza y a los edificios les hemos de pedir más, como por ejemplo que generen la energía que consumen, reciclen sus aguas y puedan transformarse.
-¿De verdad cree que la arquitectura es reflejo de la sociedad que la habita y no del arquitecto?
-El arquitecto es un mediador.
-¿Y si es un político el que realiza el encargo es su reflejo?
-Detrás de las transformaciones importantes de las ciudades tiene que existir un liderazgo. Históricamente fueron reyes y ahora la democracia hace que sean políticos. Sin embargo, lo que es importante es aquello que trasciende a los arquitectos y a los políticos, lo que la sociedad hace suyo. Estoy más a favor de la arquitectura como trabajo sistémico y no icónico si sólo sirve para justificar un sistema malo.
-Aún así, toda ciudad quiere su icono y cada gobernante dejar su impronta, por tanto las ciudades se convierten en caprichos llenos de iconos y en ese juego participa el arquitecto. Y no sé si existe suficiente cultura política capaz de crear ciudades
-Creo que le damos demasiada importancia a los políticos. Lo que faltan son líderes. En mi caso me siento identificado con la sociedad civil y en su capacidad de transformarse. El siglo XXI gracias a sus redes de información nos demostrará que el político también es reflejo de su sociedad aunque la sociedad sea la que ejerza el liderazgo.
-¿Qué es la ciudad perfecta?
-Creo que no existe. Las ciudades están siempre en construcción aunque queden vestigios buenos. Ahora tenemos la suerte de conocer más y eso nos permite comprobar la diversidad.
-Pues cambiemos la pregunta ¿Cómo sería la ciudad ideal?
-Está todavía por hacer. Una ciudad es como un bosque. Hace años París era una ciudad fantástica y hoy la vemos decadente. No me identifico con las ciudades sino con los lugares.
-¿Los edificios singulares pueden ser capaces de construir por sí mismos ciudades?
-Es una manera de contar la historia que de alguna manera se demostrará equivocada. 
-Pero ustedes lo intentan e incluso hasta algunos quieren ser la vedette del paisaje.
-En muchos lugares del mundo se empieza a reconocer que la arquitectura icónica está en declive. Me interesa el arquitecto como aquel profesional capaz de canalizar energías, que sabe materializarlas y es capaz de conseguir que emerjan cosas. Hemos visto mucha arquitectura relacionada con la moda y como la propia moda acaba pasando. Las ciudades más inteligentes son las que tiene un buen guión.
- Lo decia también por la influencia del dinero porque con dinero cualquier idea, cualquier locura o genialidad parece realizable o incluso lo es.
-También es verdad que hacer edificios icónicos pueden marcar un futuro. La torre Eiffel lo fue y lo sigue siendo. Yo me creo los iconos conectados que hacen ciudad y no son objetos aislados. La mejor manera de ver si un icono es bueno es observar la ciudad que se ha construido al mismo tiempo en torno a él. Yo hablaría de momentos y en la actualidad me resulta muy interesante Tokio.
-¿Qué es arquitectura buena, la que hace la vida del hombre más cómoda y habitable?
-Sí y aquella que estimula a las personas que la habitan y también la que es inteligente, autosuficiente y limpia y que se conecta con la naturaleza. Hoy en día se utiliza la palabra sostenibilidad para justificar unas pistas de esquí frente al mediterráneo. Y no es éso. En el Siglo XXI la arquitectura tiene que interactuar con el medio, pero a partir de sistema limpios y naturales. Estamos pasando por un momento de refundación de las ciudades. Cuando una ciudad ya no puede crecer más ha de volver a sus valores geográficos y son los que hay que poner en valor
-Será el único español presente en el pabellón de Arquitectura de la Bienal de Venecia y va a titular su instalación «¿Puede el planeta resistir otro siglo XX?» ¡Menudo lema!
-El proyecto está basado en la idea de que básicamente construimos ciudades porque no queremos vivir desnudos de la naturaleza y durante siglos hemos estado construyendo estructuras para la habitabilidad. El crecimiento del planeta ha hecho que pongamos en balance nuestro equilibrio con todo el sistema. La única manera de poder abordar la habitabilidad en el mundo es con un sistema más eficaz que es la naturaleza
-Hábleme de Sociópolis un proyecto que en un principio parecía utópico y desde esta semana comienza a ser realidad.
-Sociópolis es un nuevo barrio en La Torre que plantea muchas cosas y se sitúa en un lugar que parecía no ser Valencia. Lo importante del proyecto es mostrar que somos capaces de proyectar simultáneamente la escala del barrio, el diseño del espacio público y ver qué tipo de viviendas hay que construir. La vivienda es sólo un proyecto de habitabilidad, pero no el objetivo final. Muchas veces se confunde el desarrollo urbano con construir viviendas. Hace cien años existían lavanderías en los centros de los pueblos y eran lugares de sociabilidad. Una lavadora, hoy, ha suprimido el espacio social. De lo que tratamos en Sociópolis es de integrar en el barrio todas aquellas funciones que el ser humano necesita, desde el deporte hasta espacios verdes o apostar por la recuperación de estructuras agrícolas.
-También ha planteado un proyecto en Gandia muy parecido pero a una escala menor que es la construcción de un edificio universitario donde las viviendas son de 36 metros cuadrados, sólo para la intimidad, y todo el resto espacios compartidos.
-Ese proyecto nace de la idea de tratar de llevar el mundo digital al físico. Al igual que la gente comparte por internet música o archivos pensamos que por qué no poder compartir espacios físicos. En Gandia con 45 metros vamos a destinar 36 metros a espacio privado, 62 metros compartidos con 12 personas donde puede estar el salón y luego hay 300 metros en la planta baja para la biblioteca y el resto de equipamientos comunes. Pagas por 45 pero disfrutas 408.
-¿Cree que la sociedad está preparada para esa vida en común que plantea?
-Absolutamente.  Lo que han hecho siempre los jóvenes es vivir compartiendo pisos. Los jóvenes de hoy en día han nacido y se han desarrollando enviándose email, compartiendo archivos con gente que no conoce de nada… Ese potencial hemos de saber canalizarlo. También son una parte de la sociedad más sensible al medio ambiente.
-Está trabajando en Qatar donde ha creado el diseño de iluminación del frente marítimo de Doha y en Taiwan, con la creación de dos áreas turísticas en antiguos puertos pesqueros. Son mentalidades muy distintas y sociedades opuestas.
-En  España llevamos muchos años de tecnología turística que no ha sabido generar una manera de situarse frente al territorio. A nosotros nos seleccionaron para Taiwan porque querían importar cultura mediterránea para generar un tipo de turismo. Después del desarrollo cuantitativo, como ocurrió en España, pasamos al cualitativo. Esto es lo que también sucede en Doha o en otros países árabes en los que se han dado cuenta de que tienen que aprender de la urbanidad de Europa y de su potencial turístico.
-Pero el desarrollo urbanístico costero en España da miedo y sobre él parece no existir control alguno.
-Dubai es un país que ha descubierto un potencial. Y por eso gente que antes invertía o ahora podría hacerlo en España está efectuándolo allí, lo cual me parece insólito porque la calidad de vida aquí es superior. El reto que nos debemos plantear en España es cómo hacer posible que la economía continúe desarrollándose sin destruir aquello que hace la economía posible. Es un reto complicado, tanto para ciudades turísticas como consolidadas. La pregunta es qué tanto por ciento de nuestro patrimonio estamos dispuestos a perder a cambio de qué tanto por ciento de desarrollo económico queremos. En la costa mediterránea estas dos cuestiones no se han puesto en valor y se ha optado por la simple economía.
-¿Vamos camino del desastre?
-En parte puede conducir al desastre pero también hay lugares con un potencial de desarrollo que hay que abordar. No sería crítico de forma global respecto al hecho de si Valencia se ha de desarrollar sino del cómo debe hacerlo
-Ya tiene la pregunta.
-La cultura, el paisaje, la tradición… este es un lugar recorrido por muchas culturas. Todo ello nos da unos valores antropológicos increíbles que hay que ponerlo en valor aunque también hay que tener mucho cuidado porque ciudades como Barcelona están atrayendo a un turismo de muy bajo nivel que sería lo peor que le puede pasar a Valencia.
-Baje a la práctica ¿Cómo desarrollaría con su teoría una ciudad cómo Valencia?
-Valencia es la tierra de las flores, luz y color. Y no lo digo de forma irónica. Hay cosas que no se pueden pagar con dinero y esta sociedad lo tiene y se ha de poner en valor: el paisaje de la huerta, el color de naranjos, la arquitectura gótica.
-Pero eso es lo primero que el llamado progreso deja de lado.
-Las ciudades no puede surgir por imitación. Los liderazgos hay que demostrarlos inventando nuevas realidades. Valencia podrá ser una ciudad líder si es capaz de inventarse cosas.
-¿Valencia es una ciudad que se está construyendo bien?
-Como todas las ciudades tiene lugares buenos y malos. La ronda nueva es fantástica y será muy importante para el futuro, como también la ciudad que se va a comenzar a construir tras la Copa del América. Más de uno se ha dado cuenta de que el mundo ha mirado a Valencia. Así que cada metro cuadrado que se haga se debe hacer muy bien. Este es el reto. La huerta es un elemento a integrar porque no se puede pagar con dinero. El día que no exista nos daremos cuenta de lo que hemos perdido. Las ciudades más inteligentes son aquellas capaces de transformarse guardando su interior.
-¿Cómo se le ocurrió la idea de reconstruir la cantera de Denia para crear un centro de actividad social?
-Es un cúmulo de circunstancias. Denia es una población que está perdiendo comercio. Estudiamos cómo la arquitectura podría aprender de la naturaleza. La mejor manera de conservar el patrimonio es aumentarlo y por ello llegamos a la conclusión de que debíamos ser capaces de hacer un edificio que se confundiera con el paisaje de una cantera desaparecida. No fue un ejercicio de esnobismo. Al contrario y estoy convencido de que se hará porque ahora la gente comienza a pedirlo.
-¿Es positivo que una ciudad esté en manos de un único arquitecto? Y no pretendo que personalice.
-Desde un punto de vista ecológico no es bueno que sólo haya leones en la selva sino diversidad animal porque cuantos más existan será mejor. Tiene que haber un equilibrio entre lo público y lo privado. Insisto en que lo importante son los liderazgos.
-¿Koolhaas, Foster o Calatrava?
-Hoy en día me interesan los clásicos y los arquitectos siempre hacen unos proyectos mejores que otros.
-¿La firma de un arquitecto ha de ser como la de una artista, identificable, como cuando se ve un Picasso?
-Los arquitectos tiene personalidad y la transmiten. El problema es cuando se convierten en franquicia de sí mismos.
-Y hoy vende la franquicia
-En muchas ocasiones sí, pero en otras muchas más, no. Creo que en el futuro más próximo las ciudades van a dejar de apostar por las franquicias y lo van a hacer por el valor de lo auténtico.

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