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"Los plazos de la arquitectura no son los de la política"
febrero 2, 2008, 4:34 pm
Filed under: Eisenman, Entrevista, Pais, ZABALBEASCOA

ENTREVISTA: PETER EISENMAN Arquitecto de la Cidade da Cultura

ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid – 01/02/2008

El autor se muestra entusiasmado, “incluida la lucha política”, con su proyecto del monte Gaiás. Asegura que ya es un éxito internacional y que los dirigentes, pendientes de su “plazo” de cuatro años, “lo comprenderán cuando se calmen”

El arquitecto Peter Eisenman (Newark, 1932), autor de la polémica Cidade da Cultura, visita España por segunda vez en un par de meses. Primero estuvo en Santiago, donde compareció ante la comisión parlamentaria que investigó la gestión del proyecto, y esta vez en Madrid, donde dio una provocadora conferencia durante el 4º Congreso Europeo de Investigación Arquitectónica y Urbana. En los dos lugares defendió lo mismo: que la Cidade pondrá a Galicia en el siglo XXI.

¿Después de años de escritos ha resultado que la arquitectura tenía más que ver con la política que con el pensamiento?

Respuesta. La Cidade da Cultura se ha convertido en un proyecto claramente político porque los plazos de la arquitectura no son los de la política. Los edificios necesitan diez años y los políticos se mueven de cuatro en cuatro.

P. ¿Los problemas de la Cidade da Cultura han sido políticos, no de aumento de presupuesto?

R. Cuando empecé dejé claro que el proyecto era para Galicia. Ni para el PP ni para el PSOE ni para el Bloque. Igual que el memorial en Berlín es para todos, judíos y no judíos. Pero es inevitable que la arquitectura se convierta en política.

P. ¿El proyecto era para Galicia o para Manuel Fraga?

R. Manuel Fraga tiene una personalidad extraordinaria. Durante sus 18 años en el poder ha actuado con una gran visión para modernizar Galicia: carreteras, aeropuertos, ha hecho de todo. Y también quiso actualizar la cultura. No se puede vivir sólo de peregrinaciones religiosas. La idea de un centro cultural no tiene nada que ver con el Valle de los Caídos. Fraga quiso llevar la cultura a una región sin una gran ópera, sin una gran biblioteca, sin un gran museo.

P. ¿Necesitaba Galicia un proyecto tan colosal?

R. Las culturas se alimentan de cultura. Y Galicia se beneficiará. La gente de fuera de España no había oído hablar de Bilbao hasta que se construyó el Guggenheim. Lo mismo sucederá con Galicia. La Cidade da Cultura atraerá a muchos visitantes. Uno viene a Madrid a ver el Prado. En Galicia puede animar un nuevo tipo de peregrinaje. Creo que será un éxito.

P. ¿Después de todo lo que ha pasado?

R. Sin duda. Es ya un éxito internacional. Todo el mundo la conoce y está expectante. Ha sido expuesta en el MOMA y en dos Bienales de arquitectura. En el mundo arquitectónico es importante. Tiene la importancia del Getty Center. Cuando los políticos se calmen lo entenderán.

P. ¿En qué fase se encuentra?

R. Vamos a terminar dos de los edificios más importantes que se sumarán a los dos ya concluidos. Hemos terminado ahora el amueblamiento del museo de los niños. Lo hemos diseñado todo nosotros, minuciosamente.

P. ¿Por qué se retrasó la obra y se le apartó de ella?

R. Nunca se han parado las obras. Cambiamos el programa para que reflejara mejor la historia de Galicia, de su gente y su religión. Añadimos también un museo de Arte Internacional para exposiciones temporales.

P. ¿Fraga lo verá?

R. Creo que sí. En dos años estará listo.

P. Iba a ser su trabajo más importante. ¿Se ha convertido en un problema?

R. En absoluto. Adoro el proyecto incluida la lucha política que hemos tenido que padecer. Ser arquitecto y pionero tiene esos riesgos. Pero tengo que decir que cada nuevo político encargado ha tenido claro que debía salvar mi arquitectura. Eso es maravilloso. Y habla muy bien de todos los políticos.

P. Pero el presupuesto ¿no se multiplicó por cuatro?

R. El tamaño del proyecto era, al principio, 50.000 metros cuadrados con una ópera de 5.000. Ahora ocupa el triple de superficie y la ópera seis veces más. Por eso el presupuesto se ha multiplicado por tres. El coste es inferior a la ópera de Calatrava en Valencia. Inferior a la ampliación del Prado de Moneo. Nuestro proyecto es muy complejo. Tiene siete veces la superficie del de Moneo pero sólo tres veces su presupuesto.

P. Es paradójico que alguien subversivo como usted firme su gran proyecto para el establishment conservador.

R. Todavía creo que tengo una energía radical, pero la mayoría de mis clientes han sido ultra conservadores.

P. El arquitecto fascista Giuseppe Terragni, a quien usted ha estudiado muy a fondo, terminó haciendo arquitectura radical para Mussolini.

R. Creo que los dirigentes conservadores corren riesgos arquitectónicos mucho mayores que los progresistas. A la izquierda le preocupa el consenso. Y el consenso arruina la arquitectura. He trabajado para Helmut Kohl en Alemania. Él decía lo quiero así y daba un puñetazo en la mesa. Los conservadores tienen menos miedo a adoptar arquitecturas radicales. Yo no podría trabajar en Suecia. No me interesa plantar florecitas, sino construir una arquitectura radical. Y eso puedo hacerlo en Alemania, en España y hasta en EE UU. Aquí es posible ser radical. Ustedes sufrieron una Guerra Civil.

P. ¿La radicalidad debe ser impuesta?

R. No. La radicalidad de la derecha o de la izquierda está en la forma de ser de un país. El consenso no es radical. El conflicto genera energía y lleva a actuar. Hace dos días, en Nápoles, el rector de la universidad invitó a Ratzinger a hablar. Los estudiantes protestaron. Cerraron la universidad. Y el Papa no pudo ir. ¿Era democrático? Ese debate sólo podía darse en Italia. Ese pulso me interesa. La confrontación produce arquitectura. Estamos en un momento como el de antes de la Revolución Francesa.

P. ¿Vivimos un rococó moderno?

R. Sí. Y habrá una revolución.

P. ¿Augura una revolución formal o religiosa?

R. No puedo predecir, pero estamos incubando una revolución. Los estudiantes lo sienten y lo necesitan. La gente está harta.

P. ¿De qué están hartos? ¿de los bucles, de los pliegues?

R. Los bucles tienen los días contados. Todos estamos hartos de ellos. Creo que como forma y como discurso están muertos.

P. ¿Cree que para conseguir expresión se deben torturar los edificios?

R. En absoluto.

P. ¿Pero sí cree que “la mejor arquitectura debe incomodar en lugar de acomodar”?

R. Me interesa la provocación por una cuestión muy sencilla: estoy en contra de la actitud pasiva. La pasividad nos va a devorar a todo. Cualquier cosa que pueda hacer para que mis estudiantes sean menos pasivos la haré. Por eso digo cosas provocadoras. Y seguiré haciéndolo.

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