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Un rascacielos circular para Madrid
diciembre 9, 2007, 3:44 am
Filed under: Tuñon, ZABALBEASCOA


El Centro de Convenciones contrastará con las cuatro torres de la Castellana

ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid – 09/12/2007

Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla (1959) son madrileños. Emilio creció entre Chamberí y Tetuán, y Luis, en el barrio de Salamanca. Aquí estudiaron y aquí pasaron muchos años, casi 10, metidos en un bajo de El Viso, dibujando para Rafael Moneo proyectos como la estación de Atocha. Tuvieron familia y descendencia antes que estudio independiente. De hecho, eran ya de mediana edad cuando se lanzaron en solitario a participar en concursos.

Fue entonces cuando se notó su experiencia. Y su falta de prisas. Comenzaron a construir por España una ristra de museos en la que, aunque parecía difícil, cada intervención superaba a la anterior: el museo de Zamora, el de Castellón, la Fundación Pedro Barrie de la Maza en Vigo, el Auditorio de León y, por fin, el Musac de esa ciudad. Con ese edificio ganaron, en la primavera pasada, el Premio Mies van der Rohe que concede la Unión Europea al mejor edificio levantado en el continente en los dos últimos años.

Tan alto habían llegado. Y fuera de casa. El futuro de los que para muchos son los mejores proyectistas nacionales está, finalmente, en Madrid. Y puede que el pacto sea recíproco. Una parte del futuro de la capital también parece estar en sus manos. El próximo martes firmarán el contrato para comenzar a diseñar los detalles del rascacielos circular que han proyectado para el final de la Castellana.

El Centro Internacional de Convenciones de Madrid (CICM) tiene muchas papeletas para convertirse en la nueva postal de la capital. Su carácter icónico habla del reto de conversar de tú a tú con cuatro torres colosales sin perder la frescura ni tener que ponerse de puntillas. Lo cuentan desde su nuevo estudio en la calle de los Artistas, una de esas callejas que parece aislada por arte de escala (las edificaciones tienen sólo dos o tres plantas) del bullicio de Cuatro Caminos.

La recalificación de la ciudad deportiva del Real Madrid supuso la construcción de cuatro torres de 70.000 metros cuadrados cada una. Marcó, con cuatro rascacielos, el final de la ciudad. “Pero hay otros 70.000 metros cuadrados, que son los que los madrileños sacan de beneficio”, apunta Tuñón.

El CICM quiere dar una respuesta circular y horizontal a esas torres de la Castellana. “Nos parecía que un edificio público no debía estar a los pies de las torres privadas. Por eso, aunque lo tradicional hubiera sido construir un basamento horizontal frente a las torres verticales, recurrimos a la historia de la ciudad. A la convivencia entre las formas circulares y las torres: las cúpulas y los campanarios, vaya”, señala el arquitecto. Y cita un ejemplo en el que un edificio bajo se puede llegar a comer a otro alto: la iglesia de San Patricio en medio de los rascacielos de la Quinta Avenida de Nueva York. Tuñón considera que “era una oportunidad para hablar de otra manera. El edificio será una marca por fuera y una serie de espacios interiores indefinidos. La arquitectura de congresos es hoy una arquitectura efímera que se reinventa según la necesidad de cada congreso”.

Sostienen Tuñón y Mansilla que la Castellana es el río de Madrid: “Recorre la ciudad y explica su historia. Las fachadas de los edificios se asoman, como caras, a mirar el paseo: el Prado, el edificio Sindicatos, el Thyssen, Bankinter, incluso Azca, desde su condición de bodegón”, enumeran. Y consideran que, al final de ese paseo, la escala es más de paisaje que de urbanismo. “Por eso nuestro edificio le pone cara. De El Escorial a la T-4, dialoga con todos porque será visible desde distancias muy grandes”.

Así, aunque admiten que las cuatro torres y el futuro CICM alterarán el perfil de la ciudad, no les preocupa que su edificio se convierta, o no, en el nuevo icono de Madrid. “Será reconocible, pero creemos que Madrid no necesita una postal. La ciudad vende eficacia y una forma de ser muy abierta. Ésa es la mejor postal”. Entre las nuevas torres, se quedan con la de Repsol, de Norman Foster. “Tiene una estructura parecida a la que planteamos nosotros, con los espacios indefinidos apilados y los núcleos de circulación alejados para despejar el interior”.

El Centro de Convenciones, en la nueva ciudad financiera, no es el único edificio que Tuñón y Mansilla levantan en Madrid. El Museo de las Colecciones Reales, en el delicado centro histórico, ilustra la otra cara de la moneda de este estudio de arquitectura. Y también las dos caras del futuro Madrid. Ya han empezado a construirlo junto al palacio Real, y es lo contrario a los museos, reclamo que se construyen hoy: un pedestal para el palacio y un zócalo para la Almudena. “Lo más importante ya existe, y nuestra labor es hacerlo visible”, explican. Y recuerdan la idea del historiador Simón Marchán de que los arquitectos madrileños se caracterizaban por hacer una obra muy conservadora en Madrid y otra más rompedora cuando trabajaban fuera. “A nosotros se nos ha dado la posibilidad de romper esa imagen. Hemos firmado una obra muy conservadora junto al palacio Real. Y otra rompedora al norte. Cada uno en su sitio”.

Más allá del CICM, un tercer edificio, el futuro Museo de la Automoción Eduardo Barreiros rompe también la imagen conservadora a la que aludía Marchán. “Está en Torrejón de la Calzada, y eso hace posible una actitud más abierta. Será un edificio bastante dramático: un círculo forrado de coches reciclados”, cuentan.

La imagen de una arquitectura sostenible asociada a los coches puede parecer una broma. Pero será la esencia de ese museo: “Nuestro cliente, desguaces La Torre, es la mayor empresa de desguace de Europa. Y ha vivido la paradoja de, sin cambiar, pasar de ser considerada una empresa no limpia a ser vista como una que lo es porque recicla automóviles. Evidentemente, hacer un edificio con coches reciclados en cualquier otra situación no sería sostenible. Pero en la nuestra lo es porque la materia prima, que está a 50 metros, son los coches”, cuentan.

Todas esas caras del nuevo Madrid se están dibujando ya en la calle de los Artistas.

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