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Patxi Mangado: «La colección será la gran protagonista del Museo de Asturias»
febrero 12, 2007, 1:53 pm
Filed under: España, Mangado

El arquitecto navarro se enfrenta al diseño del Bellas Artes sabiendo que debe ser «claro y riguroso, porque toreas tú solo en la plaza»

Pamplona, Pilar RUBIERA, enviada especial de

LA NUEVA ESPAÑA

En una ocasión le preguntaron a Manolete: «Maestro, ¿cómo se torea?». Y respondió: «Se torea como se es». A Patxi Mangado, arquitecto que diseñará el proyecto de ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias, le gustan los símiles taurinos para hablar de arquitectura. «Se hace arquitectura como se es», explica. Y siguiendo con la metáfora y ya en clara referencia al toro que le espera en Oviedo, reflexiona: «Enfrentarte con estos edificios te obliga a ser muy claro y riguroso, toreas tú solo en la plaza».

Viernes tarde. Patxi Mangado, profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, revisa con los alumnos sus proyectos finales. Roba algún tiempo a los estudiantes para atender a LA NUEVA ESPAÑA. En este momento, es uno de los arquitectos españoles de mayor proyección. Su agenda da vértigo. El lunes estuvo en Palma de Mallorca, donde proyecta el Palacio de Congresos; el martes tuvo una reunión en Madrid sobre el pabellón de España en la Exposición Universal de Zaragoza, ciudad a la que viajó el jueves; el miércoles vigiló las obras del auditorio de Ávila. La próxima semana, en la que tal vez viaje a Oviedo, no estará ni un solo día en su estudio de Pamplona, un ático con impresionantes vistas a la Ciudadela y desde el que puede verse el Baluarte, el edificio del Palacio de Congresos y auditorio de Pamplona que marca un antes y un después en su trayectoria. Ha tenido que abrir oficina en Barcelona, ya que tiene varios proyectos en Cataluña, entre ellos la torre de la Caixa, y también trabaja en Madrid.

«Me gusta hacer arquitectura», dice. ¿Y cuando lo consigue? «No siempre es así. Hay tiempo para todo, aunque no tanto como quisiera para mi familia». Patxi Mangado, hombre afable y de respuestas directas, está casado y tiene dos hijos: una niña de 13 años que es campeona de España de doma y un niño de 8. Además, imparte clases. «La enseñanza es algo absolutamente unido a mi condición de arquitecto, no se puede separar. Aprendo mucho más de lo que enseño. No podría hacer la arquitectura que hago si no diera clases. Una de mis mayores alegrías es, como ocurre hoy, analizar los proyectos finales de los alumnos, ver cómo han progresado, eso te da una gran satisfacción».
Oyó hablar por primera vez de la ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias cuando le llamaron unos amigos de la empresa IDOM de Bilbao y Santiago Caicoya, gerente de Sedes, empresa asturiana a la que se le adjudicó la obra y el proyecto. «Entonces estaba haciendo el Museo Arqueológico de Vitoria, al lado de la catedral, en un contexto histórico similar, supongo que les llegaría algún tipo de referencia. El de Asturias es un proyecto muy complejo en el que está embarcado un equipo muy amplio aunque yo sea el que figure».

Mangado aceptó el reto y viajó a Asturias. Le interesaron varios aspectos del encargo: la ubicación del museo, al lado de la Catedral, la importancia de la institución y, cómo no, el problema de arquitectura que plantea unir tantos edificios históricos en uno solo. «He trabajado con total libertad. Sedes me dijo que hiciera lo que considerara mejor y se agradece. Hay algo que tengo muy claro, si uno de mis edificios está mal, la culpa la tengo yo. Pero soy siempre muy positivo y creo que éste será un buen proyecto».

El diseño mantendrá las fachadas de todos los edificios, tanto de los del actual museo como de los de la ampliación. El Palacio de Velarde y la Casa de los Oviedo-Portal conservarán sus estructuras interiores aunque se modificarán los usos. El cambio más notable afectará a los nuevos espacios, ubicados en las calles Rúa y plaza de la Catedral. Una tela metálica de vidrio que actuará como un telón entre el exterior y el interior, el espacio y la luz serán los elementos fundamentales del nuevo edificio, que acogerá las colecciones. «La gran protagonista del proyecto será la colección de arte. Tuve una impresión al visitar el museo y espero no ofender a nadie si la expreso, y es que es una institución poco valorada. Los edificios tienen un planteamiento espacial y estructural rural y la colección, sensacional, no se corresponde con el continente. Es como si los asturianos no se sintieran orgullosos de tener una colección de tanta envergadura, he pensado mucho sobre esto y no sé si forma parte de una visión global. Asturias tiene una gran historia, un paisaje único, un patrimonio potente, parece como si los propios asturianos no lo valoraran. Si Navarra tuviera la colección del Museo de Asturias seríamos los reyes del mambo».

La luz se obtendrá a través de lucernarios en las cubiertas, que quieren recordar a los cimborrios de las catedrales, y el actual museo y el nuevo se comunicarán a través de dos pasarelas luminosas en las que se formará una especie de jardín de cilindros de luz. El nuevo museo contará con dos plantas de sótano. «Los espacios de ahora son de crujías pequeñas, casi domésticos, y muchos de los cuadros necesitan luz y amplitud. Ahora tenemos la oportunidad de crear espacios grandes para que las obras luzcan espectaculares. Las salas me atrevería a decir que serán humildes, otra cosa es que los lugares comunes sean vistosos».

Ha sido la necesidad de ganar esas dimensiones la que ha llevado a Patxi Mangado a trasladar a los nuevos edificios el grueso de la colección. «No voy a tocar ni el palacio de Velarde ni la casa de los Oviedo-Portal, pero ubicaré en esos edificios los servicios, que son elementos fundamentales de un museo».

En el proyecto del arquitecto navarro el actual salón de actos desaparece. Construirá un auditorio en el palacio de Velarde, en el que también se expondrán algunas piezas. El jardín, hoy espacio expositivo de esculturas, acogerá una cafetería-restaurante. «Un museo tiene que ser, además de una institución científica y rigurosa, un centro vivo y divulgativo».

Mangado considera que el cliente cumple un papel «fundamental y extraordinario» en el proyecto. «Tiene que saber lo que necesita y luego la solución ya se la daré yo. No conozco una buena obra de arquitectura que no haya tenido un gran cliente, de la misma manera que el contexto me parece fundamental».

Reflexiona antes de definir su arquitectura. «Es difícil, voy a decirle lo que yo intento que sea aunque no sé si lo consigo. Diría que es una arquitectura responsable, atenta al contexto, que muestra gran interés por la especialidad, especialmente por el interior. Me interesa cómo se materializa el edificio, me apasiona la luz, que exista una relación adecuada entre medios y fines y todo esto desde una cierta voluntad de transgresión, de sorpresa a través del silencio».
La arquitectura, añade, no se puede medir de una manera racional. «Tiene mucho que ver con el mundo de los sentimientos, de las percepciones, de las ideas. La ilusión es fundamental, sobre todo para acometer proyectos como el del Museo de Bellas Artes de Asturias. No sólo tienes que ser buen arquitecto, tienes que tener capacidad para ilusionar a la sociedad. No son proyectos menores, hay involucrados muchos recursos, intereses e ilusiones. Son diseños que tienen un contenido político en el sentido en que sirven a la sociedad, y también en el otro. La clave es la ilusión, las ganas de hacer una buena arquitectura y de servir. La sociedad reclama muy poco y hay que dar más de lo que pide y hay que estar dispuesto a estar solo».

Insiste mucho en dos ideas, el compromiso y la soledad. «Los compromisos morales y éticos en nuestra sociedad brillan por su ausencia. ¿Qué podemos esperar de una sociedad que exhibe con orgullo el fin de las ideologías, en la que lo único que triunfa es el mercado? ¿Cómo puede haber desigualdades tan salvajes e ignominiosas? A mí me interesan las ideologías, las posiciones fuertes y radicales, la ética, que se valore más a la persona que al individuo. Pese a todo, soy optimista porque creo en la juventud y no podemos ir a peor».

En cuanto a la soledad, Patxi Mangado recuerda las palabras que le dijo un buen amigo, extraordinario arquitecto: «La buena arquitectura es la historia de una soledad».


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